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"La historia es una forma más de ficción"
Jorge Luis Borges

Napoleón, emperador y ‘Petit Cabrón’ para los soldados de ‘La sombra del águila’

GTRES

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Tal día como hoy, un 2 de diciembre de 1804, Napoleón Bonaparte era coronado emperador en la catedral de Notre Dame de París. Qué gran personaje histórico, sin duda fascinante. Y al recordar las pinturas que relataron el evento, al pequeño corso con su capa, su fasto y su corona, me viene a la cabeza…

Le Petit Caporal, el pequeño Cabo, lo llamaban los veteranos de su Vieja Guardia. Nosotros lo llamábamos de otra manera. El Maldito Enano, por ejemplo. O Le Petit Cabrón.

Y así que me he visto impelido (forzado, incluso) a recomendaros hoy una de las novelas más breves y, quizá, más desconocidas de Arturo Pérez-Reverte. Que polémicas y tuiters aparte, el tipo sabe escribir y ha dado un buen empujón (y actualización) al género histórico en España. El autor de Alatriste o de El asedio, a mí, al menos, me merece un respeto.

Ah, y también por la que os traigo hoy (y a la que pertenece la cita anterior): La sombra del águila (Alfaguara, 2008, la última edición que he visto).

Esta novela breve, apareció publicada originalmente en El País por entregas en 1993, y cuenta la historia ficcionada (pero basada en hechos reales) de un batallón de soldados españoles que, prisioneros, son obligados a combatir en el ejército napoleónico en Rusia, en 1812. La conquista y la terrible retirada ante el General Invierno. Los soldados en cuestión no resultan muy fieles a sus amos, así que sus intentos de escapar vivos de esa locura, a veces, provocarán equívocos bastante sorprendentes.

Para mí, lo más destacable de La sombra del águila es el estilo. Rápido, brutal, con un lenguaje a caballo entre lo historicista y lo coloquial y su sentido del humor descarnado y efectivo. Pérez-Reverte ha perfilado ese forma de escribir posteriormente (como sus personajes duros, tan característicos), pero en esta novela histórica resulta brillante. Y más convincente, por ejemplo, que en Cabo Trafalgar.

Sin embargo, la utilización del humor no quita para que el autor se sacara de la manga un relato sobre la guerra (leo por ahí que se publicó cuando cubría la guerra de Bosnia), crudo y realista, que aúna lo peor y lo mejor de los hombres, lo trágico y lo surrealista. Y siendo breve, un don, el de la brevedad, que los novelistas históricos, en general, debieron perder al nacer.

Así que hoy es un buen día para recuperar esta disfrutable novelita (por lo breve) sobre el regimiento 326. Aquellos que le llamaban Le petit cabrón, emperador. No se me mosquee, que como sé que usted admiraba a los soldados con un par, estoy seguro de que me perdonará este homenaje algo tosco al día de su coronación…

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