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Las palomas de plástico también pueden ser mensajeras

'Pigeon Post'

‘Pigeon Post’

La Columba livia es una especie de paloma que se distingue por poder ser entrenada para volver siempre a su hogar por lejos que esté. Es un ave resistente que puede volar hastas 1.800 kilómetros para ‘entregar’ un envío.

Hace 3000 años los griegos las utilizaban para hacer público el nombre del ganador de las Olimpiadas. La humanidad ha confiado en las palomas mensajeras para entregar mensajes personajes, secretos militares, recetas médicas, noticias, la información bursátil… Su utilización decayó a partir del auge de las comunicaciones por telégrafo sin cables en los primeros años del siglo XX, pero su utilidad en casos extremos no pasa desapercibida para el ejército, que las utilizaría en caso de una debacle tecnológica.

Una de las palomas de 'Pigeon Post' a punto de iniciar su viaje

Una de las palomas de ‘Pigeon Post’ a punto de iniciar su viaje

La Letter Writers Alliance (Alianza de Escritores de Cartas) —LWA— es una modesta organización estadounidense de 2.700 socios de todo el mundo que desde 2007 se dedica a “conservar vivo el arte de escribir cartas”. Por un coste inicial y único de 5 dólares (3,70 euros) la organización pone a disposición de los usuarios descargas de diseños imprimibles, productos relacionados con la creatividad postal y material postal antiguo. “Ni las largas colas, ni los retratos en las entregas, ni la subida de los costes postales nos alejarán de nuestra misión”, aseguran en su declaración de intenciones.

Entre las nuevas iniciativas del LWA hay uno que destaca por su aspecto heterodoxo: reproducciones en plástico de palomas mensajeras, un homenaje que reaviva el romanticismo de recibir una carta por medio de un pájaro.

En lugar de llevar el envío anillado a una pata, las aves artificiales tienen en su espalda los sellos pegados a una pequeña funda que permite introducir una carta. Los creadores del Pigeon Post (Correo Paloma) han creado un objeto que, según la regulación postal de los EE UU, es válido enviar: “no es peligroso, frágil ni perecedero y pesa por debajo de 13 onzas (unos 370 gramos), así que es legal meterlo en un buzón”. Sin embargo, aclaran que la paloma no debe ser enviada a otros países así y recomiendan meterla en una caja que cumpla cualquier estándar”. Las valientes aves de plástico, con el kit para enviarlas, cuestan 30 dólares (22 euros) y de momento se han agotado.

Helena Celdrán

Palomas pioneras de la fotografía aérea

Palomas fotógrafas

Palomas fotógrafas

Julius Neubronner (1852-1932), un farmacéutico alemán de un pueblo no lejos de Frankfurt, solía usar palomas mensajeras para recibir recetas de un sanatorio cercano. Las aves no solo iban a buscar las prescripciones: Neubronner las volvía a enviar con hasta 75 gramos de medicación para los pacientes.

Aunque era el método más rápido en 1903 para que la pequeña mercancía llegara con urgencia, a veces la profesionalidad de las palomas dejaba que desear. Se despistaban por la niebla y perdían la orientación, en algunas ocasiones desaparecían y llegaban cuatro semanas más tarde sospechosamente bien alimentadas…

El farmacéutico, aficionado desde la adolescencia a la fotografía, decidió crear un método para investigar en qué se entretenían sus mensajeras: adjuntarles una pequeña cámara que ilustrara sus recorridos.

Julius Neubronner en 1914

Julius Neubronner en 1914

Neubronner se convirtió en 1907, por casualidad, en un pionero de la fotografía aérea. En un arnés reforzado con aluminio, la paloma llevaba una cámara mínima, hecha de madera, que pesaba de 30 a 75 gramos y que contaba con un sistema neumático para que el disparador se activara solo. La máquina tenía dos lentes que captaban sendas imágenes de modo simultáneo.

El animal, al principio reticente y deseoso de llegar a su destino para despojarse de la carga, aprendía con rapidez a transportarla sin problema. Un año después, el farmacéutico patentó el invento y ganó reconocimiento internacional  exhibiendo en las exposiciones internacionales de Dresde, Frankfurt y París las imágenes que tomaban sus aves, vendiéndolas como postales y mostrando a las palomas, aterrizando tras dar una vuelta, armadas con sus cámaras caseras.

Cuando Alemania se armaba hasta los dientes pocos años antes de la I Guerra Mundial, el ejército se interesó por el sistema de Neubronner como posible técnica de espionaje, pero por suerte, el rápido desarrollo de la aviación hizo que la idea no pasara de la fase experimental y las palomas pudieron seguir dedicándose al arte por el arte.

Helena Celdrán

Fotos aéreas tomadas por las palomas

Fotos aéreas tomadas por las palomas