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Un proyecto artístico demuestra el potencial de zanahorias, rábanos, remolachas…

'Final Bloom' - Eugene Soler

‘Final Bloom’ – Eugene Soler

La capacidad de crecimiento de algunas verduras no termina en el momento en que desechamos las hojas inservibles para consumirlas. El arquitecto y diseñador australiano Eugene Soler ilustra en un experimento entre artístico, poético y científico cómo la vida se abre paso en los restos de zanahorias, rábanos, nabos, remolachas y otras verduras de raíz.

La instalación artística Final Bloom (Florecimiento final) se presentó este mes en el Instituto Británico de Diseño de Interiores (BIID), en Londres, como interpretación visual de un ciclo de conferencias sobre cómo la unión de arte y ciencia influye cada vez más en las soluciones creativas de los diseñadores de interiores.

Inspirado en las ilustraciones científicas del pasado y en los bocetos de carácter divulgativo, fruto del deseo de los artistas por saber y descubrir, Soler llama con el proyecto al “sentido de la curiosidad y del asombro producido por el mundo natural”.

Consiguió las sobras de restaurantes locales, de la cocina de un servicio de cátering y de casas particulares de amigos. También pidió la colaboración de los visitantes, que podían llevar los restos de hortalizas de casa para aportarlas a la iniciativa.

Bocetos para 'Final Bloom'

Bocetos para ‘Final Bloom’

En construcciones con varias bandejas que se rellenaban de agua con un sencillo sistema, se podía comprobar cómo seguían creciendo y saliéndo nuevas hojas que alcanzaban un tamaño considerable empujadas por el ansia por sobrevivir. “Hay algo poético en estos brotes, después de cortarlos siguen creciendo, incluso cuando ya se han convertido en desechos. Quería crear un hábitat para ellos, una incubadora para que florecieran una vez más“, cuenta el autor en unas declaraciones a una publicación online especializada en diseño y arquitectura.

Final Bloom provoca además la reflexión sobre nuestra idea equívoca de lo que consideramos desechable. Las hojas de la zanahoria son comestibles, ricas en nutrientes y se pueden agregar a ensaladas y sopas. Las hojas de nabo tienen más beneficios para la salud que la raíz que consumimos, las de la remolacha pueden cocinarse como si fueran espinacas. Soler quiere con el proyecto “que seamos más conscientes de nuestra tendencia a tirar cosas que tienen más potencial y belleza en ellos” de lo que nosotros pensamos.

Helena Celdrán

El pintor al que echaban del supermercado

'Everyday Vegas' - Brendan O'Connell

‘Everyday Vegas’ – Brendan O’Connell

Brendan O’Connell afronta desde hace siete años la tarea de pintar pasillos y repisas de supermercados e hipermercados como si se tratara de un botánico o un zoólogo. El artista —que contradictoriamente vive en una zona rural del estado de Connecticut (EE UU)— interpreta el frío ambiente de caras aburridas y eternas alineaciones de productos como una oportunidad para encontrar gestos y una extensa gama de colores. Desde un punto de vista sociológico, le añade a su misión un componente documental: O’Connell contempla la posibilidad de que, en unas cuantas décadas, ya no existan los supermercados y remite al ejemplo de las tiendas de libros, en creciente desaparición.

Las obras añaden cierta poética a la vulgaridad del espacio. En las vistas generales, los cuadros presentan como garabatos y alegres manchas los anuncios chillones de las cajas y las bolsas. En los planos cerrados el pintor se permite el lujo de hacer identificables las marcas, los eslóganes, las mascotas y la tipografía. Las personas parecen elementos tan naturales de la escena como lo podrían ser los paseantes parisinos de un cuadro impresionista o los héroes mitológicos de un cuadro neoclásico.

'Cheerios' - Brendan O'Connell

‘Cheerios’ – Brendan O’Connell

Lo han echado del hipermercado en muchas ocasiones aludiendo a la “política de empresa” tras verlo fotografiar instalaciones, estanterías, envases y compradores. Tal vez tenga que ver que de todas las cadenas estadounidenses eligió Walmart, una empresa conocida internacionalmente por la tiranía con la que trata a sus trabajadores, lo que explica el nerviosismo de la compañía por atajar cualquier intento de documentar el interior de sus tiendas.

