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¿Los chicos no bordan?

Running - Aubrey L

Running - Aubrey Longley-Cook

Aubrey Longley-Cook comenzó a bordar a los 19 años. Estudiaba animación y buscaba la inspiración en una acción mecánica que estimulara la concentración, “algo adecuado para meditar”.

El hilo y la aguja eran perfectos, le restaban solemnidad a todo lo que pudiera producir y no había presión ninguna por demostrar nada.

Es el efecto relajante de las llamadas manualidades: no hay pretensiones.

Esta historia puede resultar un poco más exótica si detallo que Aubrey Longley-Cook es un chico.

Nadie queda libre en este mundo -supuestamente libre de roles- de las connotaciones de ser hombre y dedicarse a una labor reservada a las mujeres durante siglos. No se me hagan los políticamente correctos.

Running backwards - Aubrey Longley-Cook

Running backwards - Aubrey Longley-Cook

Incluso el mismo artista se sentía extraño por su aficción y tuvo la necesidad de saber si había otros como él.

Con sorpresa se encontró con todo un movimiento llamado Manbroidery (del inglés embroidery, bordado) formado por creadores a los que les importa un comino que los tachen de poco varoniles por aprender a tejer, bordar y coser para expresarse artísticamente.

Pero más allá de la anécdota social , las obras de Longley-Cook son intrigantes por cómo escapan del motivo clásico del tapiz: nada de bodegones, escenas bucólicas o mensajes hogareños. “Usar una perspectiva masculina en una forma de arte tradicionalmente femenina” es lo que más le atrae de esta yuxtaposición.

Unos cuantos años y mucha dedicación le han proporcionado la técnica necesaria para dibujar fósiles prehistóricos, esqueletos de serpiente, murciélagos, iconos de videojuegos, venas y arterias

Flow - Aubrey Longley-Cook

Flow - Aubrey Longley-Cook

El ejemplo del perro es uno de los extremos a los que este artista ha llegado forzando la máquina de este arte relegado a la artesanía doméstica.

Ha mezclado bordado y animación,  inspirado en la cultura del GIF animado, que ha experimentado recientemente un renacimiento en internet.

Visto de frente y del revés, con los hilos sobrantes a la vista que lo convierten en un animal lanudo, el sencillo bordado es un canto a la paciencia, tan ausente en nuestra vida multitarea.

Longley-Cook no tuvo reparos en invertir cinco meses en un bucle que dura unos segundos. Toda una provocación para los que se desesperan cuando una página web tarda más de dos segundos en cargarse.

Helena Celdrán