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Entradas etiquetadas como ‘violencia’

¿Para cuándo una televisión con la que disfrutar en familia?

Por Gracia González Pérez

Sobre el artículo del bloggero Israel Álvarez Esfuerzos que agradecer, del 28 de septiembre, pongo en duda que las dos series españolas que nombra sean nuevas en espíritu. Tal vez sean novedosas en el entorno en el que están ubicadas, como es el caso de Mar de plástico, realizada en los invernaderos de Almería, pero discrepo de su frescura e innovación, ya que reflejan una vez más la violencia que caracteriza últimamente a las series de TV, esa violencia con tintes semi-investigadores que oculta realmente de lo que se ha nutrido en muchas ocasiones el cine sin que se viera una gota de sangre.

El retrato de familia viendo la caja tonta no está obsoleto, de hecho es lo que buscamos los que tenemos hijos, buscamos una televisión adecuada a todos los miembros de la familia, una televisión que se pueda ver cenando sin que se te remuevan las entrañas ni tengas que mirar hacia otro lado. Abogo por esa televisión en todas sus dimensiones, la que me ha hecho reír y llorar, con la que he disfrutado y he estado deseando ver cuando he llegado a casa, la que junto con mis hijos cuento los días para que empiece el nuevo capítulo.

(ARCHIVO)

(ARCHIVO)

Creo que esta sociedad tiene una agresividad extrema, se está viendo en los colegios; en la calle, en bares, en las colas del super, en las colas de los bancos… Si no mermamos esa violencia como algo común en el ser humano, a través de la pequeña pantalla, estaremos contribuyendo a la pérdida de valores y a la falta de moralidad en todo aquello que nos rodea.

Sobre las polémicas declaraciones del papa Francisco

Por M.G. Jorba

Si los medios no nos engañan, la noticia es gravísima. Hasta los menos ilustrados saben que Jesús prohibió a sus apóstoles usar la violencia para salvarle la vida y les ordenó poner la otra mejilla ante quienes les abofetearan; pero en Filipinas, y a las antípodas morales del Maestro, el papa Francisco ha dicho que sí, pero que no: “Es verdad que no debes reaccionar con violencia; pero, incluso si somos buenos amigos, si (él) insulta a mi madre, tiene que esperar un golpe; es algo normal. No puedes jugar con la religión de los demás”. (Obsérvese su salto mortal, al pasar de hablar del insulto a una persona –la madre- a la crítica de una ideología).

"El papa Francisco saluda a los fieles en Manila (Filipinas)". (EFE)

“El papa Francisco saluda a los fieles en Manila (Filipinas)”. (EFE)

Más claro, si cabe: como el papa estaba hablando de los asesinatos de París, esto no puede interpretarse sino como una explícita justificación de la matanza de los periodistas, considerándola una reacción “normal” a las ofensas recibidas por los yihadistas.

Y lo escandaloso, lo intolerable, es su afirmación, no es esta denuncia. Si no desmiente su afirmación, como debida al jet-lag del largo viaje, o a una mala traducción, está bien claro: Francisco, que se arropa como blanca paloma, saca aquí las aceradas garras de la intolerancia y fanatismo inherente a las religiones monoteístas, que desde hace milenios les lleva a provocar las guerras santas, las cruzadas y genocidios. Crucificando de nuevo a Jesús, vuelven a obedecer las bárbaras órdenes de Yahvé, exigiendo sin fin sacrificios humanos de hombres, mujeres y niños hasta hoy mismo.

Quien tenga ojos para ver, que vea, y se salve a él y a los suyos de esta milenaria hecatombe.

Cómplices silenciosos

Por Javier Lozano

Escena de acoso escolar. (GTRES)

Escena de acoso escolar. (GTRES)

La violencia y/o el acoso entre adolescentes no es un fenómeno nuevo aunque lo bauticemos con términos anglosajones como el ‘bullying’. Los comportamientos como la filmación de esos episodios de violencia y su difusión a través de las redes sociales sí son algo más novedoso.

