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-No deberías llevar esa ropa. -¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda. -Entonces no deberías llevar ese cuerpo. 'Fuego en el cuerpo', de Lawrence Kasdan

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Los parados que aparecieron en ‘Up in the air’ ya tienen trabajo

Si ya después de ver ‘Up in the air’ me quedé con la sensación de cierta ‘irrealidad’ y de que el filme de Reitman no era tan auténtico como pretendía en mostrar cómo vive un trabajador su propio despido, ahora, en una vuelta de tuerca propia de un guionista convencional de Hollywood, leo que la mayoría de los desempleados que aparecían en el filme contando a cámara sus experiencias ya han encontrado trabajo. Es como si la realidad se aliara con la industria del entretenimiento para hacer más digerible las tragedias, como si alguien hubiera querido cambiar el final de un filme que amenazaba con fracasar en taquilla.

Me alegro infinitamente por ellos, me alegro, como leía en el ABC, que George Clooney les haya servido de talismán para encontrar trabajo; pero el hecho de que todos estén ya recolocados acrecenta mi sensación de que ‘Up in the air’ es, en todo caso, una película muy americana. En España todos seguirían hoy sin trabajar, y lo que es peor, ni siquiera ya serían noticia.

‘Up in the air’ tiene seis nominaciones a los Oscar.

Clooney y Farmiga nos hacen olvidar los problemas laborales

No consigo sintonizar del todo con Jason Reitman. El director de ‘Juno’ y de ‘Up in the air’, que parece dirigirse straigth to heaven, o lo que es lo mismo, directo al Oscar, tiene fama de hombre inteligente, sensible, capaz de dotar a los grandes dramas de un tono optimista y despreocupado, además de ser un realizador eficaz, que no se pierde en imágenes impactantes ni se recrea en artificios innecesarios para centrarse en el difícil oficio de narrar. Y esta mismas cualidades afloran en ‘Up in the air’, un filme que se deja ver muy bien, que entretiene y engancha en muchos momentos, pero que decepciona y sabe a poco en muchos otros.

Yo vi la película el sábado, y he pasado varios días pensando por qué, si salí del cine razonablemente satisfecha, sigo sin verla como una gran película.

Quizá es que esperaba más. Esperaba más de su visión sobre el tema de la pérdida de empleo, de las empresas que derogan en subcontratas el trabajo sucio de los despidos masivos, el tema de la soledad, la frustración, la falta de comunicación, las expectativas frustradas, el amor traicionado… o quizá no sea un problema de defecto, si no de exceso. Quizá me sobra la pegajosa moralina con la que Reitman, a mi gusto, reviste sus productos para hacerlos más digeribles o, como dirían los gastrónomos de Madrid Fusión, para mejorar su palatabilidad.

Me pasó con ‘Juno’, y me vuelve a pasar con ‘Up in the air’.

No hablaré aquí de otras películas sobre conflictos laborales, como ‘Recursos Humanos’ ‘El empleo del tiempo’, que van más con mi carácter. Las comparaciones son injustas (además el tema del trabajo aquí es solo una excusa para contar otra historia, es decir, que sería algo así como el macguffin de Hitchcock). Reitman va por otros derroteros. Quiere entretener sin molestar, ofrecer diálogos chispeantes y graciosos, sin levantar ampollas.

Personalmente le agradezco que con ‘Up in the air’ hayamos visto al mejor Clooney de mucho tiempo (y más Cary Grant que nunca) y a las espléndidas Vera Farmiga y Anna Kendrick.

¿La habéis visto? ¿Os gustó?

Clooney, Johnny Depp, DiCaprio, ¿quién hará de Frank Sinatra?

Después de semanas sin sentarme frente a un ordenador, se me acumulaban las ideas para comentar con vosotros a la vuelta de vacaciones; pero un par de sobresaltos me han tirado por tierra mi idea inicial.

Por un lado me ha llamado la atención Pe, nuestra Cruz-, bueno más bien la Cruz de algunos de vosotros, que os ponéis en guardia en cuanto la menciono por aquí-. A lo que iba, nuestra Penélope le ha confesado a los ingleses que Pedro (su/nuestro Almodóvar) es la razón por la que se ha convertido en actriz. Pe recuerda cómo a los 13 años, tras ver ‘Átame’, salió del cine decidida a convertirse en actriz y llegar algún día a conocer a Pedro. Os paso el link al vídeo de ‘The Guardian’ (está en inglés, pero el ‘Spanish accent’ de Pe nos ayuda a entenderlo).

¿Algo que objetar? Pues no. Después de decir que son como amantes, pero sin los placeres del sexo, Pe vuelve a demostrarle a Almodóvar lo mucho que lo admira. Gracias a él, a Trueba y a Woody Allen (¿quién lo iba a decir?) hemos descubierto su mejor faceta como actriz. El que haya logrado que sus deseos de adolescente se hayan convertido en realidad dice mucho del talento, habilidad y capacidad de Pe para convertir sus sueños en realidad.

