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Rostros humanos engullidos por la pintura

Una de las fotos de 'Skin', de Rosanna Jones

‘Skin’ – Rosanna Jones

Los tonos pastel atrapan a la figura humana, la disuelven en una nebulosa de manchas. El rostro lucha por salir y las manos sólo empeoran la situación hundiendo el rostro en pintura. A veces la boca es la única superviviente de la cara original,  engullida por manchas de color carne.

La inglesa Rosanna Jones, de 18 años, hace un sencillo pero efectivo experimento en Skin (Piel), un proyecto pensado para una exposición de fin de curso en el que une la fotografía y la pintura.

El resultado parece más la intervención sobre un cuerpo que sobre una superficie plana y recuerda a ideas como la de Alexa Meade y Sheila Vand, que juegan en sus instantáneas a “comprimir espacios en 3D en plano en 2D” llenando una bañera de leche y pintura y utilizándola como fondo para hacer fotos en cenital de Vand con el cuerpo pintado.

Para su temprana colección de imágenes, Jones menciona haberse inspirado en una frase del escritor y noble francés François de La Rochefoucauld (1613-1680) extraida de una de sus obras más conocidas: Maximes (Máximas), un volumen de cientos de frases para la reflexión. “Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos”. Como complemento a la cita, Rosanna también se apoya en el trabajo del fotógrafo estadounidense Rik Garrett y a la serie Symbiosis (Simbiosis), una colección de imágenes de cuerpos desnudos que el autor ‘funde’ con pintura creando una masa.

Helena Celdrán

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Mark Wagner, el artista consagrado de los billetes de dólar

Uno de los 'collage' de Mark Wagner

Uno de los ‘collage’ de Mark Wagner

Algunos utilizan billetes de todo el mundo para componer collage, otros transforman a los personajes históricos del papel moneda en personajes pop… Los hay que —como es el caso de la campaña Stamp Stampede, sobre la que escribí recientemente en este blog— utilizan el dinero como vehículo para hacerse oír, imprimiendo mensajes sobre él, aprovechando que será visto por cientos de personas durante el tiempo que circule.

El billete se presenta como una materia prima atractiva para el arte: se reconoce al instante, está cargado de simbolismo, es tan seductor como obsceno; provoca una reflexión automática en quien lo contempla recortado, deformado o pintado.

Mark Wagner se ha convertido en un artista consagrado del arte hecho con dólares. Los complejos collage del autor estadounidense —nacido en 1976 en la región del Medio Oeste y residente en Nueva York— han despertado el interés de instituciones como el Metropolitan Museum y el MoMA de Nueva York o la Biblioteca del Congreso, que se han hecho con algunos de ellos para incluirlos en sus respectivos fondos.

Escoge para sus creaciones el billete de un dólar, que define como “el más omnipresente trozo de papel en los Estados Unidos”. Con un cuchillo de precisión desmiembra las filigranas, las letras, los números de serie, el retrato de George Washington, la pirámide masónica, el escudo con el águila. El revoltijo de elementos ornamentales parece limitado, pero el artista ha conseguido sacarles jugo para representar retratos, animales, criaturas fantásticas, escenas completas protagonizadas por uno o varios avatares de George Washington, mensajes caligrafiados, jardines, diluvios universales…

No sólo reproduce motivos, sino que imita la textura del tapiz, la pintura, el grabado, el mosaico e incluso la imagen digital. Wagner produce imágenes que combinan la belleza con la extrañeza y con los billetes logra resaltar “lo ajeno en lo familiar“.

En el cúmulo de sensaciones que provocan sus trabajos, también tiene en cuenta el cariño popular del que disfruta en los EE UU el billete de dólar, con menos valor que un euro (el cambio está a 0.75 €) y que sin embargo los estadounidenses se resisten a abandonar por una moneda. En 2007 hubo un intento (el último de una larga serie desde comienzos del siglo XX) de sustituir el papel por metal: una medida que suponía un ahorro de miles de millones de dólares a medio plazo. Pocos se rindieron a la moneda —semejante en tamaño a la de 1 euro, con diferentes presidentes en la cara y  la Estatua de la Libertad en la cruz— y dejó de acuñarse en 2011.