El autor, sin embargo, no busca polémicas, tan sólo documentar la vida en ese ambiente artificial, donde parecen no pasar las horas, siempre hay la misma luz pero se exhibe una sobrecarga de información y de color en cada estantería. La veteranía le ha dado ventaja a O’Connell: en estos años ha declarado su dificultad para fotografiar dentro del supermercado en varias entrevistas y Walmart ha terminado por ponerse en contacto con él para poner fin al veto con la única condición de que el artista  avise con antelación. “Incluso me han dejado subir en la carretilla elevadora para hacer planos panorámicos”, dice satisfecho en su página web.

Helena Celdrán

Brendan O'Connell - Blond with yams

Brendan O'Connell - Tide

Brendan O'Connell - Checkout

Brendan O'Connell - widebras

Brendan O'Connell - wonderbread

 

Los caprichos nostálgicos y golosos de Wayne Thiebaud

'Cakes' (1963) - Wayne Thiebaud

‘Cakes’ (1963) – Wayne Thiebaud

Las pinceladas pastosas del óleo simulan a la perfección la crema de chocolate y la textura compacta de las bolas de helado. Wayne Thiebaud (1920) sabe que su arte corre el riesgo de provocar una banal sensación de placer: “Es un peligro inherente, supongo. Pero me encanta que la gente sea capaz de sonreir frente a la obra”. Más allá de la visión golosa, considera que sus pinturas transmiten la felicidad y la tranquilidad de su propia vida: Thiebaud se considera afortunado de que todo haya sido siempre relativamente fácil para él y cada capa de crema es una celebración de la existencia.

Siempre sintió debilidad por representar objetos iguales alineados o agrupados, como en una producción en cadena. Etiquetado como uno de los pioneros del pop art, el autor (que había sido caricaturista, trabajó brevemente para Disney y diseñó publicidad) comenzó a finales de 1959 a representar la comida calórica y caprichosa sobre superficies lisas que representaban mostradores y vitrinas: “Escogí cosas como pasteles y tartas —basadas en formas simples como triángulos y círculos— y traté de orquestarlos”. El primero de esos intentos era una pintura que mostraba una línea de pasteles: “Cuando la pinté recuerdo que me senté y me reí, como en una especie de alivio tonto. ‘¡Me he vuelto majara!’. Lo único que me permitió hacer eso era haber sido caricaturista”.

'Three Machines' (1961) - Wayne Thiebaud

‘Three Machines’ (1961) – Wayne Thiebaud

La bollería, los pasteles, los conos de helado, los perritos calientes y otras delicias típicas de cualquier clásico diner estadounidense suelen presentarse en las obras del pintor como apetecibles bodegones masificados y desmesurados, opuestos a la armonía de la naturaleza muerta europea que tanto mimaron en sus cuadros los pintores de la escuela flamenca en el siglo XVII. La cuidadosa iluminación de los maestros europeos queda sustituida en la obra de Thiebaud por la luz blanca y cruda de California, el estado en el que se crió y en el que sigue viviendo.

Clasificar al autor como artista pop es algo inexacto. Aunque los motivos representan la cultura del consumo estadounidense que tanto glorificó Andy Warhol en sus serigrafías (la primera lata de sopa Campbell es de 1962) la intención no era provocar ni invadir el mundo del arte con la vulgar cotidianeidad de los objetos más mundanos. Thiebaud declara que los cuadros son un llamamiento personal a la nostalgia, a la felicidad de disfrutar de los placeres más simples.

Con 92 años, sigue pintando. Recientemente ha comenzado con una serie de paisajes en blanco y negro, algo abstractos, de escenarios naturales californianos, pero no tiene planes de abandonar su pasión por el dulce y de vez en cuando amplía su colección de tentaciones con series de bollos, porciones de tarta y carritos de postres.

