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Narcissa, miniaturista antes que dama de sociedad

'English Dining Room of the Georgian Period,  1770-90'. c. 1937 - Narcissa Niblack Thorne

‘English Dining Room of the Georgian Period, 1770-90’. c. 1937 – Narcissa Niblack Thorne

De perfil aristocrático y semblante tranquilo, vestida y peinada como para un evento social de alto copete, Narcissa Niblack Thorne (1882-1966) podría haber sido cualquier dama de sociedad, preocupada por demostrar de modo constante que, a principios del siglo XX, la alta burguesía estadounidense podía ser tan elegante y sofisticada como la aristocracia europea y que incluso la superaba en frescura y espontaneidad.

Sus padres pertenecían a la alta sociedad. Nacida en Indiana, su familia se mudó a Chicago cuando ella era niña. Se casó con su amor de la niñez, Montgomery Ward, un rico empresario dueño de unos grandes almacenes. Sin embargo, en lugar de obsesionarse con vivir a lo grande, Thorne sentía una atracción por explorar lo pequeño, perderse en una escala de 1:12.

Narcissa Niblack Thorne con una de sus obras

Narcissa Niblack Thorne con una de sus obras

De niña se había aficionado a coleccionar utensilios de cocina, jarrones y muebles para lujosas casas de muñecas y la pasión por la miniatura no la había abandonado. La búsqueda de objetos a pequeña escala la llevó a diferentes ciudades estadounidenses y europeas, pero pronto dio el paso a la pieza única: empezó a reproducir habitaciones de época.

Un salón inglés de la época de los Tudor, un aristocrático dormitorio francés del siglo XVI, la cocina de una casa de veraneo estadounidense, un moderno salón californiano de los años cuarenta, una sencilla vivienda japonesa, una sala de estar alemana de la alta burguesía del siglo XIX… La dama de sociedad se hizo una miniaturista de renombre.

No escatimó en suelos de madera, frescos en las paredes o moldes de escayola, las fotos frontales de los trabajos de Thorne podían pasar por escenarios reales de una película o fotos de viviendas de ensueño de una revista de decoración. Previamente se documentaba visitando museos y casas históricas y al principio se manejaba para hacerlo todo sola, pero con el tiempo ansió la perfección y empleó a expertos artesanos que la ayudaban con lo más difícil.

'German Sitting Room of the 'Biedermeier' Period, 1815-50'. c. 1937 - Narcissa Niblack Thorne

‘German Sitting Room of the ‘Biedermeier’ Period, 1815-50′. c. 1937 – Narcissa Niblack Thorne

En 1932 se atrevió a exponerlas por primera vez en una muestra benéfica y a lo largo de los años treinta ganaron fama. Le dedicaron un reportaje en la revista Life y en 1936 recibió el encargo de reproducir una de las habitaciones del Castillo de Windsor para celebrar la coronación (que nunca fue) de Eduardo VIII del Reino unido, el aspirante a rey que renunció a ser heredero para casarse con una plebeya estadounidense.

Se conoce la existencia de 100 mini-estancias, 68 de ellas en la colección permanente del Instituto de Arte de Chicago. Las demás están repartidas por museos estadounidenses, no es posible disfrutar de ellas en Europa. Nunca cobró por sus obras, cuando murió su marido millonario, la herencia le permitió seguir en su pequeño estudio de Chicago, centrada en sus casitas. Sólo cerró el estudio y se quitó su elegante bata de trabajo en 1966, unos meses antes de morir.

Helena Celdrán

'French Library of the Louis XV Period, c. 1720', c. 1937 - Narcissa Niblack Thorne

‘French Library of the Louis XV Period, c. 1720’, c. 1937 – Narcissa Niblack Thorne

'California Hallway, c. 1940'. c. 1940 - Narcissa Niblack Thorne

‘California Hallway, c. 1940’. c. 1940 – Narcissa Niblack Thorne

'English Entrance Hall of the Georgian Period, c. 1775'. c. 1932 - Narcissa Niblack Thorne

‘English Entrance Hall of the Georgian Period, c. 1775’. c. 1932 – Narcissa Niblack Thorne

'Tennessee Entrance Hall, 1835'. c. 1940 - Narcissa Niblack Thorne

‘Tennessee Entrance Hall, 1835’. c. 1940 – Narcissa Niblack Thorne

'Japanese Traditional Interior', c. 1937 - Narcissa Niblack Thorne

‘Japanese Traditional Interior’, c. 1937 – Narcissa Niblack Thorne

'English Great Room of the Late Tudor Period, 1550-1603'. c. 1937 - Narcissa Niblack Thorne

‘English Great Room of the Late Tudor Period, 1550-1603’. c. 1937 – Narcissa Niblack Thorne

Pequeños universos en espejos de mano, monederos y teteras

Kendal Murray

Kendal Murray

Amigos, amantes, familias, grupos de excursionistas, extraños que se encuentran en un bosque…

A los diminutos personajes de Kendal Murray les basta cualquier superficie para continuar con su vida. La artista australiana construye micromundos para ellos en lugares tan insospechados como un monedero, un espejo de mano o una tetera de cristal.

