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Entradas etiquetadas como ‘niños’

Evitemos la demonización de las instituciones educativas

Por Cristina de Montemar

Un grupo de niños, aprendiendo inglés en clase (Gtres).

Un grupo de niños, aprendiendo inglés en clase (Gtres).

A raíz de la denuncia del padre de un alumno sobre presuntos abusos de un pederasta en una escuela de Barcelona se han ido sucediendo otras de exalumnos del mismo centro, incluso de algún otro de la misma institución.

Después de muchos años ahora salen a la luz esas agresiones que en su momento las víctimas no se atrevieron a denunciar por razones obvias propias de la edad.

Ante el escándalo provocado conviene observar cierta prudencia en las informaciones para evitar la demonización de una institución docente de gran solvencia pedagógica, en la que profesores y monitores pueden ser cuestionados sistemáticamente por la extraviada actuación de alguno de ellos. Se deberá comprobar con el máximo rigor la veracidad de esa cadena de denuncias, pero sin alentar un linchamiento moral que se convierta en algo parecido a lo que Arthur Miller describe en su famosa obra Las brujas de Salem.

Solo que aquí la hoguera es la estigmatización de un equipo docente que se esfuerza en llevar a cabo una gran labor pedagógica, y para el que hay que reclamar el máximo respeto. Aunque también la mayor diligencia para actuar con la debida severidad contra esos malos hábitos… que no son precisamente los que le son propios a la institución.

 

Los molestos espectadores de los conciertos gratuitos

Por María José Viz Blanco

Patio de butacas.

Espectadores en un teatro. (MARC CALLEJA)

Aunque lo que voy a contarles tiene que ver con la Banda Municipal de Música de A Coruña, bien se podría aplicar a otras del resto de España. El público que suele seguir a la banda, sea en recinto cerrado o al aire libre, está formado por jubilados y por niños principalmente. Es posible que la gratuidad de los conciertos influya en esta preponderancia. La ausencia de jóvenes y de personas entre 40 y 50 años es muy notoria.

Hay dos clases de espectadores –simples “asistentes”- que destacan por lo molesto de su comportamiento. Por un lado tenemos a los niños pequeños que se dedican a corretear en el patio de butacas, a hablar y gritar… a los que hay que añadir los bebés, que suelen llorar ruidosamente cansados de estar en un lugar al que no han pedido ser llevados. Ningún adulto se responsabiliza de estos pequeños traviesos, ni se les ocurre sacarlos de la sala. Las excepciones son, por ende, llamativas: he visto a niños emulando al director en sus asientos, entusiasmados y con el incipiente amor por la música reflejado en sus rostros.

La otra tipología de incordiantes la forman los enganchados al móvil, que no quieren ponerlo en silencio –desoyendo la megafonía- y que, incluso, chatean durante todo el concierto. Estar cerca de una persona viendo su móvil es molesto por la fuerte luz que emite el aparato. Nunca entenderé qué lleva a una persona a un concierto si lo que va a hacer lo puede realizar cómodamente desde su sofá.

A pesar de lo dicho, el público es mayoritariamente respetuoso, asiduo y entendido, lo cual se demuestra en la adecuación de los aplausos a los finales de las piezas. A quien corresponda, una petición doble: ¡más conciertos y mayor publicidad de los mismos, por favor!

No se hace nada contra el acoso escolar

Por José Ramón Serrano Jiménez

Tal vez seas uno de los que jugaban al desprecio cuando eras menor, y ahora te horroriza ver algo así. Podría que fueses un jugador neutral. No importa. Porque realmente los niños no tienen la culpa. Al menos, no toda.

Ellos son la última cadena de un eslabón, la mano ejecutora. Un reflejo de lo que se les enseña en casa. El acoso escolar no es algo aislado, no es una excepción; ocurre, y más de lo que pensamos. El problema es que no se hace nada. Y amarga pensar que esto que ha sucedido no incite a actuar, que no se mueva nadie.

Pelea entre varios chicos en el colegio (GTRES).

Pelea entre varios chicos en el colegio (GTRES).

Si desde el hogar no hay una buena educación, el niño se divertirá haciendo sufrir. Muchas veces es debido a la idea de querer ser el mejor, el más fuerte, y eso es porque se populariza el quedar por encima de alguien más débil. No importa si para ello hay que marginar, pegar o insultar al blanco elegido.

No es necesario esforzarse mucho para recibir maltrato. Una discapacidad, ser diferente, o simplemente no querer entrar en el juego de la fuerza. Y ojo, no hablo de peleas esporádicas o insultos “amigables”, que son normales. Aquí hablo de arrinconar, intimidar y apalear a alguien de forma física o psicológica (que es más frecuente) día tras día. Hasta que ocurre que alguien no es lo bastante fuerte para soportarlo y se suicida.

Tampoco el sistema educativo tiene actualmente los mecanismos necesarios para paliar la situación. El profesor apenas interviene en el mundo de los muchachos, y cuando lo hace, suele ser para una regañina o un castigo al “cabecilla”, que en realidad sólo empeora la situación. Lo mismo ocurre si lo cuentas a los familiares cercanos. No hay consecuencias. No se pone freno. Y por eso la víctima elige callarse e intentar afrontar sola la situación. Porque no queda otra.

