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El big data del alma

Los Goya: Pobreza y Ley Mordaza

Los Premios Goya son Miseria y Ley Mordaza. Por eso hay que verlos y sufrirlos solidariamente, por eso son irresistibles, penosos, adorables, horribles, etc.

Grandes humoristas –Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla–, bloqueados, paralizados por el miedo a ir a la cárcel o, pero aún, a que no les contrate el Estado 155.

Todo es miedo y hambre en Las Vegas. Poltergeist con un rictus de risa. Miseria energética y alegría de posguerra.

La lista de asuntos innombrables ha crecido tanto que apenas se puede mencionar un 10% de la realidad. Y nada de humor. No vaya a ser…

Los Goya reflejan la vida española de posguerra, de esta posguerra de crisis interminable, sueldos levísimos, paro, emigración, ciencia destruida, R’78 agónico y descomposiión.

Y todo eso… hay que fingir que no está ocurriendo. Fingir y disimular hasta la extenuación.

Buen rollo, aguantar, 21% de IVA clavado en la espalda… hay que seguir… el milagro está al caer.

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Pd.: Como dice Antón Castro, también se olvidaron de nombrar a Alfredo Castellón. Fue todo terrible.

Aunque quizá como pasarela de moda es un éxito.

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La crónica de Carles Rull en el blog El cielo sobre Tatooine 

6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

  1. Dice ser Escribe aquí tu comentario

    no digas tonterías. Esos son menos solidarios que Felipe VI

    04 febrero 2018 | 10:47 am

  2. Dice ser Escribe aquí tu comentario

    Isabel Coixet y ‘Handia’ triunfan en los Premios Goya

    Listado completo de ganadores. Mejor película | Mejor actriz | Mejor actor.

    Listado de ganadores de los Premios Goya 3 ‘La librería’ se lleva el Goya a mejor película

    Nathalie Poza, Goya a mejor actriz protagonista por ‘No sé decir adiós’ 1 Javier Gutiérrez, Goya a mejor actor por ‘El autor’

    Los Javis: “Estamos más nerviosos por la final de ‘OT’ que por el premio”

    Leticia Dolera, sobre la gala de los Goya: “Os está quedando un campo de nabos feminista precioso”

    Paquita Salas (Brays Efe) se cuela en la gala

    Penélope Cruz y Bardem eluden hablar de Woody Allen

    “Morty Mortensen Mortimer” y otros chistes de la gala

    2 Burlas con la entrada de la alfombra roja. Sánchez e Iglesias posan con el abanico; Rivera y el Gobierno, no 48 Los más elegantes y sexys 0 La alfombra roja, en imágenes

    Los “peores” modelitos

    Se ve su solidaridad, Pobreza y Ley Mordaza.