Murray podría ser así de diminuta y vivir en uno de esos universos que imagina invadiendo objetos cotidianos. No es amiga de hablar demasiado de su trabajo y  hay que conformarse con un perfil en la página de la galería que la representa, pero la capacidad narrativa de cada una de sus obras habla por ella.

Las situaciones que escenifica oscilan entre experiencias tan convencionales como unas vacaciones en la playa o un día en el campo y momentos de fantasía y cierto surrealismo: una mujer huye de un cisne en medio de un campo de maíz, varios miembros de una familia descubren asombrados su reflejo en un enorme espejo que no entienden, un hombre que jugaba al tenis se encuentra en un jardín a una mujer desnuda que ni siquiera lo mira. Cada pieza podía ser el extraño sueño que tuviste la semana pasada, una fantasía inconfesable, un recuerdo borroso o la mezcla de las tres cosas.

Helena Celdrán

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

'Conflate Restate Real Estate' - Kendal Murray

‘Conflate Restate Real Estate’ – Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Kendal Murray

Miniaturas de trabajadores ‘ocultas’ en la calle, una reflexión sobre el desempleo

'Why is it so hard to find a job' - 'Saleswoman' - Slinkachu

‘Why is it so hard to find a job’ – ‘Saleswoman’ – Slinkachu

Desde lejos apenas son visibles, los personajes de Slinkachu habitan en los lugares más corrientes de una ciudad, esos que pasan desapercibidos a diario y no parecen merecer ni un segundo de atención: la hendidura del poste de una farola, un asiento de piedra, una barandilla de metal, un sucio charco, un desagüe…

Allí se desarrollan diminutas narrativas que mezclan la rutina y el suceso extraordinario; la utopía —poder bañarse en la chapa de un botellín de cerveza o patinar en una cáscara de mandarina— y el horror —morir pisado o sentirse intimidado por un caracol—.

El artista británico abandona “gente pequeña en las calles” desde el año 2006. Pinta y modifica figuras humanas pensadas para poblar maquetas y estaciones de trenes eléctricos; les da un nuevo significado en imaginativas (y a veces algo sórdidas) escenas y los fotografía antes de perderlos de vista para siempre en la vía pública.

“Es al mismo tiempo una instalación artística y un proyecto fotográfico”, escribe en su página web. “La parte callejera de mi trabajo juega con la noción de sorpresa y tengo como objetivo incitar a los habitantes de una ciudad a ser más conscientes de su entorno. Con las escenas que compongo (…) busco reflejar la soledad y la melancolía de vivir en una gran urbe, la sensación de estar perdido y sentirse superado”.

Aunque siempre ha trabajado por libre, recientemente ha promovido con sus minúsculas instalaciones diferentes campañas para organismos como War Child, una organización de ayuda a los niños que sufren las consecuencias de la guerra. En su último proyecto, ha puesto su trabajo a disposición de ReAct Paris, una jornada de conferencias celebradas en la capital francesa el 15 de octubre, organizadas por el Parlamento Europeo, centradas en el dramático problema del desempleo en Europa.

En la serie Why is it so hard to find a job? (¿Por qué es tan difícil encontrar un trabajo?) Slinkachu ha abandonado por diferentes lugares de París miniaturas de trabajadores. De obreros de la construcción a científicos, los personajes inmersos en su rutina laboral son difíciles de encontrar y continúan con sus quehaceres pese a vivir desprotegidos ante las inclemencias del tiempo o ante cualquier desaprensivo al que se le antoje destrozar el escenario.

