Entradas etiquetadas como ‘Mark Twain’

“Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”

Mark Twain (foto: A.F. Bradley, 1907)

Mark Twain (foto: A.F. Bradley, 1907)

Algunas personas merecen el paraíso por poca cosa. Tres frases, por ejemplo:

1. “Cada vez que se encuentre usted del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”.

2. “El hombre es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir“.

3. “Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”.

El hombre con ojos de fuego de la foto de la izquierda hizo bastante más que enunciar frases que ganan de calle a todo el cuerpo doctrinal de la lógica kantiana. Escribió novelas -entre ellas el más hermoso canto a la libertad sin convenciones, Las aventuras de Huckleberry Finn (1884)-; fue crítico social sagaz y librepensador; ejerció el periodismo con modales precursores y deshinibidos; apoyó la formación de sindicatos, el voto universal y el desarrollo pleno de los derechos civiles; criticó la política exterior de su país, los EE UU, y los ademanes imperiales de sus gobernantes; fue el más radical de los escritores de su tiempo y también el mejor de los humoristas.

Hablamos de Samuel Langhorne Clemens, conocido por el mundo por uno de sus seudónimos, Mark Twain. Con humilde respeto le dedicamos hoy nuestro Cotilleando a…

Casa natal

Casa natal

1. Nació, sietemesino, el 30 de noviembre de 1835, dos semanas después de que el cometa Halley se acercase a la Tierra. “El pueblo [natal, Florida-Missouri] tenía cien habitantes. Aumenté la población un uno por ciento. Ni Shakespeare llegó a tanto“, comentó años más tarde. La casucha en la que vino al mundo tuvo que ser cambiada de lugar porque el emplazamiento original fue inundado por un lago artificial.

 2. Fue el sexto de siete hijos. Cuatro murieron antes de superar la infancia. Cuando Twain tenía once años, su padre, transportista fluvial y juez de paz, falleció de una neumonía. El niño tuvo que buscar empleo como aprendiz de imprenta. En 1851 escribió sus primeros artículos, piezas humorísticas que publicaba en el Hannibal Journal, un diario editado por uno de sus hermanos.

Samuel Clemens, en torno a 1851-1852

Samuel Clemens, en torno a 1851-1852

3. A los 18 años viajó a Nueva York, Philadelphia, San Luis y Cincinati. Trabajaba en imprentas por la mañana y pasaba las tardes en las bibliotecas públicas, devorando libros. Nunca recibió otro tipo de formación. “Nunca he permitido que la escuela entorpeciese mi educación”, dijo.

4. En 1859, tras estudiar dos años y aprobar un riguroso examen, le concedieron la licencia de piloto de barco de vapor. Había quedado prendado del oficio tras viajar a Nueva Orleans en una de las majestuosas embarcaciones que surcaban el Misisipi. El piloto tenía más consideración y recibía mayor salario que el capitán. Debía conocer al dedillo el curso del río y sus secretos. Twain tuvo que memorizar 2.000 kilómetros de curso fluvial. Trabajó en veinte barcos.

5. La muerte de su hermano menor Henry en la explosión de un barco en 1958 1858 le hizo sentirse culpable. Twain le había convencido para que se enrolase. Intentó mantener contacto post mortem con el espíritu de Henry mediante la práctica de la parapsicología.

6. Cuando la Guerra Civil interrumpió el servicio de los barcos de vapor se trasladó a Carson City (Nevada). Fue buscador de oro y plata.

El vapor 'City of Memphis', que pilotó Twain en 1860

El vapor 'City of Memphis', que pilotó Twain en 1860

7. En el diario Territorial Enterprise, en 1863, utilizó por primera vez su nombre de guerra: Mark Twain.

8. Se estableció en San Francisco en 1864. Primer éxito literario, con La célebre rana saltarina del condado de Calaveras (1865). Escribió el libro recluido en una cabaña en el bosque.

