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Tendencia al acecho: se llama colodión

Foto: Tom Craig

Foto: Tom Craig

La reciente foto muestra a la actriz Thandie Newton en una toma publicitaria para la compañía Louis Vuitton -cuya probada colaboración con los nazis no parece importar a las celebrities-. La campaña se llama Double Exposure y comenzó en 2010 con la seudo artista Sam Taylor Wood como musa.

Nada inspirador: ni los protagonistas (millonarios con fortunas cimentadas durante los años del terror ciego, actrices de segunda o artistillas que convocan a la prensa para rascarse un grano), ni las fotos, vulgares pese a la dulce y apasionada textura del colodión húmedo, una técnica del siglo XIX que emplea placas de vidrio como soporte para la imagen.

Me interesan algunos fotógrafos que utilizan el colodión, pero suelo sospechar de los arrebatos nostálgicos cuando los ejercen los poderosos. Si hicieron tratos con el régimen de Hitler, me mosqueo todavía más.

Esta misma semana recibí otro indicio de que se está escribiendo el prólogo de otro crimen trendy. “A Haunting Old Photographic Process Reappears” (Reaparece un viejo y evocador proceso fotográfico), titulaba el New York Times. Me escaman, casi tanto como Hitler y sin excepción, algunos adjetivos: impactante, orgánico, minimalista, poliédrico y ecléctico.

Veterano de guerra y su mujer (fotógrafo anónimo, 1860)

Veterano de guerra y su mujer (fotógrafo anónimo, 1860)

Evocador, sobre todo si va encadenado a viejo, también está en la lista. Lo viejo no evoca, demonios, lo viejo enseña. Vean la foto de la pareja de la izquierda, también un colodión, de 1860, compárenla con la idiotez de arriba y denme la razón.

Con la fotografía está sucediendo algo parecido al delito moral que ha cometido la mafia gay contra el barrio de Chueca: compras todos los locales comerciales de una zona miserable y condenada por los poderes públicos, te trabajas la imagen gracias a tu red de contactos, empiezas a hacer caja y terminas convertido en rey del Monopoly (los viejos del cuarto piso, puerta centro ya habrán sido deshauciados por entonces o, con suerte, pasaron por la incineradora).

Los yanquis llaman al asunto gentrification, verbo que aún no tiene traducción española, acaso porque viene a ser lo de siempre: el que es perico, dondequiera es verde, y el que es tarugo, dondequiera pierde.

Los modernos pagan y pagan bien por lo evocador. Basta convencerles de que hacen lo que se lleva. Las cámaras de juguete -varios pedazos de plástico insertados unos a otros- cuestan veinte veces lo que costaban desde que se venden como Lomography y son tendencia. En los talleres de introducción te convencen de que cualquiera puede ser fotógrafo y nadie te explica que es la profundidad de campo, la proporción aúrea o el número f. ¿Para qué necesitas saberlo si las las imágenes serán muy vintage, muy evocadoras?

Foto: Isa Marcelli

Foto: Isa Marcelli

Temo que con el colodión suceda otro tanto, que se gentrifique. Advierto los síntomas: cursos de inicición, alquiler de laboratorios, bla bla mediático, galerías afilando los colmillos…

Decir “me encanta el colodión” tiene tanto sentido como decir “me encanta el vino” mientras bebes una sangría.

Ni una cámara ni un proceso hacen una foto. El artefacto no garantiza nada.

Conozco desde hace años la obra de la fotógrafa francesa Isa Marcelli. La he visto crecer: empezar con una cámara digital, pasar a las analógicas de medio formato,  a las estenopéicas y luego al colodión. Es su mirada la que ha buscado acomodo para finalmente encontrar sentido en el espectro de luces azules del proceso.

En una ocasión me dijo que cuando se dejó llevar por el hábito de experimentar con la cámara-agujero de infinita profundidad sintió que llegaba a un terreno “nuevo y familiar al mismo tiempo”, que las fotografías estenopeicas habitan en una cercanía que las asemeja a las difusas imágenes “que guardamos en nuestros recuerdos o en nuestras almas”.

Otro fotógrafo al que admiro, Christopher Perez, también ha elegido el colodión.

Foto: Christopher Perez

Foto: Christopher Perez

“Las cámaras no siempre hacen lo que tú quieres que hagan. Por eso me gusta desarmarlas y reconstruirlas, añadirles ópticas… Ahora estoy experimentando con una cámara de madera y placas de colodión húmedo (…) La fotografía es el modo que he elegido para mirar al mundo y la vida, que están llenos de imperfecciones. Por eso opto por las cámaras hechas a mano, porque permiten que la imperfección participe en el juego”, señaló cuando le pregunté los motivos de su querencia oldtimer.

Hay muchos otros que ejercen el ritual del revelado húmedo sobre placas de vidrio, que piden a sus modelos que se mantengan quietos durante diez o quince minutos, que se tomen tiempo para abrirse: Mark Sink, Sally Mann, Jill Enfield, Roman Kravchenko

En las fotos de todos ellos me reafirmo en que es el alma quién elige el proceso. Lo evocador está en la foto, nunca en el soporte.

Ánxel Grove