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-No deberías llevar esa ropa. -¿Por qué? Sólo es una blusa y una falda. -Entonces no deberías llevar ese cuerpo. 'Fuego en el cuerpo', de Lawrence Kasdan

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Lo mejor empieza a partir de los 50

Hoy quiero rendir homenaje a una de mis actrices preferida Kathleen Turner. De hecho ella es la protagonista de la película que cito a comienzo del blog: ‘Fuego en el cuerpo’.

¿Y por qué me acuerdo ahora de ella? Pues porque hace unos días leía una entrevista con ella en un periódico inglés, como motivo de la publicación de su autobiografía (‘Send yourself roses’, editorial Hachette). Entre otras cosas me sorprendió enterarme de que Turner, que ya ha sumado 53 primaveras, ha atravesado por serios problemas de salud que amenazaron con dejarla en una silla de ruedas. Desde hace años Turner sufre una grave artritis reumatoide que le impide llevar zapatos de tacón y le deja hacer como único ejercicio pilates y yoga. Parte de los problemas de peso que ahora sufre la sex symbol más taquillera de los años 80 son consecuencia directa de su enfermedad, pero también de su visión de la vida, que deja poco lugar a veleidades corporales.

En ‘The Observer’, Kathleen Turner se muestra como una mujer optimista (a pesar de su reciente divorcio después de más de veinte años de matrimonio) y decidida. Turner está firmemente convencida de que después de los 50, las mujeres comienzan una etapa de mayor creatividad e independencia, libres ya de la carga familiar del cuidado de los hijos.

En la entrevista también habla de su libro de memorias, en el que ajusta cuentas con algunos de los actores con los que ha trabajado, como Burt Reinolds (del que dice que es “el cerdo más sexy”) o Nicolas Cage (al que despacha como “un maleducado”. Éste la ha denuncia por difamación). Sin embargo, recuerda con cariño a William Hurt, Jack Nicholson y Charles Durning.

De Michael Douglas, Turner dice que creyó estar muy enamorada de él mientras rodaban ‘Tras el corazón verde’, pero nunca llegaron a nada porque él entonces estaba casado con su primera mujer, Diandra Douglas.

Como la mayoría de las actrices de talento que, por su edad, ya no les sirven a los caprichosos y machistas productores de Hollywood, Turner se ha refugiado en el teatro y se ha pasado a la dirección. Recientemente se ha hecho cargo de la obra ‘Crímenes del corazón’, de Beth Henley, que está a punto de estrenar en Broadway y está encantada. Además cree firmemente que los buenos papeles acaban llegando.

En la parte en la que se muestra más tierna y vulnerable es cuando se refiere al padre de su hija, su ex marido, y parece que aún gran amigo, Jay Weiss, un conocido promotor inmobiliario. Junto a él vivió el trance de afrontar una investigación porque un incendio en uno de los edificios en Harlem que él alquilaba sufrió un incendio en 1990 y murieron 87 personas. Weiss fue exonerado de toda responsabilidad, pero la pareja pasó por uno de sus momentos más penosos. De su vida matrimonial Turner reconoce que lo que más echa de menos es no tener a alguien que se preocupe de ella y que sepa dónde está en cada momento. A la pregunta de por qué no se casó con un actor, responde con ironía

“Nunca he visto a un actor que pase por delante de un espejo sin mirarse con atención. ¿Quién necesita a dos de esos en la familia?”

Puede que Kathleen Turner haya perdido parte de su atractivo físico, aunque yo más bien creo que lo ha transformado en otro menos evidente, pero más maduro, y, desde luego, sigue siendo una de las grandes actrices de Hollywood. De ella, la película que más me gusta es ‘El honor de los Prizzi’, en la que consiguió el Globo de Oro. ¿Y la vuestra?

Por cierto, hoy cumple 50 años otro mito sexual : Sharon Stone.