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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

‘El rebelde Josey Wales’, el seductor otro lado de la ley

Fotograma de la película 'El fuera de la ley'

Fotograma de la película ‘El fuera de la ley’

Un tipo silencioso, vengativo, con un peculiar sentido del honor y la familia, mascando continuamente tabaco, cargado de revólveres Colt Navy del 44, que se lleva mejor con apaches y comanches que con la mayoría de blancos. A ojos del siglo XXI el pistolero Josey Wales es un libertario, un hombre contra el Estado y la civilización. Hombre de palabra, desconfía de las mentiras de la política. Sería un antihéroe violento tan típico de las series tan de moda hoy… Quizá hasta tú te has sentido identificado, ¿sí? Y si te dijera que su autor, Forrest Carter, era un racista miembro del Ku Klux Klan. ¿Sigues pensando igual? Lo que sientes, quizás, es parte del encanto políticamente incorrecto, el sabor de unas historias nacidas de un autor con una ideología repugnante, pero que, oh sorpresa, nos pueden gustar. Bueno, igual en la era Trump quizá no sea tanto el encanto…

El personaje de Josey Wales –nos cuenta sobre él y su autor en un prólogo iluminador, Alfredo Lara, en la edición española de El rebelde Josey Wales (Valdemar, 2016; traducción de Marta Lilia Murillo) que incluye las novelas Huido a Texas y La ruta de venganza de Josey Wales– se basa en los grupos paramilitares que participaron en los estados de Misuri y Kansas durante la Guerra de Secesión americana: los polainas (o botas) rojas o, en el otro bando, la guerrilla de Quantrill y la de Bill ‘el sanguinario’ Anderson. Tras el conflicto, de esos grupos surgieron algunos de los pistoleros y forajidos más legendarios del Salvaje Oeste como, sin ir más lejos, los hermanos James.

12742692_966909090011717_2881309086672629975_nEn ese ambiente, Wales, que se une a la guerrilla después de que su granja fuera arrasada y asesinada su familia, decide no rendirse a la Unión tras el final de la guerra. En Huido a Texas, Carter nos contará cómo Wales huye de todo el bando vencedor a tiro limpio en un camino de sangre que lo llevará hasta el inhóspito territorio de Texas. En La ruta de venganza de Josey Wales, el mítico y sanguinario (porque lo es) forajido, reconvertirdo en ranchero, marido y padre, deberá volver a cargar sus pistolas para cruzar el Río Grande y perseguir a un sádico capitán de rurales mexicano que ha asesinado y humillado a sus amigos. Las cabalgadas, los tiroteos, los ataques indios y las emboscadas están servidos.

Las novelas son crudas, violentas, no hacen concesiones, son políticamente incorrectas y tienen un punto ‘borrico’, si me permitís la expresión, bastante seductor. Amante de la naturaleza salvaje y de los hombres del campo, Wales reniega de la civilización de los Gobierno y de los políticos (y la primera tiene una curiosa forma de utilizar los puntos suspensivos que desaparece en la segunda historia). A este personaje y a su manera de escupir tabaco y disparar lo inmortalizó Clint Eastwood en la película El fuera de la ley (1976), basada en la primera novela de este tomo.

Su autor, como ya decía polémico, es mucho más conocido por su libro Montañas como islas (editado en español por Duomo, en 2009) un libro mítico en el que narraría su educación por el pueblo cheroqui y sus enseñanzas sobre tolerancia, comunidad con la naturaleza, etc, etc… Mítico hasta que se descubrió el pasado activista de su autor. El tipo debió ser un auténtico figura, eso sí, segregacionista, rechazó a sus hijos (a los que pasó a llamar sobrinos), dejó la actividad política de ultraderecha (que negó cuando le llegó el éxito) para convertirse en un escritor cowboy de orígenes indios (falsos) y mensajero de espiritualidad y tolerancia New Age. Vamos, fértil en inventiva era y su vida resulta tan interesante, casi, como sus obras.

Yo, si os gusta el personaje y el género, os diría que os dejarais de zarandajas y de los problemas mentales e ideológicos del autor y disfrutaras de sus historias. En la introducción, Alfredo Lara rescata una cita que viene al pelo:  “No le perdonen, léanlo”.

¡Buenas lecturas!

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