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Siempre busco la manera de acabar una serie cuanto antes... para ponerme a ver otra.

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La pugna entre B&B y Velvet o la falta de respeto al espectador

Este lunes Antena 3 y Telecinco estrenaron sus nuevas series, Velvet y B&B. Una va sobre una tienda de ropa de alta costura en los 50, que entonces se llamaban galerías; la otra, sobre una revista, una temática que por deformación profesional conozco mejor.b
Siempre que escribo mis impresiones sobre una serie es porque la he visto con tranquilidad, sin distracciones, y centrado en la misma. Más si la veo en la tele, dado que si opto por el streaming o los episodios descargados puedo pausar, rebobinar, etc.

Anoche me impidieron hacer eso con Velvet y B&B. Porque las emitieron a la vez. Sus estrenos coincidieron en día y hora. Y como yo, miles de espectadores. De algunos supe gracias a Twitter, ya que la queja no era una pedrada de las mías. Había razones. La pregunta es, ¿por qué lo hicieron? El tema no es nuevo, eso sí.

Ve3Lo que ha ocurrido con los estrenos de estas dos series españoles (de las cuales no puedo opinar porque no las he visto en condiciones) ejemplifica la situación que atraviesan las cadenas, que deriva de un problema: que los responsables de éstas no tienen ninguna consideración hacia el que consume sus productos, el espectador, además de no tener ni idea de cómo realizar una estrategia de programación.

Sobre ésto mismo escribió ayer Natalia Marcos en Quinta Temporada, poniendo el foco en esa auténtica falta de respeto a la audiencia. Algo de lo que se quejan los propios actores españoles.

La idea de Telecinco y Antena 3 no es que su serie triunfe; su objetivo perentorio es destrozar el producto del otro. Buscan evitar de cualquiera manera que lo que emite la competencia triunfe, y si tienen que poner en riesgo lo propio, así lo hacen. Sin pensar en las consecuencias, al estar cegados por el ‘odio’ al adversario, que no rivalidad.b2

¿Cómo puede un espectador que no tiene ordenador y no tiene acceso a Internet por cualquier razón conocer la oferta de ambas cadenas si emiten sus principales apuestas el mismo día y la misma hora? Es imposible. Y más si hablamos de ficción española, tan denostada en los últimos años por la nula calidad del 90% que se ha creado en este país.

No sé en qué mundo viven los que mandan en Mediaset y Atresmedia. En vez de fomentar la producción nacional, deciden matarse entre ellas. Y eso que a ambas les interesa que la gente vuelva a engancharse a sus historias por capítulos, dado que el furor por las series es más que evidente. Aparte de que son más accesibles que una película para sus canales.

VeDesde hace un tiempo se estrenan pocas series españolas. No sé si por la crisis, la falta de ideas, o por la cabezonería de las cadenas en pedir siempre el mismo argumento multitemático formado por familia, bareto, adolescentes que se enamoran, parejas con problemas y abuelo cascarrabias; es decir, drama y humor a partes iguales, esa amalgama absurda y nada efectiva que se hace aquí siempre.

Ambas son libres de competir de esta manera tan enconada, faltaría más. Buscar el fin de todo lo que propone el adversario televisivo entra dentro del juego en este país. Aunque pueda suponer una victoria pírrica para el vencedor.

Al espectador que anoche le entrase curiosidad por ambas se quedó con las ganas. Y puede que tras ver una, se quede con ella para siempre; la otra se quedaría sin la oportunidad de intentar convencerle. Porque no le han dejado verla, vamos.Ve2

La idea de la refriega en la parrilla es acabar con el de enfrente. Muy bien, puede entenderse aunque no se comparta. Lo más pavoroso es la falta de visión de mercado de ambos grupos de comunicación. Directamente, han optado por un “conmigo o contra mí”. Así es imposible fidelizar al público, ya que demuestran que no les importa lo más mínimo. Lo único que les preocupa es la pasta. Y que el otro se la pegue, claro está.

Al menos con este post no podrán decirme unos que me paga T5, y otros que lo hace Antena 3.

