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Los ojos experimentales de la chicas modernas de entreguerras

Florence HENRI, 'Portrait composition, Cora', 1931 - © Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. RMN-Grand Palais / Guy Carrard Florence Henri © Galleria Martini & Ronchetti, Genova © Adagp, Paris 2015

Florence HENRI, ‘Portrait composition, Cora’, 1931 – © Centre Pompidou, MNAM-CCI, Dist. RMN-Grand Palais / Guy Carrard – Florence Henri © Galleria Martini & Ronchetti, Genova © Adagp, Paris 2015

El niño sublime por el fuego interior e insoportable por la jactancia externa Arthur Rimbaud dejó para el futuro una obra poética que parece un cometa condenado a circular como un tiovivo eterno, un tour vital por los escenarios de una psicósis —de ángel iluminado a traficante de esclavos— y una frase que se ha convertido en reclamo para estampar en las camisetas, esas residuales plataformas opinativas donde se enuncian chascarrillos con la misma pasión con que en el pasado pedíamos la muerte de los tiranos.

Rimbaud, que se me ha ido al carajo el párrafo, decía:

Hay que ser absolutamente moderno.

Ser moderno, como ser ministro de Justicia o alcahuete financiero, es a estas alturas un oficio que se aprende en las aulas de algunas maestrías de grado superior y se ejerce en los reservados de ciertos locales y en los despachos criptoprotegidos donde juegan al póquer con nuestras almas como envite.

Ya no eres moderno si, como opinaba Oscar Wilde, “esperas lo inesperado” —al pobre le demostraron con creces las consecuencias—. Lo eres si bebes vermú, si tu lengua se ocupa de repetir “es bien” mientras no le quitas ojo a la pantalla de la app-esperanto del smartphone, si te consideras eterno…

Eres moderno si te has convertido, sin que te hayas enterado, en la prolongación de la peor versión de tus padres.

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Félicien Rops, el pintor de los ‘placeres brutales’

"El calvario" (de "Las satánicas") - Félicien Rops

“El calvario” (de “Las satánicas”) – Félicien Rops, 1882 (Dominio público)

La bestial seducción y el triunfo de Satán, crucificado pero no sufriente, erecto, ciñendo el sudario negro sobre el cuello de la mujer, también crucificada y en éxtasis…

La obra fue pintada en 1882 por Félicien Rops, que tenía entonces 49 años, había participado en varios duelos por asuntos de honor; soportado la censura en Francia, donde le llamaron “marrano”; conocido e intimado con algunos de los más lúcidos —por conversos de la creencia de que toda luz ha de ser oscura— intelectuales y artistas de su tiempo; tirado por la borda un matrimonio; malgastado sin arrepentimiento una fortuna y optado por vivir en santa trinidad con dos hermanas,  Aurélie y Léontine Duluc…

No muy lejos de la fecha en que está datada la obra, Rops escribió:

Sólo hago lo que siento con mis nervios y lo que veo con mis ojos. Esa es toda mi teoría artística. Todavía tengo otra terquedad: querer pintar escenas y tipos de este siglo XIX, que me parece muy curioso y muy interesante.

Pertenecía a una corriente ninguneada por la crítica académica hasta nuestros días, el simbolismo, el retorno a la metáfora sagrada como única posibilidad de redención. Es tanta la saña que despertó y sigue despertando esta escuela de soñadores místicos que el más famoso de sus artistas, Edvard Munch —gran admirador de Rops—, es retirado del nomenclator para situarlo entre los expresionistas, mucho más académicos y menos equívocos, más artistas y menos seres humanos.

Rops había sido, casi es una evidencia dado el temario grueso y licencioso de sus obras, alumno de los jesuitas. Nacido en Namur (en la Bélgica valona), sobre la confluencia del Sambre y el Mosa, era hijo único y en casa entraba dinero suficiente: el padre era dueño de unos telares de calicó. Ofrecía estampados “en todos los colores del arco iris”. El hijo siguió el patrón.

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Edgar Allan Poe, un amante de las mentiras

Poe en 1949, el año de su muerte

Poe en 1949, el año de su muerte

Mucha información, pero pocos datos verificables. Entre la mentira y la fantasía, la vida de Edgar Allan Poe (1809-1849) está envuelta en una neblina de confusión.