Sin pretender demonizar el medio, es cierto que en ocasiones los ‘espectadores’ de las escenas violentas están más pendientes de la grabación y de jalear el evento que de intentar que éste se pare. Tampoco esto es nuevo, aunque no nos guste. La verdad es que cada vez existe menos predisposición a convertirse en héroes cuando la cosa no va con nosotros y todos en mayor o menor medida acabamos siendo cómplices silenciosos.

Recientemente nos impactaron las imágenes en los medios de una adolescente golpeada en Sabadell. Tristemente son hechos habituales. Aunque en ocasiones la filmación promueve ese tipo de situaciones, también habilita el camino de la denuncia.

La tendencia de los adolescentes maltratados es no explicar a sus padres o profesores estos episodios. Pero todavía es más lamentable que, en muchos casos, el único camino que les queda al adolescente y a sus padres es la denuncia.

Por desgracia, la aconsejable y beneficiosa cooperación conjunta de los centros escolares, educadores, padres y la propia Policía en la detección y tratamiento preventivo de estas situaciones suele encontrar dificultades en los intereses individuales de las partes, que aplican la socorrida e inútil táctica del avestruz que únicamente reaccionará cuando lo peor ya haya pasado.

Cuando maltratar es amar

Por Julio Ortega Fraile

«El torero Canales Rivera, condenado como responsable de un delito de maltrato animal por provocar a su caballo heridas sangrantes y profundas en el hocico con un artilugio de castigo». Ay, José Antonio, ¿cómo se atreven a condenarte?, tú y yo sabemos que lo has hecho por amor a tu caballo, ¿verdad, maestro? Como por amor le destrozas al toro músculos, nervios y venas con la puya, además de producirle daños respiratorios y neurológicos. Como por amor las banderillas se hunden allí donde poco antes escarbó la pica, acrecentando heridas, hemorragias y el terrible dolor del toro.

Como por amor lo atraviesas con el estoque perforándole el tórax y un pulmón, y, a veces, el hígado y la panza. Como por amor llegas a apuntillarlo ocho veces porque las siete anteriores no acertaste y no dobló las patas. Y eso tú, un profesional curtido en mil ruedos. Francisco Rivera y Canales RiveraComo por amor el toro llega a veces inmóvil, pero vivo, al desolladero. Como por amor tú sales a hombros y él a rastras.

Sí, seguro que el haberle colocado a tu caballo serretas vivas en su hocico fue porque lo amas con locura.

Hay padres, profesores, periodistas, políticos… que juran que eres un héroe, modelo a imitar para la infancia y juventud. Y como tal te ensalzan y ofrecen espacio, tiempo y dinero público. ¿Lo harán porque aman a los niños y a jóvenes? ¿Porque los aman como tú amas al toro y al caballo? Decía Sartre que la violencia, sea cual sea su forma, es un fracaso. Cuando encima se glorifica ejercida sobre inocentes es el más canalla de los actos. Y no, no hay amor; solo estupidez, cobardía y crueldad. Y muchísimo cinismo.

 

Así es un día de acoso sexual en el trabajo

Por Ana (*NOTA DE LA REDACCIÓN)

Me llamo Ana y tras leer el artículo sobre acoso sexual en el trabajo os envío cómo era uno de mis días. Tenía 23 años. Alguien que lo leyó me dijo que se podía “sentir” el miedo. Si con ello conseguimos que al menos una mujer pueda salir o identificar ese acoso habrá valido la pena:

Estoy en el salón viendo la tele y hablando y discutiendo, papá quiere ver reportajes; yo, series. Le digo, tú eliges martes y jueves, él ríe o me dice que veremos lo que él quiera, pero siempre acaba dándome el mando.

Suena mi móvil, voy a la habitación, mi chico, la llamada más dulce. Estudia fuera y cada día nos llamamos varias veces, pero siempre está la llamada de las 23.30, cuando nos decimos lo mucho que nos echamos de menos. Trago saliva porque le quiero y quiero que él vuelva. Quiero estar con él, pero por otro lado tengo miedo de que descubra la realidad.

Las 12 y pico, colgamos, vuelvo al salón y les digo a mis padres que me voy a la cama, mañana hay que trabajar, y papá me dice: ¡hale hija, hasta mañana! Mamá a veces me da un beso, pero siempre  me regala una sonrisa.

