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El big data del alma

Toy Story 4 refleja muy bien la precariedad del mundo

Dedicada a Jaime Delgado

 

Toy Story 4 refleja muy la precariedad: más que una peli es un documental. Y casi un manual de supervivencia. Todos somos juguetes del destino, etc. La seguridad de un niño que te quiera (si eres un juguete) o de un hogar en el que refugiarte cuando el niño crezca o deje deje de necesitarte ya no existe. El regreso de la pastorcilla y sus ovejas tres en uno (homenaje a Dolly) trae el mensaje de que hay vida ahí fuera, sin niños a los que cuidar, sin un hogar estable. La pastorcilla se ha buscado la vida y se defiende en una jungla que es el mundo real de Glovo y todo eso. Tiene un auto tipo Mad Max (una mofeta) y maneja el báculo de pastora como Uma Thurmix (o Thurman) en Kill Bill. Tiene el brazo roto pero no le importa, se pone un esparadrapo y sigue adelante. Hay nuevos personajes fascinantes como el tenedor viviente que solo se reconoce como basura –¡basura!, ¿hay algo más actual que la basura?–. Por cierto, la última frase de la peli, cuando ya han salido los créditos, es espectacular. Es el resumen filosófico de la saga: ¿pero cómo es que estoy viva?

–Pues no lo se.

El tenedor viviente es el golem de segundo grado, creado por una niña y vivificado socialmente por unos juguetes desahuciados. El motorista canadiense ya justifica él solo la peli. Y la niña Boni. Al pobre vaquero le quitan el mecanismo de voz, tráfico de órganos, él se sacrifica para salvar al tenedor que es la vida de su niña. Los zombis que recuerdan al muñeco diabólico han sido suavizados porque daban mucho miedo, y no hace falta dar miedo extra u obvio cuando la mera vida ya da tanto (te extirpan la voz). Buzz, como siempre, sensacional con su voz de la conciencia pregrabada. Las ovejas dollys, la pastora (luz del mundo). Brutal. Un documental hiperrealista.

Al final triunfa el amor.

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