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El Señor de los Anillos, Star Wars, Alicia y el buen uso de las licencias

Si bien es cierto que la calidad de los videojuegos basados en licencias suele ser bastante pobre (los recién lanzados Family Guy y El Origen de los Guardianes son un par de buenos ejemplos), como en todo en la vida, también hay excepciones. Además, por fortuna, hay un par de títulos recientes que demuestran lo bien que puede salir un juego con franquicia cuando se hace con amor.

El primero de ellos está basado en el Señor de los Anillos. Lo cierto es que la obra cumbre de J.R.R. Tolkien y su versión cinematográfica siempre han tenido bastante suerte en sus adaptaciones a videojuego: Las dos torres y El retorno del Rey fueron un par de juegos de acción memorables mientras que los RPG y títulos de estrategia, en el peor de los casos, han mantenido el tipo.

Si mezclamos esa riqueza y atractivo de contenido con el talento de TT Games y su buen gusto a la hora de construir videojuegos a base de fichas de LEGO virtuales, nos encontramos con LEGO El Señor de los Anillos, quizá el mejor título de todos los que aprovechan el encanto de las emblemáticas piezas de construcción.

Mejor aún, LEGO El Señor de los Anillos no solo destaca entre otros juegos similares de TT Games sino que lo hace como juego de acción y aventuras notable y como adaptación sublime. Pocas veces se ha visto tanto respeto por una obra original como en este caso: escenas calcadas de las películas, detalles extraídos de los libros, la música y las voces originales de la trilogía de Peter Jackson… Más llamativo resulta que esta fidelidad haya tenido que venir de un juego de tono paródico.

En este nuevo ESDLA hay 18 niveles con desarrollo de mundo abierto, cooperativo para dos jugadores (como siempre), algún pequeño puzle, gráficos vistosos, misiones secundarias, 80 personajes y amor, mucho amor. Es todo tan entrañable que hace que nos olvidemos de la cantidad de veces que nos han contado esta historia y de las ya muy trilladas mecánicas de los juegos de LEGO.

La segunda excepción que creo justo citar está relacionada con Star Wars. Admito que el universo de George Lucas ha tenido maravillosos exponentes en el mundo del videojuego (los que vieron la luz en Super Nintendo, los Rogue Squadron, Knights of the Old Republic, los Battlefront…), pero ha sido bastante irregular y también ha contado con no pocos pufos (mi mente no puede olvidar aquella cosa llamada Masters of Teräs Käsi y prefiero no hablar de Kinect Star Wars). Sin embargo, lo último de La guera de las galaxias en videojuegos pertenece al primer grupo, al de los buenos.

Si El Señor de los Anillos ha tenido que recurrir a LEGO para obtener una adaptación excelente, Star Wars ha tenido que fusionarse con las criaturitas de Rovio, los Angry Birds. No puedo negarlo, me he enamorado de Angry Birds Star Wars, está hecho con un criterio excelente. Por un lado, combina las mecánicas del Angry Birds original con el juego de gravedad que proponía Angry Birds Space y, por otro lado, transforma todo el universo de los pajarillos en el de las películas de Lucas.

La fusión de estos dos universos tan dispares es magistral: los niveles están divididos en planetas y localizaciones de la saga galáctica Tatooine, Hoth o la Estrella de la Muerte, la música y los efectos sonoros combinan lo más característico de ambos mundos (Rovio remezclado con John Williams, los grititos de los pájaros con ruido de láseres y sables de luz), los cerdos están caracterizados como tropas imperiales, guerreros tusken y otros conocidos personajes, hay ilustración que van narrando la historia, hay AT-AT walkers… ¡hay hasta cortinillas al principio de cada nivel!

Aunque lo mejor es la transformación de los populares y malhumorados pájaros en personajes de la saga. El cambio no es solo de aspecto sino también de poderes: el pájaro rojo es Luke Skywalker y usa el sable de luz (para destruir enemigos, construcciones o devolver disparos), el amarillo es Han Solo y dispara tres veces con una pistola de rayos láser (que rebotan sobre el metal), el negro es Obi Wan y puede usar el poder de la Fuerza, la rosa es Leia y posee una curiosa arma que lanza un rayo tractor… Estas nuevas habilidades conllevan significativos cambios jugables respecto a los Angry Birds anteriores. Mi opinión sobre Rovio mejora por momentos.