He puesto el despertador, a las 8 está bien. Estoy en la cama asustada, con el móvil en la mesita. Hay días en que suena a las tantas, pero nunca sé qué día sonará y esas llamadas no son de mi novio, no, son de ese jefe.

Doy vueltas y vueltas, miro el despertador y son las 6, aún no he pegado ojo y pienso que otro día más sin dormir; me levanto, voy a la cocina a fumar un cigarro tras otro.

Mientras fumo pienso, si llama no lo cojo, pero suena y lo cojo rápido, lo que pensaba hacer se viene abajo, me puede el miedo, me puede que papá lo vuelva a oír y me diga que le diga a mi jefe que no son horas. Papá se va pero le dice a mi madre que algo me pasa, que estoy llorando, y mamá se levanta y me pregunta qué pasa, yo le digo nada, que no puedo dormir y me da rabia.

Hora de desayunar, joder, no me entra, tengo dolor de estómago y diarrea, pero sobre todo miedo. Bajo al coche, pongo música a tope, son las 9.30, hasta las 10 no entro pero he de estar antes, si viene algún cliente tengo orden de entretenerle hasta que él llegue.

En invierno tengo suerte, la gente no va pronto al negocio, hace frío, así que espero en el coche; la tripa me da mil vueltas y me tiembla el cuerpo. Empiezo a mirar el reloj, él siempre llega tarde, según él es lo que tiene ser jefe.

Mientras espero imagino, me imagino fuerte y hoy no le paso ni una, al primer insulto le doy una torta y me largo. Tras ese pensamiento me viene una pena de mí misma y me llamo gilipollas, me digo que por qué quiero engañarme si no soy capaz de decirle nada, soy consciente del miedo que le tengo, simplemente no puedo reaccionar. Vuelvo a mirar el reloj. Sigo pensando: ¿y si lo cuento? No, nadie creerá que me está pasando, que él es tan malo, además todos creen que soy feliz, que puedo con todo, soy fuerte a ojos de los demás.

De repente llega; siempre aparca detráAcoso sexual en el trabajos de mí, miro por el retrovisor. Quiero verle la cara, necesito verle la cara. Reconozco sus gestos más que los míos, sé si está furioso o no, le miro y cuando para su motor bajo, le saludo con una sonrisa que fuerzo.

Entramos por la puerta de atrás, y sí, hoy está enfadado. No me contestó al saludarle. Además lleva el ceño fruncido. Dios mío, tengo miedo.

Me voy al baño, me cambio. No tiene cerrojo y me visto rápido con la espalda pegada a la puerta porque temo que entre; nunca lo hizo, pero me habla desde la misma puerta. Su voz es de estar enfadado. Sale un momento del negocio.

Vuelve y le miro, trato de no hacer nada que le moleste, pero mientras llamo a clientes él me para y entre medias me dice que qué pretendo poniendo esa voz, que si quería calentarle la bragueta, y yo, sintiéndome sucia, le digo: “si era una señora, lo ha cogido la mujer”. Él se ríe y se va.

Desde su despacho me llama. Está escribiendo. Le digo que no le he entendido. Se enfada, me llama tonta, porque todas las mujeres sois tontas, no tienes ni puta idea, imbécil, marcha de aquí, me pones enfermo.

Salgo y voy a hacer cosas, él ya está enfadado y viene a insultarme, me dice que qué ha hecho para merecer eso, para que no entienda nada de lo que me explica.

Tiemblo y pienso que sí, soy tonta, pero por no atreverme a irme. De repente viene otra vez y me habla muy bien, no ha pasado nada, como si la vida fuese normal.

Ahora me pregunta cosas de mi vida sexual, no le contesto y, claro, eso sí le enfada. Empieza a decirme que cada vez le demuestro más lo imbécil que soy, que damos asco. Quiero irme, salir, no escuchar más, me siento mal, lloro por dentro, se me encoge el corazón, cuanto más me insulta más mierda me siento, pero sé que no puedo marcharme ni darle la espalda, me lo ha dicho millones de veces, pero soy terca y pese al miedo y la vergüenza me trago mis lágrimas. Dios, le doy la espalda de nuevo, lo tengo prohibido pero no puedo seguir mirando su sucia cara mientras me insulta y amenaza, así que cojo la fregona y avanzo por el pasillo, sé que ese momento precede al agarrón de mi brazo, siempre el gesto de cogerme el brazo y siempre la misma frase de no me des la espalda cuando te hablo.