Y esto sólo se arregla con educación en casa y con mecanismos de control eficaces, mejorando el ambiente escolar. Concienciar a los niños de que hacer esas cosas no te hace ser mejor, sino todo lo contrario. Que el gordo, el sordo o el “empollón” valen tanto como él, o más. Y que son como él.

 

 

 

Solo 36 disparos: el regreso del vinilo y las cámaras de carrete

Por Francisco García Castro

Discos de vinilo (Jorge París).

Discos de vinilo (Jorge París).

Aún recuerdo la época en la que los niños pijos vestían todos con la misma marca de pantalón. De inmediato, los no pijos acudieron -pese al gran esfuerzo económico para la familia- a imitarlos. Cuando ya todo el mundo llevaba esos pantalones, los pijos decidieron rajárselos. Ahora los pijos vestían a lo pobre.

 Todo esto viene a raíz de la propuesta de Sony, de volver a sacar vinilo y carrete. La hija del presidente de esta compañía quiere hacer fotos analógicas. Quiere palpar, quiere saber qué se siente cuando solo tienes 36 disparos. Solo 36.
Sony lo hará, y yo me alegraré. Pero la cuestión que plantea la presente no es otra que la escasez de autoestima que mora en las almas de los no pijos. Lo teníamos -vinilo y carrete- y se fue porque decidimos darle la espalda. Hoy, a la niña Sony se le antoja, y cuento los minutos para ver cómo saldremos a la calle a buscar a los olvidados. Es algo patético, o al menos, a mí me lo parece.

La Reina Maga de Carmena

Cabalgata de Madrid en 2015.

El rey Melchor saluda durante la cabalgata de los Reyes Magos en Madrid. (EFE)

Estimada Carmena, ¿por qué no propone que este año la fallera mayor de Valencia sea un hombre feo, maduro, con su calva, sus canas y un buen barrigón? Total, ¡pobres hombres feos, no tienen derecho a ser falleros! ¡Vaya discriminación! ¿Por qué quiere atentar con la tradición de los tres reyes magos, eliminando uno? ¿Cree que con la introducción de una reina maga favorece el feminismo? Soy la primera defensora de los derechos de la mujer y me duelo por ello. ¿Cómo luchan contra el maltrato, contra la prostitución femenina forzada en Madrid? ¿Cómo ayudan a las empleadas de hogar sin prestación por desempleo? Eso sí sería luchar por los derechos de la mujer, y no romper una tradición que no hace daño a nadie. Muy al contrario, es fuente de ilusión para los niños y contenido de fe para los adultos, algo que hay que respetar.

Le recuerdo que en la vigente Constitución se protege el derecho a profesar una religión y a su manifestación pública. Si su gobierno lo que quiere es promover la celebración del solsticio de invierno, hágalo. El 21 y el 22 de diciembre son todo suyos. Pero no corrompa la esencia de una manifestación que está fundamentada en la religión cristiana. Aunque no la voté, una vez nombrada alcaldesa confié en lo que usted representaba: respeto, justicia, madurez, sentido común, inteligencia, sensibilidad… ¿Cuánto tiempo de su trabajo ha dedicado a decidir poner una reina maga en la cabalgata de los Reyes Magos? Ese tiempo lo he pagado yo…

La incoherencia de no vacunar

Por Óscar Doñate Palos*

El Estado, con sus razones, nos obliga actualmente a llevar casco o cinturón de seguridad, aunque sólo nos afecte a nosotros el no usarlo. Tampoco nos permite conducir demasiado rápido, ni hacerlo después de haber bebido, ni fumar en según qué sitios o retirar la mayoría de medicamentos de las farmacias sin presentar la receta.

Un doctor pone una vacuna a un niño. (GTRES)

Un doctor pone una vacuna a un niño. (GTRES)

Sin embargo, el mismo Estado considera perfectamente lícito que padres (que por lo general no son profesionales sanitarios cualificados) desoigan las recomendaciones de los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y de las principales agencias de salud pública, así como de sus pediatras, médicos y farmacéuticos, y decidan no vacunar a sus hijos, poniendo así en peligro tanto la vida de estos niños como la de los que les rodean, sobre todo los más débiles.

Y me pregunto: ¿Se hace todo lo posible para evitar las muertes por accidente de tráfico pero se puede permitir que muramos de una enfermedad que, además, se puede evitar? No encuentro una explicación coherente a este hecho.

(*) Padre, farmacéutico y miembro de la Junta de la Asociación de Farmacias de Barcelona.

Los abuelos no deberían cargar con los hijos de uno

Por Nacho Caballero Botica

Una de las grandes sorpresas que se llevan algunos padres es que su hijo está vivo todo el rato. No se puede desconectar, ni silenciar, ni poder en modo avión. Cada día tiene 24 horas, de las que la mitad, está despierto. Bienvenidos a la paternidad.

Mi filosofía educativa, con mi hijo Óliver, es la de que se vaya de casa cuanto antes. Mucha gente se sorprende frente a esta afirmación, sin embargo encierra las mejores intenciones hacia él por mi parte.