Helena Celdrán

'Why is it so hard to find a job' - 'Construction Worker' - Slinkachu

‘Why is it so hard to find a job?’ – ‘Construction Worker’ – Slinkachu

'Why is it so hard to find a job' - 'Guard' - Slinkachu

‘Why is it so hard to find a job?’ – ‘Guard’ – Slinkachu

'Why is it so hard to find a job?' - 'Scientific' - Slinkachu

‘Why is it so hard to find a job?’ – ‘Scientific’ – Slinkachu

'Why is it so hard to find a job?' - 'Electrician' - Slinkachu

‘Why is it so hard to find a job?’ – ‘Electrician’ – Slinkachu

'Why is it so hard to find a job?' - 'Electrician' - Slinkachu

‘Why is it so hard to find a job?’ – ‘Electrician’ – Slinkachu

Conchas arquitectónicas para cangrejos ermitaños

Conocidos como cangrejos ermitaños, los paguroideos necesitan apropiarse de las conchas de moluscos muertos para protejer su abdomen, especialmente blando en comparación con el de otras especies de cangrejos. Deben encontrar la que se adecúe a su tamaño y cambiarla cuando se les queda pequeña. A veces la búsqueda es dura, las conchas escasean y hay que pelear con otros por conseguir las más cómodas.

Aprovechando la circunstancia vital de la especie, la japonesa Aki Inomata (Tokio, 1983) ha desarrollado Why Not Hand Over a ‘Shelter’ to Hermit Crabs? (¿Por qué no dar ‘refugios’ a los cangrejos ermitaños?),un proyecto artístico para el que ha fabricado pequeños receptáculos transparentes con la intención de que los habiten.

Aunque en el interior las piezas son fieles a las conchas originales, en el exterior recrean con diminutas reproducciones de edificios la arquitectura de diferentes países. La artista justifica la extraña combinación relacionando los cambios de vivienda que el crustáceo está obligado a realizar a lo largo de su vida con las mudanzas, las migraciones y los cambios de nacionalidad: “Aunque el cuerpo del cangrejo es el mismo, dependiendo de qué concha lleve su apariencia cambia por completo”.

Los rascacielos de Nueva York, un templo budista de Bangkok, los molinos holandeses de Zaanse Schans, la isla griega de Santorini… Inomata deposita la concha artificial cuidadosamente en el acuario y el cangrejo la recibe con naturalidad. Desde fuera, la estructura transparente permite observar cómo la constitución blanda del habitante se adapta con facilidad a las paredes. La ciudad que descansa sobre sus espaldas no parece importarle demasiado.

Helena Celdrán

Una de las conchas para cangrejos ermitaños diseñadas por Aki Inomata

Zaanse Schans - Aki Inomata

Santorini - Aki Inomata

Bangkok - Aki Inomata

David Edwards, una eminencia de la miniatura

Miniaturas de carretes de hilo - David Edwards

Miniaturas de carretes de hilo sobre uno de tamaño natural- David Edwards

La escala de los objetos que David Edwards hace a mano es de 1:12, la misma a la que Jonathan Swift reduce a los liliputienses en Los viajes de Gulliver. El artesano de Edimburgo (Escocia) trabaja en un apacible cuarto, sobre un escritorio dispuesto frente a un ventanal dividido en tres, con la vista de los tejados de pizarra y las chimeneas de las casitas de cualquier barrio británico.

En absoluto se trata de manufacturar juguetes: Edwards crea réplicas de la realidad, no versiones infantiles. En un carrete se distingue cada vuelta que da el hilo a su alrededor, las cerdas de un cepillo de dientes parecen incluso algo gastadas por su diminuto dueño, los sobres de las cartas —con su textura de papel ligeramente arrugado— podrían estar en el buzón de cualquiera. Edwards se vuelca en los aspectos más insignificantes, los que marcan la diferencia. Si un reflejo es demasiado brillante, parece un juguete: “tiene que tener lustre, no brillo”, especifica en una entrevista.

Miniaturas de David Edwards

Miniaturas de David Edwards

La eminencia de la miniatura tiene 75 años. Confiesa que hace poco ha comenzado a reducir sus jornadas de trabajo “a siete y ocho horas” y justifica así que el avance de su lista de encargos se haya ralentizado un poco. Es tal la demanda que ha dejado de aceptarlos porque tiene el cupo cubierto para los próximos años y es consciente de que el tiempo ya no es infinito.

Lo sorprendente del artesano, además de su dedicación extrema a un arte casi invisible, es su pasado previo. De 1958 a 1983 fue cellista en la Filarmónica Real y en la Orquesta Nacional de Escocia, un músico profesional consagrado a su instrumento. Su interés por las casas de muñecas comenzó cuando fabricaba una para sus dos hijas pequeñas, los muebles que había en el mercado no eran de su gusto y comenzó a hacerlos él mismo. Cuantos más complementos se le ocurrían, más le atraía el mundo preciso de lo pequeño, que lo terminó atrapando a tiempo completo.