Mario Conde: una vergüenza televisiva

Imagínate que te encargan hacer una serie sobre un personaje tremendamente antipático para cualquiera con un mínimo de sentido común. Menudo marrón, ¿no? Empiezas a buscar cómo plantear el biopic en cuestión, si deberías contarlo desde una visión, de otra o desde todas. Ya sabes de antemano que te van a dar hasta en el carné de identidad, puesto que vas a contar a través de la tele la vida de alguien peculiar. Tras tu brainstorming y las divagaciones que conlleva, tomas la decisión: escribirás el guión en base al libro del protagonista, en el que él se presenta a sí mismo como una persona encantadora y víctima de las conspiraciones de la oligarquía dominante.

Entonces ocurre lo previsible. Que haces una soberana basura de miniserie por tu mala cabeza, además de por haber elegido como documentación principal la historia que cuenta ese ser despreciable para una gran parte del público (con la excepción de los de su cuerda, claro). Y la culpa no es de nadie más: solo es tuya. Eres el único responsable de que te haya salido una hagiografía por optar por un guión que incluye la más sesgada de las visiones sobre tu estrella.

Foto: telecinco.es

Foto: telecinco.es

Antes de darte ese baño de realidad te toca preparar la serie en sí. Has de elegir a los actores, que deberán guardar un cierto parecido con los personajes de la historia real. Tu casting deberá ser extremadamente minucioso, ya que te dispones a relatar algo que estará bajo el paraguas de esa frase tan grandilocuente como es “basado en hechos reales”.

¿Lo consigues? No. Porque algo mal planteado y con una concepción infame está condenado a tener unos intérpretes desastrosos.

Exceptuando a tu protagonista, que está correcto, te das cuenta de que el resto son un mondongo. En concreto, los elegidos para los roles de presidente del Gobierno, líder de la oposición y rey de España llegan a ser gloria pura. Inolvidables por lamentables, tanto por su caracterización como por su interpretación. Pero bueno, ya que vas a beatificar a tu personaje principal, que el resto parezcan tontos no supone mayor problema para ti. Aunque puede que solo te des cuenta tras ver lo que has hecho en la tele de plasma de tu salón.

También te tocará apostar por un ritmo u otro para las tramas, ya que el objetivo de toda ficción que aspire a gustar al público es lograr que éste no se pierda. Que pueda seguir con facilidad lo que pasa en un momento u otro. Dado que ya estás metido por completo en tu propio despropósito, no lo haces. No hay manera de engancharse a tu creación. Has conseguido todo lo contrario: es un suplicio. Es aburrida hasta poder llamarla coñazo. Es una mierda y una vergüenza, vamos.

Siempre se han llevado a la pequeña pantalla historias de villanos que generan auténtica pasión en el espectador. Gente que consideraríamos repugnante si nos hubiese tocado tratar con ellos, pero que en una adaptación televisiva gustan y atrapan. Incluso llegas a ponerte de su lado, por ese afán que tenemos de empatizar con el malo de la historia por el simple hecho de que nos gustaría ser como él. Y todo porque nos lo muestran como un ser auténtico, que no es tan malo, y que solo pretende defender lo suyo. Aunque eso conlleve cometer unos cuantos delitos.

Foto: telecinco.es

Foto: telecinco.es

El problema es que el protagonista de este post no entra ni por asomo en ese selecto grupo que acabo de describir. No entusiasma, sino que genera rechazo. Porque Mario Conde es un ladrón que se creyó más listo de lo que era y al que procesaron por robar fondos del banco que presidía. Que además tiene el honor de poseer dos condenas firmes, una del Tribunal Supremo y otra de la Audiencia Nacional. Y que encima según su serie es un ejemplo de cómo lograr el éxito, además de un damnificado por los poderosos.

En definitiva, un delincuente presentado como un héroe desde una historia televisiva. Y nada más. Pero eso no parece importar a Mediaset, que por mucho que se empeñe en lavar su imagen no lo va a conseguir. Aunque solo les haya faltado decir en la miniserie que obró la paz en el mundo.

Pero el hecho es incontestable. Y es que Mario Conde es un saqueador, por muchos libros que escriba y a pesar de todos los biopics y programas especiales que le quiera dedicar Telecinco.

Lo que pienso de la miniserie en sí creo que ha quedado bastante claro. Aunque lo más triste es que la ficción española sigue, y seguirá, zombi. Y para eso no hay antídoto a la vista.