    04 febrero 2018 | 10:58 am

  3. Dice ser por favor Señores de los Goya si quieren financiar mi pelicula dejen un mensaje en este apartado

    1. La acción transcurre en una de las estancias privadas del palacio de la reina X,
    en el centro de la misma se encuentra un amplio sofá de lustroso cuero negro con aspecto acogedor.
    Éste consiste en el único mobiliario de la espaciosa sala junto con un carrito plateado que muestra tres niveles superpuestos, cada cual con una bandeja repleta de instrumentos y de utensilios con fines eróticos; vibradores de tamaños variados y de formas diversas, bolas chinas, pequeños recipientes de plástico que contienen cremas lubricantes (algunos de los cuales dejan entrever el ungüento aceitoso en su interior), extrañas pinzas metálicas, etc… En las paredes cuatro lámparas con aspecto de falo doble se yerguen como candelabros a cada lado iluminando el salón al igual que los tres o cuatro tubos fluorescentes distribuidos de forma aleatoria en el techo muy alto, enteramente pintado de negro como un cielo nocturno, los cuales acarician con una luz blanca y diáfana su sombra perenne. Las dos ventanas del cuarto permanecen siempre cerradas con gruesos portones de madera. Grandes lienzos abstractos de carácter obsceno, algunos de los cuales recuerdan al arte ensoñador de H.R. Giger, cuelgan de las paredes de color crema-pálido. El voluptuoso decorado resulta tan extravagante que el salón parece formar parte de una bizarra exposición cuya pretensión consista en estimular de un modo turbio los instintos lúbricos del visitante. A pesar de esto, contrasta vivamente en aquel ambiente por su sórdida incoherencia la sección saliente que delimita en dos el muro detrás del sillón y que se haya enteramente empapelada con vulgares posters de mujeres desnudas retratadas de las formas más lascivas y sugerentes, algunos parecen repetir siempre la misma escena o imitar un mismo patrón en un escenario que también semeja siempre el mismo, en donde una modelo, (normalmente rubia, aunque eso es lo de menos), posa de rodillas sobre la fina arena blanca de una playa tropical, con el cuerpo bronceado señalado por la huella de su bikini ausente y el higo peludo (normalmente moreno) exhibiéndose a la vista abiertamente. Los ojos atentos al objetivo del fotógrafo, mientras sujetan sus grandes senos postizos con ambas manos o cuando no van completamente desnudas, realizando el gesto de retirar su tanga hacia un lado mientras lo sujetan con la mano alzada para poder exponer de este modo sus partes más intimas, En este último caso con una expresión desafiante en el rostro, aunque por lo general las mujeres de estos panfletos parecen algo timoratas a pesar de su posado desinhibido y sus labios casi siempre groseramente plastificados parecen esforzarse sin mucho éxito por desplegar una sonrisa sincera o parecen besar sin convicción a sus eventuales observadores con sus morros de aspecto simiesco. En otros posters aparecen las modelos en grupos de tres o cuatro, dando la espalda al fotografo para mostrar otra perspectiva de su cuerpo desnudo. También cubre enteramente este tabique una multitud de fotografías pornográficas formando todo el conjunto un extraño mural que no deja entrever espacios vacíos. Dos mujeres desnudas hacen su entrada en el salón por las alas abiertas de una gran puerta de roble que se haya frente al sofá, caminan despacio puesto que lo hacen a cuatro patas, ambas llevan ceñida a la garganta una argolla con un aro de metal atado a una correa de cuero que recuerda al collar de un caniche. Han recorrido de este modo un largo trecho debiendo cruzar por varios pabellones, gateando al subir (sin poder erguir el cuerpo puesto que no se permite a los súbditos ni mucho menos a las esclavas infringir las costumbres de palacio) la imponente escalera alfombrada en forma de media luna del inmenso recibidor. Arrastrándose luego por el duro y frío enlosado del amplio y largo corredor en la segunda planta hasta alcanzar finalmente el gabinete en un extremo del pasaje, tropezándose por el camino, aunque sin demorar jamás su marcha, con varios súbditos del servicio palaciego que, evitando sus miradas compungidas y avergonzadas aparentan no percatarse de su presencia. Trepan ahora hasta colocarse encima del sofá, instalándose cada una en ambos lados mientras adoptan una posición incómoda y