Helena Celdrán

Wayne Thiebaud - Four Ice Cream Cones-1964

Wayne Thiebaud -  Pies pies pies - 1961

Wayne Thiebaud - Hot dogs

Wayne Thiebaud-Candy Counter-1969

Wayne Thiebaud-Tulip Sundaes - 2010

Wayne Thiebaud - Café Cart-2012

‘La estación de desayunos 3-en-1’ y otros aparatos infernales

'Pop-Up Hot Dog Toaster'

'Pop-Up Hot Dog Toaster'

Una sadwichera para hacer una especie de bolas de masa aceitosa llamadas Cake Pops, la tostadora para perritos calientes, la ponchera iluminada… Los aparatos de Nostalgia Electrics son tan innecesarios como atractivos, un insulto a la utilidad, aunque con una forma tan tentadora que aturde por unos segundos, antes de que nos demos cuenta de que el lugar que acapara el aparato no se corresponde con la importancia de su función.

La pequeña compañía estadounidense, una sociedad limitada que diseña, fabrica y comercializa sus productos, lleva a sus últimas consecuencias la perversión gastronómica de un país que tiende a asociar comida con diversión.

'3-in-1-Breakfast Station'

'3-in-1-Breakfast Station'

Los diseños están inspirados en décadas pasadas: hay una “anticuada” miniatura de carrito de algodón de azúcar basada en los que había a principios del siglo XX por la calle, una colección de palomiteros de un rojo brillante y esmaltado al estilo de los años cincuenta…

Es complicado decidir cuál de la larga lista de aparatos de Nostalgia Electrics es el más estrafalario, el más susceptible de terminar en el armario más alto de la cocina y el más indicado para rebasar la cantidad diaria recomendada de azúcares, grasas e hidratos de carbono, pero tras mucho pensar, he decidido guiarme por la inutilidad y he aquí una lista con mis tres favoritos:

'The Automatic Mini Donut Factory'

'The Automatic Mini Donut Factory'

1. The 3-in-1 Breakfast Station (La estación de desayunos 3-en-1). Tiene cafetera, horno-tostador y una pequeña plancha sobre la que sugieren cocinar salchichas y huevos. Me recuerda a la tele con el VHS y el DVD incorporado, al escáner/impresora/fax… Uno de esos cacharros inestables que al estropearse te dejan huérfano de varios aparatos. Los fabricantes lo disfrazan de útil para los estudiantes de colegios mayores.

2. The Automatic Mini Donut Factory (La fábrica automática de mini-rosquillas). Un cacharro digno de la teletienda: la mezcla se introduce en la abertura superior y sobre una especie de cinta transportadora cubierta de aceite aparecen los diminutos donuts, absolutamente empapados de materia grasa y con un aspecto medio crudo. El proceso se puede ver en un vídeo.

'Old Fashioned Cotton Candy Machine'

'Old Fashioned Cotton Candy Machine'

3. The Old Fashioned Snow Cone Cart (El anticuado carrito de granizados). Lo hay en versión pequeña, pero este modelo es el indicado para los que lo quieren todo en la vida. Pesa 22 kilos, mide más de metro y medio y en realidad sólo sirve para hacer hielo: el invento es todo un síntoma de la decadencia de occidente.

Sí, es cierto que también lo recomiendan para tiendas, pero esta señora  intenta venderlo a particulares en un programa de televisión  sin dejar lugar al silencio, supongo que para evitar que cualquier espectador pueda reflexionar sobre su compra. Me quedo con la frase que dice en el minuto 1:02 : “Éste va a ser el pináculo de tus instrumentos de entretenimiento”.

La empresa sabe que el aspecto es su mayor baza y anima en su página web a los inventores para que envíen nuevos proyectos. Contemplarlos es bonito, para todo lo demás mánchese un poco las manos en la cocina y consuma comida de verdad.

Helena Celdrán

Una galería de atrocidades culinarias

Pastel de carne atrapado entre costillas con adornos

Pastel de carne ''atrapado' entre costillas con adornos

“Aquí gatito, gatito… Hora de tu cena”, “Ese relleno no aguantará si tratas de comerlo con la mano (como se haría en un picnic). Claro que ese es el menor de los problemas en este caso”.

El paso del tiempo puede ser cruel incluso con algo aparentemente anodino como la presentación de un plato, aunque a veces el problema sea la receta entera y no exista justificación alguna para el experimento.

Sobre una cama de asépticas lechugas y unos gajos de tomate, en un plato alargado de porcelana blanca descansa un pan de molde que por fuera parece como cualquier otro. La terrorífica diferencia está en el interior: el bollo entero está relleno de una masa indefinida entre la que sólo se pueden identificar granos de maíz y algún guisante.

