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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

León Arsenal: “Los prejuicios contra la novela histórica siguen vigentes”

León Arsenal (FOTO DE JAVIER VELASCO)

Me encontré con León Arsenal en el último Certamen Internacional de Novela Histórica de Úbeda. Tenía ganas de hablar con él, tras leer su última novela Bandera negra (Edaf, 2017). Arsenal da el perfil de escritor currante que sobrevive de su trabajo literario. Autor muy sincero y de culo inquieto y variados intereses, como cuenta en esta entrevista, el escritor madrileño tiene muchas cosas que contar: sobre su última novela, sí, pero también de su proyecto editorial Kokapeli y su visión del género.

Empiezo por su novela, una historia de corsarios carlistas en las costas de Castellón en el siglo XIX. Le pregunto si para el escritor de hoy, el siglo XIX no es una época difícil sobre la que escribir, ya que tiene que compararse con gente como Galdós o Baroja…

El XIX español tiene dos problemas para el escritor. El primero es que da igual que Baroja tenga novelas que podríamos considerar como de aventuras, la novela decimonónica tiene la impronta de densa y eso ha echado para atrás a muchos a la hora de escribir sobre esta época. Y luego está la sombra del maestro de maestros de nuestra novela histórica, Galdós.

A nivel histórico, los españoles siempre hemos considerado, por otra parte, nuestro siglo XIX como un siglo muy oscuro y turbulento, muy cutre, cuando no lo es: es brillantísimo en todos los aspectos, pero las guerras civiles y la ausencia de paz impidieron un desarrollo como el de Inglaterra. El XIX alumbró una galería de personajes asombrosos en lo político, científico o empresarial, que por desgracia no lograron cuajar ese país moderno que merecíamos por la sucesión de conflictos que dejaban el país arrasado. Las guerras carlistas no eran más que la excusa del conflicto eterno entre dos formas de pensar en España: el antiguo régimen y la ilustración, los partidarios del republicanismo, democracia y los movimientos obreros y los partidarios de formas de pensamiento más antiguo. Esos conflictos trasladaron una imagen de siglo oscuro que no es para nada real.

En Bandera Negra recuperas la figura del corsario…

Sí, la historia de los corsarios españoles es otra cosa que tendremos que rescatar. Preguntas a la gente por la calle, ¿qué es un corsario? Y te dice: un pirata. No, los corsarios eran la externalización de la labor de guerra en la mar y fueron fundamentales para el mantenimiento del imperio español, que no tenía armada suficiente. Los corsarios eran señores que armaban un barco en sentido marítimo y militar, sacaban la licencia y batallaban a todos los buques con bandera enemiga. Por ejemplo, Ibiza y Mallorca vivían mucho del corso y sufrieron una crisis económica cuando se acabaron las guerras con Francia e Inglaterra.

Esta historia es la de los últimos corsarios, gente que se armó por su cuenta para combatir la piratería carlista que amenazaban el tráfico marítimo entre Barcelona y Valencia, aprovechando que solo había dos barcos de guerra en la zona, porque los demás estaban en la costa vasca. Nos acostumbramos a las grandes cifras, pero ellos lo veían de otra manera: un barco de 20 y tantos metros de eslora no es pequeño, y ahí se peleaba de verdad. Desde un barco de línea se disparaban a dos millas de distancias. Ellos se veían, entraban mucho al abordaje. Era otra forma de combatir que se parecía mucho a las novelas de Emilio Salgari, porque tampoco vamos a pensar que los Tigres de Mompracem iban en grandes navíos.

Hablas de los últimos corsarios, y es verdad que tiene tu novela un tono crepuscular…

El mundo siempre es crepuscular. Cuando yo tenía 20 años, el pop español arrasaba y ahora solo es nostalgia. Las generaciones y las ideologías pasan. Aquí están los viejos luchadores de la ilustración española que lucharon contra el absolutismo que están viendo que su tiempo pasa porque llegan los románticos. Es algo que a lo mejor no se ha explorado mucho en la novela histórica: el tiempo pasa y, si se vive lo suficiente, la gente asiste al hecho de que su tiempo ha pasado. La Transición está pasando y hacia qué no lo sabemos, pero está pasando. Y lo que trae es otro pensamiento que al final también pasará, aunque quede gente que piense como antes.

En esta historia, a pesar de ser corta, muestras una larga galería de personajes secundarios francamente pintorescos…

Los personajes del siglo XIX son más grandes que la vida, y encima son reales. El Miguel Allende de la novela está inspirado en un espadachín peruano que en la Tercera Guerra Carlista vendió todo lo que tenía y se vino aquí a luchar con los tradicionalistas. Aquí están los flipados que querían fundar una nueva república en el Oeste de los EE UU porque veían traicionados los valores de la fundación de su país. Hay hasta un Pablo Iglesias que no fue del PSOE ni el de ahora, sino el perfecto ejemplo de idealista y aventurero del siglo XIX. Y hay muchos más… Son tan fabulosos que la gente dice ¿existieron? Sí, pero son tan desaforados y exagerados que superan cualquier cosa que te puedas inventar. Y eso me encanta de los decimonónicos: eran personajes muy románticos en el sentido literal de la palabra. Se alzaban 40 tipos y estaban convencidos de que iban a derrocar al gobierno.