Sigo mi pasos, miro de reojo y sí, viene, ya siento sus manos en mi brazo y oigo esa maldita frase, le pido que me suelte y no, me empuja con la fuerza justa para que acabe contra la pared. Mis manos paran el golpe, vuelve y me empuja otra vez. Solo le miro, creo que mi odio se ve en mi mirada, pero me odio a mí, tanto que me doy asco; le tengo miedo, tanto que quiero callar y que todo pase.

Se va. Allí me quedo, atendiendo clientes y mandándolos venir por la tarde, me trago mis lágrimas, esas que delante de él no quiero sacar, me las trago y sonrío a esos clientes que van entrando. Muchos me dicen: ¡Hasta luego niña, alegra esa cara!

Vuelve y me habla muy simpático, me pregunta quién ha ido; lo tengo todo apuntado, no puedo permitirme que se me pase el mínimo detalle, sería fatal.

Hace como que no pasa nada, como si lo que me hizo fuese algo que yo había soñado. Me habla contento, fuerte y seguro, me dice que soy lo mejor que  ha tenido allí. Quiero gritarle, mandarle a la mierda, matarle, morirme.

Salimos y me dice adiós, esta vez me sonríe y yo le sonrío y le digo hasta luego.

Voy a casa. Mientras conduzco lloro lo que puedo y más, voy a comer con papá y mamá y no pueden enterarse, no quiero, no puedo, tengo miedo.

Mientras nos sentamos a la mesa me hablan y yo contesto, pero no sé qué me dicen. Solo me doy miedo, me creo un monstruo, ahora por mentir y decir que todo bien. Me doy asco, no puedo afrontar la verdad, no puedo.

Ya no puedo más, mi silencio me mata, mis miedos me destruyen, mi familia ve que no como y piensan que entro en la anorexia. Para mí es más fácil. Ante ellos mi única salida para no contar qué pasaba era esa, que piensen que tengo anorexia.

No paro de pensar, de sentir, me he convertido en nada, en nadie, en miedo, en una diana de rabia y odio en la que un señor saca su furia.

Las 16.30, a las 17 entro de nuevo; no quiero, tengo miedo, ahora más.

Acaba la jornada, llego a casa rápido, mientras me ducho pongo música y me entretengo en la habitación. Quiero llorar lo que allí no he podido, coger fuerzas para que papá y mamá vean que ceno y no se preocupen. Quiero coger fuerza para no oír el eco de sus insultos, para que no retumben en mí esas imágenes de cómo me ha empujado, la forma en que me ha tirado al suelo. Quiero, pero cada día se hace más difícil, ya van tres años y no puedo más, mi cuerpo ya no responde, mi cabeza está rota, absorbida por el miedo. Se me cae el pelo, no puedo más, me cuesta sonreír, mis ojos han cambiado, yo entera he cambiado, pero he de fingir que no pasa nada, que es un momento bajo.

Las 23.30, llama mi chico y la misma despedida. Misma vuelta al salón para dar buenas noches y así me voy a la cama. Esta vez lloro, me tapo con la almohada para que no se me oiga, lloro de miedo, asco y vergüenza, quiero escapar, quiero morirme y no puedo.

Suena el despertador. ¿Para qué lo pones si estás despierta? Me levanto y solo quiero morir, no podré más, más no, pero puedo otro día y otro y otro, idiota. Me doy asco, no me conozco, me siento asquerosamente sucia, por sus sobes, por sus palabras sexuales llenas de maldad, por haber aprendido a mentir a mi familia, sucia por no saber parar la situación, por volver al mismo lugar de tortura, por saludarle con una sonrisa, sucia por todo, quiero salir corriendo de mí misma, quiero mirarme y reconocerme, quiero matarle, quiero morirme.

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(*) NOTA DE LA REDACCIÓN: Ana, la protagonista de este relato, finalmente dejó el trabajo, denunció a su jefe por acoso sexual y ganó el juicio en sentencia firme.