Helena Celdrán

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Uno de los 'collage' de Mark Wagner

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El mejor cartelista pop del siglo XX lo dejó todo por Picasso

El escritor Yukio Mishima, que no era nada dado a las complacencias, sobre todo si perturbaban la pureza integral japonesa que buscaba con afán, dijo sobre las obras perturbadas y explosivas de Tadanori Yokoo:  “Revelan todas las cosas insoportables que los japoneses tenemos dentro de nosotros mismos y nos convierten en gente enojada y asustada. Son explosiones que se parecen aterradoramente a la vulgaridad de las vallas publicitarias de espectáculos de variedades de las fiestas, a los santuarios dedicados a las víctimas de guerra y a los contenedores de color rojo de Coca Cola en el Pop Art de los EE UU… Es lo que hay en nosotros pero  no queremos ver”.

Yokoo (nacido en 1936) quizá sea el mejor cartelista pop del siglo XX. Su grandeza, condensada con precisión por su amigo Mishima (que aparece con frecuencia en los collages de Yokoo), tiene que ver con la pluralidad de la mirada, al mismo tiempo explosiva, psicodélica, intoxicada, mística y nostálgica… Ninguno de los más famosos y venerados autores de pósters y diseños gráficos de los últimos setenta años llega a tal altura: comparado con el japonés, Peter Max es santurrón ; Peter Blake, amanerado; Andy Warhol, estúpido; los cartelistas hippies de la Costa Oeste de los EE UU —Rick Griffin, Alton Kelley, Stanley Mouse y Victor Moscoso—, insulsos…

Quizá el único hermano de Yokoo sea el visionario alemán Matu Klarwein, muerto en 2002, tras pintar cuadros que en realidad eran mandalas, como el inolvidable Nativity que muestra a una mujer mulata y desnuda sobre un paisaje donde un hongo nuclear convive con elementos gráficos budistas.

Yokoo también llegó al conocimiento a través de la India, que visitó con frecuencia desde mediados de los años sesenta. Si antes sus fotomontajes nacían de la tradición japonesa del grabado, a partir del encuentro con el budismo el artista gráfico plagó su cartelería con múltiples avatares de Krishna, Kali, Buda, Lokapali, Yami y muchos de los otros vecinos del santoral budista. Los mezcló con la opción de ver el mundo a través de la reforzada claridad de la psicodelia.

Autor de decenas de cubiertas de discos —entre ellos bastantes de Santana y un par de Miles Davis— y carteles de conciertos de rock y pop, a Yokoo le sucedió algo trascendental en 1981. Tras visitar una retrospectiva de Picasso, decidió apartar de su obra todo aquello que fuese “arte comercial” y dedicarse a la búsqueda solitaria y sin referentes de la pintura. El iluminado se dejó iluminar.

Ánxel Grove

Mapas de esponjas y estropajos de cocina usados

'World All Washed Up' - Jeffrey Allen Price

Jeffrey Allen Price utiliza esponjas y estropajos de cocina, ennegrecidos por la grasa doméstica o agrietados por el uso, para elaborar mapas. El artista selecciona cada pieza en las droguerías, buscando “diferentes colores, patrones y texturas” que combinen entre sí. Después las utiliza hasta que exhiben su característico aspecto deteriorado.

El artista califica sus trabajos como un reflejo de los procesos naturales, de los ciclos vitales relacionados con el crecimiento y después la decadencia. “Busco lo personal en lo universal (…) mi proceso de trabajo es ritualista. Mis instalaciones suelen ser collages del tamaño de una habitación y con varios fragmentos, recopilaciones y acumulaciones a las que he dedicado más de 15 años“, dice el autor en su declaración de intenciones.

Aunque son sólo una parte de su corpus creativo, los mapas son uno de esos ambiciosos procesos de coleccionismo que aborda con energía. El de los EE UU tiene un significado especial: “durante años” el autor tuvo en mente la idea de crear una representación de su país natal como “consumido y sucio”. Las imágenes resultantes no son una mera demostración creativa del potencial de un material reciclado: Price construye una “metáfora” del modo en que exprimimos y escurrimos el planeta hasta que, agrietado y maloliente, ya no da más de sí.

