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Thank you Mario! But our princess is in another castle! Toad (Super Mario Bros.)

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La clave de ‘Sunset Overdrive’

Se aproxima la campaña navideña y Microsoft va configurando un potente catálogo para Xbox One. Una de las grandes estrellas de la última remesa de lanzamientos es Sunset Overdrive, una nueva franquicia que se aleja de los géneros de moda y apuesta por una locura en mundo abierto que mezcla acción en tercera persona, toques plataformeros y un desarrollo vertiginoso que recuerda a cosas como Tony Hawk o Jet Set Radio.

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El resultado no es una obra maestra. La historia es simplona (una nueva bebida energética ha transformado a los consumidores en mutantes y somos uno de los pocos humanos que no se han visto afectados), a las misiones les falta originalidad, las mecánicas se hacen un poco repetitivas tras unas horas de juego… Y aun así, Sunset Overdrive tiene magia, un algo que hace que los juegues con alegría y despreocupación.

Es frenético, desenfadado, casi gamberro, y tiene mucho humor, a menudo tontorrón pero innegablemente efectivo. Vamos, que ofrece diversión directa sin complicaciones. ¿La clave del triunfo? Tiene ese puntillo loco y adictivo que tenían los primeros GTA (los de perspectiva aérea), el desenfrenado Hulk: Ultimate Destruction, Saints Row —en algunos momentos— o incluso Goat Simulator, ya que, al fin y al cabo, la gracia está en hacer el cabra.

Tenemos que saltar, grindar, correr por las paredes, rebotar en ellas y disparar a todo bicho vivientes que se nos ponga a tiro con mil y un armas diferentes, instrumentos muy locos que constituyen uno de los puntazos del juego: lanzadores de vinilos, ositos de peluche explosivos, disparadores de pringue…

No hace falta más. Sunset Overdrive no será perfecto pero ofrece lo que cabe exigirle a cualquier videojuego: diversión.

‘Destiny’, una experiencia personal

Activision y Bungie se encargaron de alimentar el hype. Destiny era con diferencia el juego más ambicioso de la nueva generación. Los creadores de Halo iban a devolvernos la ilusión que nos producían los juegazos que vimos en el ocaso de PlayStation 3 y Xbox 360. Tenían entre manos el desarrollo del producto cultural más caro de la historia (expresión que ha hecho correr ríos de tinta gracias sobre todo a Forges).

La propuesta era de lo más interesante, la mezcla de lo mejor de los shooters en primera persona con toques de MMORPG: personajes divididos en clases, subida de nivel, personalización… Sin embargo, al ver la luz produjo cierta decepción en muchos que esperaban quizá el videojuego definitivo.

Que si las misiones tienen poca variedad, que los enemigos son repetitivos, que si el modo individual es corto y la historia casi inexistente y, en definitiva, que de MMO tiene más bien poco, ya que la parte de exploración no es demasiado atractiva (deberían aprender de Mass Effect) y las personalizaciones de los personajes son quizá algo escasas para un título que prometía dar tanto.

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Incluso existen zonas a las que no se puede acceder aún, señal clara de que ahí llegarán añadidos vía DLC. No pasa nada por ello, pero quizá podrían disimularse de algún modo. Poner la típica montaña infranqueable que se desrrumba cuando se añade una expansión al juego, por ejemplo.

Pero lo cierto es que todo eso es más que perdonable —al menos a mí me lo parece—, ya que, como buen MMO, lo que ofrece Destiny son experiencias únicas, situaciones que sólo vivimos nosotros y sólo una vez. El multijugador es maravilloso, en competitivo y sobre todo en cooperativo.

Interrelacionarse con otros jugadores, unirse a ellos y superar juntos difíciles misiones o incluso raids (pensadas para 6 jugadores, aunque ya hay algún caso en el que dos tíos solitos se han bastado y sobrado para hacerlo) produce sensaciones de triunfo indescriptibles. Me recuerda un poco a los viejos tiempos en los que raideaba en el WoW.

Lo que no sé es cómo aguantará el paso del tiempo. Estando tan centrado en el online, puede que los nuevos Battlefield o Call of Duty le acaben quitando muchos jugadores y parte de la gracia actual de Destiny. O puede que dentro de 10 años, el juego siga arrastrando a una gigantesca comunidad de fans (los que fueron succionados por Starcraft saben de lo que hablo).

Fantástico para todos menos para aquellos que busquen diversión y profundidad en solitario.

Un E3 poco emocionante

Nunca un E3 me había pillado tan desconectado y desinformado como este. De hecho, debido a la ausencia total de expectativas, esperaba un buen puñado de sorpresas, algo que me dejase con la boca abierta o que, al menos, despertase mi emoción e interés en los juegos que están por venir a lo largo del año.

