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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Ten cuidado, Luisito

“Ten cuidado”. Cada día lo oigo en más ocasiones, es normal, hasta cierto punto. Unos lo dicen con la constancia de la madre, de quien te ha parido, alimentado y dado cuerda, si bien mi madre es de esos especímenes que nacieron sin importarle las dificultades y que pasean su genética bestial por donde haga falta. También me lo dicen de soslayo, insertado en alguna otra conversación, como cuando se posa la mano de manera casi tangencial en el hombro, “hombre, tu ya tendrás cuidado en esas aventuras”. Así lo hace quien aún no me conoce muy bien, amistades surgidas en ámbitos donde no se suele hablar de kilómetros u horas corriendo, aunque muchos sepan de nuestros vicios.

Anteayer me lo decía quien más me quiere, sí, más que la Flora. Mi mujer me ha visto llegar a casa sudado, congelado, encharcado y con barro hasta las sobaqueras. Siempre que uno llegaba hecho un ecce homo, yo veía que sus ojos iban directamente a los míos, sin pararse a contabilizar enganchones o pegotes de fango. Cara a cara veo que inspecciona lo importante, si su cuerpo de sardina favorito sonríe tras 40km por la montaña, o trae los ojos enrojecidos después de 15 horas corriendo por las Sierras de Ronda, así que sus “ten cuidado” contienen gotitas de preocupación relativa; me conoció corredor (o lo que seamos) y me ha visto siempre consciente y contento por las diabluras de la distancia y el sudor. En una ocasión corrí tanto y por un sitio tan malo y un día tan desapacible que me dolieron las rodillas y no dí más de mí. En aquel momento, después de 8 horas y ante la imposibilidad material de disfrutar de nada, opté por no llamar a casa a comunicar mi retirada. Cuando asomé al móvil ya iba en tren a casa. Esto demostró, o lo demostraría si hubiera hecho falta, que el cuidado está presente en cada una de mis supuestas estupideces.

Ahora me enfrento a dos días seguidos atravesando sólo unos 150km. A pesar del aspecto de premeditada idiotez, mi amor sabe que cuento con lo básico (alojamiento concertado, dos piernas y un corazón que bombea sin problemas para surtir unas facultades normalitas pero suficientes), pero que además poseo la llave hacia la retaguardia: cierta cantidad de experiencia, del Lebenserfahrung. Son demasiados años dando consejos sobre cómo correr con tranquilidad. El empirismo, los hostiones contra la pared del sufrimiento y las limitaciones del cuerpo del corredor del montón (blanco, occidental, sedentario y peludo), han logrado someter cualquier atisbo de rebeldía suicida en mi cabeza. Tan es así que ya sea en pleno trote bajo 38º, tormenta de nieve, cerrada niebla o descenso por montaña, en mi cabeza se enciende el led de la prudencia. Regresar a casa con los tobillos enteros y poder conducir hasta mi hogar sin problemas, tener el cuerpo aún entero para hacer caso a mis enanos, o energías suficientes como para soportar tardes de Domingo con feria, paseos por zonas infantiles o sesiones de sexo casi sin flujos corporales y el paladar sediento.

A quienes os preocupe si me perderé, deshidrataré o derrumbaré en mi próxima aventura, os garantizo que voy guiado por la cordura empírica, por la -quizá innecesaria- acumulación de hábitos a lo largo de estos 28 años corriendo. Y si, aún así, os quedáis intranquilos, siempre os podéis pasar a hacerme compañía un rato. So medrosos.

Robo foto a Eva de la tapia de ayer. Compartiendo furgón de cola con mi esposa y alguna novata más.

5 comentarios

  1. Dice ser sylvie

    A pesar de todo, quienes están a nuestro lado, saben que nuestra locura es grande pero que también somos coherentes y lógicos cuando el peligro aprieta…

    Que te vaya muy muy bien Luisito…que disfrutes de todos y cada uno de esos kilómetros…y en caso de pérdida, si quieres te paso el número del lobatón, que ese te busca donde haga falta.

    Besitos.

    08 Agosto 2008 | 09:54

  2. Dice ser Garbanzito

    Ya lo dice el refrán: La experiencia es la madre de la ciencia. Un verano, en mi juventud, cuando me metía en berenjenales gordos, hicimos una marcha de cuatro días desde Yeste a los Chorros del Río Mundo, justo en la ladera contraria del Calar. Los críos entre 11 y 14 años. Nos cayó lo que no había caído en la vida en verano en aquellas tierras. La Guardia Civil subió a rescatarnos por la ladera dificil, por la de la cascada. Mi santica que me conoce, se empeño que no, que bajaríamos por la fácil, por donde habíamos subido y que no lo haríamos hasta que se secara un poco el terreno. Fue una de las pocas personas que confiaron en mi prudencia y fueron a esperarnos justo por donde descendimos y a la hora prevista. Ni que decir tiene que nunca llegamos a la cascada pero los críos, que no tuvieron nunca conciencia del peligro que estaban pasando, se divirtieron de lo lindo… Pero por si acaso, ¡Ten cuidiao, Luisico!.

    08 Agosto 2008 | 10:47

  3. Dice ser Pablo

    Ten cuidado y ¡buena suerte!

    09 Agosto 2008 | 09:42

  4. Dice ser Carlos

    Pues eso Luis, ten cuidado, que según te he leído tenemos unas cañas pendientes el primer finde de septiembre. 😉

    09 Agosto 2008 | 18:15

  5. Dice ser Cocolocus

    Pues eso, ¡Valor y al toro, pero con armadura! 🙂

    Mucha suerte, muchas piernas y mucho corazón.

    13 Agosto 2008 | 12:19

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