grotesca, dejando el espacio suficiente entre las dos como ordena el protocolo establecido. Unos minutos más tarde hace acto de presencia una tercera figura femenina que cierra las puertas a sus espaldas con un golpe seco y permanece de pie unos instantes sopesando a las dos mujeres. Es la reina X, se acerca al sofá con aire severo y comienza como de costumbre con su ritual de humillación, elevando el mentón de la más joven para luego con sus dedos ejercer presión como una pinza en el carnoso labio inferior de la muchacha, deformándolo al estirarlo hasta soltarlo de golpe, observando en el doloroso proceso sus incisivos podridos, realizando autoritaria una indicación a la otra con la cabeza para que separe más sus rodillas, etc… Luego su señora que es reina y olvidó lo que es ser una mujer… se ajusta una liga roja en el muslo izquierdo sobre sus mallas de lycra, el único toque de color en su vestimenta enteramente de negro, y se acomoda a sus anchas entre las dos esclavas que permanecen inmóviles siempre con la misma postura tensa e incómoda observando con curiosidad el proceder de su señora, sin exteriorizar ambas su temor, mostrando tan sólo una sorpresa inocente ante la presencia de la reina aunque sin poder evitar un leve temblor expectante en sus cuerpos. El tapizado negro del mueble contrasta vivamente con las generosas cabelleras rubias de las dos mujeres y con la desnudez de sus cuerpos que parecen resplandecer con luz propia a ambos lados de la reina, embutida ésta en un ajustado vestido tan oscuro que por el contrario parece fundirse con el sombrío sofá. La blancura etérea de la rubia de aspecto delicado situada a su izquierda la hace destacar de una forma especial en la tesitura presente, su cabello color platino, teñido en este tono para complacer un capricho de la reina, por las rudas y afanosas manos de las sirvientas que atienden el harem, junto con sus ademanes vacilantes, hacen que se parezca a un ángel virginal y que en su situación de indefensión y mansedumbre recuerde al cordero del sacrificio, en su expresión humanizada, también la hace más apetecible a los ojos de su señora en ese momento. La otra rubia sumisa que se haya a su derecha resulta la mujer más despampanante que se pueda imaginar. Perfectamente constituida, su cuerpo, aunque algo maduro, es atlético, flexible y escultural, su piel bronceada posee los tonos aterciopelados del melocotón, su cabellera parece una cascada de oro fundido y a pesar de todo su rostro resulta tan perfecto y sugestivo que aun exhibiendo su cuerpo una desnudez integral, logran sus rasgos eclipsar con un solo vistazo a todos los demás atributos físicos que la caracterizan. Semeja en realidad una dama exquisita adoptando el rol impostado de una puta de lujo. A diferencia de la otra esclava ésta luce una mata recortada de pudoroso vello en el pubis, el cual gusta de tironear y acariciar indistintamente a la reina, como si se tratara del pelambre de un animalito inofensivo, solo para rebajarla. Ambas lucen un piercing en el clítoris del que cuelga una diminuta cadena de metal, también lucen piercings en los pezones, en el ombligo, en la lengua y en la parte superior del ano, y lo que resulta una invención por parte de la propia reina; exhiben una especie de prótesis de goma o de metal injertada bajo la piel que sobresale como un bultito en el centro de un círculo tatuado enteramente de color rosado para simular un tercer pezón ubicado en el espacio que resta entre el ano y el sexo (Un inciso: creo que en una mujer esto no produciría el mismo placer que en un hombre, pero con un poco de imaginación…). Sus orejas en cambio lucen los lóbulos intactos (A su alteza no le gustan las joyas puesto que resultan una distracción superflua y molesta, las esclavas no deben lucir jamás piedras preciosas solo si van enteramente cubiertas por estas, portando numerosos brazaletes, collares y otras zarandajas que les presta la reina para embellecer su aspecto y excitarse durante el sexo). A pesar de todo, las modificaciones físicas que alteran su aspecto solo afectan a sus partes intimas y no han alcanzado como sucede con otras esclavas, el grado de despropósito estético que exhibe su fisonomía externa (como sucede con las llamadas apestadas, sometidas también a los caprichos sexuales de la reina y tratadas con mayor desprecio si cabe ante la corte, al ser rebajadas también