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El desliz de Chábeli: “No he leído a Vargas Llosa. Sólo leo en inglés”

El Nobel no gana para sustos (ni nosotros para diversiones). Desde que se lió la manta a la cabeza y decidió empezar de cero a sus setenta y muchos años, los sobresaltos se suceden. Él echa las culpas a la prensa sensacionalista, pero lo cierto es que algo tiene que ver también, en su nueva proyección mediática, el hecho de que se haya emparentado con una de las familias más singulares del panorama de los famosos. Porque no me negarán que lo de Tamara Falcó, a la que adoro, no es de traca (ese momento cumbre que vivió hace un par de años leyendo la Biblia). Y ahora que las aguas estaban calmadas ha hecho acto de aparición en España… Chábeli Iglesias.

Chábeli Iglesias, el pasado jueves, en Barcelona. © Gtres

Chábeli Iglesias, el pasado jueves, en Barcelona. © Gtres

Chábeli, la misma que vivió en sus carnes el despertar de los programas cañero-agresivos (aquel primer programa de Tómbola no lo olvidará jamás), ha pisado el solar patrio después de dos años sin hacerlo. Y lo ha hecho porque… ¿echaba de menos el que al fin y al cabo es su país de procedencia? Frío. Vino porque la contrató Swarovski por un pastizal para comparecer en Barcelona, con un ‘photo call’ detrás, ante la prensa de la que no quiere ni oír hablar Vargas Llosa.

La hija mayor de Isabel Preysler, que se alejó de las complejidades de este país nuestro hace la friolera de 30 años, reveló una primicia mundial: ya conoce al autor de La fiesta del Chivo. Quiero decir que le conoce en persona: se reunieron una cena familiar en Miami.  Lo que todavía no conoce, sin embargo, es su obra. Que no, que no ha abierto una de esas novelas magistrales ni por curiosidad. Atención a lo que dijo: “La verdad es que no he leído ningún libro de Mario, soy honesta”. Hasta ahí, ningún problema. Lo estropeó todo cuando quiso justificarse: “Hace 30 años que no vivo en España y leo en inglés”.

No, Chábeli no había caído en que el ínclito escritor tiene su obra traducida a más de treinta idiomas. Cuando un periodista se lo aclaró, dijo: “Me voy a dedicar a leer un poquito sus libros y a conocer un poquito más su persona”.

Se agradecen titulares como éstos, no me digáis que no. El caso es que ella, a diferencia de Ana Boyer, ha caído rendida a los encantos de Vargas Llosa: “Me parece una persona encantadora, inteligente y llena de vida. Para la edad que tiene está muy bien”.

Tuvo momentos de cordura al mostrar su preocupación por el medio ambiente y el cambio climático (¡ciudades sin coches ya!)

Añadió que a la Preysler la ve “fenomenal, muy feliz que es lo importante porque hacía mucho tiempo que no la veía así.”

Y tan feliz está que puede que prontito veamos a la Preysler casándose de nuevo. Se dice, se comenta, se rumorea que en cuanto Mario tenga el divorcio se va a casar con Isabel Preysler. De momento, según la revista de las exclusivas de la reina de corazones, se van a ir a vivir juntos de un momento a otro.

A mí toda esta historia, qué queréis que os diga, en el fondo me gusta. Me gusta porque, más allá de las bromas de pésimo gusto que circulan por Internet, es la prueba y la confirmación de que el amor no tiene edad. Y de que nunca es tarde si la dicha es buena.