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El disco de Stevie Nicks y Lindsey Buckingham, 40 años olvidado

"Buckingham Nicks", 1973

“Buckingham Nicks”, 1973

Quizá se trate de uno de los pecados capitales de la industria discográfica: el disco Buckingham Nicks, de cuya publicación se acaban de cumplir 40 años —salió a la venta en septiembre de 1973—, nunca ha sido editado en formato digital. Quien desee una copia física debe agenciarse, si lo encuentra, un vinilo de segunda mano o pagar nada menos que 66 euros por un CD pirata prensado a partir del elepé original.

Nadie puede explicar el contrasentido. Se trata del primer disco de dos músicos, Stevie Nicks y Lindsey Buckingham, que menos de dos años después serían megaestrellas a bordo de una de las grandes máquinas de hacer dinero del pop-rock, Fleetwood Mac, embarcados este año, por cierto, en una esperadísima gira mundial que suspendieron a finales de octubre por el anuncio de que uno de los fundadores de la banda, John McVie, sufre cáncer.

Cuando Nicks, que tenía 25 años, y Buckingham, que tenía uno menos, grabaron las diez canciones del álbum, vivían con lo puesto y el desnudo de la pareja en la foto de la carpeta es una alegoría de la miseria que padecían. Él superaba una perniciosa mononucleosis y ella trabajaba como camarera y empleada doméstica. Habían decidido buscar fortuna en Los Ángeles pero las cosas no funcionaban: no tenían amigos ni contactos y vivían en un cuartucho de un almacén de café que les cedía el padre de él. El tiempo libre lo ocupaban grabando en un magnetfón de cuatro pistas las canciones que componían.

Fritz, 1967

Fritz, 1967

Se conocían desde que eran adolescentes —la historia cuenta que el encuentro se cimentó en una fiesta, cantando a dúo California Dreamin‘— y habían montado un quinteto, Fritz, que actuó en el área de San Francisco abriendo conciertos para Janis Joplin y Jimi Hendrix. Lo único que sacaron en claro de aquello fue tomar buena nota de la vestimenta polícroma de ambos, basada en encajes, raso, chalecos y pañoletas, que Nicks llevaría al extremo en su futura encarnación de bruja hippie.

El golpe de suerte que los salvó del arroyo fue casual: una de las casas que ella limpiaba en Los Ángeles era la del productor Keith Olsen, a quien le gustaron las canciones del dúo y logró convencer a la empresa Polydor de editarlas en disco, pero la promoción fue nula y casi nadie se enteró de la existencia álbum. Mejor oído demostró Mick Fleetwood, que a finales de 1974 invitó a Buckingham a entrar como guitarrista en Fleetwood Mac tras escuchar la tremenda balada Frozen Love. La respuesta fue: “No sin mi novia”.

Lo que vino después es un camino dorado —el grupo se convirtió en la pieza más sólida del rock teatral y épico estadounidense de finales de los setenta, anque yo sigo prefiriendo la etapa británica de la banda, cuando el director de orquesta era el astral Peter Green— y blanqueado por el inmoderado consumo de cocaína de sus integrantes. Hub0 rupturas, reuniones, nuevas rupturas y nuevas reuniones en un proceso cíclico de celos, egolatría y reproches que sólo se ha apaciaguado en los últimos años.

La reedición oficial en CD de Buckingham Nicks ha sido reclamada con insistencia por los muchos seguidores de Fleetwood Mac. Las canciones pueden ser escuchadas en streaming en varias plataformas de Internet [este YouTube ofrece el disco completo], pero que no haya sido republicado oficialmente un disco histórico es un olvido inaceptable.

Ánxel Grove