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"La realidad es simplemente una ilusión, aunque una muy persistente". Albert Einstein

Cuando el chocolate explota: tragedia cocinera en ‘Ven a cenar conmigo’

Dilenia, con la cocina llena de gotelé.

Si hay algún peligro en los tutoriales de Instagram y YouTube y esos sitios es ver cómo los demás hacen las cosas y creerte que tú las puedes hacer igual. Y no. Y luego hay accidentes que dejan tu cocina como si Peppa Pig hubiera estado saltando en un charco de barro encima de la vitrocerámica.

La cocina que quedó que era más fácil prenderle fuego que limpiarla fue la de Dilenia, de profesión, tiradora de trastos a Javier y en sus ratos libres auxiliar de enfermería.

“Yo me considero una persona introvertida, extrovertida, por las buenas buenas y por las malas, malas”, dijo de sí misma, que con esa frase en Hollywood se montan una secuela de El Código Da Vinci con Tom Hanks dos horas y media tratando de averiguar qué significa.

“Vivimos el Carpe Diem y mañana Dios dirá”, resumió la muchacha su filosofía de vida, porque “las penas ya llegan solas”. Qué hijas de puta las penas, fijo que tienen GPS, porque te encuentran siempre.

En el vídeo de presentación salía bailando enfrente de un descampado donde no había más que rastrojos. Ni música ni hostias, pero ahí estaba Dilenia dándolo todo con un sol capaz de matar a una chicharra. Rave extrema. Eso no era un after hour, era un after week por lo menos.

Menú:

Entrante: Barcaguate. “La receta está basada en el aguacate y la voy a presentar en un barquito”, explicó Dilenia. Ya, nos imaginamos que no pretendías mantener en secreto la fórmula de la coca-cola despistando con ese nombre.

Dilenia se puso un delantal con estampado de paellas, al más puro estilo caribeño. Colón del primer viaje se trajo tabaco, patatas y paella en un tupper.

El plato llevaba plátano macho. Pero macho que sólo le faltaba tener pelo en el pecho para ser más macho. Ese plátano era tan macho que no le dejaron salir en Pasión de Gavilanes porque le hacía sombra a los otros tres maromos.

Dilenia lo frió “finito, pero gordito”. Si Dilenia se empeña es capaz de hacer la cuadratura del círculo con el Paint.

Mi Javuchi sale de aquí enamorao”, se automotivaba la muchacha, pero me da a mi que Javier no sale de ahí enamorado ni con un bebedizo.

Total, que el plato era básicamente un guacamole que echó en la propia piel del aguacate. Y el plátano iba de acompañamiento.

Principal: Timbal dominicano. Era carne cocinada con verduras, especias y azúcar, todo ello sobre arroz blanco.

Como su Javier es como un niño de cinco años y las ternillas le dan asco y no sabe apartarlas, Dilenia le limpió los filetes que sólo le faltó masticarlos y regurgitárselos en la boca durante la cena. Una mamá de cernícalo se lo curra menos para dar de comer a sus polluelos.

Eso sí, el plato tenía buena pinta.

Postre: Frutas derretidas. Quería hacer unas barcas de chocolate (o cúpulas quizá) mojando globos en chocolate.

Lo que pasa es que debió comprarlos en un bazar de todo a cien (ay, cuando eran todo a cien) y encima los inflaba con una presión de rueda de tractor y claro, era mojarlos en el chocolate y explotaban.

Al segundo que explotó la cocina ya estaba como el baño de un restaurante de carretera de Albacete con ostras en el menú.

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Espero que no estéis comiendo mientras leéis ésto.

En cualquier caso, he de decir que he visto películas porno menos explícitas que Dilenia untando mantequilla en los globos y entre eso y los churretones de chocolate que le corrían por las domingas el programa de anoche fue la experiencia más erótica de mi vida.

Al postre le metió pera, mango, papaya, “queso mascarpón”, que es mucho mejor que el queso “menoscarpón” y le añadió leche condensada como para endulzar el océano atlántico.

El primero en llegar a la cena fue Javier, que yo creo que se había tomado ocho cafés antes de llegar porque estaba muy venido arriba. Estaba más on fire que un Teletubbie en el Día Internacional de los Abrazos.

Bienvenido a tu casita“, le dijo Dilenia con una voz de ir a enseñarle una habitación llena de correas de cuero, bozales y maderos a los que atarle.

Le ofreció un cóctel y le dijo: “Puedes tomarlo con o sin paja“. Un consejo amigas y amigos: siempre con paja. Es mucho mejor. Más higiénico, digo, y dura más.

“A ver si hoy vas a venir tú a por mí, que yo sigo curiosa, ¿eh?”, le advirtió Dilenia.

Diccionario Dilenia-Español

Curiosa.
Del lat. Calenturiae.

1. adj. Te cogía y te daba más cabalgue que al caballo del Cid Campeador. U. t. c. s.

2. adj. Quítate la ropa, es para un experimento científico.

Después llegó Raquel, que dijo que Javier llegaba “visible” y más moreno, pero lo dijo con pinta de pillarle y hacerle la cosa esa de la cópula hasta dejarle blanco.

Yo no sé qué le ven a este chaval, de verdad, ¿qué tiene él que no tenga yo, aparte de pelo, abdominales, un cuerpo apolíneo, sonrisa seductora y carisma?

La Monja Hammnon llegó con un velo y un vestido que creo que pretendía ser estampado de tigre. Lo que pasa es que parecía más un borrador de cuando estaban pensando la serie de Pokémon. Era como un Pikachu criado en Chernóbil.

Mientras llegaba el primer plato Javier y Charly se fueron a cotillear por la casa y oh, sorpresa, acabaron en el dormitorio. Qué tontos: el armarito del cuarto de baño da más información de cualquier persona que cualquier dormitorio.

Dilenia había dejado fotos suyas sexys convenientemente colocadas, y no dejó condones sobre la cama alineados formando el nombre de Javier porque no le dio tiempo. También había una cofia de enfermera sexy. Sutilísimo.

No abrieron el cajón de la ropa interior, que es lo primero que yo siempre hago cuando voy a las casas de los demás. Ups, ¿he dicho eso en voz alta?

“Yo me voy a desmayar, a ver si sabe hacer el boca a boca“, dijo Javier riéndose cuando averigüaron que Dilenia se dedica a la sanidad. Se desmaya Javier y Dilenia le hace un papo-boca que lo despierta que no se vuelve a dormir en seis meses.

Llegó el primer plato y a todos les encantó. La Monja Hammon, a la que todos llaman ya “monji”, dijo que “el punto del plátano era extraño para mí porque no es algo que haya probado mucho”. Qué picarona, que no ha probado mucho un plátano macho… claro, es monja.

La Monja se chivó de que habían ido a cotillear y ella les explicó que curra de auxiliar “en dos residencias” de ancianos. “Una señora me dijo que lo mejor que te puede pasar es que si llegas a mayor te cuide una persona como tú me cuidas a mí“, dijo emocionada. Ole por ella y por el curro que hace.

A Javier le dijo que a él “estaría encantado de cuidarle”. Fijo que le encantaría ayudar a Javier a ducharse, por ejemplo.

Charly aprovechó el parón para hipnotizar a Raquel, porque cualquier momento es bueno para una hipnosis. Este hombre va por el metro y se aburre y te deja el vagón que hipnotiza hasta a los extintores.

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“Te vas al infierno con éstos”, dijo la Monja, que considera que “esas prácticas no se deben hacer en la mesa“, como si estuvieran sacándose mocos y pegándolos en el mantel.

“Con lo del diapasón ya te está manipulando la mente”, dijo la muchacha. Cuando Fox Mulder conoció a la Monja Hammon quitó el póster del ovni del despacho y puso una foto de la Monja Hammon. No está casada con Dios, está casada con la conspiranoia.

“Cuando regrese Dios a la tierra, ¿hallará fe?“, se preguntó. No, pero ya estarás tú ahí para comerle la oreja y darle la tabarra chivándote.

Y así Raquel no pudo hipnotizarse porque la Monja Hammon no se callaba y no la dejaba relajarse. La única forma de relajarse cuando Monja habla de religión es metiéndose un taladro industrial en el oído con la esperanza de que te deje sordo y después llegue al cerebro y te mate.

“Vas a ser un diablo con rabo y cuernos”, le dijo la Monja a Charly y ahí Charly estuvo fino y le dijo “los cuernos… no sé”. JA JA JA JA

Así como el primero triunfó el segundo logró triunfar como el Titanic. Javier le dijo que la carne estaba un poco dura para su gusto y que ya llevaban tres días comiendo carne y que eso era “un poco duro”. Oh, sí, durísimo. Anda que estás picando en una mina, blandengue.

– Señor el espía enemigo que hemos detenido no quiere hablar, le hemos torturado hasta la saciedad, hierros candentes, potro, silla de pinchos, cercenamiento de miembros…

– ¿Habéis probado a darle de cenar carne tres noches seguidas?

– ¡Señor, por favor, eso sería una crueldad!

Y así.

El timbal estaba comestible pero no para concurso“, dijo Hammon. Y Así como Dileniae n el primer plato casi llora de felicidad por los piropos, en el segundo casi llora, a secas.

Llegó el postre.

¡¡ESTO ESTÁ DE VICIO!!“, gritó la Monja Hammnon que va a estar seis meses rezando avemarías para compensar tanto gozo.

Para el fin de fiesta Dilenia se los llevó haciendo la conga por medio pueblo de San Agustín hasta que llegaron a una acera cualquiera y allí se montaron la movida. Y así es como empezó el 15M, niños.

“¿Pero eso qué diosa es?”, dijo Hammon cuando vio una falda Hawaiana de plástico. No hay nada más herético que eso. Todo el mundo sabe que las misas negras se hacen con faldas hawaianas.

Se pusieron pelucas de euro la unidad y se dedicaron a hacer la conga otra vez con un botijo y un rastrillo de fondo, lo que es muy caribeño, porque todo el mundo sabe que en el caribe si no tiene botijo no eres nadie.

“El fin de fiesta ha sido muy pobre”, dijo Javier de la fiesta de Dilenia. Vaya por Dios. Este chaval no le conviene a Dilenia para nada.

Puntuaciones. Charly: 7. Raquel: 6. Monja: 5. Javier: 4. Javier y Monja son un poco ruines… para mí que están pensando en los 3.000 euros del premio...

Hipnosis, brasas y otras cosas demoníacas que espantan a la Monja Hammon en ‘Ven a Cenar Conmigo’

Dilenia, más hipnotizada que un niño con un móvil.

No es que la Monja Hammon tenga algunos prejuicios basados en su supuesta (y rara) religiosidad, es que tiene tantos que parece un catálogo de los prejuicios. Los tiene hasta en tonos pastel, en mate y en brillo.

Para ella, todo lo que no sea hablar como si acabara de tener una revelación mística es demoníaco, o blasfemo o te escuece el ano que el talco empieza a sobrepasar en porcentaje de gasto al alquiler.

Anoche el anfitrión de Ven a Cenar Conmigo era Charly, un señor de 43 años que hace mentoring y asesoría. O sea, que su curro es decirle a los demás lo que hacen mal pero que no se preocupen, que ellos pueden. Es como un padre, pero sin dejar herencia.

Además de eso es un hipnotizador. “Lo uso para que las personas puedan abrirse de una forma más sencilla“, dijo, con lo que no sé si te hipnotiza o te hace ir al baño con fluidez.

“Lo primero que necesito es que la persona quiera ser hipnotizada“, aseguró. Joder, así cualquiera. Yo soy captador de donativos a mi cuenta bancaria, lo único que necesito es que la gente quiera darme su dinero.

Este hombretón que tiene más pasatiempos que el periódico del domingo monta en moto y se pone un casco o bien de aviador o de Mickey Mouse con las orejas tristes.

Soy un cocinero lento y disfrutón“, dijo de sí mismo a la hora de meterse en la cocina.

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Charly tiene sexo con todos sus platos.

Su menú:

Entrante: La huerta andina. Se trataba de una ensalada de quinoa que llevaba muchas cosas. Había tantos ingredientes que parecía el Frankenstein de las recetas. Eso se lo dan al jurado de MasterChef y están seis meses para acabar de catarlo.

Lo decoró para que fuera un “plato cuqui”. ¿Le puso una foto de gatitos encima? ¿Terciopelo rosa por doquier? ¿Una foto de Paquirrín durmiendo con chupete? No, le puso dos trozos de zanahoria por encima.

Las hortalizas son cuquis para él. Charly antes te acuna y le pellizca los mofletes a una puta berenjena que a un bebé sonrosado y sonriente.

Principal: El hueco lombardo. Joder, suena a tortura medieval.

– ¡Ha robado una gallina, echadlo al hueco lombardo!

En realidad era osobuco a la milanesa, o sea, jarretes, la misma carne que había hecho Raquel el día anterior. “Osobuco, un hueso con agujero, pues que cada uno vea lo que hay“, dijo Charly, que es muy de hacer metáforas complicadas y sutiles. No le llamó al plato “agujero para meter la polla” porque daba muchas pistas.