Y de Pe a otro ‘dreammaker’, Martin Scorsese. Scorsese anda metido en un buen lío por culpa de la adaptación que prepara de la biografía de Frank Sinatra. Él quiere darle el papel de ‘la voz’ a Leonardo DiCaprio, la famila quiere a George Clooney y la productora suspira por Johnny Depp. Pero el mayor de sus males no es ese, sino el descontento público que han mostrado los herederos de Sinatra con la visión poco idealizada que quiere dar Scorsese del cantante. Ellos quieren que Scorsese se centre en la faceta artística de Sinatra y él prefiereofrecer algo más de chicha, es decir, hablar de sus mujeres (oficiales y amantes), su supuestas relaciones con la mafia, su papel en el Rat Pack.

Y ya puestos, ¿A quién de los tres candidatos elegiríais vosotros para el papel de Sinatra?

‘Quemar después de leer’, las paranoias del sueño americano

Dice John Malkovich que ‘Quemar después de leer’ es una película sobre el peligro de los sueños. No sé si sobre el peligro de los sueños, a mí más bien me pareció una película sobre el peligro de la estupidez humana, una estupidez que probablemente acabe destruyendo nuestra especie. Estamos haciendo méritos.

Paródica, hilarante, acertada. ‘Quemar después de leer’ nos devuelve la faceta más humorística, ágil y corrosiva de los hermanos Coen, esa que los encumbró en ‘Fargo’, y que después, a mi gusto, solo reapareció en ‘Oh Brother’. Imagino que necesitaban un cambio de registro radical después de la durísima y asfixiante ‘No es país para viejos’. Lo logran, otra vez, como en su anterior filme, de forma sobresaliente. Es curioso el tándem que forman esta pareja de hermanos: un par de intelectuales, que da la casualidad de que también son unos directores de cine algo frikies. Unos tipos reflexivos que muestran las vergüenzas de la sociedad en la que viven con una guasa y lucidez admirables.

Y han arriesgado en sus decisiones, como por ejemplo al ofrecerle un papel de estúpido de solemnidad al mismísimo Brad Pitt, un papel que ejerce con gracia, dentro de las limitaciones interpretativas que tiene este actor. Como cambio no está mal, se agradece el esfuerzo. Ver a Pitt contoneándose como un idiota, mascando chicle o agitando los brazos al ritmo de la música arranca gran parte de las carcajadas que se escuchan en la sala durante la proyección.

Con George Clooney el riesgo ha sido menor, cumplió su papel con solvencia en ‘Oh Brother!’ y ‘Crueldad intolerable’, y vuelve a hacerlo aquí con un personaje obsesivo, estrambótico, seductor; un sinvergüenza encantador que acaba algo chiflado. Pero los mejores, sin duda, para mí son Frances McDormand (esta mujer nunca está mal), Tilda Swinton (esa piel traslúcida agita la imaginación) y una sorprendente John Malkovich, uno de los mejores actores del mundo y también el dueño de una de las caras más antipáticas y difíciles del cine.

Habrá quien opine que ‘Quemar después de leer’ está algo pasada de rosca, que sus gags están a la altura de la inteligencia del personaje de Pitt y que meterse con la CIA y las paranoias y valores de la sociedad americana está algo demodé a estas alturas; para mí verlo a través del tamiz de los Coen y de su gusto por el cine negro, resulta refrescante y francamente divertido.

Hollywood tiembla ante la perspectiva de que los actores se pongan en huelga

Los actores de EE UU también se preparan para iniciar una huelga. ¿Por qué motivos? Pues por los mismos por los que iniciaron la suya los escritores cinematográficos: por repartir más equitativamente los beneficios que generan las películas a través de las nuevas formas de distribución (Internet, DVD). El asunto va tan en serio, que cuatro pesos pesados de la industria, George Clooney, Tom Hanks, Meryl Streep y Robert de Niro, han tomado cartas en el asunto para tratar de evitarla (la última huelga de actores de cine de EE UU se remonta a 1980 y duró tres meses).

El que más claramente ha hablado sobre la inoportunidad de volver a paralizar la industria, que todavía no se ha puerto en marcha después de tres meses de parón, es George Clooney, quien ha sugerido que “quizá haya cierto cansancio de huelga” entre la gente del sector. Clooney y el resto de estrellas que se están movilizando saben que el actual contrato entre el sindicato de actores de cine –Screen Actors´s Guild ( SAG) que tiene 120.000 miembros- y los estudios finaliza el 30 de junio. Si alguien no hace algo rápidamente para intentar firmar un acuerdo que contemple un incremento en el porcentaje de beneficios, la huelga puede convertirse en una realidad que pocos desean.

Teniendo en cuenta que el negocio del cine genera unos ingresos anuales de 70.000 millones de dólares y que la huelga de guionistas ha causado unas pérdidas mínimas de 1.000 millones de dólares (algunas fuentes hablan de 2.000 millones) las perspectiva de pasar varios meses más en el dique seco debe de estar quitándole el sueño a más de un productor.

Por el bien de los que vemos cine americano a este lado del charco, espero que el asunto se solucione pronto. Por el bien del cine español, espero que por aquí alguien tome nota de los derechos y beneficios que poco a poco van logrando los escritores y actores gracias a su esfuerzo y su unión.