Por último, pese a que ya tiene un par de añitos de existencia, no quería dejar pasar la oportunidad de mencionar el fantástico Alicia en el País de las Maravillas de Nintendo DS, un juegazo con licencia de la película de Tim Burton que estoy pudiendo jugar ahora y que me está dejando boquiabierto. Tanto me está gustando que dejaré su análisis para un próximo “Viejas (o no tan viejas) joyas”.

Estas tres excepciones, que recomiendo encarecidamente, tienen un punto en común: ninguna de ellas consiste en una adaptación tal cual, simple y ramplona, de la licencia a la que representan, sino que en todos los casos suponen una vuelta de tuerca a una determinada franquicia, una mirada diferente a unas historias y personajes ya de sobra conocidos por todos. Queda demostrado que en el riesgo está el triunfo.

¿Qué otros casos de licencias bien aprovechadas recordáis?

Padre de familia, El Origen de los Guardianes y el mal uso de las licencias

Los gráficos, las formas de control, las características propias de cada género, los ritmos de progreso y el concepto de dificultad, los modos de juego, las vías de distribución… Todo ha cambiado en los videojuegos en los últimos 25 años. ¿Todo? No, todo no, hay algo que permanece exactamente igual que hace dos décadas: la inmensa mayoría de juegos basados en licencias son basura.

Cierto es que la cosa ha cambiado un poco. Mientras que en otros tiempos muy pocas superproducciones (buenas y malas) se libraban de su correspondiente adaptación a videojuego, ahora el proceso es un pelín menos frecuente. En los últimos años, han sido muchas las películas y series de acción, ciencia ficción y aventuras susceptibles de adaptarse a videojuego y que, sin embargo, han quedado huérfanas.

Pero sí, sigue habiendo juegos con licencia, y la proporción entre los que tienen cierta calidad y los que dan ganas de llorar sigue siendo deprimente. La mayoría de estos títulos acaban viendo la luz para portátiles y muy a menudo están basados en series y películas infantiles aspirantes al éxito comercial. Este es el caso del videojuego El Origen de los Guardianes, inspirado en la película homónima y lanzado en todas las plataformas actuales.

Cuesta digerir la paupérrima factura de este juego. Tal vez el problema fueron las prisas del desarrollo o, quizá y bastante peor, lo mucho que se suele infravalorar el gusto de los niñosEl Origen de los Guardianes es un juego de acción, con modo cooperativo para hasta cuatro personas y algunos toques de rol más bien anecdóticos.

Con estas características podría quedarse en videojuego pasable, pero resulta que es muchísimo más feo de lo que debería, tremendamente fácil y repetitivo hasta la saciedad. Seguro que a los niños que vean la película les encantará poder controlar a Jack Escarcha, Santa Claus y compañía, pero ese no debería ser el único atractivo de la aventura. Los niños no son tontos, y es posible hacer productos infantiles de calidad. Pese a pifiarla de vez en cuando, compañías como Disney o Nintendo lo han demostrado.

Un caso parecido es el de Family Guy: Back to the Multiverse, una triste aventura de acción en tercera persona cuyo único punto a favor es la gracia de los personajes y situaciones propios de Padre de Familia. Si, como a mí, ni siquiera te gusta la serie, el videojuego no hay por dónde cogerlo. Los fans quizá le saquen algo más de jugo, pero supongo que no demasiado. Esto es lo que sucede cuando una compañía se conforma con el poder de una franquicia para vender sin realizar demasiado esfuerzo.

Los protagonistas son Stewie y Brian. Cada uno de ellos posee habilidades propias que les permiten avanzar a través de diversas y disparatadas realidades alternativas en las que por desgracia el desarrollo es siempre igual. No hay mucho más que hacer en la aventura que eliminar enemigos e intentar detectar los muchos detallitos pensados para los fans, desde cameos y coñas típicas de la serie a los chistes de los protagonistas (eso sí, en inglés con subtítulos en español).

Este Family Guy cuenta con un problema añadido: no se trata de un juego de temática infantil y, por lo tanto, no gozará de la ventaja que sí tienen otros productos como El Origen de los Guardianes, muy atractivos para los padres que desean comprar a su hijo algo bonito y no violento de cara a las navidades. ¿Quién es entonces el público de este Padre de Familia? Me temo que los seguidores de la serie preferirán un FIFA, un Halo, un Killzone o un Assassin’s Creed a este pobre y poco lustroso beat’em up.

¿Cuál es el peor juego basado en una licencia que recordáis?