por las demás esclavas, al estar consideradas éstas como pertenecientes a la categoría más baja entre las de su condición, tolerándose el trato vejatorio por parte de las que gozan de un mayor estatus) y que revela los extremos que puede alcanzar lo que se podría calificar como de perversión estilística de la reina, la cual se considera a sí misma una gran artista. Como sucede por ejemplo con aquellas que exhiben su cabeza calva, en realidad se ha suprimido en ellas la posibilidad de lucir cualquier tipo de bello corporal mediante una cirugía laser minuciosa (algo relacionado con Corporación Dermoestética, si bien es cierto que la mayoría de las esclavas llevan la cabeza afeitada aunque lucen pelucas brillantes o de colores muy chillones y artificiales) a veces mostrando algún tatuaje obsceno en la piel lisa del cogote, el garabato de un pene goteante, cuyos goterones resbalan también por una mejilla semejando lagrimas de cocodrilo, una boca abierta que saca la lengua imitando el logo de los Rolling Stones, etc… A estas últimas se les ha rebajado la lengua (también en Corporación Dermostética) y su tatuaje resulta una burla despiadada, y otras cuya faz exhibe injertos que hurtan el rastro a su alma otorgándoles un aspecto caballuno o simplemente delirante (B Lenesteban ¡Ni de coña!), Algunas de estas modificaciones afectan de modo grotesco a las dimensiones de sus senos o de sus posaderas. El aspecto desproporcionado y desagradable de algunos traseros se debe a las inyecciones periódicas de silicona que también provocan en la piel de los glúteos la aparición de estrías blanquecinas, al aumentar considerablemente el tamaño de las nalgas de una forma acelerada mediante un método tan radical y con el paso del tiempo reducirse sus proporciones nuevamente a su estado natural. A todas se les aplica un tratamiento irreversible para lograr la infertilidad de sus organos reproductivos, puesto que algunas esclavas incautas, dejándose llevar por sus instintos carnales primitivos o naturales, han extraviado su lealtad hacia la reina enamorándose de algún siervo, llegando a consumar secretamente este amor prohibido, cuando sólo les está permitido el amor lésbico con la reina o con otras esclavas, a espaldas de la reina y del resto de súbditos que deben denunciar estos hechos inmediatamente si llegaran a descubrirlos o albergaran alguna sospecha de que han tenido lugar estos encuentros, siendo el varón despedido de sus servicios y expulsado de palacio junto a su recién nacida prole si la hubiere, mientras la esclava posteriormente a su recuperación dado el caso, y siempre en condiciones de afrontar su culpa o de defenderse por sí misma ante un tribunal de pantomima (constitucional o real) será juzgada bajo los falsos auspicios y las vanas ilusiones de poder salir airosa de la afrenta cometida hacia la reina, disfrutando del perdón de su majestad, para más tarde descubrir paulatinamente ser victima del escarnio y la humillación durante un proceso inquisitorial, mediante acusaciones infundadas y falsos testimonios, en presencia siempre del resto de súbditos, como leales testigos de la causa de la reina, para ser conducida finalmente y sin poder evitarlo, tras un largo y desesperanzado litigio que puede durar hasta dos semanas y que irremediablemente desembocará con una escena final en la que la sollozante esclava suplicará de rodillas ante los magistrados sin poder contener sus lagrimas por el miedo y la angustia, sin mas concesiones hacia los calabozos del gran complejo palaciego.
    A veces la acusada no puede defenderse ante la evidencia:
    – Esclava: por favor no te corras dentro, no te corras dentro mío por favor, por favor no lo hagas, no te corras dentro, por favor, nooooooooo!!!!…
    – Subdito: te amo zorraaaa…aaaaaa….aaaaaahhhhhhhhhhhh!
    Ahora la reina recién llegada, puesto que ha demorado a propósito su presencia en el salón, etc
    A la reina me la imagino ahora como la mujer latina del programa ese fake de caso cerrado, la que dice ser actriz porno para vengarse de unos radicales…
    Con ese acento latino de culebrón, y que no es nada creíble, que se nota que es lo más falso y encima es mala actriz. Esos culebrones en que todo está exagerado, y me la imagino sentada y agachándose para gritarle a una esclava que está arrodillada a su lado mientras le estruja una oreja.
    04 febrero 2018 | 08:11

