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Trasdós Trasdós

No nos disgusta la definición del término trasdós: la "superficie exterior convexa de un arco o bóveda". En este blog perseguimos estar en alerta y con el objetivo siempre dispuesto para capturar los reflejos, destellos, brillos y fulgores que el arte proyecta.

Entradas etiquetadas como ‘alfabeto’

Un alfabeto de árboles para redefinir el Antropoceno

A veces una idea sencilla altera mis sentidos… Un alfabeto escrito con iconos de árboles, un “alf-abeto”, podemos decir, o tipografía arbórea, arquetípica, como el lenguaje chino, con el que construir, usando el idioma que todo lo reduce, extensos bosques tipográficos.

Katie Holten, Tree Alphabet, 2015, handmade offset print on paper, 308gm, 50 x 70 cm, edition of 50. Signed, numbered and dated by the artist.

Katie Holten, Tree Alphabet, 2015, handmade offset print on paper, 308gm, 50 x 70 cm, edition of 50. Signed, numbered and dated by the artist.

El museo alemán Hamburger Kunsthalle expone estos días la obra de Katie Holten dentro de la interesante exposición Arte y Alfabeto. Corresponden a la serie El alfabeto de los árboles, dibujos manuales hechos en tinta en los que cada vocal y consonante se corresponden con una planta. Holten además ha regalado al mundo su tipo de fuente.

Bosques que son lenguaje. Lenguaje que usa bosques. Una idea sencilla, digo, de esta artista visual y activista, que esconde un poder metafórico; intercala el lenguaje que todo lo tala con el árbol salvaje que cimenta la tierra. Hablar en árboles, comunicarse usando abedules, fresnos, olmos, pinos, crear con palabras tupidos bosques en esta época de catástrofe natural.

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Un abecedario sexual creado por un masón en la URSS en 1931

Sello de la URSS de 1981 para celebrar el centenario del nacimiento de Serge Merkurov

Sello de la URSS de 1981 para celebrar el centenario del nacimiento de Serguéi Merkúrov

El señor de honorable porte del sello de correos se llamaba Serguéi Dmítriyevich Merkúrov. Nació en 1881 en Alexándrapol, que ahora es Gyumri, una ciudad armenia muy cercana a Turquía, y murió en 1952 en Moscú.

Cargó toda su vida con la nacionalidad rusa, fue escultor monumentalista, nombrado Artista del Pueblo y miembro de la Academia de las Artes, dirigió el Museo Pushkin durante una temporada y se le consideraba el mejor escultor de mascaras postmórtem de la URSS, donde la permanencia del yeso era tan dogmática como la eternidad del alma católica. Merkúrov recibió el encargo de hacer las de Tolstoi, Lenin y su esposa, la deliciosamente malencarada Nadezhda Krúpskaya, Gorki y el poeta suicida Maiakovski.

El artista se llevaba bien con el aparato comunista aunque tuvo la necia malaventura de intentar regalar a Stalin una escultura titulada Muerte del líder. Envió un boceto del monumento al dictador y, claro, cayó en desgracia. Se salvó del gulag por los servicios prestados: no en vano es el artista del cuerpo estatuario más protéico del régimen: una figura de Lenin de 49 metros de altura, por ejemplo.

El camarada Merkúrov era experto en mantener secretos. Pocos sabían, por ejemplo, que pertenecía a una logia masónica o que, valiéndose de su puesto en el Museo Pushkin, había logrado salvar un monumento de mármol de Carrara dedicado a Catalina la Grande, que iba a ser cortado en pedazos por el régimen comunista, y enviarlo en secreto al Museo Nacional de Armenia en Ereván, donde permació oculto hasta que regresó a Rusia en 2006.

Pero el gran secreto del artista era otro. Podrán descrubrirlo tras el salto —y con la advertencia de que las imágenes son de alto voltaje erótico—.