9. Se embarcó como reportero en uno de los primeros viajes organizados de la historia, un recorrido en barco para estadounidenses con posibles por el Mediterráneo (con parada en Andalucía) y Tierra Santa. Las crónicas se editaron posteriormente en el libro Los inocentes en el extranjero (1872). Ponían a caldo a sus compatriotas, los europeos, el Renacimiento, los guías turísticos, la cultura empaquetada, los viajes entendidos como picnic y la moral conservadora.

La primera vez que Mark Twain vió a Livy Langdon fue en esta foto

La primera vez que Mark Twain vió a Livy Langdon fue en esta foto

10. Intimó con uno de los viajeros, Charles Langdon, de una familia ilustrada y socialista de Nueva York. Cuando Charles le mostró una foto de su hermana Olivia, Livy, Twain se enamoró a primera vista. El matrimonio se celebró en 1870 y se adoraron durante los 34 años que vivieron juntos, hasta la muerte de Livy, en 1904. “Para Adán, el paraíso era donde estaba Eva”, escribió.

11. Una de las casas familiares, en Hartford (Connecticut) fue salvada de la demolición en 1972 por una subscripción entre los admiradores de Twain. Ahora es un museo dedicado al escritor.

12. La pareja tuvo tres hijas. Dos murieron prematuramente: Susy, la primogénita, a los 24 años, de meningitis y Jean, la menor, a los 29, ahogada en una bañera tras sufrir un ataque epiléptico. Mark Twain acumuló la culpa de las dos tragedias a la que ya cargaba por la muerte de su hermano. Sufrió severas depresiones. La única hija que sobrevivió a sus padres fue la mediana, Clara (1874-1962).

En el laboratorio de Tesla, 1894

En el laboratorio de Tesla, 1894

13. El escritor estaba fascinado con los avances científicos. Fue muy amigo del inventor-visionario Nikola Tesla, en cuyo laboratorio pasaba horas.

14. Twain patentó tres inventos: un sustituto de los ligueros masculinos para los calcetines (1871), los álbumes con superficies autoadhesivas para pegar recortes (1873) y un juego educativo sobre sucesos históricos (1875).

15. Hay algunos minutos de metraje cinematográfico mudo de Mark Twain. Los grabó en 1909 Thomas Edison.

16. Aunque ganó mucho dinero con sus libros, sus finanzas personales fueron un desastre. Invirtió en una máquina de composición tipográfica que quedó obsoleta con la invención de la linotipia y se embarcó en una editorial que quebró. Para pagar a sus acreedores y salvar a su familia de la ruina se embarcó en una gira de conferencias por todo el mundo en 1894.

En la mecedora, con uno de los veinte gatos a los que cuidaba

En la mecedora, con uno de los veinte gatos a los que cuidaba

17. En 1909 dijo: “Nací con el cometa Halley en 1835. Regresa el año que viene y espero irme con él. No lograrlo será el mayor sinsabor de mi vida. El Señor Todopoderosa ha dicho, sin duda: ‘Aquí están esta pareja de locos. Llegaron juntos y deben irse juntos”.

18. Acertó en la predicción. Twain murió en Redding (Connecticut) de un ataque al corazón el 21 de abril de 1910, un día después de la máxima aproximación a la Tierra del Halley.

19. Quien no haya leído Las aventuras de Huckleberry Finn no merece estar en el cielo.

20. Un combo de verdades-Twain para terminar: “Hay tres clases de mentiras: La mentira, la maldita mentira y las estadísticas”. “Honestidad: la mejor de todas las artes perdidas”. “La diferencia entre la palabra adecuada y la casi correcta, es la misma que entre el rayo y la luciérnaga”. “La única manera de conservar la salud es comer lo que no quieres, beber lo que no te gusta, y hacer lo que preferirías no hacer”. “Si dices la verdad, no tendrás que acordarte de nada”. “Suelen hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado”. “Y así va el mundo. Hay veces en que deseo sinceramente que Noé y su comitiva hubiesen perdido el barco”.

Ánxel Grove

La grieta sin fondo de las fotos anónimas

Una de las fotos de "The Face in the Lens"

Una de las fotos de "The Face in the Lens"

No es una foto de un prima donna cualquiera del reportaje cándido. Nunca ha sido vendida por comisionistas de agencia o galeristas a mano armada.

