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¿Quieres oler lo mismo que olieron Whitney Houston o Lady Di al morir?

Boceto del proyecto inmersivo para 'sentir' la muerte de famosos. Captura de la web de Frederik Duerinck and Marcel Brakel

Boceto del proyecto inmersivo para ‘sentir’ la muerte de famosos. Captura de la web de Frederik Duerinck y Marcel van Brakel

Te introducen en una caja metálica de apariencia clínica, una especie de tomógrafo algo pretérito. Deslizan tu cuerpo hacia el interior de la estructura cerrada por todos los extremos excepto por uno. Entras en el cofre porque quieres saber qué sintieron al morir Whitney Houston, Lady DiJFK o Gadaffi. Tú eliges el final de personaje histórico que quieres experimentar. Sólo necesitas la nariz.

Famous Deaths (Muertes famosas), un proyecto artístico que se asoma a lo tenebroso, permite a los voluntarios encerrarse en una cámara de aislamiento en la que serán recreados los olores que experimentó el muerto por el que hayas optado. Los otros cuatro sentidos —oído, vista, tacto y gusto— permanecen, al menos por ahora, fuera de la ecuación.

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Madeleine, “una cámara fotográfica del olor”

A menudo olvidamos el poder evocador del olfato, el sentido que menos ejercitamos y al que se le suele dar una importancia secundaria frente a los otros cuatro. La diseñadora británica Amy Radcliffe defiende la memoria olfativa como posible aliada para “nuestro bienestar emocional” y como una herramienta más para documentar el mundo que nos rodea.

Basado en la tecnología Headspace, desarrollada en los años ochenta para la industria del perfume, el aparato exhibe un aspecto que en principio no aclara su modo de funcionamiento: es de un blanco farmacéutico, tiene tubos transparentes y una campana de cristal. La máquina se llama Madeleine y su creadora, Radcliffe, la describe como una “cámara analógica del olor”: “La cámara registra la información de la luz para crear una réplica. Madeleine registra la información molecular de un aroma“.

El proceso es sencillo. Hay que cubrir con la campana el objeto que contiene el olor que se quiere capturar, conectar una probeta de dos extremos (“el atrapador de olor”) a los cables que salen del cuerpo del aparato, encender el interruptor para comenzar con el proceso “de absorción”… En las vías transparentes se ve fluir líquido producto de la condensación. Después sólo queda retirar y sellar el tubo, que contiene los matices de la fragancia original. Si se quiere recrear y multiplicar como si se tratara de un perfume, sólo hay que mandar la muesta a un laboratorio para que analice la composición que permita reproducirla.

La diseñadora denomina “scent-ography” (que se podría traducir por aromagrafía) a estas instantáneas aromáticas y ve el proceso como una manera alternativa de documentar recuerdos. “De olores de ambiente a la fragancia absolutamente única de una persona, nuestra memoria olfativa es un valioso recurso para ser capturado y archivado de modo sistemático”.

Helena Celdrán