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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

‘Taj’, así desearíamos que hubiera sido la construcción del Taj Mahal

PIXABAY

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“No entendía por qué un icono de la arquitectura mundial como éste (el Taj Mahal), no tenía sus propios Los pilares de la Tierra”, me decía hace algo más de un mes el flamante premio del Alfonso X de novela histórica, Andrés Pascual, cuando le entrevistaba sobre su novela galardonada, Taj. Además, de la novela de Ken Follet, en el transcurso de la entrevista también recordó Pascual El médico, de Noah Gordon. Dos menciones que me parecieron, y me parecen, relevantes y acordes con el espíritu de esta novela que desde su primer mes parece estar cosechando éxitos.

Taj, la historia de un amor imposible entre dos jóvenes fuera de sitio en el Indostán del siglo XVII, bebe de la mejor tradición de la novela histórica más popular. Tradición capaz de entroncar a autores como Scott y Dumas con los citados Follet o Gordon, o, en nuestro país, Ildefonso Falcones. Es el viaje por la historia pero con personajes y relatos que conectan con el lector contemporáneo, del estilo ‘más grandes que la vida’, que dirían los anglosajones. Hay respeto por la Historia y un intento de describir con verosimilitud el contexto, pero esos personajes desafían (y triunfan) ante los obstáculos de la realidad histórica. Es emoción, pura y dura, en un marco histórico bien reconstruido.

portada_taj_andres-pascual_201607110943Este relato, enmarcado en el exotismo de la construcción del Taj Mahal, es precisamente eso. En el haber de hábil e inteligente artesano, como su protagonista, Pascual logra además que sea una novela histórica contenida en longitud. Su duración resulta exacta y hasta casi breve, es un admirable ejercicio de síntesis en estos tiempos de reinado en el género del tocho, del desparrame, en demasiadas ocasiones tendente al relleno.

Pero, salvo por esa contención, Pascual logra una novela histórica con todos los ingredientes (aventuras, intriga, amor, exotismo) para gustar a todos los públicos. Coge elementos reconocibles (la historia personal vinculada a la construcción de un monumento conocido, que hemos leído muchas veces ya) y los extrapola a una ambientación ciertamente original para la narrativa nacional, lo que puede camuflar algunos elementos tópicos y recurrentes en este tipo de historias.

El autor se ha documentado con esmero y logra transmitir la dureza de los trabajos empleados para levantar el mítico mausoleo. Pero el triunfo de su protagonista nos hace pensar que justo ahí radica la magia de este tipo de literatura. En el que la inmensa mayoría de los trabajadores del Taj Mahal malvivirían sin recompensa ni triunfo, morirían en el barro o asfixiados por el polvo del mármol. El éxito de la rebeldía y el amor es más literario que histórico, pero, que duda cabe, así desearíamos todos que hubiera sido en realidad la construcción del monumento. Y, ¿qué personaje o elemento histórico puede escapar de los poetas?

¿Alguno habéis leído Taj? Si queréis participar en el sorteo de dos ejemplares de esta novela (cortesía de Espasa) pasaros por mi Facebook.

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