Sin embargo, no ha sido así. Ha habido muchos títulos, sí, pero prácticamente nada que huela a esta supuesta nueva generación que a mí desde siempre me ha parecido más bien una actualización de la pasada. Viejas franquicias, viejas mecánicas y viejas estéticas.

Tan poco nuevo me parece lo nuevo que tengo la impresión de que Nintendo y su Wii U no sólo no han desentonado en la feria sino que han logrado destacar con un catálogo que, si bien no resulta innovador, es muy sólido y atractivo. Vamos, que han logrado despertar al nintendero que aún hay en mi interior.

Nada de inventos raros, ni detección de movimientos ni tonterías para jugadores ocasionales, todo muy hardcore, muy bonito y aderezado con esa bendita maldición que es la nostalgia. Smash Bros, Bayonetta, Zelda, Yoshi, Kirby, Toad, Star Fox… ¡Compro!

Por otro lado, en Xbox One y PlayStation 4 hay cosas interesantes, muchos juegos muy prometedores pero ninguno que despierte mi anhelo, la verdad. The Order: 1886, MGS5, Bloodborne, Destiny y, sobre todo, Batman: Arkham Knight son los que me han resultado más llamativos. Aunque, para ser sincero, he encontrado mucho más encanto en el repertorio de desarrollos indies.

No tengo muy claro cómo se recordará este E3, no ha habido nada especialmente memorable, ni para bien ni para mal. O quizá sí. Por desgracia, hay muchas probabilidades de que recordemos el E3 2014 como el principio del fin de las portátiles, porque… ¿dónde estaban PS Vita y Nintendo 2DS / 3DS en la feria? Una lástima.

¿Qué os ha parecido el E3 2014?

El imprescindible de Xbox One: Dead Rising 3

Aunque el catálogo de lanzamiento de Xbox One es ligeramente más atractivo que el de PlayStation 4, tampoco en la consola de Microsoft existen muchos títulos que justifiquen el salto a una nueva generación. A nivel técnico, del mismo modo que Killzone destaca en PS4, merece la pena destacar Ryse: Son of Rome, espectacular, con un gran poderío gráfico pero sin una propuesta jugable demasiado sorprendente (por no citar las numerosas patadas que le pega a la historia).

Por estos motivos, me he decantado por los zombis en vez de por los romanos. Dead Rising 3 tampoco es ninguna revolución. A nivel gráfico está lejos de los que se espera de la nueva generación de consolas (tiene algunos fallos inexplicables) y su desarrollo sigue las líneas ya conocidas de la franquicia, pero se trata de un planteamiento sólido, una aventura a la que apetece jugar y que divierte, que es lo más importante.

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En el plano técnico, Capcom ha echado el resto para mostrar una enorme ciudad abierta, Los Perdidos, repleta de detalle y, sobre todo, atestada de zombis, cientos de muertos vivientes pululando, empujando y mordiendo por las calles y edificios de esta urbe llena de secretos por descubrir.

El punto final que convierte Dead Rising 3 en la mejor opción para estrenar la Xbox One, es el humor, el disparate habitual de la saga, las armas locas y los guiños a la serie B. No es nuevo, no, pero es bueno y merece la pena disfrutarlo en un nuevo nivel.

Xbox One abre la veda

A punto de cumplir seis años escribiendo este blog y esta es la primera vez que puedo escribir “aquí empieza una nueva generación de consolas” (obviamente, Wii U no entra en este juego). Microsoft ha sido la que ha dado el pistoletazo de salida en Europa con Xbox One mientras que Sony hizo lo propio en EE UU hace una semana con PlayStation 4.

Aún no he tenido tiempo de trastear mucho con la consola, pero ganas le tengo e imagino que pasaré buena parte del fin de semana degustando Ryse: Son of Rome, del que no está habiendo demasiado buenas críticas, y Dead Rising 3, que pinta impresionante.

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Sé que acabaré adorando la consola, sus juegos, su interfaz… del mismo modo que disfrutaré mucho con PlayStation 4, pero ahora mismo no puedo evitar sentir ciertas reticencias. Me sigue pareciendo que esta generación llega demasiado pronto, que responde más a necesidades económicas y de marketing que tecnológicas.

A esto hay que sumar el siempre tedioso momento de relevo generacional, en el que muchos títulos navegan entre dos aguas dando lugar a productos finales en ocasiones bastante descuidados o, al menos, poco representativos de lo que pueden dar de sí las nuevas máquinas.