    04 febrero 2018 | 12:36 pm

  4. Dice ser por favor Señores de los Goya si quieren financiar mi pelicula dejen un mensaje en este apartado

    Señores de los Goya

    ¿Quieren ganar un Oscar?

    04 febrero 2018 | 12:56 pm

  5. Dice ser por favor Señores de los Goya si quieren financiar mi pelicula dejen un mensaje en este apartado

    La acción transcurre en una de las estancias privadas del palacio de la reina X,
    en el centro de la misma se haya un amplio sofá de lustroso cuero negro con aspecto acogedor.
    Éste consiste en el único mobiliario de la espaciosa sala junto con un carrito plateado que muestra tres compartimentos o bandejas superpuestas, repleta cada una con numerosos instrumentos o utensilios para usos eróticos; vibradores de tamaños variados y de formas diversas, bolas chinas, pequeños recipientes de plástico que contienen cremas lubricantes (algunos de los cuales dejan entrever el ungüento aceitoso en su interior), extrañas pinzas metálicas, etc… En las paredes cuatro lámparas con aspecto de falo doble se yerguen como candelabros a cada lado iluminando el salón al igual que los tres o cuatro tubos fluorescentes distribuidos de forma aleatoria en el techo muy alto, enteramente pintado de negro como un cielo nocturno, acariciando con una luz blanca y diáfana su sombra perenne. Las dos ventanas del cuarto permanecen siempre cerradas con gruesos portones de madera. Grandes lienzos abstractos de carácter obsceno, algunos de los cuales recuerdan al arte ensoñador de H.R. Giger, cuelgan de las paredes de color crema-pálido. El voluptuoso decorado resulta tan extravagante que el salón parece formar parte de una bizarra exposición cuya pretensión consista en estimular de modo turbio los instintos lúbricos del visitante. A pesar de esto, contrasta vivamente en aquel ambiente por su sórdida incoherencia la sección saliente que delimita en dos el muro detrás del sillón y que se haya enteramente empapelada con vulgares posters de mujeres desnudas retratadas de las formas más sugerentes y lascivas, algunos parecen repetir siempre la misma escena o imitar un mismo patrón en un escenario que también semeja siempre el mismo, en donde una modelo, (normalmente rubia, aunque eso es lo de menos), posa de rodillas sobre la fina arena blanca de una playa tropical, con el cuerpo bronceado señalado por la huella de su bikini ausente y el higo peludo (normalmente moreno) exhibiéndose a la vista abiertamente. Los ojos atentos al objetivo del fotógrafo, mientras sujetan sus grandes senos postizos con ambas manos, o cuando no aparecen completamente desnudas, realizando el gesto de retirar su tanga hacia un lado mientras lo sujetan firmemente con la mano alzada mostrando de esta forma abiertamente sus partes más intimas, En este último caso con una expresión desafiante en el rostro, aunque por lo general las mujeres de estos panfletos parecen algo timoratas a pesar de su pose explicita y desinhibida, sus labios casi siempre groseramente plastificados parecen realizar un esfuerzo por desplegar lo que pretende parecer su mejor sonrisa y algunas parecen besar con desgana o sin mucha convicción a sus eventuales observadores con sus morros de aspecto simiesco. En otros posters aparecen las modelos en grupos de tres o cuatro, colocandose de espaldas al fotografo para mostrar otra perspectiva de su cuerpo desnudo, a veces aparecen en grupo montadas unas encima de las otras de espaldas al retratista, formando el conjunto de mujeres en esta pose grupal parecida a un pequeño montículo, una especie de relieve que se alza verticalmente en el que vaginas y nalgas respectivamente parecen apretarse o pegarse entre si dando forma a una especie de cañon boscoso entre dos cordilleras peladas. También cubre enteramente este tabique una multitud de fotografías pornográficas formando todo el conjunto un extraño mural que no deja entrever espacios vacíos. Dos mujeres desnudas hacen su entrada en el salón por las alas abiertas de una gran puerta de roble que se haya frente al sofá, caminan despacio puesto que lo hacen a cuatro patas, ambas llevan ceñida a la garganta una argolla con un aro de metal atado a una correa de cuero que recuerda al collar de un caniche. Han recorrido de este modo un largo trecho debiendo cruzar por varios pabellones, gateando al subir (sin poder erguir el cuerpo puesto que no se permite a los súbditos ni mucho menos a las esclavas infringir las costumbres de palacio) la imponente escalera alfombrada en forma de media luna del inmenso recibidor. Arrastrándose luego por el duro y frío enlosado del amplio y largo corredor en la segunda planta hasta alcanzar finalmente el gabinete en un extremo del pasaje, tropezándose por el camino, aunque sin demorar jamás su marcha, con varios súbditos del servicio palaciego que, evitando sus miradas compungidas y avergonzadas aparentan no percatarse de su presencia. Trepan ahora hasta colocarse encima del sofá, instalándose cada una en ambos lados mientras adoptan una posición