Veinte Segundos Veinte Segundos

El big data del alma

Lo hicimos: hemos pasado de un año a otro, es Año Nuevo

Hemos cambiado de año sin ceremonia por lo tanto quizá no hemos cambiado de año.

Esto hay que pensarlo, no vayamos a quedarnos atrapados en el tránsito.

El ritual tiene un fundamento, por eso lo celebramos siempre porque es un rito de cambio de vida.

Muy racionales sin dejar de acatar el universo mágico, el misterio, lo que no acabamos de comprender.

Hacemos cosas primitivas, intuiciones, pulsiones de millones de años. El genoma manda, él sabrá cómo se manifiesta. Nos sentimos bien.

Nos sentimos bien después de atravesar esa puerta imaginaria del fin de año. A poco que nos dejemos llevar por la noche y una micra de emoción, un nanotubo se activa y corre el sodio. Hemos pasado.

Todo es igual o peor (por la entropía, aunque a veces no se nota) y sin embargo todo ha sido renovado.

En Año Nuevo estrenamos el mundo.

De ahí el concierto, los saltos de esquí, los rituales, el festejo del nuevo ciclo: la vida se reinicia.

Y eso es lo que hemos perdido este año covídeo, aunque quizá podamos sentir el mismo pálpito de siempre.

La puerta hay que atravesarla, aunque sea en la intimidad, en soledad, en binomio. Quizá lo hicimos, lo estamos haciendo.

Por eso hoy es fiesta y apetece fregar la cubierta.

Esquiar, ir a un concierto o darlo.

Apetece todo porque todo es nuevo.

Quizá sí hemos pasado. Eso debe ser la célebre adaptación: no importa nada, solo seguir, renacer… cada día es Año Auevo.

 

Los comentarios están cerrados.