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Los ‘desfranquiciados’ de la huerta que da de comer a los EE UU


Ver California State Route 99Sin título en un mapa ampliado

La carretera resaltada en el mapa —684 kilómetros desde Sacramento hasta Bakersfield— es una de esas autopistas que han gestado las pastorales estadounidenses del movimiento, el asfalto, la gasolina, los neumáticos y las válvulas. Pero la California State Route 99, más conocida como Highway 99, no tiene la mística profunda de la Highway 61, por donde el blues subió desde la humedad del delta del Misisipi hasta los adoquines de Chicago para mutar en el camino de rural y acústico a eléctrico y urbano; ni el glamour de la Highway 66, la carretera-madre que llevó a pioneros y bohemios de este a oeste del país y viceversa.

La 99, completada en 1933, es una carretera que huele a sudor y labradío, a manos callosas, pieles resecas e injustos jornales de pura subsistencia. La nómina de las poblaciones que sutura el pavimento al lienzo de ocres y verdes del territorio —Visalia, Fresno, Madera, Merced, Modesto, Chico, Yuba City…— no dibuja un pentagrama de blues, jazz o rock and roll, sino de un huapango o una ranchera de relajo de don Ramón Ayala, El Rey.

En California, un lugar que equivocadamente asociamos con platós de cine, surf, empresas del 2.0 y hippies, la carretera 99 es la calle mayor del estado, la arteria principal del lugar del que “come todo el mundo”, como decía con exactitud un informe de The New York Times. Atraviesa de norte a sur —cuatro carriles en cada sentido— el Central Valley, una planicie interior de 720 kilómetros de largo y 100 en el punto más ancho, la huerta de la que sale el 8% de la producción agrícola de los EE UU y tiene el 6% de los labradíos irrigados cuando en superficie no alcanza ni el uno por cien del área del país.

Cada año el Central Valley comercializa verduras, frutas y hortalizas por valor de unos 25.000 millones de dólares. Casi todas las cosechas de productos hortícolas no tropicales que comen los EE UU proceden del área, fuente primaria de tomates, uvas, algodón, melocotones y espárragos. En almendras las cuentas son todavía más notables: 6.000 productores y 272 millones de kilos al año de cosecha, el 70% del mundo. El mazapán español y las almendras tostadas de los platos típicos de la India o China son, al menos en gran parte, made in California.

Sería lícito imaginar el Central Valley como una tierra de promisión con extensión y producción agrícola suficientes para que los 6,8 millones de residentes vivan con dignidad y la igualdad social sea un ideal aplicable. Después de todo, los cuatro condados agrícolas más ricos de los EE UU —Fresno, Tulare, Kern y Merced— están en esta franja de terreno donde el sol brilla como media 300 días al año, los inviernos son lo suficientemente fríos pero no en extremo para que las cosechas emerjan con fuerza en primavera y el agua procede de la pureza inagotable de Sierra Nevada, el sistema montañoso del que bajan los acuíferos que dan de beber al valle.

Fue en esta zona donde, durante la Gran Depresión, los inmigrantes que llegaron sin un mendrugo de pan del medio oeste y el sur, comenzaron a instalarse en campamentos de refugiados y, poco a poco, a trabajar la tierra. Dorothea Lange hizo en 1936 en la zona, las fotos de la Madre Migrante  (“desposeídos, cosechadores en California. Madre de siete hijos. Treinta y dos años. Nipomo, California”, dice el pie de la imagen) que, aunque manipuladas en el cuarto oscuro y publicadas sin permiso de la mujer protagonista,  son presentadas como simbólicas de la pobreza y la injusticia.

La fotógrafa Katy Grannan (1969) ha querido revisar el paisaje que abraza a la autopista del Central Valley. Durante el trabajo de campo para el proyecto The 99 (La 99) —se expone hasta el 26 de abril en la galería Fraenkel de San Francisco— encontró una “danza macabra” de personas perdidas, solitarias, consumidas por la metanfetamina —la región es señalada por las agencias antidroga como base de gran número de laboratorios clandestinos donde se cocina—, bidonvilles en los cáuces resecos por el regadío intensivo o contaminados por los pesticidas, una creciente atmósfera de violencia y una tasa de desempleo que llega al 30% en algunas ciudades cuando la media de California es del 10.