incómoda y grotesca, dejando el espacio suficiente entre las dos como ordena el protocolo establecido. Unos minutos más tarde hace acto de presencia una tercera figura femenina que cierra las puertas a sus espaldas con un golpe seco y permanece de pie unos instantes sopesando a las dos mujeres. Es la reina X, se acerca al sofá con aire severo y comienza como de costumbre con su ritual de humillación, elevando el mentón de la más joven para luego con sus dedos ejercer presión como una pinza en el carnoso labio inferior de la muchacha, deformándolo al estirarlo hasta soltarlo de golpe, observando en el doloroso proceso sus incisivos podridos, realizando autoritaria una indicación a la otra con la cabeza para que separe más sus rodillas, etc… Luego su señora que es reina y olvidó lo que es ser una mujer… se ajusta una liga roja en el muslo izquierdo sobre sus mallas de lycra, el único toque de color en su vestimenta enteramente de negro, y se acomoda a sus anchas entre las dos esclavas que permanecen inmóviles siempre con la misma postura tensa e incómoda observando con curiosidad el proceder de su señora, sin exteriorizar ambas su temor, mostrando tan sólo una sorpresa inocente ante la presencia de la reina aunque sin poder evitar un leve temblor expectante en sus cuerpos. El tapizado negro del mueble contrasta vivamente con las generosas cabelleras rubias de las dos mujeres y con la desnudez de sus cuerpos que parecen resplandecer con luz propia a ambos lados de la reina, embutida ésta en un ajustado vestido tan oscuro que por el contrario parece fundirse con el sombrío sofá. La blancura etérea de la rubia de aspecto delicado situada a su izquierda la hace destacar de una forma especial en la tesitura presente, su cabello color platino, teñido en este tono para complacer un capricho de la reina, por las rudas y afanosas manos de las sirvientas que atienden el harem, junto con sus ademanes vacilantes, hacen que se parezca a un ángel virginal y que en su situación de indefensión y mansedumbre recuerde al cordero del sacrificio transfigurado en su expresión humanizada, también la hace más apetecible a los ojos de su señora en ese momento. La otra rubia sumisa que se haya a su derecha resulta la mujer más despampanante que se pueda imaginar. Perfectamente constituida, su cuerpo, aunque algo maduro, es atlético, flexible y escultural, su piel bronceada posee los tonos aterciopelados del melocotón, su cabellera parece una cascada de oro fundido y a pesar de todo su rostro resulta tan perfecto y sugestivo que aun exhibiendo su cuerpo una desnudez integral, logran sus rasgos eclipsar con un solo vistazo a todos los demás atributos físicos que la enaltecen. Semeja en realidad una dama exquisita adoptando el rol impostado de una puta de lujo. A diferencia de la otra esclava ésta luce una mata recortada de pudoroso vello en el pubis, el cual gusta de tironear y acariciar a la reina indistintamente, como si se tratara del pelambre de un animalito inofensivo, solo para rebajarla. Ambas lucen un piercing en el clítoris del que cuelga una diminuta cadena de metal, también lucen piercings en los pezones, en el ombligo, en la lengua y en la parte superior del ano, y lo que resulta una invención por parte de la propia reina; exhiben una especie de prótesis de goma o de metal injertada bajo la piel que sobresale como un bultito en el centro de un círculo tatuado enteramente de color rosado para simular un tercer pezón ubicado en el espacio que resta entre el ano y el sexo (Un inciso: creo que en una mujer esto no produciría el mismo placer que en un hombre, pero con un poco de imaginación…). Sus orejas en cambio lucen los lóbulos intactos (A su alteza no le gustan las joyas puesto que las considera una distracción superflua y molesta, las esclavas no deben lucir jamás piedras preciosas, solo si van enteramente cubiertas por estas, portando numerosos brazaletes, collares, pulseras y otras zarandajas que les presta la reina para embellecer su aspecto y excitarse durante el sexo). A pesar de todo, las modificaciones físicas que alteran su aspecto solo afectan a sus partes intimas y no han alcanzado como sucede con otras esclavas, el grado de despropósito estético que exhibe su fisonomía externa (como sucede con las llamadas apestadas, sometidas también a los caprichos sexuales de la reina y tratadas con mayor desprecio si cabe ante la corte, al ser rebajadas también por las demás esclavas, al estar consideradas éstas como pertenecientes a la categoría más baja entre las de su condición, tolerándose el trato vejatorio por parte de las que gozan de un mayor estatus) y que revela los extremos que puede alcanzar lo que se podría calificar como de perversión estilística de la reina, la cual se considera a sí misma una gran artista. Como sucede por ejemplo con aquellas que exhiben su cabeza calva, en realidad se ha suprimido en ellas la posibilidad de lucir cualquier tipo de bello corporal mediante una cirugía laser minuciosa (algo relacionado