"El deseado bien último se alcanza mejor mediante el libre comercio de ideas".(1919) Juez O. Wendell Holmes del Tribunal Supremo de EE UU

Archivo de noviembre, 2007

El precio del pan

El IPC mide muy bien la evolución de los precios, de todos los precios para todos los ciudadanos. Pero no refleja tan bien, o no sin entrar muy en el detalle de las tablas, donde aprieta el encarecimiento. La subida última del IPC, la de después del verano tiene sesgos muy inquietantes que merecen una respuesta política más vigorosa, una análisis más a fondo.

En las esferas oficiales, empezando por la Moncloa y siguiendo por el caserón de la calle Alcalá, en Economía y Hacienda, han decidido que este último IPC es un incidente en el camino, un mal dato y que ya escampará, que se paga la ronda y tan campantes.

Desde el punto de visto macroeconómico no les falta razón, el salto de escalón que impone el encarecimiento mundial del petróleo y de los cereales (que afectan al pan, la leche, el pollo…) es imparable, nos viene dado. Otro problema es por qué en España afecta más que en otros países europeos. Y en ese punto es donde debería intervenir la política económica.

Otro procedimiento, poco científico, parcial y equívoco, es ir a la compra, preguntar a los que hacen la compra mirando los precios, que generalmente son los que disponen de menos renta y los que llegan a fin de mes con más dificultad. Para ese sector, que no es pequeño, la alimentación supone en su cesta de la compra un porcentaje mucho más apreciable que para la media de la población. Y el encarecimiento de los precios de estos meses en especialmente penoso para ese sector social con poca capacidad para sustituir o para recortar la cesta.

El panadero de la esquina comenta que después de muchos años de precios estables con ajuste anual mínimo, estos dos últimos meses ha padecido lo que se llama “repricing” , es decir modificación sucesiva y frecuente de los precios de todos sus productos, pan, galletas, …que le deja sumido en la perplejidad y que le obliga a consultar la renovada tabla de precios a cada venta. Y ese mismo panadero aprecia en sus clientes sorpresa y una cierta prudencia a la hora de compra porque la cuenta sube.

El precio del pan no es solo un dato macro, también es micro, el relevante para muchas personas que no tienen margen de maniobra para actuar sobre su nivel de rentas y su gasto. Y llegados a ese punto no hay que equivocarse, no se trata de intervenir el pan (es peor el remedio que la enfermedad) pero tampoco de mirar al tendido hasta que escampe. Hay gente sin paraguas.

El precio de la injuria

El procedimiento judicial contra “El Jueves” se ha resuelto con celeridad aunque vendrán recursos al tribunal superior que ratificará o modificará la sentencia, pero que en cualquier caso fijará doctrina para el futuro.

Al margen de que este caso quizá no debería haber llegado a los Tribunales, menos aun por el artículo 491.1 del Código Penal referido a injurias a la familia real, los hechos judiciales ponen sobre el tapete una conclusión como para una meditación: el precio de la injuria. La sentencia nos dice que una injuria cuesta 3.000 euros, la mitad de lo que solicitaba el fiscal. Así que el juez ha dejado en la mitad la pretensión del fiscal, que es como decir que la injuria era la mitad.

Bien pensado injuriar por 3.000 euros puede merecer la pena si así se satisfacen pasiones propias o por razones más interesadas de notoriedad o simple mente para blandir la estaca, para amedrentar.

No se cual hubiera sido la pena, ni si siquiera si hubiera habido condena, si el procedimiento en vez de penal hubiera sido civil por la vía del honor y la propia imagen y en tanto que persona física normal y no por ser persona protegida por la representación que ostenta, la vinculada a la jefatura del Estado.

Sospecho que todo lo que rodea este caso es lamentable y que tiene al heredero y a su esposa como víctimas indefensas. El dibujo era deplorable y grosero; la actuación de la fiscalía inútil y contraproducente; y la resolución judicial estimulante de lo que condena. En resumen, un desastre sin beneficiario más allá que la difusión de la revista.

La raíz del “por qué no te callas”

Cinco palabras: “¡¿por qué no te callas?!”, con interrogación y admiración, van a ilustrar la figura de Juan Carlos, Rey de la España constitucional y democrática. Una pretensión que no era para silenciar sino de hacer posible el debate. Porque para discutir hace falta escuchar, no interrumpir, no imponer. El presidente Hugo Chávez, que lo es porque ganó en las urnas (aunque antes fue coronel golpista) utiliza los términos “fascista, imperialista”… a su antojo, para atribuirlos a quienes no le agradan.