Helena Celdrán

'Used Sponges Assemblage' - Jeffrey Allen Price

‘Used Sponges Assemblage’ – Jeffrey Allen Price

‘Siento haber escrito mal tu tatuaje. No soy lo que se dice un detallista’

'Siento haber escrito mal tu tatuaje. No soy lo que se dice un detallista'

‘Siento haber escrito mal tu tatuaje. No soy lo que se dice un detallista’

“Perdona por verter una botella de vodka en tu acuario. No sé qué me dio”. La frase, escrita sobre papel cuadriculado, tiene un tachón, diferentes tipos de letra y trozos de papel pegados. Junto a ella figura el retrato de un hombre trajeado —de mediana edad y con un amago de sonrisa en el rostro— que parece ser el autor de la hazaña.

Apology Drawings (Dibujos-disculpa), de David Fullarton, es una colección de sencillas ilustraciones hechas en hojas de cuaderno, viejos folios, trozos de cartón, sobres marrones y otras reliquias propias del contenedor azul de reciclaje.

Los retratos realistas de personajes imaginarios de todas las edades están acompañados por un breve texto  en el que se lee una pobre justificación, la excusa barata que casi es mejor no inventar: “Siento haberme reído cuando a tu gato lo atropelló un camión. Es que no soy de animales”. “Siento haberte traicionado. El poder y la riqueza me intoxicaron momentáneamente”.

Inició la colección de dibujos-disculpa hace un año. A veces, entre los personajes ficticios, se le escapan reminiscencias con algún político o conocido. Fullarton se ríe con sarcasmo de la conducta humana, de las torpezas cotidianas y los fallos garrafales.

El artista escocés residente en San Francisco (EE UU) encuentra la belleza “en las maneras en que la gente se las ingenia para encontrar alegría y significado en las minucias”. En sus cuadernos de apuntes anota frases, palabras que escucha en cualquier lugar, el texto de un cartel publicitario… Todo sirve para inventar una conducta errónea extravagante que requiera una justificación más absurda todavía.

Helena Celdrán

'Siento haberme fugado con el hombre que hacía de Buzz Lightyear en el espectáculo de 'Disney sobre hielo'. No pude resistir el atractivo de su fama'

‘Siento haberme fugado con el hombre que hacía de Buzz Lightyear en el espectáculo de ‘Disney sobre hielo’. No pude resistir el atractivo de su fama’

'Siento haberte traicionado. El poder y la riqueza me intoxicaron momentáneamente'

‘Siento haberte traicionado. El poder y la riqueza me intoxicaron momentáneamente’

'Siento haber vendido tu colección de sellos en Ebay. Necesitaba dinero para financiar mi lujoso estilo de vida'

‘Siento haber vendido tu colección de sellos en Ebay. Necesitaba dinero para financiar mi lujoso estilo de vida’

El jardinero italiano que elaboraba retratos de pájaros utilizando plumas

Un loro y un zarapito, una especie exótica y otra local ilustradas por Minaggio

Un loro y un zarapito ilustrados por Dionisio Minaggio

El gran cormorán, la garcilla cangrejera, la serreta chica… Los collages de aves tienen un afán naturalista, con detalles en el pico, las patas y el plumaje que distinguen a cada ejemplar con esmero científico.

Hay dos circunstancias que hacen del Libro de las Plumas una pieza excepcional: que la materia prima que se empleara para representar a cada ave fueran (casi en su totalidad) plumas y que fuera creado a principios del siglo XVII.

El autor no fue un célebre ornitólogo ni un famoso artista. Dionisio Minaggio trabajaba en el año 1618 como jardinero jefe del entonces Ducado de Milán. Eleanor MacLean (estudiosa de la singular obra) apunta a que el libro pudo ser un encargo de Don Pedro de Toledo Osorio, Marqués de Villafranca y gobernador de Milán. El noble había sido almirante y viajado en expediciones que lo llevaron a aficionarse a los pájaros exóticos, pero no hay nada que confirme la hipótesis.

Otros sugieren la posibilidad de que Minaggio fuera una mente inquieta que simplemente quería aprovechar las plumas de las aves que se preparaban en las cocinas y veía en la práctica artesanal un modo de mantener entretenido al personal de los jardines en las frías tardes de invierno.

