Archivo de junio, 2018

La venganza de las mujeres Herero: unos vestidos alucinantes

Los colonizadores trajisteis la oscuridad. Nosotras cosimos la luz. En los vestidos brilla la venganza africana.

Las mujeres Herero fuimos obligadas a vestir al estilo europeo porque temíais la desnudez tribal. Y quien teme el cuerpo lleva un demonio dentro. Y quien carga un demonio es capaz de cualquier cosa.

Cogimos los vestidos de corte victoriano que nos distéis a principios del siglo XX, los uniformes de la subyugación; ya no podíamos corretear desnudas, teníamos que cubrirnos con las prendas de esas chicas recatadas, pálidas, venidas de lejos -Europa, la llamaban- niñas asustadas por el cielo primitivo, vuestras mujeres; en un acto de subversión creativa, agarramos los trajes y los convertimos en bombas de arte, arco iris incandescentes.

Así se lo monta la verdadera reina Victoria

Toda mujer Herero puede brillar como una afrodita perdida en un lugar indescifrable del tiempo inexacto. Somos un acertijo tribal. Somos presente dentro del pasado o pasado que alucina al presente. Somos confusión, atracción, alegría, fuerza. Aún vestimos los corpiños victorianos ajustados hasta el cuello. Especialmente las mujeres mayores, porque las jóvenes están siendo hoy colonizadas de otro modo. Enaguas. Mangas abultadas. Blusas bordadas. Faldas largas. Tocados bicéfalos que representan las astas de una res, bestias sagradas entre los pastores nómadas.

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‘Ghibli food’: fans que cocinan los platos de las películas de Miyazaki

Hayao Miyazaki se inspiró en la comida tradicional japonesa para dibujar los platos que ofrecía a los protagonistas de sus obras de animación. También en la cocina occidental. Le gustan los sándwich. Los huevos fritos con beicon.

Ahora los cocineros se inspiran en Miyazaki para copiar sus manjares. Un efecto cobra, muelle, onda expansiva, deflagración estética.

Platos que degustaron unos personajes imaginarios son hoy apreciados por las personas que los imaginaron.

¿Cómo dices?, se preguntará la niña protagonista de Mi vecino Totoro, más sorprendida por este exceso que por compartir vecindad con un conejo gigante. El monstruo peludo sigue en la ficción, los platos, en cambio, ya no.

Gtresonline. MY NEIGHBOR TOTORO, (aka TONARI NO TOTORO), 1988. ©50th Street Films/courtesy Everett Collection

Mi Vecino Totoro, (aka TONARI NO TOTORO), 1988. ©50th Street Films/courtesy Everett Collection. Gtresonline.

Fotografían cada oferta culinaria reproducida al milímetro. Y lo cuelgan en la Red. Generan fiebres gastronómicas. Nos entra, claro está, el hambre…

Mira, por ejemplo, esta sopa de fideos de la película Ponyo en el acantilado.

 

Bajo el hashtag #Ghibli food (Ghibli es el nombre del estudio del artista japonés) aparece un despliegue de bodegones que copian con fidelidad documental los platos de estos largometrajes.

Es una vuelta de tuerca al homenaje. El fanmade (creaciones de fans) se puede aquí comer, puede quemar tu lengua, llevarte al éxtasis. Te entran unas ganas tremendas de pedir la carta en El Castillo en el Cielo, o de compartir unas pastas con La Princesa Mononoke

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Los secuestradores exigen un rescate: mi animal de poder

Indios y niños. Los no contactados y los que no superan los cinco años. Solo ellos pueden ser felices. El resto perdimos a nuestro animal de poder.

Imagina que tu cabeza fuera una selva. Que las fuerzas psíquicas que te componen, conscientes e inconscientes, son animales o personas. Los pensamientos, ideas, pulsiones, cobran vida independiente. Braman. Rugen. Zumban. Aúllan en tu mente.

Así ocurre durante un brote psicótico. No te asustes. Puedes imaginarlo sin perder el control. Estás en la selva

A veces yo también personalizo mis pensamientos, o las fuerzas psíquicas que azuzan, como abejitas borrachas de azúcar, mi conciencia. Es una psicosis controlada que uso para entenderme mejor.

A determinados patrones, capacidades, o líneas de pensamiento, las relaciono con un animal de poder. Mi curiosidad creativa, por ejemplo, sería una urraca que grazna palíndromos.

Urraca. Benutzer123. Wikimedia Commons.

Urraca. Benutzer123. Wikimedia Commons.

A veces recibo el mensaje de la parte opuesta, las fuerzas oscuras que me gobiernan. Los llamo “Los secuestradores”.

Tenemos secuestrado a tu ser íntimo. Entréganos a tu animal poder.

El animal es la forma de pago que exigen a cambio de mi presunta libertad. Una transacción con mi parte oscura. No es buen negocio.

Mata a tu urraca y serás un hombre de éxito.

Los secuestradores son unos tipos siniestros que viven en la mente profunda, disfrazados de cultura, ley y razón. Son colonizadores que llegaron tiempo atrás a mi selva, que entonces era un vergel, y yo tendría dos o tres años.

El que más me acojona se llama “Duda”. Tiene pinta de escolar, de buen tipo, contable, quizás; contrasta con la imagen de sus compinches, “Negación” y “Furia”, que van llenos de cicatrices y pueden jurar en ruso. “EL-MIEDO-QUE-TRANSMITEN-LOS-PADRES” es el más siniestro de todos. Lee el resto de la entrada »

Un corto de animación que te transporta al universo de ‘TRON’

Dicen que con este corto regresas a la infancia, a las sillas taburete, los mandos y las chuches, a las monedas de 25 pesetas. ¿Referencias? Videojuegos de un pasado olvidado, universo Arcade, máquinas recreativas y la película TRON.

El artista digital Stu Maschwitz, que ha trabajado en la animación de las películas de Star Wars, rescató un proyecto de su juventud, recreando en su nueva película, TANK, los clásicos videojuegos vectoriales. Sencillas líneas en 3D que te llevan al corazón primitivo de la computadora, trazos que evocan una batalla de bits, muy similar a los programas de los años 80, como Battlezone.

La trama es sencilla. Stu creó el primer guión en la escuela- unos soldados deben desactivar un arma de destrucción masiva que puede arrasar su tierra-, pero tiene la fascinación de un universo arcaico informático. Para nosotros es como la Grecia Clásica de la era digital, las ruinas de Pompeya de una civilización electrónica. Y ahí está la batalla, el César yendo contra Roma, el cruce de Ru-Bit-con a las órdenes de un ejército abstracto formado solo por números, pantallas sintéticas, bombas binarias, vectores atávicos

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