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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Cómo escribir una novela histórica y no morir en el intento

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Arranco en XXSiglos este febrero una pequeña sección que tenía ganas de afrontar desde que arranqué el blog: cómo escribir novela histórica. En este viaje me acompañará como socio un amigo de este blog el escritor José Manuel Aparicio (autor de Banderizos y quien ya nos contó como narrar una batalla medieval) y otros escritores tendrán apariciones esporádicas. Así que arranca Aparicio esta sección con un artículo especialmente dedicado para ti que estás pensando en ponerte a escribir ficción histórica…


Cómo escribir una novela histórica y no morir en el intento

Por José Manuel Aparicio | Escritor, premio de Novela Histórica Ciudad de Úbeda 2015 y fundador de Mundopalabras | @Escritor_JMA

La llaman la reina de la narrativa. Por algo será. Para los que escribimos novela histórica, no puede ser de otra manera: es un género apasionante. Te pone el vello como escarpias. El viaje mental en el tiempo, la investigación, el torrente de ideas y personajes que explotan en tu mente para entrelazarse con los hechos históricos… Pero es un género duro, muy duro. El más difícil que hay, dicen. El autor ha de enfrentarse a grandes dificultades antes de comenzar a escribir la novela y durante la misma. La tarea es ardua, sobre todo si se trata de la primera. Lo sé por experiencia. Parece que te estoy quitando las ganas, ¿verdad? Para nada. No te desmotives. Al César lo que es del César. Precisamente es en su dificultad donde has de encontrar un gran impulso motivador. Lo mismo que tus personajes han de hallar la fuerza para superar los avatares y trampas que pondrás en su camino literario. Como en casi todo, hay ciertas técnicas que te ayudarán, por un lado, a sentirte estimulado, y por el otro, a enfrentarte a la narración con eficacia. Saber que eres eficaz contando te ayudará a no venirte abajo. Estas son algunas claves para escribir una novela histórica y no morir en el intento. Vamos con ellas:

No pienses en las dificultades. Son parte fundamental de cualquier proceso. Están ahí simplemente para que las venzas. No se puede mejorar en ninguna actividad si no hay algo que superar. En novela histórica tampoco. Por lo tanto, cambia en tu mente la palabra “dificultad” por la palabra “reto”. Cuando esta sea la única que retumbe en las paredes de tu cráneo como un cuerno de guerra, siempre te sentirás motivado.

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Apresúrate despacio. Esta es una gran enseñanza del princeps Augusto. No corras. Avanza, sin prisa, pero sin pausa. Se trata de que disfrutes con el proceso que vas a iniciar. No es una carrera para saber cuánto tardas en preparar y escribir tu novela.

Lee novela histórica. Parece de Perogrullo, pero hacerlo te permitirá comprobar cómo lo hacen otros escritores. Algunas te gustarán más y otras menos. Las primeras te servirán para aprender y disfrutar. Las segundas, también. Ambas te dan las pautas acerca de qué hacer y qué no hacer. Eso te estimulará para lanzarte a por tu novela.

Que no te agobien las contradicciones. Llegó el momento de documentarse. Has elegido un periodo de la Historia y necesitas conocerlo en profundidad o, al menos, con todo el detalle posible. No siempre es fácil. A menudo encontrarás datos y hechos que se contraponen. Algunos estudios afirmarán, por ejemplo, que tal suceso ocurrió en un lugar, y otro asegurará que fue en otro. No te vuelvas loco. Quédate con el que más convenga a tu novela (y el que más te divierta). Si los historiadores se enfrentan en cruel batalla, ¿quiénes somos nosotros, pobres escritores, para cruzarnos en la línea de fuego?

