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Si no puedes soltar la historia, toma una que te inspire

A medida que desarrollamos nuestra consciencia podemos prescindir cada vez de más de historias que nos contamos a nosotros mismos. Por ello, en el post anterior te animaba a soltar historias limitantes. Sin embargo, no importa en qué lugar del camino nos encontremos, vamos a necesitar historias para crecer. Para aprender. Para construirnos. Para comunicarnos. Necesitamos una narrativa, que al igual que un cuento, nos sitúe en un lugar y momento con un propósito determinado.

El problema de las narrativas surge cuando no eres tú quien creas el guion de tu vida, sino que alguien lo hace por ti. Algunos guiones prefabricados y comunes dicen que “tu vida no tiene ningún sentido”, “el mundo quiere oprimirte”, “estás aquí para ser feliz”, “eres un cáncer para el planeta”, “es demasiado tarde o eres demasiado viejo”, “estás aquí para tus hijos” y un largo y cuanto menos confuso etcétera.

Padre leyendo cuento a un bebé

(Picsea, UNSPLASH)

Si estos guiones te bloquean, te invito a considerar una historia que enmarque tu vida y la llene de sentido. Una narrativa que te haga crecer, sea cual sea tu circunstancia. Una forma de empezar a esbozarla es considerando tres preguntas:

  • ¿Quién eres?
  • ¿Qué te da sentido? ¿Qué viniste a hacer en la vida?
  • ¿Cómo lo vas ha hacer?

Tal vez no te apetezca responder a estas preguntas en las que literalmente te juegas la vida. O puede que estés demasiado ocupado viviendo una historia que no es realmente la tuya. Si este es tu caso ni se te ocurra leer Tu vida épica, un manual práctico para ahondar en el proceso de construir tu propia narrativa de desarrollo y desplegar tu vuelo 😉

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Soltar tus historias te hará sabio. Tres pautas para conseguirlo

En el post anterior explicaba los problemas que tiene estar rumiando la propia experiencia, interpretándola, asignándole significado y almacenándola como si fuésemos estúpidos computadores humanos.

Existe la idea predominante en nuestra sociedad que almacenar conocimiento nos hace más sabios. Si fuese así, para crecer como personas bastaría solamente estudiar y leer. Sin embargo, sabemos bien que ni las personas más leídas son las más sabias, ni las personas más inteligentes, las más humanas.

Crecer, desarrollar nuestro nivel de consciencia significa transformar la relación con nuestras historias y a menudo soltarlas completamente. Si considerar esta opción te da pánico, tómate un respiro. No acumular historias no significa afrontar el momento presente como un bebé vacío de experiencia, sino más bien confiado que la consciencia que necesites vendrá a ti cuando la precises, sin haberla almacenado antes.

Para aprender a soltar tus historias tienes primero que aprender a aflojar tu fijación con ellas. Te comparto tres pautas para hacerlo:

  1. Cuando te ocurra algo, bueno o malo y te veas interpretándolo o dándole significado, obsérvate al hacerlo y observa la historia. Imagínatela como un globo de color y suéltala al cielo infinito.
  2. Si te sientes encallado dándole vueltas y más vueltas a algo, lleva tu atención a tu respiración. Si tu mente vuelve a la historia, llévala amorosamente de nuevo a tu respiración.
  3. Cuando te sientas muy apegado a cierta historia, busca varias historias alternativas para explicártela.
Globos en el aire

(Al Soot, UNSPLASH)

Cualquier disciplina que en jerga zen cultive la mente del principiante te servirá para entrenar la capacidad de liberarte de tus historias: algunas de comunes son la meditación, el yoga o la contemplación. También puedes diseñarte la disciplina o práctica que te ayude a ello.

No creerte las historias que te cuentes sobre ti – ni las que los otros se cuenten sobre si mismos – te dará espacio interior, paz y sabiduría. Te abrirás a una espontaneidad que no solo es tu derecho de nacimiento, sino el verdadero lenguaje de la vida.

