Llevo unas semanas haciendo lo que me pide el cuerpo. Sin mis queridas rutinas, con todos mis hábitos alterados e intentando tomármelo de la mejor manera posible. Lo estoy llevando con mucha filosofía y paciencia, para lo que suelo ser yo con estoy temas, disciplinada y maniática a más no poder, pero por mucho que lo he intentado cada día es una aventura.

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Tengo un descontrol de sueño importante y no consigo dormir muchas horas seguidas. Por la noche, empiezo a tener sueño muy pronto, me duermo, me despierto, estoy muy incómoda en la cama, me duele la pierna y lo mismo me levanto a la una porque no puedo dormir más, como desayuno a las cuatro porque no consigo coger el sueño y me muero de hambre.
La mayoría de las mañanas, tengo que volver a dormirme en algún momento porque no puedo más. Escribo, me voy a andar y hago alguna tarea de la casa, como siempre he hecho, pero ahora de manera desordenada y a trompicones, porque entre medias necesito descansar unos minutos.
Por las tardes, vuelvo a ir a andar, hago estiramientos o si tengo sueño me echo la siesta. Generalmente estoy tan casada, que el sofá me tiene atrapada. Al no descansar bien, ciertas secuelas suelen hacer su aparición estelar y consiguen que el día se ponga aún más cuesta arriba, consecuencias de mi querida esclerosis múltiple.
Básicamente mi vida diaria actual, se reduce a hacer todo lo que pueda por la mañana, da igual si son las seis o las diez de la mañana porque luego por la tarde no voy a poder. Antes iba todo seguido, gestionaba mejor mi energía y aprovechaba más el tiempo, había aprendido a lidiar con la fatiga a base de rutinas. Ahora, toca ir sobre la marcha.
Tuve el primer brote con 20 años… Se te cae elmundo encima. Desde entonces todo ha sido una cadena de despropósitos. Ese cuatrimestre lo perdí, el brote me dio a 15 días de los exámenes finales. Aún así me levanté. Ese verano fue horrible, tenía que superar los exámenes que no pude rendir por la enfermedad. Por muy poco, pero perdí la beca. Aún así me levanté y busqué otros estudios que pudiera hacer sin necesidad de tanto dinero y que me permitiese acomodar mis rutinas a mi condición médica. Todo iba más o menos, pero cambiaron los planes de estudios y me quedé sin poder terminar. Aún así me levanté y encontré un trabajo de semiesclavitud en el que no podían saber de mi enfermedad. Aún así aguanté, con el alma rota, es que no había otra opción. Pero cada vez había menos trabajo y, después del maltrato psicológico que tuvimos que aguantar muchos, en un intento de la empresa para que dejásemos el puesto y meter los superiores a sus conocidos, nos echaron sin un duro gracias al vacío legal de las nuevas normas en materia laboral. Aún así intenté seguir, recuperar la salud que me había quitado el trabajo. Pero está siendo complicado, los recortes en sanidad me tienen en un estado de desasistencia tal que sólo me ampara la suerte que tenga la enfermedad para mí.
Es un resumen de mis últimos 15 años de intentos. Actualmente sin estudios, sin trabajo, sin ingresos, sin ayudas de ningún tipo … sin vida presente y sin ningún futuro. Siento que esta enfermedad ha sido la excusa perfecta para expulsarme de la sociedad. No será por no haberlo intentado, con ganas, con ganas y muchas lágrimas, tantas que ya no me quedan. ¿Me ha deprimido la enfermedad? No hombre no, la enfermedad no ha sido.
Pero todas las mañanas sigue saliendo el sol y todas las tardes se pone. Las plantas echan flores y las hojas cambian de color. Hay muchas cosas cotidianas de las que poder disfrutar. Y he aprendido algo muy valioso, no necesito grandes cosas, solo techo, comida y amor. Vamos a ver si me falta cualquiera de esas tres cosas cómo sigo intentando seguir. Porque como ya he dicho: ni educación, ni trabajo, ni asistencia social ni sanidad y seguimos restando.
18 noviembre 2015 | 16:14
Uffff qué testimonio de sinceridad.
Increïble y cuánta verdad has escrito.
Ole tú!!!!.
19 noviembre 2015 | 18:59