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El cuento más triste con las palabras más singulares del mundo

Hoy deslizaré por aquí un cuento triste con algunas de las palabras sin traducción que existen. Hagamos turismo lingüístico por las voces poéticas de este mundo.

Empieza así:

Mujer con Gato. Lilla Cabot Perry (1848-1933). Wikimedia Commons.

Mujer con Gato. Lilla Cabot Perry (1848-1933). Wikimedia Commons.

Quisiera presentaros a esta vieja gattara (palabra que en italiano identifica a las mujeres que recogen a los gatos callejeros), pero sufro de cierto tartle (que es como los escoceses llaman a la duda que sientes al querer presentar alguien del que no recuerdas bien su nombre).

Así que la llamaré Señora de Félix, por el ilustre gato, es fácil.

La gattara señora Félix.

Hoy vive rodeada de animales, ajena a sus vecinos, pero no fue siempre así. Su historia es triste, pero espero que sirva de excusa para estas palabras que quiero deslizar, y que son únicas en las distintas lenguas del mundo.

Antes de aficionarse a los gatos, cuando era joven y no descuidaba su pelo, la Sra. Félix sintió el waldeinsamkeit (que es como los alemanes llaman a la sensación de estar solo en el bosque). Había llegado a ese lugar apartado siguiendo la mångata, el camino de luz que deja la luna sobre el mar para los suecos.

Fue un sentimiento de profundo dépaysement, sentirse extranjero, emigrante, desplazado del origen, como dicen los franceses. Sentía la misma saudade o añoranza que los portugueses. La Sra. Félix estaba en realidad huyendo por el bosque, necesitaba borrar sus pasos, poner tierra de por medio. Sumida en un boketto (japonés), abstraída, mirando al vacío, se creía maldecida por el shlimazl (yiddish): el que tiene mala suerte crónica.

Años atrás, sin embargo, había sentido el gigil, que en idioma tagalo (Filipinas) significa el incontrolable deseo de apretar a quien amas, y el kilig, los nervios en el estómago que se siente al hablar con la persona que te gusta.

Entonces era dichosa pues la chica de rizos negros la correspondía. Pero su padre se opuso a esta unión. La consideraba una aberración, un atentado contra su sangre.

En aquel pueblo de rancias costumbres este amor prohibido fue una mokita (en lengua Kiriwina de Nueva Guinea): aquella verdad que todo el mundo sabe pero nadie dice.

El padre entró en cólera. La novia de la Sra. Félix era una backpfeifengesicht (alemán): la cara que merece un tortazo.

Indagó mucho, quería asegurarse, y en aquellos días pareció un pochemuchka (ruso), una persona que hace muchas preguntas a sus vecinos. Finalmente, amenazó de muerte a la chica, y ésta tuvo que huir del pueblo.

Y aquí es cuando dos corazones se desangran…

Al conocer la noticia, la Sra. Félix sintió un L’appel du vide (francés), el impulso de tirarse desde un lugar muy alto. Todos los vecinos que sintieron el schadenfreude (alemán), o el regocijo por la desgracia ajena, hubieran bendecido esta decisión.

 

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