Si no quieres soltar la historia, o no estás preparado para hacerlo, entonces enfócate en construir historias que te hagan más libre, que te abran el camino. Se denominan narrativas de crecimiento. En el próximo post te comparto las características de historias que tienen la capacidad para hacerte desplegar las alas y darte a probar el fecundo vacío del eterno presente.

 

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Déjate en paz

Una parte significativa de personas que vienen a mis programas de coaching de seis meses son personas “trabajadas”. Con eso me refiero que son personas que han hecho ya algunos procesos de desarrollo por su cuenta o con otros coaches o terapeutas. Esto, que podría parecer una ventaja, pues cuentan con cierto autoconocimiento de si mismos, puede convertirse en un gran impedimento. Esto sucede, en concreto cuando las personas quieren sacarle punta todo lo que les pasa, o lo que en jerga psicológica se denomina procesar, encajar, integrar, etcétera.

Mujer sentada frente al mar

(Laura Chouette, UNSPLASH)

La forma en cómo los humanos procesamos nueva información es a través de historias. Historias que generan coherencia en nosotros mismos. Mientras que contar con ciertas narrativas sobre porque existes – tu propósito –, tu carácter – tu estructura básica de ego –, o la circunstancia que estás atravesando puede ser útil, querer convertir a todo lo que te pasa en una lección de la que eres el protagonista es un error. Tomemos por ejemplo el caso de Julia, una persona que se cuenta la historia de que por haber sido rechazada muchas veces en pareja, el miedo a que la dejen ahuyenta a sus posibles parejas. Y por eso necesita deshacerse del miedo. Veamos los inconvenientes de creernos las historias que nos contamos, incluida la del ejemplo:

1- ENGORDAN AL EGO. Tu ego se hincha con las historias de porque te pasa lo que te pasa, con lo que aumentas la confusión sobre tu verdadera esencia.

Julia carga con la etiqueta de “persona rechazada muchas veces” distorsionando la imagen de si misma.

2- NUBLAN TU PERCEPCIÓN. Las historias se te pegan como lentes invisibles y proyectan sus “lecciones” en el futuro, reduciendo el potencial creativo de la vida.

Para Julia, la etiqueta de “persona rechazada” junto con el miedo, aumenta su recelo creando la percepción de que el mundo es hostil.

3- TE DESCONECTAN DEL PRESENTE. Estar presentes consiste en estar abiertos sin saber, sin proyectar ni anticipar nada. Cuando sacas punta a todo en forma de interpretaciones, el presente se empequeñece de la mano de patrones manufacturados por ti mismo.

La historia de rechazo de Julia la lleva a un doloroso pasado o a un presente en el que ha de esforzarse en no mostrar cierta emoción: el miedo. Ambos impulsos le impiden estar presente y percibir la realidad como es.

4- TE MANTIENEN MIRÁNDOTE AL OMBLIGO. Mientras ciertas historias te mantienen dándole vueltas y más vueltas a tu sentido del yo, a tus inseguridades…la VIDA en mayúsculas pasa de largo.

Mientras Julia se encierra en su historia no puede disfrutar del ascenso que acaba de recibir, ni de la fiesta sorpresa que le han preparado sus amigas, ni tan siquiera de gozar de una salud de hierro que le permite realizar cualquier tipo de deporte extremo.

5- ES AGOTADOR. La energía mental y física de estar rumiando e interpretando todo el tiempo es colosal. Es una energía que te drena y te tensa el cuerpo generando todo tipo de malestares.

Julia duerme mal, aprieta los dientes mientras duerme, y a menudo se siente hastiada de si misma.

6- PROFECÍA AUTOCUMPLIDA. Las historias que te crees y almacenas internamente para el caso hipotético que la situación se vuelva a presentar, hacen que las atraigas inconscientemente.

Cuando Julia conoce a alguien intenta ocultar su miedo al rechazo y no se muestra. Sus parejas la perciben fría y distante. Las relaciones sentimentales de Julia no duran, con lo que su historia de confirma de nuevo.

La alternativa a estar todo el tiempo elaborando historias y almacenándolas, tiene que ver con vivir desde otro espacio, tiene que ver con dejarte en paz. Te lo cuento en el próximo post 😉

 

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