El comienzo de Xbox One no es malo pero tampoco brillante. Por fortuna, hay elementos más que suficientes para considerarla una máquina prometedora: el catálogo inicial de 22 títulos no tardará en crecer, Kinect es mucho mejor de lo que era (aunque aún nadie lo haya explotado como es debido), SmartGlass tiene potencial…

Aunque lo que más confianza ne da es el buen hacer de Microsoft con Xbox 360. En la generación que ya termina, la compañía ha sabido hacer grande a su consola, sometiéndola a una evolución constante hasta convertirla en una apuesta sólida en todos los sentidos, desde los aspectos técnicos y de catálogo hasta los servicios online o la imagen de marca, actualmente muy potente. Si repiten la estrategia que han mantenido en los últimos años, Xbox One puede acabar siendo una de las mejores consolas de la historia, la más digna heredera de la ya talludita 360.

¿Qué os parece Xbox One?

Microsoft, Xbox One, terremoto, marcha atrás y vuelta a la competencia

Parece ser que Microsoft está empeñada en hacer que el post-E3 sea tan interesante o más que el macroevento en sí mismo. La semana pasada fuimos testigos de un hecho histórico: una rectificación de la compañía, la marcha atrás en gran parte de las políticas que iban a definir su estrategia de cara a la nueva generación.

No es la primera vez que una empresa del sector cede a las presiones de los usuarios —Capcom justificó la apariencia del nuevo Dante, Cole conservó su aspecto en InFamous 2, la propia Microsoft bajó el precio de la Xbox original…—, pero nunca se había tomado una decisión tan radical y significativa. Tras el cambio de rumbo incentivado por las innumerables y duras críticas de usuarios y profesionales de la industria, Xbox One no necesitará conectarse a Internet cada día, no incluirá ningún sistema para controlar la segunda mano y los préstamos y no contará con protección regional.

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¡Qué alegría!, ¡qué alborozo! Aunque hay quien argumenta que habría sido más honroso tirar hacia adelante con la decisión tomada, por muy radical que ésta fuese, lo cierto es que la inmensa mayoría nos alegramos por el cambio de rumbo. De no haberse producido, intuyo que estaríamos a punto de meternos de lleno en una nueva etapa cercana al monopolio dentro del sector, con Sony marcando el rumbo casi de forma unilateral.

La generación que despedimos ha sido sumamente interesante y se lo debemos en gran parte a la dura competencia entre first parties. Nintendo disparó el mercado casual con Wii mientras PlayStation 3 y Xbox 360 se enzarzaban en una dura pugna de corte más tradicional, pero dando cada vez más relevancia al desarrollo indie y las posibilidades online.

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Ahora, con una Wii U que no acaba de despegar, el lanzamiento de una Xbox One con las características anunciadas dejaría a PlayStation 4 con una ventaja competitiva brutal y eso no es bueno. No quiero decir que me parezca mal que Sony venda más sino que no hay nada tan beneficioso para el consumidor como la competencia. ¿Microsoft escucha a los usuarios?, ¿todo es fruto del temor a las bajas ventas?, ¿han pesado mucho las presiones de los accionistas? Puede verse como un acto de sensatez o uno de cobardía, pero eso da igual, al final lo que importa es que todos salimos ganando por una situación de rivalidad que beneficia al mercado.

Los efectos del cambio no tardaron en hacerse notar —las reservas en Amazon Reino Unido se dispararon al instante—, pero no hay que engañarse, no todo es positivo. Microsoft también ha renunciado al préstamo de los videojuegos descargados, una función muy interesante que estoy convencido de que en un futuro cuajará pero que de momento queda aparcada.

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Puede que este cambio no moleste a muchos jugadores y que, por tanto, Microsoft no se vea muy perjudicada por la decisión. Sin embargo, me temo que los cien euros más que costará Xbox One respecto a PS4 (justificados en gran parte por la inclusión de Kinect) y la mala imagen que ha generado todo este revuelo del DRM, sí podrían afectar de forma muy negativa a las ventas de la consola. Esperemos que la compañía sea capaz de compensarlo a base de juegos. De momento, el catálogo pinta bien.

¿Qué os parece el cambio de política de Xbox One?

Microsoft se la juega con Xbox One

La reciente presentación de Xbox One no ha dejado indiferente a nadie. Microsoft ha conseguido que su futura consola se haya convertido en el tema más polémico del sector en años. La segunda mano, los desarrollos indie, la conexión permanente a Internet, la ausencia de imágenes de juegos… Aún está por ver si la compañía de Redmond dará marcha atrás en alguna de sus políticas anunciadas o si seguirá hacia adelante con sus planes.