No seas farragoso. Conozco muchos escritores y buena parte de ellos se asfixian al escribir textos que buscan que suenen bonitos en lugar de construirlos con claridad y eficacia. A mí también me sucedía. Simplifica. La simplicidad no es una reducción de la calidad. De hecho, es lo más difícil. Narra de forma que el lector pueda fluir por el texto. No le atropelles (ni te atropelles) con palabras rimbombantes que no significan nada. Si lo haces, tú mismo te acabarás desencantando porque no te entenderás. Cuando el texto sea fluido (léelo en voz alta), introduce los recursos estilísticos necesarios (pleonasmos, aliteraciones, onomatopeyas…). Sin excederse. Solo para dar vida literaria allí donde sea necesario. La clave es no abusar de nada. Como en una buena dieta. Equilibro para disfrutar y mantener la salud.

Separa el grano de la paja. Es muy común en novela histórica encontrarse con obras de interminable extensión. Esto en sí no es bueno ni malo. Si en tal cantidad de páginas el escritor sabe mantener la tensión dramática, habrá alcanzado el objetivo de una verdadera narración literaria. Para conseguirlo has de focalizar donde realmente es importante. En novela histórica es fácil incurrir en un exceso de información. Nos lo hemos pasado muy bien investigando el periodo de la Historia que vamos a mostrar y acabamos vertiendo en el papel todo aquello que hemos aprendido como si, en lugar de una novela, estuviéramos escribiendo un ensayo. Con frecuencia, estos son datos que aportan poco a la narración. Si cuando releas tu novela descubres que hay partes largas en las que la acción no avanza, cárgatelas. No te tortures dejándolas. Si a ti te resultan pesadas, imagínate al lector.

Puede que tus lectores te perdonen ciertos deslices de apasionado histórico. Pero no lo harán eternamente. Mucho ojo con esto. Tengo amigos y conocidos que leen novela histórica y buena parte de ellos suelen saltarse o hacer una lectura atropellada de aquellas páginas puramente descriptivas que solo sirven para poner la zancadilla a los personajes. Es un mal síntoma. Te arriesgas a que cierren el libro. El lector acabará buscándose a otro u otra con quien pasar sus tardes de lámpara y sillón. Los personajes han de mandar por encima de la Historia. Estás escribiendo una novela, no lo olvides. Según la RAE, una novela histórica es una novela que desarrolla su acción en épocas pasadas, con personajes reales o ficticios. Acción. ¿Comprendes?

Recuerdo Banderizos. Atravesé una fase en la que había incluido muchas explicaciones históricas sobre hechos y personajes. Poco aportaban, por no decir nada. Así me lo hizo saber mi maestro de escritura Ramón Alcaraz. Fue un momento de rechinar de dientes. Me tocaba recortar para que la narración ganara en soltura y eficacia. Podría no haberlo hecho, haber dejado las interminables parrafadas acerca de cómo se había construido tal edificio o las técnicas con que un artesano fabricaba tal o cual objeto. Yo decidía. No tardé en comprender que en verdad sobraba. Dejarlo hubiera implicado una novela el doble de larga en el que los personajes se hubieran visto interrumpidos de continuo. Exactamente igual que cuando estás viendo una película en la televisión y la interrumpen cinco veces para ponerte diez minutos de anuncios. Fastidia, ¿verdad? Pues en una novela histórica es igual. Pongamos publicidad una o dos veces como mucho, y que sea corta. Aprender a recortar es una de las cosas más importantes que he aprendido como escritor. Comprobar que al hacerlo la historia discurre con tensión y ritmo es una de las mejores sensaciones motivadoras para continuar trabajando.

Termino ya. De todas las claves que aquí te brindo, esta última sobre la importancia de controlar la aportación de datos históricos es una de las más relevantes. Si te ahogas con ellos, corres el riesgo de que la obra no funcione y, si sientes que no lo hace, es posible que dudes de tus capacidades y te desanimes. Sobre todo cuando alguien te diga que se le ha hecho muy larga o que vaya “chapa”. Pero eso no va a suceder. Sé que estás preparado, motivado, con ganas de derribar murallas y asaltar fortificaciones. Sé leal súbdito de estos consejos y verás cómo tu reina de la narrativa triunfa gobernando a sus felices lectores.

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