León Arsenal, durante la entrevista (FOTO DE JAVIER VELASCO)

Ahora también estás innovando en el sector con la editorial Kokapeli, ¿qué buscáis con este sello?

Es un proyecto de varias personas que ya habíamos experimentado con el ebook. Nos hemos dado cuenta de que las nuevas tecnologías nos permiten dar vida a libros que ya han hecho su circuito comercial. La lógica editorial de hoy dicta que un libro hace su ciclo, comienza a desaparecer, se agota y ya no se encuentra. Eso vale para todos menos para los grandes blockbusters como Ken Follet, que no se agotan y se les mantiene vivos. Es lo que hay, no es ni bueno ni malo. Pero eso hace que nadie quiera volver a editar la mayoría de los libros. Con tecnologías como la impresión digital sí podemos hacer que estén disponibles. Y eso hacemos. Estamos ocupando nichos. Eso que se llama bibliodiversidad y que normalmente suele esconder a muchos enanos queriendo ser como Planeta. Y no se puede. La bibliodiversidad es ocupar nichos que antes no eran posibles.

Y habéis empezado con uno de tus grandes éxitos, La boca del Nilo

Te voy a ser franco: hemos empezado con él por ser uno de mis libros de más éxito y más premiados, pero sobre todo porque al arrancar cualquier cosa siempre hay desajustes y no quería perjudicar a nadie. Prefería asumir los tropiezos con un libro mío.

¿Qué ofrece esta nueva edición de la novela?

En edición ebook podrás encontrar códigos que te llevarán a ensayos legales, mapas y otros documentos, como si fuera una página web que enriquecen el texto. Son experimentos, sí, peor ¿por qué el libro no va evolucionar? El continente lo ha hecho, ¿por qué no el contenido? En el siglo XIX no tenían portadas: las tapas no tenían que llamar la atención, pero hoy no entendemos sin una portada. Los libros cambian y tenemos que estar atentos y asumir cambios que, quizá, luego no tengan éxito. Es como la absurdez de que el ebook iba a enterrar al papel que se decía hace años. Eso no va a pasar, pero quizá en el futuro venga otro que los barra a los dos. Imaginemos las posibilidades de la realidad virtual, ¿quién sabe?

Por cierto, quiero aprovechar para recordar a la precursora del ebook que fue española y a la que Google dedicó un doodle hace poco: Ángela Ruiz Robles. Le quisieron comprar la patente y ella no quiso porque quería que se desarrollara en España. No murió rica y no se desarrolló su idea: es el castigo del que quiere premiar a su tierra, que se le premie con el olvido.

¿Qué significó La boca del Nilo en tu carrera literaria?

Soy un escritor comercial, en el sentido en el que es mi medio de vida, gracias a ella. Al menos al 50%. El 2004 fue un buen año: gané el premio Minotauro con Máscaras de matar y enseguida saqué este libro en Edhasa que alcanzó las cinco ediciones y me premiaron con el Ciudad de Zaragoza y el premio Espartaco.  La conjunción de ambas me convirtió en escritor profesional.

Tenías éxito en el fantástico y en el histórico –caso parecido al de Javier Negrete con el que hablaba hace días-, ¿por qué tiraste por el segundo género?

Por el dinero. El nicho de la fantasía, pasado el boom de Tolkien, demostró ser mucho más pequeño en lectores que el de la histórica. Pero también he escrito ensayo, thriller, novela negra, teatro… Si no sales de tu área de comodidad, pierdes lectores. Siempre he pensado que lo peor que le puede pasar a un autor es plagiarse a sí mismo, así que cambio constantemente de géneros, épocas… Te saca de tu zona de confort y te obliga a buscar recursos nuevos y eso te dota de más herramientas como narrador. Esta es mi parte más artística: pago el peaje de no ser un escritor pegados a unos determinados temas, pero eso mismo me hace crecer.

También podías haber optado por mezclar géneros…

Es otro camino que ha provocado subgéneros muy definidos dentro de la novela histórica hasta llegar a tener una verdadera panoplia… Pero estamos en lo mismo, porque son bastante estancos y la mayoría de los lectores del histórico bélico no leen otro como el romántico. Son distintas vías, pero válidas para no encasillarte.

Sin embargo, hay una parte del encasillamiento que no tiene solución: los prejuicios de la gente. Esos que condenan a la novela de género como de segunda fila frente a una literatura general que, habitualmente, no cuenta nada. Esos prejuicios los ves muy bien una frase tipo de los críticos: “Memorias de Adriano, aunque formalmente es una novela histórica, es sólo un artificio que utiliza la autora para hacer literatura de altura”. Los prejuicios hacia la novela histórica siguen vigentes.

Por cierto, Bandera Negra está en la encuesta para encontrar la mejor novela histórica del 2017 para los lectores. ¿Votas?

¿Conocíais a León Arsenal? ¿Qué os parece su obra? ¿Y lo que dice en la entrevista?

¡Buenas lecturas!

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1 comentario

  1. Dice ser Luis Plaza Vela

    Excepcional entrevista. Menos mal que quedan escritores con visión en la península.

    21 diciembre 2017 | 16:13

Los comentarios están cerrados.