El taller de David Edwards en Edimburgo

El taller de David Edwards en Edimburgo

Entre los alrededor de 150 objetos de su catálogo hay artículos rebuscados: una cuchara para el huevo pasado por agua, un afilador de cuchillas de afeitar, un zurcidor, siluetas de perfiles del siglo XIX enmarcados… Desde el comienzo de su carrera a tiempo completo (en 1983) selecciona los detalles más buscados por los coleccionistas y se convierte en el miniaturista dominante de ese objeto. Su franja temporal es casi siempre la era victoriana, aunque también reproduce utensilios atemporales que habitan los hogares de todas las épocas.

El material es otro de los secretos del poder de las piezas. Reutiliza la materia prima de objetos antiguos. Por pequeños que sean, la cantidad que emplea en cada obra es mínima y puede aprovecharlos durante años. Trata el oro, la plata y hasta el prohibido marfil, convierte el reciclaje en excavación arqueológica. Entre sus tesoros, está el bloque de madera de alrededor de 400 años que usa para reproducir sus afamados violines, instrumentos que podrían sonar si los tocaran los dedos adecuados.

Cuando muestra su impoluto trabajo en público adjunta potentes lupas de aumento para que nada pase desapercibido. Mañana 24 de noviembre será uno de esos días: Edwards expondrá sus creaciones en el Kensington Dollhouse Festival (Festival de casas de muñecas de Kensigton), en Londres, el prestigioso evento anual al que acuden coleccionistas de miniaturas de todo el mundo para ver y adquirir las creaciones de más de 175 artesanos. No es frecuente que Edwards acuda a ningún evento y este es de los pocos a los que sigue siendo fiel. Aprovechen si están cerca.

Helena Celdrán

Escarabajos mecánicos

"Human Infestation" - Scott Bain

"Human Infestation" - Scott Bain

Antes de escribir esta primera entrega de la sección Artefactos -que se publicará todos los viernes- he meditado sobre la palabra en cuestión. En el diccionario de la Real Academia figura en primer lugar su orígen (del lat. arte factus, hecho con arte) y luego una serie de acepciones:

  • Máquina, aparato.
  • En los experimentos biológicos, formación producida exclusivamente por los reactivos empleados y perturbadora de la recta interpretación de los resultados obtenidos.
  • Obra mecánica hecha según arte.

Sonreí. Las tres ideas se corresponden de una u otra manera con los insectos que he traído hoy.

Los bichos provocan: de cerca parecen criaturas extraterrestres, los echamos de nuestra comida, nos visitan hasta en la bañera, producen miedo, fascinación, asco y otras sensaciones extremas.

El australiano Scott Bain, diseñador y artista, sabe que jugar con insectos no deja indiferente a nadie.

Micromachina es un proyecto que no se limita a epatar al espectador, sino que rebusca en la conciencia humana. En el ideario de Bain, ideas tan sencillas como crudas:

Los insectos son mi comentario social sobre el control de los humanos sobre el planeta, el uso y abuso de la naturaleza, el desdén por lo que heredarán las futuras generaciones, las modificaciones genéticas y el modo que tenemos de cambiar la naturaleza para sacarle provecho…

"Pre-Emptive Swarm" - Scott Bain

"Pre-Emptive Swarm" - Scott Bain

¿El resultado? Escarabajos-maquinaria, listos para despegar, con asientos de autobús, manipulados por hombrecillos que hurgan en sus entrañas realizando el hipotético mantenimiento de un insecto

Aunque causa cierta desolación ver insectos llenos de engranajes, no puedo evitar quedarme mirando su delicadeza de relojes de bolsillo. Las patas peludas, el brillo del caparazón o la perfección de las alas recuerdan la autenticidad de la materia prima: un humano nunca podría ni acercarse a la estética natural del mecanismo del invertebrado.

Lo que más de uno querrá saber antes de poner el grito en el cielo en el hilo de comentarios-patíbulo: el modo de trabajo de Bain no implica sufrimiento animal. Los insectos ya han muerto y yacen entre las briznas de hierba o la tierra de un campo.

Exploro la forma de cada uno para crear el tema. Los disecciono, los limpio, los desmantelo y los reconstruyo. Mis herramientas son unas pinzas y mi pulso firme.

Helena Celdrán