Para enharinar los filetes les dio unos sopapos que si la harina llega a estar sin moler la deja refinada él mismo a base de bofetones. La carne se fue a la olla pensando qué habría hecho para merecer semejante paliza.

Cociendo la polenta para el acompañamiento se le salió el caldo de la olla, y se le quedó la vitrocerámica que eso no lo rascas ni con un hacha. A la costra que se le formó le enseñas un Vitroclen y el Vitroclen llora.

Esto huele a 3.000 euros“, dijo al oler el plato. ¿A qué huelen 3.000 euros? zumzum, zumzum, zumZumZum zum zum. Uiiiiu.

Postre: Iceberg de fuego y hielo. Para qué vamos a copiar a Juego de Tronos. La idea era pensar en envenenar a alguien y Charly se entregó a esa tarea que si le llegan a conocer Romeo y Julieta le compran a Charly el veneno.

Llevaba bizcochos de soletilla, helado de corte, piña y melocotón en almíbar y otras ochocientas cosas por encima, que eso parecía la pila de las vísceras de una pescadería.

Lo metió en el congelador sin tapar, porque así el helado te coge un maravilloso aroma a merluza congelada. Pero se desmontaba igual, porque le puso ocho kilos de fruta en almíbar. Y claro era así:

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El caso es que lo remató con un merengue requemado, que tostó con un mecherillo con el que no prenderías fuego ni a un montón de paja empapada en gasolina en pleno agosto.

LA CENA

La primera en llegar fue la Monja Hammon que dijo que llegaba con hambre. Es que debe comer sólo cosas no consagradas y eso no llena. Ésta es la mujer que dice que es monja, pero que la dejas en la puerta de un convento y las monjas de clausura se hacen monjas de búnker para que no entre.

Una vez la Monja Hammon saludó al Papa y el pobre hombre estuvo tres días mirando folletos sobre Budismo.

Luego llegó Javier, que jodió el timbre. Tardó seis segundos en entrar y ya estaba Dilenia tirándole los trastos. A saco.

Imágenes exclusivas de Dilenia ligando con Javier que el programa no ha emitido:

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Charly tenía la casa decoradas con flechas, escudos y mazas de guerra de esos que compras en mercadillos cuando vas de viaje a sitios tan exóticos que sólo los visitan millones de personas al año. Para qué va a comprar imanes de nevera.

Monja y Raquel se fueron a cotillear y encontraron cosas como una bolsa de deporte verde con la que en cualquier gimnasio te lapidan con las pesas y las mancuernas.

Y Charly también tenía un uniforme de marinero en el armario… o ha hecho la comunión hace poco o creo que aquí hay alguien al que le gusta ponerse creativo en el dormitorio, ya me entendéis.

Pero no, el caso es que Charly estuvo “cinco años en la Guardia Real en infantería de marina en el grupo de escolta del anterior rey“. Lo que habrá visto Charly…

Dilenia: “Yo tengo predilección por los uniformes“, dijo y añadió “a mí los uniformes me dan calor y los del cuerpo del estado más”. Claro, el uniforme de artificiero da un calor que no veas. Seguro que se refería a eso y no a que ve a un policía nacional y quema el primer cajero que ve con tal de que se le acerque.

Javier se puso el uniforme y la cogió en brazos y Dilenia no entró en combustión en ese mismo instante de milagro. Estaba tan caliente que cuando los volcanes quieren hacer un sacrificio a sus dioses arrojan cosas a Dilenia.

Con todo eso del folleteo en ciernes la Monja Hammon estaba tan cómoda que la posibilidad de ser devorada por alimañas en medio del desierto le parecía una cosa tentadora. Su filosofía es: si la Biblia dice que es malo, es malo. Si la Biblia no dice nada al respecto, es peor aún.

A la pobre mujer se le caía el velo ese que lleva cada dos por tres. Las horquillas deben ser demoníacas, porque no las usa. Si a Mahmud Ahmadineyad no le gustó que a Ana Pastor se le resbalara el velo, le llevas a la Monja Hammon y le tienen que poner oxígeno. Creo que esa mujer lleva el pelo untado con mantequilla.

Llegado el segundo la carne estaba más fría que los testículos cuelguerones de un pingüino. Es carne la podías echar en el cubata para que te enfriara la copa.

Antes del postre Charly se llevó a Dilenia a la cocina y le dijo “vas a pasar el resto de la cena más relajada”. A mí me dice eso y lo primero que pienso es que me va a echar ‘droja’ en el colacao, pero no, Dilenia siempre piensa en la interpretación sexual. Las tesis de Freud se las dictó Dilenia con mensajes de voz de Whatsapp.

¿Pero relajada, relajada?“, dijo ella, picarona. Pero no, no era nada de pasar por la piedra nada, era que Charly quería hipnotizarla.

Y la durmió dejándola caer sobre la cama. “No te acordarás de nada. Te encontrarás más dicharachera, más alegre, especialmente por estar junto a Javier“, le dijo. O sea, exactamente igual que había estado hasta ese momento. Así también hipnotizo yo, no te jode.

– Sofía Vergara, duerme… a partir de este momento estarás cañón y tendrás acento colombiano… ¡despierta!

TACHAAAAAAAAAAAAAAN

Los dos volvieron con el postre y Charly le prendió fuego al merengue flambeándolo con Armañac, que es el primo de Dartacán. La verdad es que el fuego fue muy poco de Juego de Tronos. Si los dragones echaran eso trabajarían encendiendo velas de cumpleaños y poco más.

“Yo creo que Javier se lo va a comer todo“, le dijo a los postres Dilenia, que después del hipnotismo se desató aún más y sólo le faltó tirarle condones a la cara al maromo para insinuarse.

Y entonces Charly reveló que había estado bajo hipnosis y los demás se quedaron como locos. Y por como lo locos me refiero a que les dio un mal rollo que se les cortó la digestión.

“En el momento que desperté no entendía nada“, dijo Dilenia. Pues los de la mesa… se cagaron en los pantalones lo que habían comido poco antes.

Y la Monja Hammon para qué queremos más: “Sufro por las almas, que la gente entre en otras dimensiones así porque sí… es una puerta que abres a todo género de entidades y demonios“, dijo. Vamos que haces una hipnosis y tienes que poner un gorila musculoso en la puerta para que no se te cuele ninguno con calcetines blancos.

Esta mujer se piensa que el hipnotismo es como la happy hour de los demonios.

Dilenia dijo que tenía “calor interino”. Sí, de eso estamos seguros. Javier es como un microondas para ella, la calienta de dentro a fuera.

El fin de fiesta de Charly consistía en joder el césped del jardín con brasas ardiendo. “Entre otras cosas soy instructor de firewalking, andar sobre el fuego”, les dijo. Lo normal. Este tío es como la coneja de Peppa Pig, que hace todos los trabajos.

“Vamos a salir por la puerta como personas liberadas” les prometió si pasaban por encima de las brasas. Sí, liberados de la piel de los pies.

En realidad era el timo de la estampita, porque sobre las brasas sólo se daban dos pasos, y tan rápido que en ese tiempo no daba tiempo ni a encender un cigarrillo. Tu haces eso con dinamita en los pies y ni estalla.

Raquel se atrevió a pasar por las brasas. “Me he sentido como la madre de los dragones”, dijo. Pues no son caros los libros de texto de los dragones, se va a cagar este septiembre. Y una duda, ¿las madres de los dragones les pegan con la zapatilla? ¿Les van a buscar las cosas cuando ellos no los encuentran? ¿Son las mejores cocineras de ovejas carbonizadas del mundo?

La técnica para pasar era mirar al que se ponía enfrente, andar y luego abrazarse a él y limpiarse los pies como en el felpudo de tu abuela.

Dilenia también pasó y en esa caso las que se abrazaron fueron las brasas, porque Dilenia estaba más caliente que ellas. De hecho, para Dilenia creo que fue como andar sobre la nieve.

Todos se abrazaron y bailaron menos Monja, que pasó olímpicamente porque a ella eso de que la gente estuviera en las brasas no le molaba. Pues no quemaba gente la inquisición para que no le gusten las brasas. De verdad, que no hay quien la entienda.

Puntuaciones:

Monja: 3. Javier: 6. Raquel: 8. Dilenia: 7. La monja es una cortarollos.

El engaño a una monja rara (muy rara) que salvó una cena de ‘Ven a cenar conmigo’

La Monja Hammond, que se dejó timar para poder comer.

En la cosa de los timos, los engaños, las trolas, los fraudes, las engañifas… no hay mejor víctima que la que se quiere dejar timar. Y más si eres una persona que tiene más hambre que las pulgas de un perro de peluche.

Pero vamos a contar las cosas en orden porque si no lo hiciéramos así El Quijote empezaría por la parte en la que Don Quijote mata a Voldemort y perdería toda la gracia.

La primera anfitriona de esta semana era Raquel, que trabaja en una aseguradora especializada en decesos. Decesos es palmarla, estirar la pata más que Dhalsim en el fisioterapeuta.

Básicamente Raquel es la que te come la oreja cuando llamas a darte de baja (del seguro, no de la vida) tratando de que te quedes (en el seguro, no en la vida).

“Me gustan las emociones, especialmente las intensas. Sentir miedo a mí me excita“, dijo la muchacha, para la que cagarse de miedo es una cosa muy guay y el día que no está a punto de sufrir un infarto es un día que ha tirado a la basura.

Hay quien se gasta dinero en juguetes sexuales y luego está Raquel, que se deja el sueldo en pasajes del terror, que cuando entra los zombis y los monstruos ya la saludan por su nombre.

“Las películas de terror que más me gustan son Blancanieves…” dijo. No sé si es un montaje del programa o Blancanieves le da miedo de verdad. Aunque si piensas que una madrastra adoradora de artes oscuras obsesionada con la belleza mandó arrancarle el corazón a una adolescente a la que luego trató de envenenar… un poco de miedo sí que da. Que yo he visto las pelis de SAW y eran menos sádicas.

– Ey, Walt Disney, ¿hacemos una peli sobre un cuento en el que hay una madre maravillosa y cariñosa y todo sale bien?

– No, mejor centrémonos en dramas traumáticos llenos de intentos de asesinato y vejaciones. Pero que haya color rosa y canciones.

Si llega a vivir un poco más Disney estrena Mickey en La Matanza de Texas: el musical.

Total, que Raquel piensa que “cocino bastante bien porque soy bastante exigente y por eso caigo mal“. Exigente debe ser un eufemismo de quisquillosa, de las que le enseñas la Capilla Sixtina y le ponen pegas.

Otra de las comensales es la Monja Hammon, de edad indefinida. Pero vamos que tiene 44 años, pero no dijo exactamente la edad. Lo mismo son 44,5 o casi 45 ya. Misterio. Joder. Misterio.

“Fui a Inglaterra y allí me dijeron que Dios hablaba con la gente, decidí hacer unas comprobaciones y descubrí que sí, que Dios habla con la gente y además bastante”.

Bueno, ya sabemos dos cosas:

1.- La Monja Hammon en realidad viajó a Amsterdam y no salió del primer fumadero que encontró.

2.- Dios tiene tarifa plana.

“Soy una monja de cercanías”, añadió la monja, que cuanto más te acercas más monja es. Lo mismo si vives en Nueva Zelanda hasta te envía fotos guarras, no sé.

“Me interesa la música experimental”, nos contó esta zagala, que explicó que “son músicas celestiales para la adoración de Dios“, pero por lo que pudimos oír tú adoras a Dios con esa música y Dios se arranca los tímpanos.

Una secta satánica sacrificando pollos tiene menos posibilidades de invocar al maligno que esta mujer cantando. Sodoma y Gomorra fueron destruidas con una cinta de casete con una maqueta de esta mujer.

Charly era otro de los invitados. Dijo que monta en moto “desde los cuatro años”. Como el programa lo haya visto la Guardia Civil no es que le vayan a quitar los puntos del carnet, es que va a deber más puntos que euros tiene una hipoteca.

“Me encanta cuando me da el aire en la cara, llevar el casco abierto“, añadió. El casco abierto… en verano eso es una maravilla. Aspecto de Charly cuando se baja de la moto.

Ah, el viento y los insectos en la cara. (Foto: andrewskurka.com)

“Me gusta también la caza, se trata de ir andando por el monte o por el bosque buscando una presa que puedas abatir en ese momento y que cumpla unas características para ti”. A ser posible algo que no muerda ni tenga cuernos ni nada y si está cerca y se deja tirotear mejor. Cuánta valentía.

Y en su vídeo se dedicó a darle tajos a unos rosales con una katana. Los rosales son una presa a abatir muy codiciada. El rey Juan Carlos tiene un montón de fotos al lado de geranios muertos.

