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Poner un pie delante de otro nunca tuvo tanta trascendencia.

Amor, la botella de Baileys ha muerto

Tomando aire tras subir de nuevo los 4 pisos de mi nido de águilas y con el runrun del arranque de esa mierda de GH a mis espaldas, me dicen que si nos preparamos un bailecito. Vale. A por ello voy, a esa gloria alcohólica de 750cl en formato familiar station wagon que ocupa un segundo estante de la nevera. Cada vez nos duran menos, pienso mientras saco unos hielos de un congelador en crisis.

Es ese trago de final de jornada el que nos alegra a muchos padres de criaturas móviles. ‘Los gemelos son movidos’, imitaban a la seño de la guardería hace lejanos 16 meses. Si, movidos. Hay gente que se apunta a Pilates. Nosotros nos apuntamos a twin turmix gym.

El día de reposo que me he regalado, con vistas a pensar en otras cosas y a acudir al cardiólogo, para asimilar los entrenamientos y reirme por dentro de los comentarios del Pistolero sobre mis 1.16 en series, ha terminado con el asesinato de las últimas gotas de Baileys sobre unos vasos regalados y trufados con cubitos de hielo sabor a pescadilla. Y ahora pienso, encorvado sobre este teclado de portátil, en esa aparente delgadez de nuestro tórax, ese retumbar excesivo en el electrocardiograma, en ese 13/8 algo alto, y en esa recomendación de vigilar con pruebas sucesivas (ergometría, ecocardiograma, Doppler) una posible hipertrofia ventricular de deportista. Ahora se me está pasando todo: ni Linea 8 de metro, ni cercanías de Renfe, ni subir corriendo a casa (he dicho ya que vivo en un 4 piso sin ascensor, ¿verdad?) ni tener que marchar los 400m que me separan de la consulta.

Ahora todo sabe a crema de whisky. Saludos y calma, lectores.

1 comentario

  1. Dice ser cabesc

    un saludo bebedor desde el kilómetro 5’8 spanjaard y, salud.

    08 Septiembre 2006 | 05:11

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