Si por fascista entendemos “excesivamente autoritario” (3ª acepción del diccionario) Chávez es mucho más fascista que Aznar, de aquí a Lima. Si por imperialista entendemos “intentar expandir el dominio de un país sobre otros” el más imperialistas de los sentados en la mesa de la Cumbre era el propio Chávez, con sus acompañantes habituales Ortega (Nicaragua) y Morales (Bolivia) que le siguen el juego, compensados con los petrodólares que Chávez administra a su manera.

El incidente (bronca) de la clausura de la Cumbre de Santiago tiene valor mediático, televisivo, pero hay que reparar en sus orígenes, lo que hay detrás y al fondo. La Cumbre llevaba por tema la cohesión social, salir de la pobreza, afrontar la inequidad. Durante la sesión del viernes, sin cámaras, sin prensa, los jefes de gobierno debatieron sobre estrategias de desarrollo. Chávez, no logró imponer su pretensión revolucionaria a los demás, se quedó en el rincón con los cubanos, nicaragüenses y bolivianos. Chávez está con su Banco del Sur que no despega porque no captará más plata que la que pongan sus socios, no goza de confianza.

La soledad de Chavez le lleva a levantar más la voz, a armar bulla aunque solo sea para disimular, para confundir y tirar para adelante. El Rey le pidió que dejara hablar.

He pasado la semana anterior precisamente en Santiago de Chile, en un debate sobre inequidad con colegas periodistas europeos y latinoamericanos más algunos políticos y economistas. La intervenciñón más estridente correspondió a un venezolano chavista. También a un español excéntrico que quiso explicar a los colombianos que la droga redistribuye rentas y que no aumenta el delito.

El lugar común, lo más convenido y aceptado es que la estabilidad institucional, el imperio de la ley y el estado de derecho, la democracia plena, son condiciones que reducen la inequidad. Eso es precisamente lo que irrita a Chávez, que los inversores le pidan garantías, seguridad.

Venezuela es un país bendecido por la natuleza, rico, muy rico en petróleo. Chile no lo es. Venezuela va mal, Chile, estable y democrático es el país con más desarrollo y posperidad del continente. Se nota en las calles. Y Brasil trata de seguir esa senda. Lo hizo con Cardoso y lo hace ahora con Lula.

Lo más importante de esta cumbre ha sido un acuerdo de seguridac social compartida de todos los países que favorecerá a los inmigrantes y el Fondo para el Agua que España promoverá desde Panamá. Lástina que no sean esos los titulares y el eje de la información, en favor o para la crítica.

El tipo único para el IRPF

Me sorprende que ninguno de los dos grandes partidos se atrevan a llevar a sus programas electorales una reforma del IRPF que simplifique el impuesto e imponga un tipo único con una base exenta general importa e ala que se desplace buena parte del factor de progresividad. El resto de la distribución debe ir en el gasto social, al que corresponde sentar las bases de la igualdad de oportunidades.

Miguel Sebastián, el economista de cabecera del presidente del Gobierno, terció en el tema el sábado con un artículo perfectamente planteado y argumentado en El País. Pero las bases socialistas son reacias y los populares no se atreven por si les acusan de favorecer a los ricos, de rebajar la tarifa en beneficio de sus votantes.

Warren Buffet, uno de los hombres más ricos del mundo, el inversor más avezado desde hace años, se queja de pagar pocos impuestos, dice que su tipo efectivo no alcanza el 18%, mientras que muchos de los empleados medios de su compañía de inversión, con ingresos sensiblemente inferiores a los suyos, alcanzan el 30% o más. Algo semejante ocurre en España. Y el arreglo no llega por la vía de endurecer el impuesto, de empinar la tarifa, des salir en busca de los ricos para que paguen más. Todo lo contrario la estrategia debería por la simplificación y el automatismo del impuesto.