Dilenia era otra de las concursantes de esta semana. A sus 27 años está buscando maromo y no es de las que creen que “el amor llega cuando no estás buscando”. Ella tiene un GPS de encontrar maromos. Y cuando los encuentra tiene menos escrúpulos que Terminator poniéndose la ropa de otro.

“Mucha gente me juzga a la ligera, se piensan que soy una persona creída y luego se dan cuenta de que soy una loca y que se me va un tornillo“. Ah, vale, que no eres presumida, que eres más de mirar a la gente mientras duerme con unas tijeras en la mano. Pues me quedo más tranquilo. A lo mejor te llaman para doblar ‘Mickey en La Matanza de Texas: el musical’.

El último comensal es Javier, que es profesor de Educación Física y claro, enseña su físico. Empecé siendo nadador, luego me metí a hacer judo, atletismo, yoga… vamos, que dura menos en un deporte que un pedo en el culo de Kim Kardashian.

Busco una delfina“, confesó. Cómo me gusta la gente valiente como Javier, que no tiene problemas en visibilizar la zoofilia. La película porno preferida de Javier es Flipper. Con Liberad a Willy se ha despellejado la culebra más de una vez.

NOTA: Adoro los viejos cotillas y sorprendidos que usan de recurso en el programa. ¿Por qué ‘Ven a Cenar Conmigo’ no tiene ochenta antenas de oro y TP y de todo ya?

En fin, que Raquel decidió hacer una cena basada en la mitología griega.

Primero: Jardín de Poseidón. Era un tartar de atún con aguacate, porque todo el mundo sabe que Poseidón se ponía fino a aguacates. Le llamaron Poseidón por no llamarle Aguacatón. Que oye, por lo del mar y tal habría tenido más sentido.

Total, que era atún marinado con medio millón de ingredientes. Comprando especias Raquel se ha acabado Amazon. Si le echa una sola cosa más a ese pescado lo convierte en oro.

Y lo acompañó con unas rosas de pepino y anchoa, que es lo típico que te pones en el ojal y te llenas la solapa de aceitazo y olor a mojama para que tu cita a ciegas te reconozca y quede impresionada.

Principal: Ofrenda de Artemisa. Eran jarretes, o sea, la parte de abajo de la pierna de la vaca, pero ella se puso pesada con que era carne de Minotauro. Y no hizo hamburguesas de unicornio porque ese día no tenían en el Mercadona.

Usó un molde cuadrado para todos los platos. Para todos los putos platos. El día que la entierren, además de cobrar el seguro de decesos, la van a dar sepultura en un ataúd cuadrado por expresa petición suya.

Me he librado de quemarme“, dijo contenta al abrir la olla express, como si lo normal fuera escalfarse cada vez que la abres. Debe tener la piel más quemada que el profesor de Humildad y Modestia de Cristiano Ronaldo.

Postre: Tentación de Afrodita. Era básicamente brownie con crema de queso. Lo que pasa es que el brownie quedó con una textura como de diarrea de zombi con colitis. Para una vez que iba a usar un molde redondo y a eso no le daba forma ni Bernini.

LA CENA.

Raquel había puesto en la entrada unos antifaces para que la gente que llamaba entrara sin ver nada. Al abrirles la puerta les ponía voz de teléfono erótico.

El primero en llegar fue Javier, pero el primero en entrar fue el pene de Javier, después de oír cómo Raquel le decía hola.

Luego llegó Charly. Ella les juntó las manos a los dos maromos para que se saludaran y ambos estuvieron dándose la mano subiéndolas y bajándolas seis días. Si les pones un palo te pueden hacer mantequilla.

Dilenia entró sin fiarse mucho, pero “la voz de la anfitriona me transmitió mucha paz“. Si Raquel aprovecha le saca a Dilenia hasta el pin de la tarjeta de crédito.

Charly aprovechó que estaba con el antifaz para darle un abrazo a Dilenia que casi la deja preñada. “Creo que ha notado todos los volúmenes“, dijo ella. Y tanto. Cuando los arqueólogos encuentren el fósil de Charly tendrá las huellas de los pezones de Dilenia marcados en el pecho.

A Charly en uno de sus paseos de caza le ataca una boa constrictor y la que muere asfixiada es la serpiente. Cuando uno oso quiere referirse a un abrazo muy fuerte dicen “le dio un abrazo de Charly”.

La Monja Hammon le dio al timbre, que era una calavera que gritaba, y se dio un susto que no entró en éxtasis de milagro. Se dio tal susto que ahora el felpudo de Raquel tiene más orina que el laboratorio de un hospital.

Sobre el antifaz la Monja dijo que “esto es como la muerte, la oscuridad y la eternidad de la tumba”. Es una optimista nata.

“¿Los entrantes los has consagrado a alguna deidad? Es que por mi religión no puedo comer nada que esté consagrado a los ídolos“, advirtió la Monja, lo que dejó a Raquel más perdida que una patata en una ferretería.

Para ir a la mesa se pusieron a hacer la conga con los antifaces. Charly se puso detrás de Dilenia con una velocidad que yo creo que veía de puta madre. Cuando se trata de frotarse ve a través del hormigón. Es como un georadar el jodío.

Cuando se quitaron los antifaces a Dilenia se le cayó el mito porque pensaba que Charly era un pibón, pero no, el que estaba para mojar una hogaza de pan entera era Javier.

“A este grupo lo que les estoy viendo muy metidos en el pecado, lo único que quieren es la lujuria y me voy a llevar mal con ellos”, predijo la Monja, que a su lado Nostradamus era un tío positivo que en el futuro veía mariposas y amaneceres bonitos.

Raquel en la terraza tiene una caseta llena de cosas de Halloween, con cerebros, miembros descuartizados, sangre… es lo típico que te entran a robar y acaba el caco traumatizado. En esa caseta escondes las joyas de la corona inglesa y no las coge ni el Dioni.

Dilenia y Javier los miembros cercenados y los pusieron en la mesa, porque no hay nada más agradable que comer con trozos de personas cerca. Y los cursis poniendo velitas y centros de flores.

Llegó el primer plato.

“La Biblia dice que los cristianos no podemos comer lo que está consagrado a los ídolos”. Dijo la Monja. Sí, lo pone al lado de “y dijo el Señor: no puedes comer chorizo con nocilla”. (En realidad sí que lo pone en las Cartas a los Corintios, pero es que los Corintios eran muy de fastfood y se lo dijeron por lo del colesterol).

La Monja Hammon no se lo comió, claro.

“A mí me parece una presentación espectacular. El atún es un plato que me gusta mucho, es muy veraniego”, dijo la Monja Hammon, y eso que no lo probó. Esta mujer es capaz de decirte cosas buenas de un plato combinado viendo la foto fuera del bar.

Dilenia se dedicaba a poner voces como de gañán y a tratar de ligarse a Javier como si hubiera hecho una apuesta. Es muy sutil. “Bueno, qué, ¿tienes novia? antes del segundo plato quiero saberlo”, le dijo a Javier.

Yo no sé si Dilenia me ha tirado la caña“, dijo Javier, que no entiende las indirectas. A Javier le dices “Te voy a follar hasta que se te sequen los cantaritos del amor, te voy a cabalgar, a exprimir, a darle una zurra a tu nutria, voy a copularte hasta que te parta en dos hijodelagranputaquemeponestóburra” y no acaba de quedarle claro si quieres darle un beso.

Y LLEGÓ EL TIMO.

Os juro que a Raquel habría que darle seis millones de premios a la inteligencia, la picaresca y la improvisación.

En el segundo plato llegó y dijo “para Javier Ofrenda de Artemisa, y para Hammon es jarrete de ternera con cuscús”. Hala, alimento desofrendado a los ídolos.

Y COLÓ. 

La Monja Hammon tenía más hambre que un cocodrilo vegano y aceptó la triquiñuela de buen grado. Si en ese mismo momento le das el timo del tocomocho cae como una bendita a cambio de un sándwich.

Y el engaño se repitió en el postre, que para los demás era Tentación de Afrodita y para ella “dos chocolates con fresa”. 

Ojalá las cosas fueran siempre así de fáciles.

– A Pepe, que es escuálido, voy a darle guantazo en toda la boca que te van a bailar reguetón las muelas y para Fulano, que es un cachas, hay una caricia intensa que hará tintinear el marfil de sus labios de fresa. Y Fulano todavía te da las gracias

Me encanta el chocolate”, dijo a los postres Javier y Dilenia, que es mulata, respondió: “Toda yo soy chocolate”.

Dilenia, entrado por la puerta de una sala en la que está Javier:

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“Me como chocolate siempre antes de irme a dormir, me gustar dormir comiendo algo dulce“, decía Javier. Si las ollas a presión pusieran caras, serían la cara de Dilenia oyendo eso.

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Y… ¿Soy yo o Javier es el que salió en el anuncio del BBVA justo en una pausa de los anuncios?

En fin, que el finde fiesta era el juego del Twister “en el que se juega para tocarse mucho, para enredarse“, según lo describió Raquel, que pidió el juego del enredos y le dieron el Kamasutra orgía edition.

Las zonas biquinales son aquellas que el biquini cubre, las partes pudendas”, dijo Monja Hammon, que dijo que eso no se lo tocaran. Pero me da a mí que después de lo de los nombres de los platos habría aceptado ésto…

Biquinal es… (Foto: Wanelo)

Dilenia aprovechó el juego y se pegó a Javier que lo mismo le ha dejado preñado ella a él. Y claro, no sé como pasó pero la mano de él acabó debajo del culo de ella. Si echan una segunda partida Javier se va de allí con los testículos secos como pasas de California.

Y luego llegó Charly y se cayó encima de todos y de ahí es de donde salen los miembros cercenados que tiene Raquel en la caseta.

VOTOS:

Monja: 7. Charly: 7. Javier: 6. Dilenia: 8.

Venirse arriba y arrimarse demasiado o cómo no bailar en una fiesta: lecciones de ‘Ven a Cenar Conmigo’

Santiago, arrimando más que Manolete.

Hay quien más que venirse arriba lo que hace es salir de Cabo Cañaveral adelantando por la derecha a los cohetes espaciales. Es el caso de Santiago, concursante de Ven a Cenar Conmigo, que piensa que bailar salsa es eliminar todo rastro de oxígeno entre tú y otra persona o en su defecto intentar a toda costa que tu pareja de baile vomite la cena por la vía del centrifugado.

Pero vayamos por orden: anoche la anfitriona fue Claudia, esa mujer que podría hacer de prota en Entrevista con el Vampiro 2 sin pasar por maquillaje.

Dijo que se llama Claudia Diamond porque es de madre inglesa, pero habla menos inglés que un presidente de Gobierno español. “No tengo ni pipa de inglés, puede haber gente que me hable en inglés e igual respondo, pero por señas”, dijo Claudia, que la pones de intérprete en la ONU y te desata la III Guerra Mundial.

Además es bruja. En el tema del Tarot dijo “ni siquiera yo misma sé hasta donde realmente puedo llegar“. Hasta dónde puede llegar a inventar, debía referirse, porque lo del Tarot “es un hobby, ayudamos a quien quiere que le ayudemos”; dijo Claudia. Voy a obviar el hecho de que use el plural en “ayudamos”.

Los neurocirujanos, no, los bomberos, tampoco, pero Claudia con su baraja de cartas sí que ayuda. Cuando Supermán se encuentra con un problema que no puede resolver llama a Claudia para que le ayude con el Tarot.

Mi tipo de cocina es cocina arriesgada, porque dices saldrá bien o saldrá mal, no se sabe”, aclaró antes de empezar a cocinar la muchacha. Que es como si yo digo “mi tipo de conducción de cazas de combate es arriesgada”. Pero no, no era arriesgada, era suicida, porque era la primera vez que cocinaba.

Para Claudia la cocina es como el antiguo Egipto: está llena de misterios. Si Claudia vende su vitrocerámica y pone “nueva a estrenar” es NUEVA A ESTRENAR. Pero nueva que tiene todavía las huellas dactilares del operario que la montó en la fábrica.

“Vamos a ver si podemos sacar esto adelante porque yo no sé cocinar”, insistió la muchacha, a pesar de que tiene unas uñas con las que puede cortar verduras en juliana sólo con un tamborileo de los dedos.

Su menú:

Entrante: Bocaditos variados. Yo lo habría llamado Pequeñas estafas sin cocinar. Eran tartaletas rellenas de “cositas”. Una de ellos llevaba atún y maíz con mahonesa. Otra llevaba queso en crema y salmón. Otra rulo de cabra con cebolla caramelizada de bote y la última era una brocheta pequeña de bolitas de mozzarela, tomate cherry y una anchoa.

DICCIONARIO CLAUDIA-ESPAÑOL / ESPAÑOL-CLAUDIA.

Cocinar 
Del lat. coquināre

1. tr. Rellenar cosas compradas con cosas compradas.

2. intr. coloq. Copiar vídeos de cocina que me salen en el Instagram. 

