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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Gin tonic y chocolatinas

Os lo voy a contar. Resulta que tengo una panda de excompañeras de trabajo que son mucho más que eso. También son bastante más que amigas. Es, esta, una curiosa pandilla con la que estuve compartiendo unos años de reasentamiento, de disfrute absoluto y nihilista aunque callado y discreto; el harén de amigazas, vaya, eran una treintena de mozas de homogénea edad y simpatía. Pues ayer quedé con ellas de nuevo.

Salir con la petenera de que no quiero citar a nadie porque sin duda me dejaría alguna en el tintero es una tontada. Las citaré, una a una, a riesgo de que alguna excluida se lea en el vacío entre palabra y palabra, mejor, no se lea, pero así remarcamos las amigas fetén de un dia D+3 lleno de mocos y sin gana alguna de salir a maratonear (conste en acta).

Hay un terremoto gijonés, concentrada en frasca pequeña, Fer, que un día se romperá de dentro afuera y estallará en mil esquirlas morenas y potentes. Hay una delicia sola y de sangre de pescaderos que no encuentra el modo de desasirse de un algo que tiene, ella sabe, la Borrego, y que sin duda lamería de gusto y sacaría a mil sitios si anduviera yo ahora solo y sin circunstancias. Está una que ayer no estuvo, Sofía, la suavidad morisca y la melancolía vigoréxica unidas en el hilo de voz más meloso de la tropa. También Lola y su tendedero recién cerrado y su montaña de curvas metidas en Bershka, a quien quizá menos tiempo tuve de conocer pero más de frente tenía y quien más se exponía a mi indiscrección. Una recientita madre, la Castro, oleaje bestial de la costa lisboeta, portuguesa hija de vigueses, un torrente blanco y pardo. Corona la cuadrilla mi Susi y sus bucles y su cintura estrechilla y su ritmo imposible de seguir, más que compañera y confidente. La Jáuregui, no se me pase, infantil porcelana dibujada por algún artesano de Delft, aventurera y ahora comercial de la cosa de la nutrición infantil, siempre espléndida, alegre, elegantona cuando nunca se nos dijo que fuéramos arregladas (allí todas éramos todas, siendo yo el único cromosoma raro). Natascha y Alda y Myriam y muchas otras ya tenían su ritmo establecido, su aquel, como las copas de Maria Eugenia o la alegre agenda rocanrolera vallecana que me separó de una Marian con quien nunca se puede quedar. Pero mis chicas de la masa, son eso: mis chicas de la masa.

Ayer entre periodistas de centroderecha moderada y esencia de triunfadores de la calle Pradillo, volvimos a trastear y a contarnos y a mirarnos. No faltó nada. Las chocolatinas de la Jáuregui y los Larios con tónica de jueves tarde. La melena de una y las manos de otra. Los pechos de una tercera y un calor que nos envolvía y nos hacía pedir compulsivamente más alcohol y picar más chocolate.

6 comentarios

  1. Dice ser b-Ban

    Joder macho…tu llenas la plaza toros de Torrejón (al estilo Jesulín de Ubrique) para las 24 horas esas de mayo…

    01 Febrero 2008 | 14:21

  2. spanjaard

    Y a cada kilómetro tiro una braga al aire… no es mala idea.

    01 Febrero 2008 | 15:00

  3. Dice ser Sylvie

    Qué buenas las descripciones de tus ángeles (de charly)!…con ese harén, ya debe sentirse feliz tu elegida!

    besitos.

    01 Febrero 2008 | 17:26

  4. Dice ser lampuzo

    24..Ya.. ¡Sniff..! 24..Ya.. ¡Ejem..!
    24.. Ya… ¡Buah..Buah…! No.. ¡No voy a llorar..!

    ¡Hombre sin entrañas..!

    03 Febrero 2008 | 20:54

  5. Dice ser Mondo Gitane

    Genial el relato, pero al turrón: cuál es la que se deja??

    04 Febrero 2008 | 08:52

  6. spanjaard

    La coja.

    04 Febrero 2008 | 09:20

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