Sorprende que de una época relativamente cercana, con abundantes documentos escritos y el nacimiento de la fotografía, ni siquiera se conserve el certificado de nacimiento del escritor. Nació en Boston en el año 1809, aunque hay quien dice que nació en Baltimore un par de años después. Ni en ese insignificante dato hay unanimidad.

Él ayudó también a sembrar la duda a lo largo de su vida. La única nota autobiográfica que escribió -en una antología de poesía norteamericana publicada en 1842- está llena de imprecisiones, exageraciones y mitos que utilizó para convertirse en un personaje literario, mencionando incluso que se unió a los griegos en su lucha por la independencia en 1828, como buen poeta romántico.

Luego llegaron las biografías -entre ellas la del escritor Charles Baudelaire, que lo promocionó en Francia- que dibujaban a Poe como un demonio, un alma perdida dada al alcohol y un poeta maldito. Otras versiones tiraban hacia la hagiografía y lo pintaban como un ángel incomprendido, una víctima del abandono emocional.

En los últimos años algunos autores han intentado desenmarañar con bastante pericia la madeja de datos y sucesos de la vida de Poe, como la biografía del inglés Peter Akroyd Poe, una vida truncada, que trata con cautela la información imprecisa, abre diferentes vías de investigación y cuenta con abundantes testimonios de la época.

Dedicamos este Cotilleando a… a Edgar Allan Poe, niño temeroso y falto de amor; melancólico e irritable; inseguro y presumido; humilde y soberbio; tétrico y tierno.

Dibujo del ilustrador Harry Clarke (1889-1931) para 'Ligeia'

Dibujo del ilustrador Harry Clarke (1889-1931) para 'Ligeia'

1. Hijo de actores pobres, la madre de Poe sufría de tuberculosis ya embarazada. El padre había abandonado a la familia y no se supo más de él. Ella murió cuando Edgar tenía dos años y él y sus dos hermanos, Henry y Rosalie, quedaron huerfanos. Cada niño fue a parar a una familia diferente y él fue acogido por John Allan, un próspero comerciante de Richmond (Virginia) que tenía entre sus negocios el tráfico de esclavos. Nunca llegó a adoptarlo y siempre tuvo una relación tormentosa con el escritor.

2. Pionero de la literatura de detectives con El escarabajo de oro y Los asesinatos de la calle Morgue; renovador de la literatura gótica con sus archiconocidos cuentos (El corazón delator, El pozo y el péndulo, El tonel de Amontillado…), autor de una sola novela (La narración de Arthur Gordon Pym) que fue la gran inspiración de La isla del tesoro de Robert Louis Stevenson… El éxito literario de Poe se vio reducido en vida del autor a modestos premios y publicaciones en revistas. Todos sus intentos de prosperar fueron fallidos.

3. El amor de su vida fue su prima, Virginia Clemm. Ella tenía siete años cuando él se mudó desde Nueva York a Richmond -como siempre, arruinado- a casa de su tía, que acababa de enviudar. Poe trataba a Virginia como su primita pequeña y cuando se enamoró en 1832 de una joven, la pequeña era la mensajera que llevaba las cartas de amor del poeta a su amada.

Virginia, retratada unas horas después de su muerte, cuando Poe se dio cuenta de que no había imágenes de su esposa viva

Virginia, retratada unas horas después de su muerte, cuando Poe se dio cuenta de que no había imágenes de su esposa viva

4. Cuando Virginia cumplió los 12 años, Edgar se dio cuenta de que la admiración que sentía hacia la belleza y la vitalidad de Virginia era demasiado fuerte. Le pidió que se casara con él con misivas desesperadas: “Virginia, mi amor, mi dulce Sissy, mi querida esposita, piénsalo bien antes de romper el corazón de tu primo”. Un año después contrajeron matrimonio. Ella aún no había cumplido los 14 y él tenía 27 años. Testigos de la época dicen que hasta que ella no tuvo 16 años, durmieron en habitaciones separadas.