Y una cosa os digo, Bob Esponja es un depresivo sin esperanza al lado de Claudia. Qué optimista es la muchacha. “Ya estoy viendo el premio, ya he ganado”, dijo mientras ponía cosas dentro de las tartaletas.

Cuanto más raro parezca más cocinera pareces“, aseguró. O sea, que si pones en un plato una zapatilla roída con purpurina por encima y un espaguetis seco a modo de cordones eres el puñetero Juan María Arzak.

Y sí, pasó: miró sus tartaletas juntas y dijo: “como Ferrán Adriá“. Ahora Ferrán Adriá está ingresado en la UVI porque anoche le empezaron a pitar los oídos hasta que estallaron. A Claudia no es que no le den Estrellas Michelín, es que le dan Eclipses Firestone.

Plato principal: Solomillo bañado. Para cocinar ésto se puso un delantal, pero porque “marca cinturita”. A lo de no mancharse y eso que le den por el culo.

Claudia, preparándose para freír albóndigas:

Esta muchacha no ha tocado un solomillo en su vida. Bueno, un solomillo de cerdo. Bueno, un solomillo procedente del animal conocido como cerdo. Lo tocaba que parecía que estaba limpiando el culo de Alien recién cagao.

“Soy una persona que parezco muy tonta y muy niña pero me fijo en los detalles“, aseguró Claudia, que es como la Sherlock Holmes de los vídeos de cocina del Youtube.

Lo malo es que se le escapó el detalle de cómo hacer que los alimentos se calienten, No se acordaba qué botones encendían la vitrocerámica y para resolverlo rezó un avemaría a medias. Si Claudia llega a estar el día que se descubrió el fuego aún comeríamos las cosas crudas.

“Vamos a coger este utensilio tan gracioso que he visto por aquí“, dijo. Eran unas pinzas de cocina. Si unas pinzas de madera le parecen graciosas le das una Thermomix y se descojona dando alaridos histéricos que rechina los dientes hasta el loco de El Resplandor.

Para el punto de la carne usó un truco de dedos infalible. Te vas tocando el pulgar con el resto de dedos y lo duro que esté el mollete del dedo gordo es el punto de la carne. Método científico donde los haya. Y los del Can Roca cocinando a baja temperatura, ja ja ja paletos que no saben tocarse los deditos.

El baño del solomillo era nata con queso azul. Currazo. Hay un antes y un después de esa receta. Calcular la trayectoria de una sonda espacial es una mierda pinchada en un palo comparado con el trabajo de mezclar nata y queso.

Fran, ese seductor que deja a Don Juan como un adolescente tartamudo y virgen, le dedicó a Claudia unos versos:

Claudia, que no se te queme el solomillo

Que para eso estoy yo como un membrillo.

Pablo Neruda después de oír esos versos:

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Postre: Mousse de limón con gracia. ¿Es el hormigón armado antes de cuajar una mousse? Pues la mousse de limón de Claudia tampoco. Era nata, leche condensada y zumo de limón que tapaba unas galletas machacadas que había debajo. Creo que la mafia aprovechó para deshacerse de tres cadáveres debajo de la masa de esa ligerísima mousse.

“Es una cosa azucarada, no te va a bajar la tensión”, dijo Claudia. No, pero te puede hacer diabético en la primera cucharada y matarte en la segunda.  Es el primer postre del mundo que se sirve con una jeringuilla de insulina al lado.

Claudia, que es como un diccionario andante de términos culinarios definió un exprimidor como un “artilugio de la NASA”. Claro. Todos los putos transbordadores espaciales llevan exprimidor.

Los problemas del Apolo 13 eran que no les iba el exprimidor y tenían que hacerse el zumo pinchando las naranjas con un tenedor.

“Si dicen que no les gusta es pura estrategia porque esto está curradísimo. Yo a mi misma me premiaría“, dijo Claudia, que habilidades para manufacturar comida no tiene, pero autoestima tiene para proveer a todo el planeta. Si el amor propio se comiera los invitados de Claudia salían de su casa obesos mórbidos.

El primero en llegar fue Fran, claro. Creo que durmió en el felpudo. El aperitivo eran “unos montaditos” pero eran más bien desmontaditos, porque en realidad eran sándwiches informes con el pan de molde y el embutido cortados con el canto de la mano.

“Coges el montadito y le quitas la parte de arriba, porque he puesto la parte de arriba para proteger lo de abajo, como una trampa”, explicó Claudia sobre sus sándwiches. No sé qué decir de ésto, en serio. Claudia piensa que la parte de arriba del pan de un bocadillo es para proteger.

Las fuerzas especiales de los marines de EE UU ya no llevan chalecos antibalas. Ahora llevan unas rebanadas de pan de molde agarrás con celo delante del pecho. Hasta balas de cañón para eso.

“A Claudia la he visto hoy un poco distante, rara, no sé”, dijo Fran. A lo mejor está hasta las pelotas de ti, tío, que sólo te falta olerle el culo y hacerte pis en las esquinas de su casa.

Claudia les había dejado en la mesa unos sobres con cartas personalizadas, que buscaban enternecer al personal a machete. El solomillo no, pero sus corazones consiguió ablandarlos.

A Rosario le puso: “De ti me quedo para siempre tu elegancia, tu forma de vivir, tu sonrisa y que estás estupenda”. Jamelga, que ti ví a hacer un viaje.

Santiago: “Eres un tío increíble, te llevaré para siempre (Claudia es un Uber) tu gracia, tu look especial y esa persona que hay dentro de ti”. Una persona dentro de él… Santiago, en la mente de Claudia:

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Miguel: “Me fascina lo que me has enseñado, no por llevar uniforme la gente es mala, ni da miedo, te aprecio mucho”. Claudia va a dejar de quemar coches patrulla. Ahora les va a pintar corazones.

Fran: “Tú eres tan especial por dentro, me llevo el coraje, la humildad, estás hecho un pedazo de hombre, seguro que de padre”. Ni puñetera idea de qué significa esto último.

Se fueron a cotillear la casa Santi y Fran. Encontraron las cartas del Tarot, aunque yo creo que Fran buscaba el cajón de la ropa interior para llevarse un recuerdo.

Llegó el primer plato.

Miguel: “A mí me ha gustado, ha sido un plato breve, por la cantidad“. Y es que había mucha salsa, como para empapar el Everest entero, pero con lo que había de solomillo no había ni para hacerle pruebas de ADN. Claudia calculando raciones no es muy buena. Una vez le dejaron un mastín para que lo cuidara y a los dos días era un galgo.

A Claudia le daban indicaciones sobre cómo hacer un poco más y dejar más dorada la cebolla caramelizada y ella decía “me lo apunto para la próxima”, pero quien lo ha apuntado es el fabricante del bote de donde la sacó.

Al ver el plato y la escasez de solomillo Fran se puso a reír y claro, Claudia se cabreó primero y se puso a llorar después. “Yo no sé cocinar y he hecho lo que he podido”, dijo llorando. También es verdad que Claudia no retiene líquidos. Es que llora tanto que yo creo que ni mea.

“Lo que le falta es cantidad”, dijo Fran y Claudia, que acepta muy bien las críticas, le dijo “no”. Fran ya no folla.

Todos le dijeron que había poco y dudaron que la salsa la hubiera hecho ella. Y Claudia entró en cólera en la cocina. Esta chica acepta las críticas igual que cualquiera de nosotros aceptaría una puñalada.

Para cuando llegó el postre Fran ya no tenía cojones a reírse. “De lo que más me ha sorprendido, porque dentro de la sencillez tiene mucho sabor a limón“, dijo sin mirar a los ojos a Claudia. Algo complicado por otra parte, que si claudia mira a Medusa es Medusa la que se convierte en piedra.

Las sensaciones con Claudia no son buenas“, dijo ya Fran. No, hijo, las sensaciones son de que más vale que no tengas callos en las manos porque vas a tirar de cinco contra uno hasta el día del juicio final.

Noto un poco seco el fondo“, dijo Santi sobre el postre. “¿Seco el fondo? ¡Si está de muerte!”, dijo Claudia, que te pone papel de lija con tomate y te escupe si le dices que te rasca.

“Mis compañeros, que no sé cómo llamarles… han sido insípidos… estaban como el arroz de Santi”, valoró al final Claudia al ver que no su alta cocina no había sido entendida por esos paletos que esperaban comer suficiente como para no morir de inanición. Avariciosos.

Para el fin de fiesta llegó un muchacho mulato y al verle Rosario exclamó “¡Ay, por favor, qué negrito!”. Era su forma de decir “moreno, que me subo encima tuya y te cabalgo que vamos a ir de Tucson al Cañón del Colorado adelantando diligencias”.

Roberto, que era el chaval, les dio una clase de salsa. De salsa roquefort.

“Yo no bailo, así que me he sentido desplazado“, dijo Miguel, que es un refugiado dancítico.

Y ahí fue cuando Santiago se empezó a venir arriba y le dio el síndrome de King Kong y cogió a Rosario en volandas y empezó a darle vueltas. La mujer se alegró de haber dejado el testamento hecho, porque eso pintaba a huesos rotos por doquier.

“No me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no me tires, no que me tiras”, dijo Rosario.

Pero no acabó ahí el éxtasis de Santiago, que se acopló a hacer la conga justo detrás de Claudia y se puso a darle… a ver cómo lo explico, a dar con el badajo en lo gordo de la campana, en el trasero de Claudia que casi la deja embarazada.

Entre la entrepierna de Santiago y las nalgas de Claudia no cabía un folio. Pero encima es que Santiago le daba unos viajes que si le pones encima de un poste de metal te lo clava en el asfalto. Qué martilleo, metes un trozo de metal candente entre el pene de Santiago y el culo de Claudia y te forja una espada. Qué despropósito… 

Puntuaciones: Miguel: 5. Santiago: 4. Fran: 5. Rosario: 4. Mira, con todo, Claudia ha quedado mejor que Santiago. Y no es bueno estar delante de Santiago, visto lo visto.

Un comensal de ‘Ven a cenar conmigo’ acaba herido tras un accidente con un plato: historia de una exageración

Un segundo antes de la carnicería contra Miguel.

Si hubiera una Universidad de Anfitrionismo usarían el vídeo de la cena de anoche de Ven a cenara conmigo como ejemplo de lo que no se debe hacer si te toca recibir invitados en casa. Porque sólo hacerles entrar y pegarles con una tabla llena de clavos oxidados podría ser mucho peor que lo que sucedió en la cena de Santiago, el anfitrión de anoche.

La cosa comenzó con la presentación del propio Santiago: “El mundo de la moda es algo que me ha encantado toda la vida, muy vinculado al arte”. En su caso al arte abstracto, porque el muchacho se viste que si un día combina por casualidad dos prendas, se lleva un disgusto.

“Es muy importante que un buen anfitrión debe ser divertido y debe haber buen ambiente, buena energía, buena vibra“, dijo. Lo que pasa es que tal y como salió todo con lo de buena energía debía referirse a dejar cables pelados por la casa, para provocar electrocuciones con buena vibra, una vibra a 220 voltios, que es la buena.

Santiago se puso a cocinar con el batín con el que el señor de la mansión Playboy recibía a los repartidores de pizza. Eso debe ser inflamable a más no poder. Te salta un poco de aceite caliente y lo siguiente que se sabe de ti es que te están vendiendo en un Carrefour como carbón para barbacoas.

El muchacho tiene una ayudante de cocina que se llama Marta y es una tortuga. “Mira cómo saca la cabecita, sólo le falta hablar“, sí, llévala a la tele, Santiago, que saca la cabeza. Gana Factor X fijo.

– ¡MIRAD MI CABALLO, MIRAD, TIENE CUATRO PATAS Y CORRE! ¡ES UN PUTO MILAGRO!

Su menú:

Entrante. Caldereta de carabineros súbitos. La caldereta lo llevaba todo. TODO lo que había en su cocina. Incluidas nueces y cacahuetes. No tenía mala pinta, oye. Lo que pasa es que eso te lo comes y tienes nutrientes para sobrevivir un mes. Con lo que puso en cada plato podría comer una familia de cuatro miembros tres semanas haciendo cinco comidas al día.

Principal: Marisco de la muerte súbita marinado. Vamos con marisco, más marisco. MARISCO. Santiago toca más marisco que un pescadero gallego, joder. Las mariscadoras salen a currar a la ría con camisetas con la cara de Santiago, que les está pagando los estudios a sus hijos.

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Por otro lado el nombre del plato es genial: Marisco de la muerte súbita. ¿Por qué no Marisco de retorcerse y asfixiarse, o Marisco de reventar por dentro o Marisco desearás que llegue la parca y te viole con la guadaña cuando pruebes ésto. Nombres sugerentes para una carta.

Y como en esta edición está de moda cocinar con animales, pues le puso a la tortuga una gamba, ya que estaba en la cocina. Las tortugas de tierra, esos animales que comen hortalizas, verduras, frutas y putas gambas. Lo que encuentran en su hábitat, vamos. Yo trabajé en una pizzería y anda que no llevé pedidos a casas de tortugas.