Un charrán y un pájaro carpintero

Un charrán y un pájaro carpintero

Seguramente ayudado por sus asistentes, tardó años en completar el tomo de 157 collages. El compendio de retratos incluye especies propias de la región de Milán alternadas con otras exóticas (como loros) que pudieron ser regalos de los exploradores a miembros de la corte. Incluso hay un intento de retratar a un dodo (o a una especie cercana y también extinta) para el que Minaggio debió fijarse en dibujos y testimonios.

Todas las láminas del libro están elaboradas con plumas sin tratar ni teñir, con lo que se ha convertido también en un ejemplar de interés por la antigüedad de las muestras de tejidos animales que contienen los collages.

Minaggio también rompió los moldes en el modo de presentar a las aves al ser uno de los primeros en ilustrar aspectos del comportamiento del ave en lugar de simplemente mostrarla: ilustró a un pájaro carpintero cazando con la lengua a los insectos que habitan en el tronco de un árbol o a un charrán sobrevolando una ciudad, con una técnica torpe, pero en un momento en que nadie representaba un pájaro en pleno vuelo.

Portada del 'Libro de las plumas'

Portada del ‘Libro de las plumas’

El tomo está ahora en la biblioteca de la Universidad McGill de Montreal (Canadá), que lo exhibe digitalizado al completo, en alta resolución, para que cualquiera pueda disfrutar los detalles de cada página. Tras la colección de especies, el Libro de las plumas vuelve a sorprender con escenas detalladas de caza, mercaderes, músicos y figuras arquetípicas de la Comedia del Arte, también elaboradas con plumas y que descubren las destrezas narrativas y técnicas del misterioso jardinero.

La figura de Minaggio permanece en la oscuridad. Algunos estudiosos apuntan a que podría haber sido un arquitecto paisajista y no un jardinero. Tenía un buen conocimiento de las aves, pero tampoco era un experto. Por el poco texto de la obra, se sabe que había recibido educación, pero algunos errores en la ortografía (tanto en latín como en italiano) hacen suponer que su nivel tampoco era alto, aunque parecía querer poner remedio a eso.

Helena Celdrán

Delicados ‘collages’ con billetes de todo el mundo

Uno de los 'collage' de Rodrigo Torres

Uno de los ‘collage’ de Rodrigo Torres

El brasileño Rodrigo Torres (Río de Janeiro, 1981) aprovecha la frondosa vegetación que exhibe un billete de África Occidental para entrelazarlo con el marco de filigranas de cinco kip (la divisa de Laos) o compone un paisaje de edificios recortados de más de 15 ejemplares diferentes, con una yuxtaposición de arquitecturas europeas y de Oriente Medio.

El artista manipula los objetos que emplea para su arte con un procedimiento que remite a su fabricación. Para la colección de superposiciones de billetes utiliza un cuchillo de precisión, que le recuerda a la elaboración de los grabados con los que se crean los retratos de personajes notables, los paisajes y monumentos que adornan el dinero de cada país.

En el empeño por descubrir los secretos de un proceso y crear algo diferente uniendo varios diseños que tienen un código común, Torres utiliza billetes de procedencia difícil de identificar, de colores vivos y con advertencias sobre el delito de falsificarlos, con felinos, palmeras, guirnaldas, caras poco familiares de líderes solemnes, alegorías del pueblo… El artista incluso hace algun mezcla de dinero real con otro menos real y crea más que una combinación cómica, como en el caso del peso cubano mezclado con un dólar de Disney, una divisa válida sólo para Disneylandia y sus establecimientos asociados.

Helena Celdrán

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Arte con residuos plásticos, la mayor plaga de los océanos

Una pequeña colección de residuos encontrados por los Lang

Una pequeña composición de residuos encontrados por los Lang

Tapones de botellas de plástico, peines, soldaditos de los años cincuenta, rulos, cucharas, cepillos de dientes, aros polivalentesRichard y Judith Lang llevan desde 1999 recogiendo residuos plásticos de Kehoe Beach, una pequeña playa del norte de California (EE UU).

Empezaron atraídos por la cantidad de desperdicios repetidos que encontraban y por la cotidianeidad de los objetos que salían a su paso. Descubrieron una avalancha de material que superaba todas sus espectativas expectativas. “El plástico no se biodegrada, se fragmenta en piezas cada vez más pequeñas, en algunas áreas del océano los trozos superan 15 veces al fitoplancton y al zooplancton, cruciales para la vida en la Tierra tal y como la conocemos”, destacan los artistas en su página web.