5. La relación con la bebida es otro de los puntos oscuros de la vida de Poe. Algunos biógrafos sugieren que es posible que consumiera poco alcohol, pero que le afectara mucho. Otros apoyan la tesis de que era alcohólico. Parece ser que bebía frecuentemente y en abundancia: los amigos y conocidos hablaban de noches enteras de alcohol, de situaciones en las que Poe -inconsciente- necesitaba que lo recogieran para llevarlo a casa, llamadas a la Policía por disputas de borrachos… Beber fue un refugio en su trayectoria de fracasos, por el rechazo de su tutor, el desamor, la muerte y el futuro incierto que lo acechó siempre.

6. Edgar y Virginia fueron felices durante seis años hasta que ella, con 20, sufrió su primera hemorragia derivada de la tuberculosis. Era 1842, ella tocaba el piano y cantaba en el salón cuando la sangre comenzó a salir a borbotones de su boca. Durante cinco años Poe vivió huyendo del dolor a través de la bebida, en la pobreza más absoluta, aterrorizado por el visible deterioro del cuerpo de su esposa y por la llegada de una muerte inevitable. La escena del piano fue la primera de varias similares: “En cada una de esas veces sentí la agonía de su muerte, con cada avance de la enfermedad la quise cada vez más y me aferré a su vida con mayor y desesperada pertinacia“, escribió el escritor a su amigo y primer biógrafo John Ingram. Parece ser que Eleonora, Ligeia, Berenice y La caída de la Casa Usher fueron algunos de los relatos que surgieron a partir del terror hacia la muerte de Virginia, aunque Poe sólo reconoció haberle dedicado el poema Ulalume.

John Tenniel (famoso por sus dibujos de 'Alicia en el país de las maravillas') ilustra 'El cuervo'

John Tenniel (famoso por sus dibujos de 'Alicia en el país de las maravillas') ilustra 'El cuervo'

7. Su singular sentido del humor, negro y burlón, está presente en relatos satíricos como El rey Peste o Los Anteojos (un cuento en que el protagonista se enamora de una dama que resulta ser su abuela). Su don para el sarcasmo descubría un sentido de superioridad. También era un amante de contar mentiras, jugar con la credulidad del interlocutor y del lector.

8. En 1845 compuso el más famoso de sus poemas, la obra que lo representa: El cuervo. Causó sensación de manera instantánea en Nueva York. El famoso “Nunca más” que se repite a lo largo de la composición se convirtió, según las declaraciones de la época, en una especie de eslogan. Poe interpretaba el poema en los salones literarios con gran solemnidad, con luz ténue y con una manera de declamar que embelesaba a las damas de la audiencia.

9. “Hay un caballero intoxicado (…), que dice ser Edgar A. Poe, que parece sufrir de una gran angustia y dice conocerle. Y le aseguro que necesita asistencia inmediata”. La nota iba dirigida a Joseph Evans Snodgrass, editor del Saturday Visiter, una publicación de Baltimore en la que Poe había colaborado. Alarmado por el mensaje, Snodgrass fue a la taberna en la que estaba el escritor, frecuentada por borrachos y también utilizada convenientemente como centro electoral. Aquel día había elecciones al Congreso y allí estaba él, aturdido y sentado con una extraña ropa que no era de su talla, con el sombrero como única prenda con la que había salido de Richmond. Snodgrass pidió en la misma taberna una habitación para el escritor y se puso en contacto con un par de familiares de Poe, que “declinaron hacerse cargo de él”. Ingresó en el hospital Washington College, donde murió el 7 de octubre de 1849. Al funeral acudieron sólo cuatro personas y la ceremonia duró menos de cinco minutos.

10. Nadie sabe con certeza qué sucedió durante aquellos días en que Poe desapareció por las calles de Baltimore. La teoría más sólida es que lo utilizaron para votar en las elecciones al congreso, una práctica habitual en aquel entonces. Los agentes electoreales reclutaban a borrachos e indigentes para que votaran varias veces al mismo candidato recorriendo las tabernas convertidas para la ocasión en centros electorales. Incluso les cambiaban la ropa para que parecieran otros y los mantenían a la vista en los tugurios, proporcionándoles todo el alcohol que ellos quisieran. Pero no hay constancia de que Poe ingresara ebrio en el hospital y también se apunta a que pudo morir de un tumor cerebral, tuberculosis o diabetes.

Helena Celdrán