Grannan decidió hacer los retratos bajo la luz de un blanco cegador de la zona, enfrentando los modelos a paredes desvestidas de símbolos diferenciales, como si se tratase de seres perdidos en un mundo de hielo candente. Ya había perfeccionado el estilo en su trabajo previo, Boulevard, una serie [incluyo tras la entrada una galería] sobre encuentros casuales con seres descolocados en las calles de los barrios más prósperos de Los Ángeles y San Francisco.

Las fotos, que, según dice Grannan, están inspiradas en las de Lange, son el reverso amargo de la huerta de los EE UU, repleta de almendras pero poblada por seres humanos desfranquiciados. No hay traducción para el exacto y expresivo adjetivo inglés disenfranchised. Marginado o desfavorecido podrían acercarse en sentido, pero ninguno incluye el matiz primordial: materia sobrante del mejor de los mundos posibles, escoria humana con fecha de caducidad, personas expulsadas del paraíso.

Ánxel Grove

“Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”

Groucho, Chico y Harpo en 'Un día en las carreras' (1937)

Groucho, Chico y Harpo en 'Un día en las carreras' (1937)

“Actúan como gente normal y se comportan como nosotros deberíamos si las regulaciones sociales no lo impidieran”, dijo de los Hermanos Marx un crítico francés tras ver Plumas de caballo (Norman Z. McLeod, 1932).

Creaban situaciones de delicioso caos que rezumaban espontaineidad aunque el diálogo estuviera escrito. No existirá nunca un camarote como el de Groucho, Chico y Harpo: el núcleo de un grupo de comediantes que fueron en la década de los años treinta los niños mimados de Hollywood.

Groucho era el líder, estrafalario y emblemático, atractivo y absurdo, de la troupe familiar. Niño inseguro, hombre desconfiado, cruel con las mujeres, insomne, ingenioso hasta el punto de no saber cuándo dejar de ser su propio personaje…

Hoy dedicamos un Cotilleando a… al hombre que se fusionó con un bigote maquillado, unas cejotas, unas gafas y un puro, al humorista, actor, escritor y generador de frases que no dejaban títere con cabeza: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos en cualquier parte, diagnosticarlos incorrectamente y aplicar los remedios equivocados”.

El camarote de los Hermanos Marx

El camarote de los Hermanos Marx (Una noche en la ópera, 1935)

1. “Debo confesar que nací a una edad muy temprana”. De padres alemanes de origen judío, Julius Henry Marx nació el 2 de octubre de 1890 en Nueva York tras Leonard (Chico) y Adolph (Harpo). Después nacieron Milton (Gummo) y Herbert (Zeppo). Los dos últimos se dedicaron al espectáculo durante poco tiempo. Los hermanos mayores y los menores hacían piña. Julius, más feo y menos gracioso que ellos, pasaba desapercibido y sentía que sobraba. Envidiaba tanto la amistad de sus hermanos que su madre Minnie lo llamaba der Eifersüchtige (en alemán, el celoso).

2. “A mi madre le encantaban los niños. Hubiera dado lo que fuera por que yo hubiera sido uno”. Los hermanos Marx comenzaron a actuar por los vodeviles de Nueva York animados por su madre, Minnie Schoenberg, que llevaba la voz cantante en casa y quería que sus hijos se dedicaran al espectáculo. Minnie tenía un hermano (Al Shean) que era actor de vodevil y ella misma fue la mánager de los Hermanos Marx en sus comienzos. Tras el éxito de estas representaciones, pasaron a actuar en Broadway. Después llegaron las películas con la Paramount y la Metro Goldwin Mayer: Pistoleros de agua dulce (Norman Z. McLeod, 1931), Plumas de caballo, Sopa de ganso (Leo McCarey, 1933), Una noche en la ópera (Sam Wood, 1935), Un día en las carreras (Sam Wood, 1937)…

