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Winston Churchill retratado en su peor momento

'Winston Churchill' - William Orpen - Lent by the Churchill Chattels Trust -  Image © National Portrait Gallery, LondonLent by the Churchill Chattels Trust -  Image © National Portrait Gallery, London

‘Winston Churchill’ – William Orpen – Lent by the Churchill Chattels Trust – Image © National Portrait Gallery, London

Winston Churchill (1874-1965) es en la memoria colectiva el gran orador, el valeroso estratega, el líder nato, el extraordinario político que además tenía cultura (fue Premio Nobel de Literatura en 1953). En los momentos más oscuros de la amenaza nazi sobre Inglaterra, sus discursos en el Parlamento ayudaban a tomar impulso a los desolados londinenses que aguantaban la pesadilla de los bombardeos diarios: “Defenderemos nuestra isla, sea cual sea el coste. Lucharemos en las playas, lucharemos en los terrenos de desembarque, lucharemos en los campos y en las calles, lucharemos en las colinas: nunca nos rendiremos“.

Con la imagen imborrable del fumador de puros de mirada desafiante, el aspecto del estadista e intelectual resulta sorprendente en el retrato que acaba de ser cedido a la National Portrait Gallery de Londres. Realizado por el pintor irlandés William Orpen en 1916 cuando Hitler no era todavía más que un soldado raso, el cuadro muestra a Churchill, entonces Ministro de Marina británico (Primer Lord de Almirantazgo, el puesto más alto de la Marina Real Británica), en su peor momento político.

Tenía 42 años y sentía el peso insoportable las muertes de la Batalla de Galípoli. Eran los años de la I Guerra Mundial: en 1915 los aliados franceses y británicos decidieron conquistar Constantinopla (la actual Estambul) para aislar a las potencias centrales del mar. El estrecho de los Dardanelos (en Turquía), centro de la Guerra de Troya y punto estratégico en el siglo XIV cuando los otomanos atacaron al Imperio bizantino, fue el escenario de la masacre.

Churchill en los años de la II Guerra Mundial

Churchill como Primer Ministro durante la II Guerra Mundial

Churchill apostaba por un desembarco masivo, que pillara desprevenido al Imperio otomano, pero el efecto sorpresa no fue tal: una serie de indecisiones de los altos mandos relentizaron la acción y los turcos estaban listos para el ataque en las playas. Murieron 50.000 británicos (entre los que abundaban neozelandeses y australianos), 5.000 franceses y 60.000 turcos. Lo que iba a ser una operación limpia y rápida se convirtió en una agonía sangrienta de francotiradores e historias de supervivencia en cuevas.

El ministro no dudó en dimitir y su reputación sólo fue restituida en parte cuando en la Comisión de los Dardanelos (1916-1917) se demostró que él no era personalmente responsable del fracaso de la operación.

El cuadro muestra a un hombre asediado por el miedo y debilidad, que encorva ligeramente la espalda como buscando cobijo en sí mismo. Tiene el cuello de la camisa mal doblado y la pajarita aflojada; el poco pelo que le queda en la cabeza se rebela, los mechones se alzan puntiagudos. La mirada es de un sufrimiento contenido por el ceño de seriedad. Al ver la obra terminada, Churchill confesó a Orpen que era el mejor retrato que le habían hecho. “No es la representación de un hombre. Es la representación del alma de un hombre”.

Desde el 1 de noviembre y por un tiempo indeterminado, el cuadro se puede ver en la National Portrait Gallery. Pertenecía a Winston S. Churchill (nieto del político y fallecido en 2010) y los herederos cumplen su última voluntad mostrándolo al público en el museo.

Helena Celdrán