El hombre es un lobo para el hombre

Por Agustín Arroyo Carro

Tota flebitis vita est. Traduzco lo que decía el clásico: “La vida entera es digna de llanto”. La prolija y extensa casuística, tanto en España como en el resto del mundo, de hechos luctuosos, crueles, de flagrantes injusticias, de sufrimiento y muerte o innumerables padecimientos de inocentes, nos hace pensar que, en  un porcentaje muy alto, la evolutiva inteligencia humana se inclina o escora hacia el mal, con breves relámpagos de bondad y generoso altruismo. Se utiliza la violencia como un demoníaco instrumento de acción y dominación opresiva. violencia

El viejo aforismo  hobessiano: “homo homini lupus”, es decir, el hombre es un lobo para el hombre, cada vez cobra más carta de naturaleza en nuestra historia como especie. Las matanzas represivas y cainitas en Egipto, los permanentes atentados terroristas en Irak, Afganistán y Pakistán, los numerosos asesinatos de mujeres sin resolver en México, las interminables guerras tribales en el corazón de África, las matanzas selectivas de las mafias colombianas, las violaciones y ataques con ácido a mujeres en la India, los asesinatos de mujeres en España, la explotación de niños/as menores en varios países de Latinoamérica y Asia, la violencia sistemática al arrojar al paro y a la miseria a millones de trabajadores, la explotación sexual y la trata de blancas en varios puntos del planeta, nos confirman la triste y llorosa condición humana. Hay en el mundo, sin embargo, recursos, riqueza e inteligencia suficiente para acabar con este sombrío y penoso estado de cosas. ¿A qué esperamos para ponerlos en marcha?

 

Desamparo para las víctimas del machismo

Por Geni Bolaños

Con tantas cosas como este Gobierno tiene que hacer en materia de derechos sociales, la ministra de Sanidad, Ana Mato, se descuelga con un cambio de criterio para elaborar las estadísticas sobre las mujeres que sufren violencia machista. Se excluirán todas aquellas cuyas lesiones no requieran un ingreso hospitalario de al menos 24 horas. Y ¿el daño psíquico o el miedo a oír que se abre la puerta de la calle? Cómo se mide el temor a una represalia violenta por cualquier cosa que se haga, que no se haga, que se diga o que se calle. Ana Mato

Es el miedo en esencia pura. Tantos años luchando para que las mujeres vencieran su miedo a denunciar, para que confiaran en las instituciones, para que aceptaran la mano tendida que se les tendía (y tiende) para que lucharan por tener una vida libre sin seguir al lado de su potencial asesino. Todo puede saltar por los aires. La ministra Mato quiere maquillar un comportamiento cobarde, cruel, permanente y muy peligroso para esconder otra nueva medida oculta que resulta de las políticas de austeridad. Se trata de recortes económicos, así de sencillo.

La sociedad se encuentra indefensa, únicamente conoce la ruindad de las medidas adoptadas por el Gobierno cuando se encuentra, como individuo indefenso, ante una situación concreta. Es entonces cuando nos enteramos de que no tenemos los mismos derechos, que las cuantías son inferiores, que el repago se ha ampliado o que, sin más, nos han dejado expuestas a la violencia, a la falta de asistencia médica o de protección social. Nuestro Estado se está haciendo cada vez más pequeño, menos protector. Se agiganta su imagen depredadora. Se ha convertido en una boca de pedir. Lo malo, malísimo es que da de comer a los de siempre. Indignación con mayúscula.

Escraches: Europa explota

Por Javier Torres Sanz

“La austeridad condena a Europa a la explosión”. Palabras textuales nada menos que del jefe del Gobierno francés, Hollande. La insensata, además de inhumana, actitud de quienes mandan de verdad en Europa está acabando con la gallina de los huevos de oro y con las personas. EscracheLos escraches -contra los que tanto gritan hoy en España los violentos de verdad, que han echado a centenares de miles de personas, dejado sin empleo a muchos millones más, y recortado al límite los salarios a muchos más- son una tímida señal precursora de lo que se nos viene encima por esa guerra social con la que acosa sin piedad el 1% al 99% de la población.