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-No deberías llevar esa ropa. -¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda. -Entonces no deberías llevar ese cuerpo. 'Fuego en el cuerpo', de Lawrence Kasdan

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Películas para una democracia bananera

Me siento estafada, engañada. Muchas personas me han tomado el pelo todos estos años: mis padres, mis profesores, los periódicos que he leído, las radios que he escuchado, mis amigos… Me dijeron que esto era una democracia, con leyes justas y tal, donde primaba el principio de igualdad, mismas oportunidades para todos y bla, bla, bla… y me encuentro con que, ni todos tenemos las mismas oportunidades, ni la justicia es igual para todos, ni la construcción de una sociedad justa, equitativa, solidaria y avanzada es una prioridad para los que parten el bacalao (ah, perdón, que queda algo basto: para los poderes del Estado y los poderes fácticos, esos que nadie vota, pero son los que ordenan cuándo ponerse firmes).

Por supuesto, esta caída del guindo no se produjo ayer. Mi nivel de ingenuidad no era tan exagerado como para ignorar los niveles de paro, la imposibilidad de acceder a un trabajo por méritos, la corrupción y desfachatez de la clase política, la corrupción de jueces y abogados, las mafias empresariales, los empresarios mafiosos y demás… A una le gusta mucho el cine, pero pasea su maltrecho palmito por la realidad. ¿Cómo ignorar con lo que se convive?

Sin embargo, sí reconozco que ayer, tras conocer la condena por unanimidad al juez Baltasar Garzón (poco después de que se conociera que se investiga al juez que intruye el caso Urdangarín) sí oí ese chasquido mental que anuncia el hartazgo, la náusea de vivir en un país de pandereta, de chiste, de esperpento buñueliano, en definitiva, de vivir en una monarquía bananera con ínfulas de modernidad.

Así, con ese humor, empecé a repasar qué películas podrían acompañar el tono del país. En principio pensé en ‘El padrino’. No, demasiado evidente. Y ¿’Uno de los nuestros’? No, por aquí la violencia es más sofisticada. Hay que ir a las películas de juicios, a los grandes clásicos como ‘Anatomía de un asesinato‘, ‘En el nombre del padre‘, ’12 hombres sin piedad’, ‘Testigo de cargo‘, ‘Vencedores o vencidos‘, ‘Un hombre para la eternidad’, ‘Matar a un ruiseñor‘ (¡ay, Atticus Finch!), El proceso. Sí, no sé por qué esa película de Welles me da tanto vueltas en la cabeza… y ese fragmento del texto de Kafka:

–¿Tienes algún prejuicio contra mí? –preguntó K.
–No tengo ningún prejuicio contra ti –dijo el sacerdote.
–Te lo agradezco –dijo K–. Todos los demás que participan en mi proceso tienen un prejuicio contra mí. Ellos se lo inspiran también a los que no participan en él. Mi posición es cada vez más difícil.
–Interpretas mal los hechos –dijo el sacerdote–, la sentencia no se pronuncia de una vez, el procedimiento se va convirtiendo lentamente en sentencia.

(Este fragmento lo he copiado del blog traslaspuertas.)

No, definitivamente me estoy equivocando de género. Quizá deberíamos viajar al Oeste… recuperar ‘Solo ante el peligro‘, ‘Río Bravo’, ‘El sargento negro‘… o quizá a nosotros nos va más esto.

Admito otras sugerencias.

PD. Aunque sobran las explicaciones: lo de empresarios mafiosos no va por los que dirigen esta empresa, afortunadamente para los que aquí trabajamos.