Postre: Orgásmicos varios. Pero ni orgasmos ni varios.

Eso sí, Fran está de un caliente que no puede ir al bosque, porque arrima el pene a un pino y le prende fuego. Fran mete el ciruelo debajo de una rejilla y puede hacer chuletillas de cordero a la brasa.

Así que dijo que quería “una zona íntima donde tener un orgasmo con otra persona”. Sí, ya sabemos con cuál: Claudia. Fran está con Claudia que la persigue como si fuera un indio arapahoe siguiendo a un ciervo herido.

Rosario se sumó a lo de los orgasmos, pero ella quería “tres o cuatro”. Sí claro, ni que las mujeres pudieran tener más de un orgasmo, u orgasmos largos… ja ja ja, qué tontería. De hecho, ¿existe el orgasmo femenino? JA JA JA Mitos y leyendas.

El caso es que los orgasmos esos eran magdalenas compradas a las que convirtió en “súbitas”. Las agujereó con un “punzón” que tenía pinta de dilatador anal.

Y una vez que les había dejado a las magdalenas el agujero como la boca del metro, les echó chocolate. Y mermelada. Y luego las apuñaló de nuevo. Eso ya es ensañamiento. Y para acabar esa curradísima receta, les puso nata de bote por encima. Todo artificial. Le faltó poner aceite de palma en una taza para poder mojar la magdalena.

Y luego intentó hacerle tragar nata a la pobre tortuga, que si las tortugas supieran saltar, ésta ya se habría arrojado por el balcón.

La tortuga de Santiago, en sus sueños, cada noche:

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Después de intentar hacer que su tortuga se convirtiera en un profiterol relleno, Santiago dibujó en el suelo de la cocina un corazón con la nata, rodeando a la pobre tortuga, que habría preferido estar rodeada de un anillo fuego.

La magdalena, a base de echarle cosas por encima (porque aún le echó canela y no sé qué más), quedó como si se hubiera descolgado un mueble de la cocina y le hubieran caído encima todas las cosas que había dentro. Eso ya no eran magdalenas, eran MalDalenas.

Para ponerse pintón, gallardo y pinturero, Santiago se pone un rosario que no se cuelga, se lo mete a roscachapa por la cabeza que si tarda un poco se le corta la circulación y se desmaya.

El primero en llegar a la cena fue Fran, que apreció que en su casa Santiago tiene cosas muy de cuidar los detalles, como cortinas puestas con chinchetas, que lo de las barras y las anillas es de snobs.

Después llegó Claudia, que es la persona a la que recurren los críticos gastronómicos cuando tienen dudas. Por eso nada más llegar y al ver el aperitivo dijo “uy, pizza otra vez”. Era empanada gallega. Claudia ve menos que un gato de escayola encapuchado.

“Esto más que una empanada parece un deshecho gallego, ¿eh?“, dijo Fran, que como tenía a Claudia al lado tenía que hacerse el machote y el chulo, pero le salía regular, un poco tosco, como rural. Fran es un macho Alfalfa.

Y ahí comenzaron los esfuerzos de Santiago por matar a Miguel. Creo de hecho que Santiago pertenece a algún tipo de grupúsculo antisistema en contra de que las viejas crucen la calle seguras y por eso quería quitar de enmedio a Miguel, que es la tapadera de Cruzavieján, un superhéroe que mueve ancianas de una acera a la otra.

Dentro de un trozo de empanada había un palillo. Justo en el trozo que cogió Miguel. ¿Casualidad? No lo creo.

“Me he clavado el palillo en la boca”, exageró un poquito de nada Miguel.

Como nosotros lo vemos:

Como lo ve Miguel:

Y claro, si Miguel de por sí es de poner más pegas que tu madre al ver a tu novia, ahí empezó su carrera criticantística. Se indignó porque no había mantel en una mesa de cristal.

Él y Rosario se fueron a cotillear, en plan “CSI”.  Santiago había dejado ropa y zapatos por encima de la cama que eso parecía un expositor del ZARA el último día de rebajas. Te pones a sacar ADN de ahí y te salen trazas de hasta neandertales.

Fran se había quedado solo con Claudia y eso es como si dejas a un zorro con una gallina metidos en una caja. “La verdad es que siempre estás guapa, pero hoy estás explosiva. Súper explosiva como vas vestida“, le dijo Fran, que es un maestro de la sutileza.

– Siempre vas guapa, pero hoy te comía el papo que iba a poner hasta servilleta en el cuello de la camisa, moza.

Cosas sutiles así.

Esa declaración a Claudia le pareció de “educado” y aseguró que Fran “no le tira la caña”. No, no te tira la caña, Claudia, corazón, te está arponeando. Te está haciendo una pesca de arrastre que se caga la perra marina. No te tira la caña, te está haciendo una almadraba. Sólo le falta ponerte en una caja de corcho blanco.

Llegó el primer plato.

Yo soy alérgico al marisco, artista“, le dijo Fran, con una chulería que me dio mucho asquete. ¿Le podía haber avisado al entrar? Sí, pero así no se luciría ante Claudia. Si yo fuera la muchacha no me iría con un tío que es alérgico a la almeja. Sí, yo también soy sutil.

“Bien de temperatura, pero el arroz pasado, le faltaba sabor, soso…“, dijo Miguel, que acaba antes diciendo lo que le ha gustado que lo que no.

“El arroz estaba como papillas, la gamba cruda, la cigala… no sé, era todo muy rara“, añadió Claudia, que tiene el mismo vocabulario que un niño de seis años abandonado de bebé en el bosque.

El caso es que más que caldereta eso era una hormigonera y con el arroz de podían pegar ladrillos.

Llegó el segundo y se mascó la tragedia.

Por un lado, cayó perejil en el brazo de Fran, que dijo “de esto no me eches que me matas“. El perejil asesino. Si en la primera Guerra Mundial llegan a bombardear con perejil, se acaba en quince minutos.

Y al sacar la segunda tanda de platos Santiago iba tan nervioso que un plato que llevaba tapando a otro, a saber para qué, iba tintineando que parecía la campanilla de un leproso cruzando la Gran Vía.

Y se le cayó el plato. Sobre Miguel, qué casualidad, y le hizo dos cortes. Eso no era un plato, era una estrella ninja. En la próxima de Fast & Furious los malos en lugar de disparar van a lanzar platos.

Los platos le hicieron a Miguel unos cortecillos minúsculos. Si ese mismo corte se lo hace un niño de tres años y le dices “uy, te has hecho pupa”, te dice “¿esto es una pupa, medio mierda? En serio, eran un pellejillo levantado y poco más.

“Te preocupa porque ves salir sangre y la sangre es muy escandalosa y dices caramba ¿dónde me he cortado? y llevaba sangre por todos lados y estaba sangrando”, lo describió Miguel, como si en lugar de un plato a Santiago se le hubiera caído sobre él una motosierra y le hubiera amputado los dos brazos.

Le hicieron una cura encima de la mesa, lo que recomiendan todos los médicos y enfermeras del mundo. De hecho, yo he visto operar riñones encima de una mesa camilla con la merienda puesta.

Menos mal que estaba ahí Rosario para ponerle una tirita y evitar que a Miguel se le salieran las vísceras por el cortecito del dedo. Miguel ha pedido ya cita con el doctor Cavadas para que le recomponga el estropicio.

“Rosario ha tratado en todo momento de quitarle importancia a lo que estaba ocurriendo. Posiblemente para ella no tenía ninguna importancia, pero para mí sí”, dijo Miguel, que es muy sensible y todo le afecta y hace pagar caros los agravios.

A Miguel una vez un niño le sacó la lengua. Ese niño lleva en prisión desde entonces y se calcula que salga de Alcalá-Meco para cuando tenga cuarenta y cinco años.

Santiago acaba fusilado, os lo digo.

El anfitrión aún se atrevió a llevarles el postre y apareció con la magdalena y los comensales comenzaron a descojonarse directamente. tercer intento de matar a Miguel, porque se estaba riendo que casi le da un ictus.

“Es una magdalena casera que lógicamente yo no la he hecho“, dijo Miguel. Ah, vale. Y ésta tortilla de patata la he hecho yo y luego la llevé a Mercadona para que la envasaran, le pusieran su logo y la sacaran a la venta.

Para Rosario fue un coitus interruptus sin orgasmo ni hostias. No le gustó ni a las propias magdalenas, que lo mismo fundan un grupo de Whatsapp para poder poner a parir a Miguel.

El fin de fiesta era un pase de modelos donde Miguel les puso ropa. Lo que pasa es que era un pase de modelos para la Pasarela Vagabundeles, porque les puso harapos y andrajos que si montas un desfile con cosas de un contenedor de ropa te queda más conjuntado.

Puntuaciones. Miguel: 2. Fran: 6. Claudia: 4. Rosario: 2. Y eso que Fran no cenó más que jamón y queso…

Claudia, concursante de ‘Ven a cenar conmigo’, rompe a llorar y nadie sabe por qué

Claudia, la mujer que se disgustó.

Todos tenemos momentos tontos de bajoncillo de esos en los que te apetece llorar más que a Maradona en un NaturHouse y luego están los llantos de Claudia, concursante de Ven a cenar conmigo, que se echó a llorar anoche para el asombro de todos los comensales y el agrado del anfitrión, que vio aquello como una leona ve a una gacela coja: una oportunidad de hacerse con la presa.

Pero vayamos de principio a fin que no soy yo mucho de iniciar los relatos in extrema res y sí de comerme una res extrema.

Fran era el anfitrión anoche. Pudimos ver en el vídeo de su presentación que usa bañador turbopaquet, como en los años 80, para que todo el mundo sepa que tiene pene.

Esos bañadores son como correr por la playa dando saltitos y gritando ¡tengo pene, pene, tengo pene, pene! Fran cuando se sube al autobús se hace el sordomudo para poder repartir papelitos entre los viajeros en los que pone: “Poseo pene, venga a la playa a verme”.

Fran, cada Navidad, pidiendo el aguinaldo.

Sólo le faltaba el paquete de ducados metido en un lateral y la cadena de oro al cuello para poder salir en la segunda temporada de Verano Azul.

“Suelo dar una impresión de gilipollas, fantasma y chulo“, dijo. Y no me cabe en la cabeza porqué, la verdad, con un bañador blanco y un caminar como de transportar escobas con el ano. A este chico le pones en una pasarela y le despiden por caminar demasiado forzado.

El muchacho es compositor y cantante de… bueno, como en plan… o sea… ¿Es un buen músico? Sólo os digo una cosa: dijo que si gana destinaría ese dinero “para hacer una o dos canciones”. Sonó a amenaza.

Su menú:

Entrante: Trocitos de Mar y Foie al estilo de Fran Maher. “Suena a dentista”, dijo Claudia, que a partir de ahí entró en un bucle y todo le sonaba a dentista. Claudia entra en un Mercadona y no encuentra una clínica dental y se decepciona.

Va a ser el primer día que voy a hacer estos platos“, dijo Fran. Claro, no pasa nada, no te la juegues así a lo loco. Menos mal que no está en Ven a Desactivar Bombas Conmigo.

El primero llevaba un fondo de setas, taquitos de sepia y foie. Eso no era un plato, eran las segundas rebajas de la nevera de Fran, estaba en liquidación la parte de atrás del frigorífico.

El fondo de setas eran más unas arenas movedizas que si te caes en el plato te tienen que echar una liana para poder salir. Y el foie no era foie, era paté cortado en tacos.

Pero claro, Fran estaba más ocupado en mirar a Claudia, en cortejar a Claudia, en hablar de Claudia, en pensar en formas de estar con Claudia que en lo que estaba cocinando. Si le dejan pide comida china y se dedica a observar a Claudia sin más.

Claudia es una mujer para mirarla“, dijo con un tono como de querer decir “Claudia es una mujer para secuestrarla”.

Y ojo, porque Claudia estaba muy por la labor de seguirle el juego al señor que en lugar de ponerse un bañador se envasa el pene al vacío. Ah, no, que dijo que “no me atrae Fran, es simpático y no es feo, pero no me gusta“.

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El caso es que Fran, según dijo, fue telonero de Daddy Yankee. O sea, el que le pone los telones, montador de escenarios, debía ser. Y se puso a cantar. Porque estaba haciendo setas, porque si llega a hacer mahonesa, se le corta. Qué voz privilegiada.

Tú coges a un agente de la KGB, le pones en una sala de interrogatorio y le dices “o cantas tú o canta Fran” y el tío te confiesa hasta la receta secreta de filetes rusos de su madre.

Plato principal: Trocitos de la naturaleza macerados para el buen paladar. El traje del emperador. Si no te gusta el plato es porque tu paladar es una mierda pinchada en un palo.

Era un steak tartar de carne que mezcló en un cubo como de usarlo para ir a tender la ropa. Le echó pimienta como para que pruebes el plato y nunca jamás notes otro sabor que no sea pimienta.

