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Ciencia, tecnología, dibujos animados ¿Acaso se puede pedir más?

La marca del candado

La República francesa es un gran país, pero a veces sus modos de proceder resultan curiosos. Cuando lo que se está en juego es la libertad de la cultura, un asunto que París se toma muy en serio, ellos se preocupan… por la marca del candado que va a cerrar el grillete. La Asamblea francesa quiere que, sean como sean las cadenas, los candados sean intercambiables e interoperables. No vaya a ser que la música vendida por iTunes no se pueda escuchar en un reproductor Sony, o que el futuro ‘iPod Killer’ sólo pueda reproducir música vendida por Microsoft. Por supuesto, sin preocuparse de reproductores o músicas sin grilletes; la cultura libre no interesa.

La Asamblea francesa, como es costumbre en los políticos, en el mejor de los casos resuelven el problema equivocado. Para proteger la cultura hay que procurar que quienes la practican como oyentes o lectores no sean atropellados en sus derechos de consumidor por la otra mitad del mercado. Lo mejor sería que no hubiese grilletes, porque la cultura se cría mejor en libertad, como demuestra la historia. Los candados tecnológicos se ha demostrado (reiteradamente) que dañan los aparatos reproductores; gastan batería; reducen (por supuesto) los derechos del consumidor; pueden impedir el ejercicio del derecho de copia privada, y cuando son amparados por las leyes representan una intromisión estatal en el mercado cultural que no gusta a nadie. Bastante se están entrometiendo ya los estados (allende, y aquende los Pirineos) en este mercado, y no para bien. Eliminen los grilletes, en lugar de ocuparse de su marca comercial.

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