Por Rodrigo Molina Montejano
Soy aficionado al fútbol y, en particular, al Atlético de Madrid. Entiendo que su idea de revolucionar el fútbol ha causado una tremenda conmoción en todo el mundo, y ahí radica la importancia que este deporte tiene a nivel global.
Por supuesto sus explicaciones no se han hecho esperar en un medio en el que usted se encuentra a gusto para hablar, es decir, ha sido deliberadamente escogido, algo que no me parece mal. Y no he podido evitar escuchar las diversas críticas al deporte que dice defender.
Como buen aficionado a mi equipo, el Atlético de Madrid (y no hablo de colores sino de fútbol) jamás, y digo jamás, me he perdido un partido de mi equipo, ya sea contra el Bayern de Múnich o contra la Ponferradina, algo contrario a lo que usted predica, que es la falta de interés de los jóvenes cuando su equipo se enfrenta a un equipo “menor”.
Pero de igual modo hay que darle las mismas oportunidades de crecer a todos esos equipos que compiten con la misma ilusión, que es la esencia misma del fútbol, como cuando un tercera división se enfrenta a un primera en la Copa del Rey. Eso es lo que hace realmente emocionante el fútbol, o la expectación que genera el conocer tus rivales en Champions. De lo contrario sólo se está pensando en una minoría, partiendo de la premisa de que un equipo que bajo su criterio sea menor no pueda competir en un torneo como es la Champions.

Florentino Pérez, presidente del Real Madrid. (Archivo).
Por otro lado, dice que escucha a los jóvenes cuando estos prefieren estar delante de una pantalla antes que ver un partido de fútbol. No obstante todos los niños y jóvenes siempre deciden comprarse el mismo videojuego, que no es otro que uno de fútbol, deseando juntar a todas las estrellas en su equipo, por lo que entiendo que no te puede gustar un videojuego de fútbol si no te gusta dicho deporte.
Además de que cuando uno queda con sus amigos aprovecha las veces que hace buen tiempo para jugar al fútbol, con lo que se presupone que seguirá moviendo a masas y a miles de aficionados, como lo ha hecho hasta ahora.
Comparto su opinión de que cada vez hay partidos más tediosos que se ven en el día a día y que hay que cambiar muchas cosas para seguir haciéndolo más grande, pero no a costa de que unos pocos posean todos los privilegios por encima del resto.
Por no decir que, probablemente, el hecho de que equipos grandes se enfrenten todas las semanas también haría que algo espectacular y especial se convirtiera en un pasatiempo monótono y rutinario.
Por eso, y no me demoro más, si de verdad escuchara al aficionado se daría cuenta que no desea una Superliga, y que sí quiere cambiar el fútbol se debe hacer desde dentro, no tomándose la ley por su mano. El fútbol es y será inmortal, aunque usted quiera asesinarlo.