Richard y Judith Lang

Richard y Judith Lang

En su estudio el matrimonio limpia y divide en categorías y colores las piezas con las que luego elabora esculturas, collage, instalaciones y joyas que resultan en un estallido de color obsceno, tan atractivo como triste, considerando que, según la organización ecologista Greenpeace, 100 millones de toneladas de plástico se producen cada año y el 10% acaba en el mar.

Los Lang han encontrado la creatividad en la tragedia. En estos años han encontrado botellas de champú escritas en japonés o en tagalo, tipos de plástico que se remontan a los años cuarenta y, por supuesto, siempre vuelven de sus incursiones cargados de nurdles: diminutas bolas blancas, también llamadas lágrimas de sirena, que se usan como material para crear otros plásticos y que constituyen una plaga para los océanos. Su parecido a los huevos de peces hace que los animales las ingieran, obstruyendo su aparato digestivo.

Collares realizados por Judith Lang

Collares realizados por Judith Lang

Entre las creaciones del matrimonio estadounidense hay muebles, cortinas de desperdicios que imitan el escenario desolador de los plásticos bajo el agua, collares de bolas de colores, mosaicos inmensos, coronas de muñecos… Se esmeran en resaltar la belleza del objeto más vulgar, del bote unidosis de suavizante de hotel o del aplicador de tampones. “Nuestra esperanza es que estas obras de arte sean tan valiosas que haya auténticas guerras por limpiar las playas”, bromea Judith Lang.

Muebles de residuos

Muebles de residuos

Las últimas noticias son dramáticas. A finales de abril de este año —hace unos días— el oceanógrafo Giora Proskurowski y su equipo de la Universidad de Washington comprobaron que en el océano hay 27 veces más plástico de lo que se creía.

En un crucero de investigación por el Pacífico pudieron observar que los pequeños trozos que flotan en la superficie desaparecían en las profundidades con ciertas corrientes de viento. Los investigadores han descubierto que los residuos pueden hallarse a una profundidad de 20 metros y no sólo en la superficie, lo que multiplica la cantidad de plástico que ahora mismo flota en los océanos. Ni todos los matrimonios de artistas del mundo pueden con ese dato.

Helena Celdrán

El mundo deformado a mano de Lola Dupré

A mano, con papel, tijeras y pegamento: no hay más ingredientes en la obra de Lola Dupré. Los trocitos minúsculos se arremolinan en sus figuras creando la sensación de estar viéndolas a través de un cristal roto o un espejo deformado.

Dupré hace su versión de la 'Venus desnuda' de Lucas Cranach

Dupré hace su versión de la 'Venus desnuda' de Lucas Cranach

Invierte de 20 a 30 horas en cada imagen y, entre encargos y proyectos personales, puede estar jugando con la cara de Nicolas Sarkozy o transformando una delicada Venus, pintada por Lucas Cranach el Viejo, en un monstruo de siete piernas y 14 ombligos.

En su búsqueda de ilustraciones y fotos, se tiene que ceñir a las que estén libres de derechos o las que le proporcione el cliente. Dupré hace varias impresiones de la misma imagen, a diferentes tamaños, para combinarlas y conseguir así la distorsión. La destreza que ha adquirido con el uso del pegamento la protege de los borrones y lamparones de un escape inesperado.

Su estudio acaba de cambiar de ubicación, pero no de espíritu. Ahora en Aviñón (Francia) y antes en Glasgow (Escocia) el suelo está cubierto por una perpetua capa de papeles, como si hubiera sido víctima de un violento vendaval. Ni las telas de araña quedan exentas de la invasión y exponen como si fueran moscas los recortes más pequeños.

El resultado final no es un mero collage. Dupré alcanza la unidad, las fronteras entre los diminutos polígonos de papel apenas es visible, hasta tal punto que parece normal que un gato tenga la cabeza del tamaño de una sandía, que la espía Mata Hari haya desarrollado un morro parecido al de un oso hormiguero o que Winston Churchill sea una masa de carne llena de ojos.

Helena Celdrán