Archivo de octubre, 2018

La artista que realiza retratos en tres dimensiones de gatos difuntos

Wakuneco invierte muchas horas en su taller de Tokio. Tiene un sentido asiático de la perfección y el realismo. Sus retratos en tres dimensiones terminan dentro de un marco que envía luego a los clientes.

Con pulso de taxidermista, la artista realiza estos trabajos. Son retratos minuciosos, fieles, y siempre por encargo. Algunos quieren, y es una rara costumbre que parece egipcia, inmortalizar a sus gatos. Entonces le mandan una fotografía del animal difunto.

Cose, teje, pega.

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真正面と、途中経過。

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Wakuneco significa en japonés: “marco de gato” o “retrato de gato”. Los clientes que acuden a ella quieren mediante este culto recordarlos, casi una momificación hecha de tela.

 

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El día en que una elefanta saltó del tranvía volador

¡Tuffi está loca! ¡Tuffi se cree Dumbo! ¡Tuffi baila con la muerte…!

Seguramente sea uno de los intentos de suicidio más extraños de la historia animal. Cayó desde una altura considerable, pero la fortaleza propia del elefante le evitó males mayores. Puede que se tratara de una huida desesperada, como en las películas de espías o presidarios, un doble o nada, salto al agua y a ver qué ocurre.

Es imposible pensar como un elefante. Sentir como un paquidermo. Escuchar las llamadas suicidas en la demencia de sentirte atrapada en un diminuto vagón de tren.

Es paradójico querer meterse en la mente de esta elefanta inverosímil.

Solo deberían importarnos unos segundos de caída libre

Fotomontaje del salto de Tuffi.

Fotomontaje del salto de Tuffi.

Un tren aéreo, un dragón de acero, no es lugar para una elefanta; un camión o un circo, no se engañen, tampoco. Tenía motivos de peso. Unas estaciones repletas de ojos. Una trompa que expulsó quejidos flamencos. Y ese río teñido de negro.

Esta podría haber sido su esquela si el azar y un fondo de fango no la hubieran protegido:

El animal se tiró desde el ferrocarril colgante en marcha, en la ciudad alemana de Wuppertal, centro económico, industrial y cultural del Condado del Monte (Renania del Norte-Westfalia). Cayó al frío río Wupper desde una altura de más de 10 metros.

Pudo atraerla el brillo del Wupper por el recuerdo imantado de su India natal (los elefantes son seres memoriosos y los ríos se parecen en todas partes del mundo). Seguro que estaría harta de ser el monstruo de feria (también son orgullosos). Se puso nerviosa frente a los cables que parecían serpientes siniestras (lejos del paisaje ocre y del olor a especias, en la mecánica Alemania).

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Todo lo que esconden los dinosaurios de ‘Jurassic Park’

Al final de esta entrada espero que lleguemos al acuerdo, al menos tácito, de que la vida sería mejor sin los dinosaurios. No nos faltarán razones. El dinosaurio es un bicho demasiado grande.

Ya en la prehistoria infantil consigue despistarnos con sus ornamentos. ¿Qué se puede esperar de un lagarto gigante, colorido, plagado de crestas, cuernos y garras?

Surge el monstruo y los niños escupen el chupete en el dolmen de telas.

Recreación artística de un dinosaurio (Lambeosaurus magnicristatus). Wikimedia Commons.

Recreación artística de un dinosaurio (Lambeosaurus magnicristatus). Wikimedia Commons.

Necesitados de emociones fuertes, sufrimos de este influjo también los mayores. Todo deja de ser importante si aparece el diplodoco, porque, claro está, solo un dinosaurio, por su grandiosidad, distinción o novedad (raro concepto éste para un fósil extinto hace 65 millones años), merece la importancia de las cosas valiosas.

Podría estar tu abuelita necesitada de un vaso de agua, justo en el momento de atragantarse con la bola de queso, o tu hijito de cuatro años, valeroso pero ingenuo, a punto de cruzar la calle –pongamos la Gran Vía-, y aparece entonces el inoportuno dinosaurio; los ojos saltan hacia el cuerpo escamoso y terrible, múltiples miradas perdidas en su lomo y largo cuello, y es entonces cuando el niño cruza la calle, y la abuelita carraspea en un color morado…

Sé que no me creerán en este punto y que parezco un estúpido o fantasioso, pero el editor William Hirsch lo ha demostrado en un vídeo muy didáctico titulado Park. Con el objetivo de quitarnos la venda de los ojos ha violado la película más famosa: usando técnicas de “ruptura de efectos especiales”, borró los dinosaurios de Jurassic Park.

Atentos a la reformulación de la escena…

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