Groucho con Marilyn Monroe en 'Love Happy' (1949)

Groucho con Marilyn Monroe en 'Love Happy' (1949)

3. “Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros”. Cuanto más avanzaba su carrera, más le costaba a Julius separar el personaje del hombre. Por una parte quería ser familiar y responsable, afrontar el espectáculo como un negocio y un trabajo igual que cualquier otro. Pero su falta de confianza en otras personas que no fueran sus hermanos le dificultaba relacionarse con el mundo si no era con el chiste constante de Groucho.

4. “A mí me casó un juez. Debí pedir que también hubiera un jurado”. Contrajo matrimonio tres veces, siempre con mujeres hermosas y más jóvenes que él. Su primera esposa fue Ruth Johnson, actriz y bailarina que salía con Zeppo (el menor de los Marx) cuando Groucho se fijó en ella. Ruth se había criado fuera de Nueva York, era poco sofisticada y fácil de complacer. La poca confianza en sí mismo hizo que aquella chica rubia fuera ideal. Él la dominó y la intimidó en los 22 años que duró el matrimonio, en un ansia de demostrar que él siempre estaría por encima de una mujer. Esta reveladora  película doméstica  muestra al cómico con su mujer y sus dos hijos, comportándose a ratos como Julius y a ratos como Groucho y racionando el dinero a Ruth, quien tenía que consultar a su marido hasta el último gasto, por pequeño que fuera.

Groucho en 'Los Hermanos Marx en el Oeste' (1940)

Groucho en 'Los Hermanos Marx en el Oeste' (1940)

5. “¿Le importa si no fumo?”. Durante la ley seca Groucho y sus hermanos frecuentaban bares clandestinos más por el placer de burlar la ley que por emborracharse: Harpo no bebía por problemas de riñón, Chico prefería el juego a la bebida (tuvo problemas económicos por culpa de las apuestas) y a él, que nunca le había interesado demasiado el alcohol hasta la prohibición, se le pasó pronto. Sin embargo su mujer Ruth comenzó a buscar en el whisky el consuelo y la autoestima que no le proporcionaba su marido.

6. “Nunca olvido una cara, pero en su caso haré una excepción”. En su vejez, confesó a su biógrafo y amigo Hector Arce que odiaba el mote que llevaba utilizando 60 años. Fue el monologuista Art Fisher quien bautizó a los hermanos Marx durante una partida de poquer, basándose en la tira cómica Hawkshaw el detective, cuyos personajes tenían nombres terminados en la letra o.

7. “Tardé tanto en escribir la reseña que nunca llegué a leer el libro”. Era amigo del escritor William Peter Blatty, autor del libro El Exorcista. Cuando se rodó la película en 1973 Groucho iba a aparecer fugazmente al comienzo de la historia, pero al final el cameo no fue posible por incompatibilidad de agendas.

Grouch presentando el concurso 'You bet your life'

Grouch presentando el concurso 'You bet your life'

8. Concursante: “Esta no es mi mujer”. Groucho: “A mí no me venga con sus problemas”.
En los años cincuenta, presentó un programa de televisión de gran éxito: You bet your life (Apueste por su vida), un concurso en que primaba sobre el juego la interacción entre el cómico y los concursantes, que siempre eran un hombre y una mujer.

9. “¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí”.
Murió en agosto de 1977 por una neumonía. La noticia quedó eclipsada por otra muerte: Elvis Presley había fallecido tres días antes. Juliu Henry Marx fue cremado y sus cenizas están en el cementerio Eden Memorial de Los Ángeles.

10. “Perdonen que no me levante” fue el epitafio que sugirió entre bromas en una entrevista, pero la leyenda de que esa es la frase que adorna la tumba es falsa. En el mausoleo sólo figura el nombre artístico de Julius, una estrella de David y los años de su nacimiento y muerte.

 Helena Celdrán