Ahora que lo pienso, que PiMienta significa que π te diga que es 3,1614, ¿No? JAJAJAJAJAJA

Perdón. En serio. Perdón.

Fran le echó tantas cosas a la mezcla que el steak tartar parecía una ensaladilla rusa de motel de carretera. Tú echas en ese plato un cadáver y no lo encuentran los del CSI ni hartos de vino.

Postre. Pecados del mundo con fin en la Antártida. Era un brownie con helado. Un postre inédito, una cosa atrevida e innovadora como usar la rueda. Este hombre se pasa de pomposo poniendo nombres a los platos. Si entráis en Wallapop y hay un anuncio donde vende un callo del pie con el título: “Protección ecológica para falanges inferiores”, es Fran.

Le echó mantequilla que si eso lo ve Macron te da la nacionalidad francesa. Y lo mezcló en el mismo cubo del tartar, un cubo que lo mismo vale para carne, que para brownie que para darle un fregao a la casa.

La verdad es que el brownie tenía una pinta buena. Pónganme un kilo. Y un año libre para quemarlo en el gimnasio, porque las calorías de ese postre podrían alimentar las calderas del Orient Express de Moscú a Vladivostok. Lo terminó con unos peta-zetas. Sería para limpiar la chimenea de la locomotora.

Claudia fue la primera en llegar, cómo no, a ver si con un poco de suerte había cópula. Fran la recibió con una bandeja de pizza porque le pareció más romántico que esperarla con una bandeja de condones. Y no le puso unos bocatas de chorizo con bien de ajo porque le gusta seducir despacio.

“No es que me guste Fran, pero es que el chico me parece buena persona y yo eso lo valoro mucho”, dijo Claudia poco después. Joder, la pizza, cómo funciona. Ni AXE ni hostias, la próxima vez me planto en la discoteca con dos trozos de pizza debajo de los sobacos. La foto del Tinder me la voy a hacer en un Domino’s.

Es un cava natural y exclusivo“, les dijo Fran sobre el cava que les puso para mojar el gaznate, pero no explicó por qué. Lo de natural debe ser que lo recogió él mismo de los típicos y naturales manantiales de cava que salen de la montaña.

Miguel el policía estaba ese día como Nadal antes de sacar: tocando pelotas. Y se aferró a las pelotas de Fran y se pasó la cena así:

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El policía criticó que hubiera pizza como aperitivo, pero se la comió doblada. Y luego ojo, dijo que todos y cada uno de los platos le gustaban y luego los puso a parir como si le hubieran dado de comer una paloma muerta hace tres días.

Si no nos miramos a los ojos al brindar tendremos siete años de mal sexo“, dijo Rosario. La excusa perfecta, joder.

– Tío, qué mal, te has corrido en minuto y medio y te has limpiado en las cortinas.

– Es que hace cuatro años no miré a los ojos al brindar y…

– Ah, claro, lo entiendo, perdona.

Y así.

Fran le dijo a Claudia: “Claudia, mírame”. Es taaaaaaan sutil este chaval. Para él “te quiero meter un palmo de butifarra y cuidado que de segundo hay huevos” es una indirecta.

Y vete a saber por qué Rosario se puso en plan Celestina que parecía que le daban comisión cada vez que Fran pone la sardina en salmuera.

“Oye, Claudia no te lo pierdas a Fran que es un buen partido, y guapo a rabiar, en tu mano lo tienes, en tu mano está”, le dijo a la atribulada Claudia. Si Rosario dice que se mete, se mete.

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Las dos se fueron a cotillear. Encontraron las letras de las canciones de Fran, los únicos documentos escritos que se negó a custodiar la Biblioteca Nacional. “Este hombre promete, nena, no te lo pierdas“, insistió Rosario, que parecía la psicóloga esa del anuncio que todo lo arregla con geles de placer

Las letras de Fran eran pura fantasía, hacían que toda la evolución del lenguaje humano a través de la historia mereciera la pena para que él pudiera escribir. Lo que pasa es que más que versos tipo Bécquer eran tipo Beukelaer: con azúcar en exceso y yo creo que hasta con aceite de palma.

Llegó a la mesa el primer plato. Rosario y Claudia miraban lo que les habían puesto en la mesa como si les hubieran servido sorbete de sesos de mono.

Pero al final, yo creo que porque no hubiera ni una pega a su patrocinado Fran, Rosario dijo que le encantó porque combinaba a la perfección.

Por su parte Santiago, que llevaba una ropa como de haberla cosido un mandril con espasmos, dijo que “esa conjunción de sabores te dispara como algo…” sí, te dispara una diarrea que no te la cortan ni metiéndote una caja de Fortasec por el culo para hacer tapón.

Miguel dijo que le había gustado, que estaba muy bueno, pero que el sabor de las setas lo tapaba todo. Ya sabéis: si en invierno tenéis frío os tapáis con sabor de seta, que tapa mucho. ¿Se os calienta el coche en verano al sol? Sabor de seta en el parabrisas. ¿Que vais a pintar la casa? Sabor de seta en el suelo.

Claudia habría preferido comerse las entrañas de un cadáver muerto hace seis años que ese plato. “No me quiero comer el foie porque es de un pato, de pensarlo me da yuyu y esto de las setas así machacado…”, dijo la chica mirando la comida con esos ojos de color azul naturales como el cava de Fran.

Claudia una vez estuvo en El Bulli y acabó cenando espaguetis con tomate porque nada le gustaba. Ferrán Adriá cerró el restaurante el día después.

Y dónde estabas tú es una canción que ha sonado en toda España y ha llegado a toda las mejores pistas de bachata y salsa, porque es una bachata pop”, dijo orgulloso Fran sobre su éxito musical más sonado. Lo sacó con la discográfica EMPVLHO (En Mi Puta Vida La He Oído)

“En una hora he podido sacarte una canción…”, explicó Fran sobre su capacidad de crear música. Y el inútil de Beethoven tardó casi seis años en componer la Novena Sinfonía. Patán.

“A Fran se le ve muy humano y eso dice mucho de él“, expresó Claudia, que no es que tuviera síndrome, es que estaba empadronada en Estocolmo. Y menos mal que le veía humano, si le llega a ver extraterrestre se lo tira encima de la mesa entre el segundo y el postre.

Pero no era la única que se inclinaba por realizar un acoplamiento carnal en esa mesa. A Miguel, el poli, le dio por hacer la gracia de gritar: “¡¡Fran, preséntate en el salón, es una orden!!” y Rosario se puso más caliente que Christian Grey haciendo una barbacoa con un delantal de cuero.

“Deténgame y espóseme”, dijo. Rosario ha llegado a ir a disturbios a lanzar piedras a la policía y cuando cargaban ella huía a cuatro patas.

¡Rosario, la policía, actúa normal!

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Ya en el plato principal Claudia miró la comida con el mismo ánimo con que se mira un examen que no te sabes. No le gustaba la carne cruda. “Sabe a mostaza y pica, pero está bueno”, se excusó.

– Ese hierro candente que me has puesto en el brazo me ha quemado la piel, el músculo y está oliendo a hueso quemado, pero no molesta.

Y así.

Miguel dijo que le había gustado, pero luego lo puso a parir en privado. Una cosa: si Miguel os dice algo bueno, en realidad es al revés: os está poniendo verdes. Qué forma de criticar a la gente por detrás. Miguel es como un director de orquesta de los pitidos de oídos.

El problema de probarlo es que la lengua no sabe dónde está colocada“, dijo Santiago. Mira, como la mayoría de los tíos haciendo cunnilingus.

¿Habéis pensado alguna vez en esa palabra? Si en latín lingus es lengua, pues potorro debe decirse cunni. Así que ya sabéis: “me pica el cunni”. “No tengo el cunni para farolillos”. “¡Deja de tocarme el cunni!” y así.

(Sí, joder, ya sé que cunnilingus significa “con la lengua”, pero dejadme soñar). Aunque eso abre también un océano de posibilidades… “¡VAS A LIMPIAR ESO CUNNILINGUS!”. “Cómete ese helado cunnilingus”…. bueno, suficiente.

Avanzada la cena ya estaba Claudia completamente entregada a la causa de Fran y dijo: “la vida se vive por momentos y tú no has encontrado la chica correcta y…”  ¿Quién es la correcta, Claudia?

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Y llegó el momento raro. Rosario adelantó por la derecha y, medio en broma, medio en me lo peto yo, dijo que se iban a casa con Fran, que le siguió la broma.

“¿Pero va en serio?”, dijo Claudia se puso a llorar. Nadie sabía por qué. ¿Se lo creyó, en serio?

Y se fue al baño, acompañada por Fran, claro que no le despegan de Claudia ni con una espátula. Para mí que Claudia hizo la del pollito herido en busca de protección.

Y claro, con el tamaño que tienen los baños de un piso medio en España, Fran se rozó mucho consolándola y acabaron abrazándose.

Ahora en serio: nunca sabremos por qué se emocionó. “Intuía que algo así podría ocurrir“, dijo Claudia. ¿ALGO ASÍ QUÉ, JODER? QUEEEEEEE Dejate de misterios y dilo cunnlingus esa que tienes.

Volviendo a lo mundano Miguel dijo que el postre le había gustado mucho, pero le puso más pegas que a que le hicieran una colonoscopia con una tubería de tamaño colector de comunidad y le criticó hasta que todos tuvieran dos trozos de brownie y el anfitrión sólo uno.

Me ha parecido un poco seco, pero no seco de sabor, seco de seco”, dijo Santiago, que esperaba algo “que se deshiciera la boca”, tal cual “que se deshiciera la boca”. Como el ácido sulfúrico, por ejemplo.

Me ha gustado casi, casi, tanto como acostarme con un señor”, dijo Rosario. Pero, ¿era un piropo?. Lo que no sabemos es si es lesbiana y odia acostarse con señores. O con qué señor. Porque si os digo que vuestro postre me gusta tanto como acostarme con el señor Mariano Rajoy moviendo los bracitos excitado no es lo mismo que si os digo que me gusta como el señor Brad Pitt rodando Troya.

Y Fran le cantó a Claudia una composición que había hecho en un ratito para ella: “Claudia no está, Clauida se fue, Claudia se escapa de mi vida…”. Sí, os lo juro. La desvergüenza hecha arte.

Y claro, Claudia se puso a llorar de nuevo, probablemente por el dolor de oídos. Pero no, era de emoción, porque luego confesó que “lo que me ha cantado Fran, una improvisación muy buena“. Sí, improvisadísima. Vamos, que se le acababa de ocurrir. A él. Lo que pasa es Nek plagió a Fran hace como 20 años.

El fin de fiesta de Fran eran dos bailarines que iban a bailar una bachata. Habían tenido que dejar el salón vacío de muebles, que no sabías si era para que pudieran bailar o que habían entrado cacos y le habían desvalijado

Fran se puso a cantar y después claro, sacó a bailar a Claudia. En ese mismo momento Rosario se arrimó a Santiago, que intentó lanzarla por la terraza. La Balconada, el baile prohibido.

Fran bailaba con Claudia arrimando cebolleta que no se sabía donde acababa Claudia y dónde empezaba la cebolleta. Fran no baila agarrado, baila fusionándose a nivel molecular. Fran piensa que bailar bachata es que te vea un cirujano y te diagnostique síndrome del siamés e insista en operarte para separarte de tu compañera de baile.

Miguel no bailaba porque no sabe. Sólo hacía el baile de la culebrilla borracha, que es así como si tuvieras un problema en el sistema nervioso central y se te moviera el cuerpo en zigzag

Puntos. Claudia: un 7. Miguel 4. Rosario. 5. Santiago. 5. Qué ruines. Aquí me da que todo el mundo va a por la pasta.

Sí, es una rata y sí, está cocinando con ella en ‘Ven a Cenar Conmigo’

Miguel y la rata, en la cocina, el lugar ideal.

¿Tener ratas en casa como mascotas? ¿Por qué no? ¿Jugar con ellas y hacerles pedorretas en sus peludas barriguitas? ¡Claro, genial! ¿Ponerles un nombre hortera y enseñarselas orgulloso a los vecinos ¡Faltaría más! ¿Cocinar con ellas por hacer la gracia de que eres Ratatouille? Llamad a sanidad, por favor.

La nueva semana de Ven a Cenar Conmigo, que se ha convertido en uno de mis programas favoritos de la tele de largo, comenzó con un señor llamado Miguel, con un gusto muy cuestionable con las mascotas.

¡Tengo redes sociales ojo y ojito: Twitter: @realityblogshow e Instagram: @GusHernandezGH incluso Facebook: Gus Superviviente Hernández!

Miguel es policía local y dice que tiene “600 meses”, o sea, 50 años. Se define a sí mismo como “alto y feo”, descripción en la que entran la mitad de los varones del mundo. Menos yo, que soy bajito y feo.