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Karin Jurick, pinturas que ‘cazan’ al espectador

'Bacon' - Karin Jurick

‘Bacon’ – Karin Jurick

Deambular por las salas es sacar a pasear la mirada, buscar entre las obras aquella que te obligue a acercarte. Te detienes y la examinas con humildad, pero también adoptas la posición privilegiada del que juzga.

El lenguaje corporal es discreto: los brazos detrás de la espalda, el jugueteo con el plano del museo, las piernas separadas distribuyendo el peso del cuerpo de la manera más cómoda… Los sentimientos se camuflan en el silencio de la pinacoteca, gozamos de la invisibilidad de los que miran y no participan.

'Qi' - Karin Jurick

‘Qi’ – Karin Jurick

La recién finalizada serie de pinturas de Karin Jurick engulle al espectador. La artista estadounidense retrata a personas mirando cuadros y esculturas, piezas de Francis Bacon, John Singer Sargent, Pablo Picasso o Jasper Johns ejerciendo el derecho de llamar la atención de quien pasa frente a ellas.

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El ‘alfabeto arqueológico’ de Antonio Basoli

Antonio Basoli, "Autoritratto", 1821-22

Antonio Basoli, “Autoritratto”, 1821-22

Cuando Antonio Basoli decidió dibujar su autorretrato ya era casi un cincuentón y uno de los artistas más estimados de su tiempo en Italia. Que haya elegido el aire de un boceto inacabado para presentarse dice bastante de su humildad. Que los rasgos aparezcan apenas sugeridos y, al contrario, quede bien claro que estamos ante un artista —la pluma, el caballete, los dibujos sobre la mesa desordenada…— añade el sesgo de una tranquilidad interior basada en la armonía y la prudencia.

Basoli (1774-1848) pudo hacer fortuna y recibir altos honores. Era pintor, diseñador de interiores, decorador teatral, grafista, grabador y, quizá la faceta que más le satisfacía, profesor. Recibió encargos de nobles e instituciones e incluso el zar de Rusia le ofreció un cheque en blanco para que viajase a hacerse cargo de la decoración de los palacios reales de verano, a los que quería añadir un aire italianizante. Basoli dijo a todo que no.

Apegado a su tierra por un sacramento que tenía el tono de un vínculo sagrado, el artista apenas abandonó Bolonia en media docena de ocasiones y siempre para desplazamientos cortos y de matiz empírico: ir a Milán para tomar nota de la decoración de algún montaje operístico en La Scala, acercarse a Roma para consultar alguna obra de su admirado Piranesi, pionero de la modernidad y, como Basoli, refractario a la soberbia que oscurece a algunos artistas…

Como tantos de sus contemporáneos, sentía la llamada del exotismo y tenía una visión romántica que plagaba el globo terrestre de interrogantes, pero jamás sintió la necesidad de ver con sus ojos los paisajes que podía soñar desde Bolonia porque sabía que cada mundo probable está en cualquier lugar del mundo.

Pintó e hizo grabados sobre muchas maravillas —los jardines colgantes e inexplicables de Babilonia, la magna estatua ecuestre romana de Domiciano, los templos egipcios de Isis y Osiris, las pagodas chinas de Fo donde la niebla intervenía como material constructivo…— pero sin moverse de su estudio, inspirado por las descripciones de otros y llenando los vacíos con las imágenes que emergían de sus lápices y acuarelas. No tenemos derecho a desmentir que las visiones imaginarias fuesen menos veraces que las reales.

De Basoli han sobrevivido pocas obras. La más admirable es L’Alfabeto Pittorico (El alfabeto pictórico, 1839) —un facsímil de la obra completa y escaneada a buena resolución puede verse en esta web del Museo Virtualle della Certosa de Bolonia—.

Se trata de un alfabeto arqueológico en 26 viñetas —las inserto abajo, citando ahora, para evitar el embrollo de 26 pies de imagen idénticos, que el crédito es en todos los casos: © Accademia di Belle Arti di Bologna, el centro donde Basoli impartió clases—. y el artista concibe otros tantos universos a través de la excusa de idear una fuente tipográfica.