Cangrejo diabólico

Cangrejo diabólico

Los comentarios dedicados al malogrado pastel aparecen en Gee, That Food Looks Terrible! (¡Vaya! ¡Esa comida tiene un aspecto horrible!), un grupo de Flickr con 431 miembros que se dedica desde 2008 a recopilar las fotos de comida más espeluznantes del pasado.

La administradora y fundadora del grupo se hace llamar Charm and Poise (Encanto y elegancia). Es una ávida coleccionista de recortes de revistas de amas de casa, anuarios escolares, manuales de etiqueta y todo lo que pueda contener un vestigio kitsch del pasado, especialmente desde los años cincuenta a los setenta.

La única premisa para contribuir a este recetario del infierno es que las fotos sean antiguas. “Si hiciste algo horrible para cenar o descubriste algo terrible en tu plato en un restaurante, entonces tendrás que encontrar otro lugar para compartir esas imágenes”, aclara la administradora.

Los colores arrebatados y la vajilla trasnochada sirven de escenario a peligrosas gelatinas con tropezones y gambas que parecen pertenecer a las sobras de una fiesta, a un confuso bol de piña pasada con arroz blanco o a un peligroso pastel de carne rodeado de costillas y con un huevo incrustado. La colección es ideal para hacer dieta.

Helena Celdrán

Deliciosa comida caníbal

Self Indulgence - Noir Nouar

Self Indulgence - Noir Nouar

Exquisitez y repulsión. Parecen sensaciones opuestas, pero no son tan lejanas como cabría esperar.

Una tarta mofletuda se dispone a devorarse a sí misma. La porción que se dispone a engullir contiene su propio ojo. Junto a ella, un helado la mira contento y una diminuta camarera le ofrece un vaso de leche. La normalidad con que actuan todos en el absurdo escenario es la guinda del pastel.

La artista californiana Noir Nouar imagina patas de pollo doradas, coloridas tarrinas de helado, naranjas rebosantes de zumo, tostadas con mantequilla derretida. Luego convierte esa deliciosa comida en escenas demenciales protagonizadas por personajes de ojos saltones, coquetos y maliciosos.

El apetito se mezcla entonces con el miedo, la contradicción, el deseo sexual, el canibalismo, el amor, el sufrimiento, la seducción…

Noir Nouar se considera una amante de la animación, la comida y los objetos coleccionables, pero en su obra se adivina mucho más.

En esos retratos alegremente tétricos se entremezclan elementos propios de la publicidad más añeja, como los anuncios estadounidense de los años 50 y 60.

Fresh Ground Meat - Noir Nouar

Fresh Ground Meat - Noir Nouar

Ella misma acaba de iniciar un microblog de Tumblr dedicado a la recopilación de recortes antiguos de revistas con recetas y productos supuestamente atractivos. Allí se dan cita una colección de gelatinas espeluznantes de colores chillones y de rellenos salados que le sirven de inspiración en algunos de sus trabajos.

También se advierte un importante elemento de inspiración en otro elemento publicitario, esta vez internacional: las mascotas de tiendas y empresas alimentarias que se comen a sí mismas.

Causan furor por su sinsentido y hay gente que incluso las recopila en grupos en Flickr. ¿Quién no ha visto alguna vez marcas de empresas cárnicas que ilustran sus camiones con cerdos propios de dibujo animado, saboreando entusiasmados embutidos y chorizos de sus congéneres?

The Yellow Jello - Noir Nouar

The Yellow Jello - Noir Nouar

El aderezo ideal para esta mezcolanza de perversiones consumistas es la tradición popular japonesa del Kawaii (en japonés, bonito o encantador), que está de moda desde los años 70.

Se trata de crear mascotas, dotar a todo tipo de objetos de una cara adorable que inspire una ternura irresistible.  Los dulces son un objetivo fácil.

Estos cuadros absolutamente centrados en la comida, que tal vez reflejan la extraña relación de compulsividad y exceso que tenemos con la alimentación, son idóneos para reflexionar sobre las obsesiones.

Con esta combinación, las escenas de muerte y apetito de Noir Nouar juegan con el espectador a la broma macabra y al apetito, están entre la artificiosidad y la belleza de un acabado brillante como la grasa de un bollo industrial.

Helena Celdrán