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¿Música electrónica con un chaleco?

El intérprete enchufa su chaleco negro al ordenador y juega a colocar las manos de diferentes maneras, a ejercer diferentes grados de presión hasta que le gusta lo que escucha y construye un ritmo.

El diseñador industrial Wesley Chau (Toronto-Canadá, 1991) es el creador de Drop the Beat (que se podría traducir por Crea el ritmo) un instrumento electrónico y “ponible” de percusión que “tiene el objetivo de elevar la presencia del artista durante una actuación en vivo”.

Su inspiración para el proyecto es la película-concierto dirigida y protagonizada por Laurie Anderson Home of the Brave (1986), una extravagante actuación dominada por la fascinación por los sintetizadores. En este vínculo se puede ver a partir del minuto 11:30 a la artista bailando al ritmo de una batería electrónica como si ella emitiera con sus manos cada sonido que se escucha.

La prenda negra de neopreno está repleta de tiras de velcro para colocar los apliques de sensores piezoeléctricos que miden la presión que el usuario ejerce y la convierten en señales eléctricas.

Helena Celdrán

Sintetizadores de cartón

'2061' - Dan McPharlin

'2061' - Dan McPharlin

Dibuja paisajes de ciencia ficción: planetas nebulosos, superficies vacías, máquinas, rocas y naves oxidadas.

El australiano Dan McPharlin crea en sus ilustraciones un retrofuturo: el futuro que nunca fue, un lugar imaginario en el que se almacenan cohetes-mochila, casas en la luna, coches voladores y robots-mayordomo.

Como si también quisiera crear la banda sonora de la vida espacial en un futuro nostálgico, hace música con sintetizadores.

Le gusta evocar escenarios extraños, lejanos a la Tierra, producir sonidos más cercanos a los fenómenos científicos que a la creación humana. “Lo que me atrae de la música es lo mismo que me conquista del arte visual: la forma, el espacio, la atmósfera“.

Dan McPharlin

Dan McPharlin

Conoce a fondo modelos y marcas y lleva relacionándose con ellos desde una edad temprana. Habla con cariño y respeto de los ejemplares-mazacote de los años 70 y 80, bloques cuadrados de colores serios que fueron testigo de sus primeros experimentos sonoros.

Siempre quise diseñar un sintetizador, pero me faltaban conocimientos. El equipo analógico es visualmente muy atractivo, con botones y controles para cada función”, dice con ánimo de técnico frustrado.

Las miniaturas que he traído hoy a la sección de Artefactos de este blog son una muestra más del amor de McPharlin por las máquinas analógicas, una solución a su falta de conocimientos mecánicos, un modo más de manifestar la admiración por un futuro nostálgico desterrado para siempre.

Dan McPharlin

Dan McPharlin

Conexiones de cables, bobinas, pantallas ecualizadoras… Es todo mentira, los aparatos son mudos y nunca funcionarán.

El artista tarda en elaborar cada uno de estas bellas maquetas de cartón dos o tres días, aunque es frecuente que vuelva a empezar desde el principio si no le convencen.

Luego fotografía a las maquinitas en bodegones  de tonos neutros,  recreando las imágenes de un catálogo desfasado.

Los sintetizadores fantásticos de McPharlin son tan inútiles como apetitosos, irresistibles y estéticos como un caramelo.

Suspirarías por poder manejarlos como un bebé suspira por echarle mano a un juguete infantil.

Helena Celdrán