“Soy policía local, pero de los buenos”, o sea, que los hay malos. La función de los policías locales buenos es “ayudar a las abuelitas a cruzar la calle”. Y  la de los malos es empujar a la vieja a la calzada según pasa un camión de reparto de butano.

Aquí imágenes de un policía local no bueno, atendiendo a un ciudadano transeúnte:

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Y sí, tiene dos ratas por mascota, con las que juguetea divertido. Y así comenzó la peste bubónica, con un tío al que le pareció divertido juguetear con unas adorables ratas. A tomar por culo la población de media Europa. Qué risas.

También tiene “dos vampiros”, que vienen siendo dos gatos calvos llamados Patatín y Patatán que dan más grima que comerse un flan sin manos sobre la barriga de Paquirrín.

Le gusta la cocina “innovadora”. “Me gusta inventar, de hecho de las recetas que traigo una de ellas la he inventado yo”. Ojo, él. Que está la guía Michelín que no sabe si darle diez estrellas de golpe o un puto planetario entero.

Si gana dijo que emplearía los 3.000 euros en casarse. Soy yo y quemo la cocina para no pasar por ese trago.

La siguiente concursante era Claudia Diamond (27 años), de los Diamond de toda la vida, que hay muchos por la zona de Cáceres. Ah, no, que su madre es inglesa. Su padre es español y se apellida DeLosCaros.

“Soy una chica sencilla y normal, aunque parezca superficial y lo más raro del mundo mundial”, se presentó. Sí, es normal. Pero en un Marte distópico o en Transilvania, porque llevaba unas lentillas que Claudia mira a Drácula y el pobre vampiro se caga los pantalones. Ella salía en la segunda parte de Entrevista con el Vampiro y la titularon Diarrea con el vampiro.

Además llevaba unas pestañas postizas que tuvo que pedir licencia de obras al Ayuntamiento para ponérselas, porque ahí se tuvo que usar hasta andamios. Remataba el conjunto con unas uñas largas y puntiaguas que Lobezno tiene en su habitación un póster de Claudia y sueña con ser como ella de mayor.

Además, echa el Tarot porque “desde pequeñita tenía la manía de que era bruja e iba por el colegio diciendo que tenía libros de pócimas y cosas”. Claudia comía siempre sola en el comedor del colegio. Y no la acosaban porque ya debía llevar esas lentillas y sus compañeros tenían pesadillas todas las noches.

“Yo espero que no haya ningún Aries concursando, porque me llevo mal con ellos“, dijo Claudia, que tú le dices “soy aries” y según estás diciendo “ari…” ya te ha apuñalado de forma preventiva.

Santiago era otro de los concursantes, dijo que tenía “treinta y no se cuántos años“. Sí y yo he ganado el premio Pantenne diez años seguidos enseñando el ensortijado pelo de mis cántaros del amor.

Es “empresario en el mundo de la moda”. Vamos, que vende ropa. “Me cuido excesivamente, hasta el punto de llegar a los medios quirúrgicos“, aseguró. Pues si llega a utilizar los enteros quirúrgicos…

Se ha hecho tantas operaciones y -plastias que la Asociación de Cirujanos Plásticos está presionando al Ayuntamiento de Valencia para que le pongan una calle. Tiene más implantes que Robocop comprando electrónica en el Black Friday.

Se hizo “un pequeño alargamiento de pene pero muy poquitos centímetros“. Ahora apaga la luz del dormitorio con la punta del pene. Y eso que no tiene interruptor al lado de la cama.

A Santiago le conocen como el blanco del wasap. Es un meme que sólo puede verse en tablets, porque en móvil no cabe.

El implante de Santiago llega al hospital justo antes de la intervención:

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Su empresa se llama SG management. Le pones lo de management a cualquier cosa y ya molas. Desatranques Jaén Management, por ejemplo. O Mi Abuela Pasa Caballo Management.

Siguiente incauta en ir a cenar: Rosario Puchol. 65 años. “En estos momentos simplemente muevo mi patrimonio“, dijo en relación a sus actividades. Yo también muevo mi patrimonio. En un carrito de la compra.

“Puedo dar imagen de un poco altiva, así como muy yo“, mejor que no da una imagen un poco como la del quinto izquierda. Rosario de joven quería ser vedette. Lo que pasa es que no se le dio bien y se quedó en Vete. Para presentarse en el concurso se hizo un posado en la playa a lo Ana Obregón con toques de la Tigresa del Oriente.

Fran cerraba el círculo. Tiene 41 años y es director en un despacho de arquitectura. Hace los castillos de arena como el culo, eran como cagadas de caballo con diarrea. Mira que es fácil: un poco de arena seca para que no se peguen y luego arena ni muy mojada ni seca y de les da la vuelta de un sólo golpe. Pero él no, hacía unos castillos que sólo deseaban que alguien los pisara. Creo que es el que enseñó a construir a Santiago Calatrava.

“Por circunstancias volví al mundo de la música, empecé a componer y saqué mi primer single“, nos contó y se cantó una canción de Julio Iglesias. Ineditísima.

MIGUEL fue el primero en cocinar y éste fue su menú:

Entrante: El despertador. Básicamente porque le puso a los platos los nombres de los programas de radio que hace. Sí, hace tres programas de radio. El primero era una brocheta de salmón y melón por  un lado y atún con mermelada de tomate y salsa de soja por el otro. Sí, dos platos.

Para empalar el salmón recién sacado de la sartén se dejó los dedos abrasados. De hecho, el salmón iba aderezado con epidermis crujiente. Si le hacen la prueba de las huellas a ese salmón salen las de Miguel y hasta su número de DNI.

Principal: El sexto hombre. Rollo de pavo relleno de queso brie y carne de membrillo. Para que fuera ligero lo rodeó todo con beicon que eso llevaba más capa de grasa que una morsa criada en un McDonald’s. Le puso tantos tomates por encima al rollo de carne que eso parecía una huerta murciana. Y dijo que eran cherries, pero iba a medio kilo por tomate.

Postre. Si el tiempo lo permite. Era un batido de galleta de chocolate y un huevo frito dulce. Se suponía que un poco de nata con chocolate blanco y mermelada de albaricoque haciendo de yema componían el supuesto huevo frito. El huevo de una gallina libre de jaula. Cebada en Chernóbil. Porque ese huevo era a los huevos lo que el Ecce Homo de Borja a la Capilla Sixtina. Intentas mojar pan en eso y el pan se te echa para atrás.

Y sí, hizo la gracia de que tenía a una de las ratas debajo del gorro de cocinero. Sí, se la llevó a la cocina. ¿Qué mas dá? Rompamos tabúes. Ya de paso podría tener de mascota a una salmonela y cocinar también con ella. O a unas cucarachas juguetonas que paseen por encima de la comida, en plan ja ja ji ji.

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El primero en llegar a la cena fue Santiago, que pensaba que iba moderno, pero iba en pijama. Santiago dio muestras en el programa de ser un yonki del protagonismo. Él no atraca farmacias, atraca rodajes y exige papeles principales. Que está mu loco y se pone muy nervioso si tiene el mono de atención.

“He preparado agua de Valencia, que es muy típica aquí en Valencia“, le recibió Miguel. Bravo. Yo he hecho cocido madrileño que es muy típico en tol puto centro de Pernambuco.

Después llegó Rosario, moviendo su patrimonio. “Me he encontrado con el anfitrión y con un personaje con un pareo que no sabía si era hombre o mujer”. Joder, Rosario. Si la salvación de la raza humana dependiera de la vista de Rosario podríamos darnos por jodidos.

Fran llegó más tarde, con un vino rosado que con el calor que hacía no es que fuera espumoso, es que estaba hirviendo como el radiador de un Fiat 127 subiendo Despeñaperros.

Claudia llegó y Fran la miró que si por él fuera la habría montado encima de los canapés de bienvenida.

Claudia y Santi se fueron a cotillear por la casa. Y claro, encontraron las ratas. “¿La cojo del rabo y la sacamos?” dijo Santi, que sólo le faltó meterla en el microondas para joder un poco más al pobre animal.

“Mira qué pedazo de rabo”, reparó Santiago y para él, que se alargó el pene que ahora coge un vuelo y su glande aterriza 30 minutos antes que él, eso es mucho decir.

A Claudia al principio le daba un poco de asco la rata, pero luego la cogió que sólo le faltó adoptarla. “Creo que la rata me ha meado”, añadió. Y es que si a mí me agarras del rabo y me levantas lo menos que hago es mearme en ti, dalo por seguro. Como enchilada de judías y espero tres días antes de cagartelas en la repisa de la chimenea, para que las veas bien.

Llegó el primer plato. El salmón tenía pinta de estar más seco que las suelas de las sandalias de Cristo, pero en general gustó. Hasta que llegó Rosario, que no le gustaba nada. Ni el salmón, ni el melón ni el mundo. Ella quería jamón. El salmón que se lo metan por donde amargan los pepinos los noruegos. Ella cerdo curado, joder.

“Las ratas son unos animales muy, muy, muy inteligentes“, dijo Miguel. Sus ratas pasan las vacaciones de verano colaborando en proyectos de la NASA, no te jode.

El principal “huele a cerdo”, dijo Santiago, que tiene más afán de protagonismo y adoración que Lady Gaga entrando a comprar a un Primark un sábado por la tarde.

De hecho, a Miguel se le cayó un poco de vino encima de Rosario y Santiago se puso a reírse. Es un tipo muy empático. “Se le ha quedado la cabeza que parece que le ha tirado un huevo por la ventana”, dijo el muchacho entre risas histéricas, que demostraron que es maduro como dormir con chupete a los 25 años.

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Yo prefiero que me caiga vino a que me mee la rata, la verdad“, dijo Claudia. Sí, claro y yo prefiero a que me caiga cerveza a que me vomite un zombie dentro de los calzoncillos. Esta muchacha está ya traumatizada de por vida. Nunca volverá a sentirse limpia.

Claudia tiene un trauma infantil. ¿Con los payasos? ¿La oscuridad? ¿Los perros? No, con la carne de membrillo. Están las consultas llenas de gente igual. Freud nunca habló de la carne de membrillo porque tenía trauma con ella desde pequeño. Vas a la guerra y matan a todos tus amigos delante de ti y vaya, algo te afecta, pero te obligan a comerte un bocadillo de carne de membrillo y tienes que ir a terapia de grupo.

El segundo plato gustó igual que si hubiera puesto a las ratas hechas al punto.

Para el experto Santiago el batido estaba “demasiado líquido”. Claro, porque para Santiago los batidos tienen que estar más sólidos que el talón momificado de Ramsés II. Para él un batido está bien cuando sólo puedes aspirarlo con tubería corrugada de medio metro de diámetro.

La fiesta final incluía la actuación de dos magos. En pagarle te has dejado ya el premio de los 3.000 euros. Santiago puso cara de aburrirse, porque claro, él no era el protagonista y eso no lo soporta.

Uno de los trucos era estamparse un huevo en la cabeza. Que no les copie el truco David Copperfield. Fran no se lo estampó, es que se lo incrustó. Se dio unas hostias con el huevo en la frente que ahora tiene tres hemisferios cerebrales: el derecho, el izquierdo y el huevo.

VOTOS:

Claudia: 6. Fran 7. Rosario: 5. Santiago: 5. Uy, uy, éstos… dando puntos por lo bajo… ¡Estrategia time!

¡Esta noche más!

De desnudarse en Interviú a protagonizar una catástrofe culinaria en ‘Ven a Cenar Conmigo’: Ainhoa

Ainhoa, en Ven a Cenar y compartiendo con el mundo sus cosas.

La forma más rápida de conseguir un motín en un penal es poner a Ainhoa de cocinera. La muchacha tiene un buen rollo y una energía inversamente proporcional a su habilidad en la cocina.

¿Sabéis de quién os hablo? ¡Sí, de Ainhoa de las gemelas de Pekín Express! Que después de recorrer medio mundo con el programa salió en pelotas en Interviú (claro que salir vestido en Interviú era difícil) y ahora ha participado como primera anfitriona esta semana en Ven a Cenar Conmigo en Cuatro.

La muchacha se presentó como “Tatoo model”: o sea, modelo de tatuajes. La muchacha se quita la camiseta y se pone de cara a la pared y parece un póster de Disney, porque llevaba toda la espalda tatuada con motivos de La Bella y la Bestia.

Bah, lo meritorio es hacerse al jorobado de Notre Dame entre las tetas. Si aún así hay alguien que quiere tocártelas, cásate con él o ella. “No hay que juzga a la gente por las apariencias, sino por el corazón”, dijo Ainhoa ,que es la Paulo Coelho de los tatuajes.

Se ha echado un novio inglés: “nos conocimos como todo el mundo, de borrachera“. Sí, de hecho Napoleón estaba todo cocido de beber DYC cuando conoció a Josefina, que llevaba un pedo de vino Don Simón que no se tenía en pie.