No tiene firma. No consta autoría.

Sin embargo, la prefiero a cualquier fotografía becada por PHotoespaña con el beneplácito (y los euros) de sus muchos patrocinadores (instituciones públicas de dudoso pelaje, nichos bancarios practicantes de la usura, empresas cerveceras, fabricantes de automóviles y otros especímenes del status quo que nos ha condenado al abismo).

De este retrato candoroso -tristeza, abandono, esperanza, gesto- sólo sabemos tres cosas:

1. Mide 9,9 por 6,7 centímetros.

2. Fue realizado en 1960 en algún lugar de España.

3. Deja en evidencia la cultura del ego, la prepotencia y la banalidad que campa a sus anchas en buena parte de la fotografía contemporánea.

Es una foto anónima, una foto encontrada. Por ende, abandonada por su autor o propietario.

Añade a sus valores, a esa condensación emotiva que me hace verla y erizarme, la condición de resto, de trapo, de historia abierta, de interrogante…

Europa, 1940

Europa, 1940

Hoy quiero hablarles en Xpo -la sección de este blog dedicada a fotografía- de un libro. Se titula The Face in the Lens. Anonymous Photographs. Lo acaba de reeditar la editorial de la Universidad de California.

No se les ocurra comprarlo en una librería. En España los libros de fotografía son más caros que la heroína y hay una regla de oro que cualquier yonqui debe cumplir a rajatabla: si la droga es la misma, cómprala al camello que te haga mejor precio. En la sede inglesa de Amazon se puede conseguir, nuevo, por 18 euros más gastos de envío. Si no le importa que otras manos lo hayan tocado antes, por 14 euros.

El autor de la antología, Robert Flynn Johnson, está enamorado de las fotos anónimas, huérfanas en su “espléndido aislamiento”.

No pueden ser evaluadas, dice Johnson en un texto introductorio, con los condicionantes que impone la autoría, que casi siempre es un hándicap: si sabemos que una foto es de tal o cual gurú, santón o autor aplaudido, la mirada no es la misma, está coartada de antemano, en el mejor de los casos, por la inconsciente propensión a dejarnos llevar, y dirigida, en el peor, por las aviesas campañas de propaganda que intentan decirnos qué y cómo mirar.

"Mujer joven con elefantiasis" (EE UU, 1878)

"Mujer joven con elefantiasis" (EE UU, 1878)

Alejadas de la visión nostálgico-historicista, esa especie de exclamativo qué bonitos eran los viejos tiempos, las fotos de The Face in the Lens, impiden la apatía.

No estamos ante las imágenes que debemos ver porque lo diga un artefacto mediático sobre el uso del tiempo libre (el poco que nos permiten los explotadores).

Lo que tenemos ante los ojos es espacio abierto, en blanco. Nos toca esforzarnos.

“No puedes depender de tus ojos si tienes la imaginación desenfocada”, dijo Mark Twain.

La experiencia de ver fotos anónimas de las que sólo, como mucho, conocemos la parcialidad de dos o tres detalles (una nota en el reverso, un sello con una fecha…), tiene que ver con la relación entre mirada e imaginación.

EE UU, 1910

EE UU, 1910

Ante la joven mujer-elefante un click pasa de off a on, activamos  articulaciones sutiles que con frecuencia mantenemos en estado de esclerosis y volvemos a ver, queremos entrar, romper el silencio.

¿Y el bebé muerto. Perfecto y cándido, pero muerto?

Sabemos todo lo que dicen los foto historiadores y archiveros (la tradición, el exvoto mortuorio, el deseo de retención…), pero la vulnerabilidad se acrecienta por la enorme grieta del anonimato.

Por utilizar un lugar común, creo que todos sabemos que en ese agujero caeremos, que, como el cadáver del bebé, la joven-elefante, los niños-fumadores, la muchacha española triste, nadie se acordará de nosotros cuando estemos muertos.

Asómense al precipicio.

Ánxel Grove