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El big data del alma

La infectividad

Una nueva palabra que no está en el DRAE pero mola mucho: infectividad. Por el contexto se deduce que es capacidad de infectar.

La infectividad sirve para todo. Y más, al ser una palabra no reconocida, apócrifa o como se diga.

Todos nos infectamos unos a otras, unas a otros, a lo largo del insufrible day. Nos contagiamos la mala sombra, el simple odio, las enfermedades mentales, tan populares y extendidas, el síndrome del colapso frontal, la incertidumbria (que es peor que su prima hermana, la incertidumbre estándar. La incertidumbria, también fuera de la ley del DRAE, es digna del Ulises o del Trilce de Vallejo, o de Tres tristes tigres

Espectacular la novela o lo que sea (aunque “novela” acoge todo) de Benjamín Labatut, Un verdor salvaje. Al menos el arranque es resplandor total, zotal, Bhopal, booom, crack, slurp. El irresistible tirón de los nazis y sus locuras. El pijama de rayas bla bla. Sembraron tanto horror que no hay forma de olvidarlo o de dejar de nombrarlo un sólo día.

Cada cosa que se descubre primero sirve para hacer una masacre, luego ya se verá. Más o menos, no hay que generalizar. No hay que sargentizar.

Todo ha ido a mejor poco a poco, incluso dentro de esta espícula que nos aguijonea, seduce a las células y les clava su pincho biosostenible. Nuevos estudios sin verificar sobre lo que aguanta el virus en el aire putrafacto de una habitación.

Al rato, baja la infectividad.

Lo mejor refugiarnos en las iglesias que tengan paz y sopa a leer en los móviles y tabletas los clásicos y, si eso, ver Emiliy in Paris, la serie superflua que se ha hecho ultranacesaria para entender el mundanal. El lujo basura, la ropa imposible que nadie lleva y –por eso– tanto arrasa el cerebro. La desnudez vibrátil, la prisa tuiteante.

Por cierto, maravilloso nombre del burócrata del castillo: Klamm. Todo Kafka resucita cada mañana en Krackolandia, Uvracia, Crimea, Nepal, Butan (donde hacen el butano), Taiwán y Kazajistán. ¡Y Tibet!

Podrían hacer el Mundial de Fútbol en el Tibet, que fue anexionado por China. Al que se le cayera el balón, a buscarlo. Donde no se podrá celebrar es en Qatar, o Catar.

¿C´omo puede llamarse un sitio Catar y no admitir el vino?

Todo esto es la infectividad. Prodigiosa palabra global. ¡Ya viene un meteorito! La NASA lo reconoce como potencialmente peligroso. Lo que hay que hacer para publicitar una peli.

La inflación es un caso de infectividad eco-bio, la inflación es lo único sostenible. Recordar que para que algo sea sostenible otra cosa ha de ser lo contrario, según el principio de Arquímedes (que ahora divulgan los mensajitos de El Economista en los ascensores, a saber qué oscuros intereses y conjuras están detrás de este revival de Arquímedes, aparte del azar).

Por leer el Ulises el mundo es diferente. Cada vez que alguien lee el Ulises de Joyce (y el original, más aún) el mundo cambia.

Tiene menos (o más) infectividad.

Ah, qué suerte que la mayoría de las palabras no estén en el DRAE… ni en ninguna otra parte. ¡No han nacido!

 

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