Cada letra capitular y cada detalle de los 26 mundos quimérticos de los que forman parte son como grietas de la mente en ebullición de un hombre que no deseaba salir de Bolonia y, pese a ello, se trasladó tan lejos como el más voluntarioso de los viajeros.

Ánxel Grove

Un alfabeto antiesclavista para niños estadounidenses

Letras A y B del 'Alfabeto antiesclavista' (1946)

Letras A y B del ‘Alfabeto antiesclavista’ (1946)

Escuchad, pequeños niños
Escuchad a nuestra serio llamamiento:
Sois muy jóvenes, eso es cierto,
Pero podéis hacer mucho.
Incluso podéis suplicarle a los hombres
Que no vuelvan a comprar esclavos,
Y que a esos que ya tienen
Con rapidez los liberen.
Puede que escuchen lo que vosotros decís
Aunque con nosotros aparten la mirada.
A veces, cuando volváis del colegio,
Podéis hablar con vuestros compañeros,
Hablarles del destino de los niños esclavos
Sin madre y desolados.

Así comienza el texto introductorio del Anti-Slavery Alphabet (Alfabeto antiesclavista), un sencillo libro infantil editado en 1846 por la Sociedad Antiesclavista Femenina de Filadelfia (EE UU), fundada en 1833 por 18 mujeres y afiliada a la Sociedad Antiesclavista Estadounidense. El tomo fue publicado para “inspirar a una nueva generación de abolicionistas” y se vendió en diciembre de 1846 en una feria organizada por la asociación.

Las autoras del libro, Hannah y Mary Townsend, eran dos hermanas de Filadelfia de la comunidad religiosa de los cuáqueros: cristianos, sin credo establecido, y convencidos de que es necesario vivir rigurosamente en la honradez y en la paz para estar cerca de Dios. Llamados también Sociedad Religiosa de los amigos, estaban (y siguen estando) especialmente presentes en este estado.

A diferencia de muchas de las organizaciones abolicionistas de mujeres, los historiadores destacan que la de Filadelfia —a la que pertenecían las Townsend— fue una de las pocas activas antes de la Guerra Civil, el conflicto que asoló el país entre 1861 y 1865 y que había enfrentando (aunque no como motivo principal) a los estados del Norte (en contra de la esclavitud) con los del Sur (a favor).

Estructurada en un abecedario, en 16 láminas y cosida a mano, la obra repasa con cada letra (pintada también a mano) aspectos de la esclavitud, con personajes y objetos que desgajan los detalles de la situación.

A es un Abolicionista.
Un hombre que quiere liberar
Al desdichado esclavo y dar a todos
La misma libertad.

B es el Hermano con una piel
Con un tono más oscuro
Pero a los ojos del Señor
Tan estimado como tú.

H es el Perro de caza entrenado por su amo,
Que olfatea el rastro
Del infeliz fugitivo
Y lo devuelve tembloroso a su lugar.

I es el Infante
Arrancado de los brazos de su cariñosa madre,
Y, en una subasta pública, vendido
Con caballos, vacas y maíz.

W es la Columna de castigo
Al que atan al esclavo
Mientras en su espalda desnuda, el látigo
Provoca heridas sangrantes.

Z es el hombre entusiasta, sinceroFiel, justo y verdadero;
Un serio defensor de los derechos de los esclavos
¿Lo serás tú también?

A propósito de la celebración este año de los 150 años de la emancipación en los EE UU, el Mississippi Department of Archives and History ha escaneado la obra al completo y la pone a disposición del público en imágenes de gran tamaño.

Helena Celdrán

anti-slavery alphabet - cover

anti-slavery alphabet - C y D

anti-slavery alphabet-Letters U y V

anti-slavery alphabet - Y y Z