con Corporación Dermoestética, si bien es cierto que la mayoría de las esclavas llevan la cabeza afeitada aunque éstas lo disimulan con pelucas brillantes o de colores muy chillones y artificiales) a veces mostrando algún tatuaje obsceno en la piel lisa del cogote, el garabato de un pene goteante, cuyos goterones resbalan también por una mejilla semejando lagrimas de cocodrilo, una boca abierta que saca la lengua imitando el logo de los Rolling Stones, etc… A estas últimas se les ha rebajado la lengua (también en Corporación Dermostética) y su tatuaje resulta una burla despiadada, y otras cuya faz exhibe injertos que hurtan el rastro a su alma otorgándoles un aspecto caballuno o sencillamente delirante (B Lenesteban ¡Ni de coña!), Algunas de estas modificaciones afectan de modo grotesco a las dimensiones de sus senos o de sus posaderas. El aspecto desproporcionado y desagradable que se aprecia en los traseros de algunas de estas esclavas se debe a las inyecciones periódicas de silicona que también producen la aparición de estrías blanquecinas en la piel de los glúteos, al crecer considerablemente el tamaño de sus nalgas de una forma acelerada mediante un método agresivo y con el paso del tiempo reducirse nuevamente sus proporciones a su estado natural, aunque perdiendo sus glúteos la forma definida que poseían originalmente antes del radical tratamiento. A todas y sin excepción, se les aplica un tratamiento irreversible para lograr la infertilidad de sus organos reproductivos, puesto que algunas esclavas incautas, dejándose llevar por sus instintos carnales primitivos o naturales, han extraviado su lealtad hacia la reina enamorándose de algún siervo, llegando a consumar secretamente este amor prohibido, cuando sólo les está permitido el amor lésbico con la reina o con otras esclavas, a espaldas de la reina y del resto de súbditos que tienen como obligación denunciar estos hechos inmediatamente si llegaran a descubrirlos o percatarse de los mismos o albergaran alguna sospecha de que ya han acontecido este tipo de encuentros, siendo el varón despedido de sus servicios y expulsado de palacio junto a su recién nacida prole si la hubiere, mientras la esclava posteriormente a su recuperación dado el caso, y siempre encontrándose en las condiciones para afrontar su culpa y ser castigada o de declararse inocente y defenderse por sí misma ante el tribunal de pantomima (constitucional o real) donde deberá declarar ante los jueces y ser juzgada aun confesandose culpable para ahorrarse el juicio, participando sin sospecharlo bajo los falsos auspicios y las vanas ilusiones de poder salir airosa de la afrenta cometida a la reina, disfrutando benévolamente del perdón de su majestad, para más tarde descubrir de forma paulatina la retorcida realidad al convertirse en victima del escarnio y la humillación durante una especie de proceso inquisitorial, mediante falsos testimonios y acusaciones infundadas, en algunos casos ridículas y absurdas o simplemente irreales, siempre desnuda, de pie en la tarima de las acusadas, ante la presencia del resto de súbditos y de los altos jueces que deben dirimir su suerte, como leales testigos todos ellos de la causa de la reina, para ser conducida finalmente y sin poder evitar este destino, tras un largo y desesperado litigio que puede durar hasta dos semanas y que irremediablemente desembocará en una escena final en la que sollozante la esclava suplicará de rodillas, arrastrándose ante los magistrados, besándoles los pies y rozando con sus mejillas humedecidas las finas medias de seda de sus ilustres señorías, a lagrima viva sin poder contener su llanto desfallecido, implorando piedad y misericordia y confesándose autora de los más bajos pecados de la carne, debido a su miedo y su angustia, sin mas concesiones hacia los calabozos del gran complejo palaciego.
    A veces la acusada no puede defenderse ante la evidencia:
    – Esclava: por favor no te corras dentro, no te corras dentro mío por favor, por favor no lo hagas, no te corras dentro, por favor, nooooooooo!!!!…
    – Subdito: te amo zorraaaa…aaaaaa….aaaaaahhhhhhhhhhhh!
    Ahora la reina recién llegada, puesto que ha demorado a propósito su presencia en el salón, etc
    A la reina me la imagino ahora como la mujer latina del programa ese fake de caso cerrado, la que dice ser actriz porno para vengarse de unos radicales…
    Con ese acento latino de culebrón, y que no es nada creíble, que se nota que es lo más falso y encima es mala actriz. Esos culebrones en que todo está exagerado, y me la imagino sentada y agachándose para gritarle a una esclava que está arrodillada a su lado mientras le estruja una oreja.

    04 febrero 2018 | 11:00 pm

  6. Dice ser por favor Señores de los Goya si quieren financiar mi pelicula dejen un mensaje en este apartado

    Quiero hacer una gran película pero necesito que me subvencione el Estado.

    Gracias anticipadas.

    04 febrero 2018 | 11:16 pm

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