A mi me convenció de la eficacia del tipo único el profesor Fuentes Quintana allá por el 1989 y lo dejé escrito en el Diario16 de entonces, y en el Cinco Días de más tarde y en cuantas publicaciones he podido hacerlo. Me sorprende que los líderes políticos, muchos de ellos convencidos de la conveniencia del tipo único, no se atrevan a plantearlo. Significa falta de coraje, de integridad y de confianza en su capacidad para persuadir.

Me recuerda el debate sobre la peatonalización de calles comerciales importantes. Gran resistencia a que ocurriera, pero entusiasmo ciudadano posterior. ¿Se imaginan que vuelva el tráfico, por ejemplo a las calles madrileñas de Carmen y Preciados, las que convergen en la Puerta del Sol. Sospecho que con el tipo único pasaría otro tanto.

El Rey en Ceuta y Melilla

Es inexplicable que el Jefe del Estado no hubiera puesto los pies en Ceuta y Melilla, dos ciudades españolas con estatus de Comunidad Autónoma, conforme a la transitoria 5ª de la Constitución de 1978. La excusa de no molestar al vecino no es plausible, no cabe excepcionalidad. Ciento cincuenta mil españoles viven en ambas ciudades desde siempre, en convivencia compleja con decenas de miles de vecinos marroquíes que diariamente pasan la frontera para trabajar y comerciar en ambas ciudades.

Las visitas del Jefe del Estado, como las del presidente del gobierno y los miembros del gabinete, deberían ser frecuentes, normales, sin excepcionalidad. Además de razones históricas el argumento más contundente es la voluntad presente y futura de los ciudadanos que allí viven y otorgan el carácter de Ceuta y Melilla.

La protesta del gobierno marroquí es de oficio, inevitable dada su posición emocional respecto a ambas ciudades. Otra cuestión es cuantos pasos adicionales pueden dar, además de protestar. Sospecho que ninguno, salvo que una situación interna de desesperación o española de fragilidad (como ocurrió con la marcha Verde sobre el Sahara) les coloque en una tesitura límite, que debe estar prevista y prevenida en cuanto a respuestas.

Ceuta y Melilla son territorios de frontera en conflicto, que requiere inteligencia y recursos. Las renovadas vallas que separan los territorios acreditan ambos requisitos. Vallas inevitables, eficaces sin ser dañinas, evidencia del problema, pero también paliativo de otros mayores.

Esta semana los Reyes reciben las llaves simbólicas de ambas ciudades, como prueba de la singularidad de la visita. Pero así se tumba el mito de la imposibilidad de la visita, de su impertinencia, así se cancela la excepcionalidad. Una visita al año revelaría normalidad. La que debe existir entre Marruecos y España, por diferentes que sean. La inevitable vecindad obliga.

El fusilamiento de Torrijos

¿Cuándo se jodió el Perú…? pregunta uno de los personajes de la novela de Vargas Llosa “Conversaciones en la catedral”. No recuerdo la respuesta, si es que había. Pero se trata de una buena pregunta. ¿Cuándo dio pasos atrás España?, ¿Cuánto jodieon su progreso? podemos preguntarnos ahora y antes.

La inauguración de la soberbia ampliación de El Prado nos ayuda a encontrar una de las respuesta: está en el Fusilamiento de Torrijos que pintó Gisbert en 1888 y que es uno de las ìnturas históricas más sobresalientes (más que la pelea a garrotazos de Goya, que alude a la naturaleza humana y no al ser español) ayuda a esa respuesta.

Con aquel fusilamiento en la playa malagueña, ordenado por el felón Fernando VII (“que les fusilen a todos”, firmó el monarca aboslutista) se puso término a uno de los intentos de recuperar la Constitución liberal de 1812, nacida del pueblo y de la nación española, incardinada en la modernidad, pero insoportable para el viejo régimen que ahogó y encadenó aquellas aspiraciones, con aquel grito bellaco: “vivan las caenas”.

El fusilamiento de Torrijos dispone ahora de un espacio señalado en El Prado. El cuadro ha aparecido en todos los periódicos y ha servido de soporte de la foto de familia de la inauguración del nuevo Prado.

Les invito a repasar el cuadro y, sobre todo, a revisar la historia agónica del liberalismo español de principios del XIX. Un liberalismo que pudo haber sido, que pudo haber colocado a España en la corriente democrática del siglo, la de los países que hoy son más prósperos, pero que no pudo, entre otras razones por la fuerza de las armas de la reacción y el dogmatismo.