Imagen de archvio de un abuelo paseando junto a su nietos.

Imagen de archvio de un abuelo paseando junto a su nietos.

Bajo esa premisa, intentamos que sea un niño de mente abierta, valiente, curioso, observador, con capacidad para aburrirse y divertirse solo o en compañía. Un niño alegre. A día de hoy vamos por el buen camino, aunque resulta agotador.

Ahora entiendo por qué la gente se queda a vivir en sus barrios de origen. Creo que no tiene que ver tanto con las raíces, sino con lo económico que sale tener a los abuelos cerca. Un colectivo el de los yayos, explotado injustamente de forma silenciosa y que soportan maratonianas jornadas sobre sus cansadas espaldas en las que baila una jota aragonesa, la vitalidad infinita de un niño pequeño.

En este momento, si te das por aludido, pensarás que tu padre o madre están encantados de quedarse con el niño. Piadosas, aquí tenéis a la reina de las mentiras, aunque habrá excepciones. Soy de los que piensa que vuestro hijo es vuestro y que, en la medida de lo posible, son los padres los que tienen que ocuparse de todo lo que le concierne. ¿Agotador? también lo es el paddle al que te vas a jugar mientras lo cuidan los abuelos.

Familiares y amigos, una ayuda puntual siempre viene bien. Faltaría más.

Por cerrar el círculo. Criar a un hijo para que se vaya de casa cuanto antes, también incluye que si el día de mañana me toca ser abuelo, seré solo eso. No el padre de mis nietos.

 

El catálogo de juguetes sexista

Por Xènia Escolar Grau

Ayer llegó a mi correo el primer catálogo de juguetes navideño. Pero, un año más, sin sorpresa: muchos juguetes diferentes pero solo 2 colores para el total de páginas: el tradicional rosa y azul, todo un clásico.

Dos niñas observan un escaparate lleno de juguetes. (EFE)

Dos niñas observan un escaparate lleno de juguetes. (EFE)

Yo no me fijaba en esto hasta que un día unos hermanos a los que cuidaba empezaron una discusión:

El niño, de solo tres años, quería un juguete que estaba fotografiado en la parte rosa del catálogo. Su hermana, cuatro años mayor, se encargó de hacerle saber que eso no era un juguete que él pudiera elegir. Él enseguida lo encontró lógico, “estaba en la parte de niñas”.

Nos planteamos a menudo el por qué del sexismo que todavía podemos detectar en nuestra nueva y querida sociedad moderna. Definitivamente puede que tenga algo que ver con no ampliar nuestra paleta de colores.

Niños en exclusión social por falta de material escolar

Por Pilar Udo

Varios niños yendo al colegio. (ARCHIVO)

Varios niños yendo al colegio. (ARCHIVO)

En ciertos colegios de Torrejón de Ardoz forman cooperativas (como en otros muchos) para cubrir material escolar de los alumnos y los padres han de aportar cierta cantidad. Teniendo en cuenta los bajos o nulos ingresos que algunas familias tienen, éstas dejan de abonar dicho importe.

Al llegar el “Día del padre” o el “Día de la madre”, los niños cuyos padres son deudores no hacen las manualidades. O por otra parte, en Reyes no reciben el obsequio de sus esperadas Majestades. Quedando excluidos. Al sufrir este desprecio, los niños salen llorando desconsolados del cole. Es despreciable e intolerante.

¿Con qué argumentos se puede luego enseñar la solidaridad, la generosidad o el hecho de compartir con los más desfavorecidos lo que uno tiene? ¿Es en el “Día de la Paz”, que se celebra en los colegios con multitud de actividades, cuando florece esa bondad? ¿Y la solidaridad? ¿El día que toca con el KILO de alimentos?

Tratándose de colegios públicos, en barrios humildes, la lección comienza con lo más insignificante y no con la crueldad. No hay porqué forzar a los padres a un pago, cuando muchas familias no tienen ni para zapatos, muchos de ellos están rotos o les queda grandes o pequeños. Carecen del desayuno de la mañana y aguantan con un plato de sopa al día.

No más niños buscando papel

Por Alfonso José Moyá

Un contenedor de papel. (ARCHIVO)

Un contenedor de papel. (ARCHIVO)

Mando esta carta para concienciar a la gente de algo que últimamente veo en la calle y cada vez más habitualmente: niños metiéndose en contenedores de papel. Lo más curioso es que no lo hacen para realizar ningún acto vandálico sino para que, con ayuda de sus propios familiares, consigan papel, el cual se paga a un mísero precio de ocho céntimos el kilo.

Creo que el Estado debería hacer algo al respecto, pero la cuestión es, ¿se lavan las manos? Seguro que sí, como hacen con la mayoría de cosas en este país. Si estos niños hacen esto no es por gusto sino para poder comer. Y repito: son niños y no deberían estar realizando ese “trabajo” sino que deberían estar jugando, divirtiéndose y teniendo una buena educación. Me da pena que esta situación esté pasando en un país como España y animo a que estas cosas cambien.