“Para mí una anchoa es como una mierdilla“, dijo, para hacer amigos en Cantabria. En el siguiente episodio aparece Miguel Ángel Revilla, así que no descarto que la mate metiéndole anchoas por el gaznate hasta que no pueda respirar.

Vamos con los demás comensales:

Yeyo Rubín: Comunicador experto en gastronomía, o eso dijo él, porque al parecer sólo es experto en gastronomía cántabra.  “Me encanta salir al mar a pescar” y se puso a relatar comidas que le gustan que parecía que estaba relatando el menú del día de un restaurante. Para este hombre la comida que se hace desde los límites de Cantabria hasta Burgos es comida extranjera. La que se hace más al sur de Burgos es comida marciana.

Eva: Es médico y hace acupuntura. Me estalla la cabeza con esa mezcla. Y también hace tallas en madera. Lo malo es que un día se haga un lío e intente hacer una escultura con agujas y a ti te talle los canales linfáticos.

Eva canta en un coro y nos enseñaron al coro cantando. El coro era un arma de destrucción masiva. Mandas a esa gente cantando contra una posición enemiga y se rinden todos. Eso lo oye James Rhodes y abandona España.

María Alonso: Es empresaria y concejala “por el partido del PP”. Empezó en las juventudes de Alianza Popular y fue “subiendo puestos” hasta que llegó a concejala. Lo bueno de la política en España es que siempre van quedando huecos libres según van imputando al de arriba.

Es “muy sociable” y al lado del Ayuntamiento “hay vacas y al otro lado caballos”. Eso no es un Ayuntamiento, es el puñetero FarmVille. Lectores millennials: si no entendéis algún chiste me lo decís y os lo explico, que soy mayor ya.

Álvaro: Es ingeniero informático y tiene un columpio en su oficina. Hace sidra ecológica natural con manzanas, sólo manzanas. No la va a hacer con peras, no te jode.

Toca el cajón flamenco. No es etéreo, porque cuando “llega a un sitio se nota que ha llegado y cuando se va se nota que se ha ido”. Vale, no es el fantasma de Ghost. Sólo le faltó confirmar que se refleja en los espejos y no tiene problemas con el ajo.

“Aquí comienza ya el trajín“, canturreó Ainhoa al empezar a cocinar aunque por cómo lo dijo no sabías si iba a cocinar o a empezar a trabajar con Nacho Vidal.

Primer plato: Say Cheese. Una tarta de queso con cebolla y base de hojaldre. Una guarrería como otra cualquiera.

No veas qué hostias le daba a los botes de especias para que acabaran de caer los ingredientes. Le daba tales goles en el culo que sacaba hasta el aire. Hacía el vacío dentro de los botes.

Amasó el queso con las manos “que no me las he limpiado“. Bueno, ¿qué más da unas bacterias más que menos? Menos mal que la muchacha no es cirujana, porque iría a operar a corazón abierto con las manos de haber estado limpiando pescado.

Lo coronó con una banderita inglesa, bien hecho, porque eso parecía una maqueta de Gibraltar; una roca informe. Faltaban los monos y gente pasando tabaco.

Segundo plato: Sunday Roast. Llevaba redondo de ternera comprado ya relleno y atado y y unos bollos ingleses comprados. Lo metió todo al horno con unas verduras y patatas y a tomar por saco. Si el redondo llega a ir dentro de una bolsa, mete la bolsa y el tiket de la compra.

Ainhoa tiene las manos ignífugas porque cogía las patatas recién sacadas del horno con las manos y ni se inmutaba. Ainhoa pasa por encima de la manta de brasas de San Pedro Manrique y se puede parar en medio a encenderse un cigarro antes de seguir.

Postre: Manchester tart. “La Manchester tart no tiene nada que ver con lo que voy a hacer yo, pero como ellos no saben lo que es la Manchester tart…”, dijo Ainhoa. Cojonudo. Pues yo voy a hacer un caviar iraní pero lo voy a hacer con caquitas de conejo, porque como no saben lo que es el caviar iraní…

Esta tía no había cocinado en su vida. “Un puñado de azúcar a ojo y a tomar por culo”, pero no era un puñado, era un kilo. El Manchester tart era un tiramisú hecho a lo loco.

– Señor Adrià ¿cuánto le ponemos de sal a esta receta?

– Un puñado y a tomar por culo, que hoy viene el de la guía Michelin. Hemos venido a jugar.

Y así.

Llegó la cena.

Ainhoa había llenado la casa de banderitas inglesas eso parecía el dormitorio del príncipe Carlos. Solo faltaba Camila Parker Bowles. El cóctel de bienvenida tenía té y licor, un pelotazo de llegar a la cena viendo el segundo plato justo al lado del primero y bailando un chotis.

Alvaro llegó y se notó que había llegado. “Pegas con el típico pijo sevillano, con la camisa y el jersey“, le dijo Ainhoa sin querer ofender… “No he podido ponerme la ropa de sport porque era todo de marca”, dijo él, desmintiendo que fuera pijo.

Yeyo llegó y ya se puso a criticar el aperitivo: “El sándwich no estaba tostado a la plancha, era poco apetecible”, dijo, pero eso ya lo había visto antes de zampárselo como si fuera un cocodrilo masticando un impala.

Se fueron a cotillear por la casa. Había un gimnasio y millones de fotos de ella misma y su Interviú convenientemente olvidado sobre una repisa. A Yeyo le dejó “con la boca abierta”.

Hoy, en eufemismos de los tíos, “me ha dejado con la boca abierta” como sinónimo de “me ha puesto como un orangután en época de celo”.

No voy a decir que sea el mejor say cheese que he probado, pero bueno”, valoró Eva, que nunca había comido un say cheese. Comer una cosa por primera vez y que no sea la mejor que has comido es bastante jodido si lo piensas.

Yeyo dijo que debería estar más jugoso, que estaba pasado de horno. Se lo comió como si fuera la última comida sobre la faz de la tierra. Para Yeyo las pegas son somo su aliño preferido. Las echa sobre el plato y luego se las come como si les hubiera echado ketchup.

“Yeyo, qué te gusta más, el plato o la foto”, le preguntó Álvaro, buscando polémica y Yeyo dijo que “Si mi mujer no está viendo la televisión, la foto, si la está viendo pues el plato y la hierba”, dijo Yeyo.

Después de Ven a Cenar Conmigo Yeyo va a protagonizar Ven al Hostal Conmigo, porque ahora vive en uno.

Me he puesto un poco de labios“, confesó Ainhoa y dijo que las tetas no. La portada de Interviú decía lo contrario.  Se ha puesto unas domingas que se las bajan a la bodega cada vez que vuela con Ryanair.

“Cuando me han dicho que les ha gustado no me lo podía creer porque lo he hecho como el culo”, dijo sincera Ainhoa.

Llegó el segundo: “He comprado redondo relleno de pasas y de movidas, de algo“, dijo para explicar su plato. Si se despista compra un bote de detergente, lo cocina y los mata a todos.

La carne estaba más seca que la pata de Tutankamón. Yeyo dijo “las verduras están muy buenas”, o sea, que la carne era como para usarla como amenaza biológica, porque el brócoli estaba como un monte despues de arder.

El postre era un drama, pero gustó. Es con salsa marcaspone, dijo Ainhoa, que era incapaz de decirlo ni leído y que es igual de british que Finito de Córdoba.

Mar-caspone, una salsa procedente del Mar Caspio, para nada relacionada con el queso mascarpone ni con la crema Mas-Capone, la preferida de la mafia.

A Yeyo le gustó: “no estaba mal si te gustan los postres y el dulce“. Nos ha jodido y que te peguen con una fusta y te pisen los testículos con los tacones no está mal si te gusta el sado.

No me gusta el chocolate blanco“, dijo Álvaro, que tiene un paladar de vaca, porque no llevaba chocolate blanco. Pero eh, gracias por participar. A Álvaro no le gusta la tortilla de patatas con zorongollo caramelizado a las finas hierbas.

Para acabar la velada Ainhoa había montado un concurso de preguntas de Inglaterra. Todas las preguntas eran culturales como una lucha a garrotazos.

Si Ainhoa presentara un concurso le iban a caer demandas a la cadena hasta que tuviera que cerrar porque el concurso tenía la misma credibilidad que un título de notario dibujado en una servilleta de bar llena de grasa.

Eva se puso a cantar Here Comes The Sun. Mañana el sol no sale. No se atreve.

La concejala del PP ganó el concurso y se llevó una caja de galletas de mantequilla, que todos sabemos que tenía dentro cosas de costura.

Puntuaciones: Yeyo: 4 y por anfitriona, no por la comida. Álvaro: 3. Eva un 6. Concejala: 4. Qué masacre.

Ángel Garó se pone desagradable y monta la bronca el último día con Raquel Bollo en ‘Ven a cenar conmigo’

Raquel Bollo y Garó, que no sabes si está bendiciendo o qué.

¿Sabéis esas personas que son todo sonrisas y risas y amabilidades hasta que les llevas la contraria lo más mínimo y entonces pasan de ser tus mejores amigos a querer arrancarte los ojos con unos pinchos de brocheta?

Pues me da que Ángel Garó es un poco así, o al menos esa impresión ha dado en Ven a Cenar Conmigo Summer Edition, en cuya última cena ha tenido una bronca con Raquel Bollo de lo más tonto y en la que, sin que sirva de precedente, poca culpa tenía Bollo.

Total, que el anfitrión de anoche era Agustín Bravo, un señor maravilloso que es el número uno y tiene “57 años y es presentador de Radio y Televisión”.

“Hago entrevistas todos los días a cantantes, actrices, actores, locutores…“, aseguró Bravo. Joder ¿a todos esos todos los días? El programa de radio de Agustín Bravo dura once horas y el último disco de Pitingo se lo compuso él para que lo estrenara y poder tener alguien a quien entrevistar, porque se le estaba repitiendo gente.

Como Agustín es de esas personas que parece tener un ego tan grande que aparece en Google Maps, cuando dijo que era un experto en yoyo pensé que era un flipado.

Y NO: ES EL PUTO AMO DEL YO-YÓ

Se puede ganar la vida en un semáforo haciendo trucos de yo-yó sin problemas. Yo me lo cruzo y le doy 50 euros mínimo. O me bajo del coche y le pido por favor que se lo quede como pago.

¿Se me nota el trauma infantil de no haber sido capaz de hacer el que puto yo-yó de los cojones simplemente bajara y subiera sin enredarse, me cago en la puta de oros, rediós?

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– Gus, ¿qué quieres para tu cumpleaños?

– Un yo-yó, no te jode.

“Bueno, pues llegó el día”, dijo Agustín Bravo justo antes de ponerse a cocinar y justo antes de soltar una risa histérica que le habría helado la sangre a la niña de The Ring.

Para cocinar se puso unos guantes de látex que lo mismo te valen para extraer un hígado que para asesinar a tu vecino sin dejar huellas.

“Te dan una sensibilidad que es como si no los llevara”, afirmó, como si se acabara de poner un condón de los caros y modernos. Sí, modernos, que con los de antes te los ponías y metías el pene en una prensa industrial y no notabas nada. Aún tengo uno en la cartera por si pillo cacho. La fecha de caducidad es anterior al nacimiento de la mayoría de vosotras y vosotros, jovenzuelos.

El menú de Agustín Bravo:

Primero: Los tentáculos son un espectáculo. “Yo creo que es algo del mar”, dijo Melody. Cuando en Scotland Yard tienen dudas con un caso llaman a Melody.

– Melody, ¿puedes hacer el perfil psicológico del asesino?

– Creo que es algo de matar.

– Gracias Melody.

El plato era poco espectáculo. Era una pata de pulpo precocida pasada a la plancha con una patata cocida de hacer en el microondas y dos guindillas encima. Tócate los cojones. Qué espectáculo. Deslumbrante. Apoteósico. Era el Noche de Fiesta de los entrantes.

Acaban de echar a Los Miserables de Broadway y han dejado el teatro para enseñar la pata de pulpo con raquitismo de Agustín Bravo. Primeras reacciones:

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“Como cocinero, como en la vida, lo que me propongo lo hago”, espetó Bravo. Por conseguir quiere decir que va al súper y lo compra precocinado.

Soy el rey de las tortillas, mi hija me adora por eso” dijo el señor. Cuando se casa un miembro de una familia real a Agustín Bravo le mandan invitación por ser el heredero de la dinastía de los Tortillones.

Segundo plato: Costillas a la brava. Es una receta que Agustín ha hecho muchas veces. Bueno, nunca.

“Voy a hacer una llamada a mi mujer si no os importa y que me diga un poco lo que hay que hacer“, pidió Agustín, porque él con las costillas lo único que sabe hacer es protegerse los órganos internos del tórax.

La mujer no le “dijo un poco”, se lo dijo todo, paso por paso. Con todos los detalles. Y no empezó con la cerda dando a luz, la cría del gorrino, el matadero y el despiece porque no había tiempo.

Cariño, ¿te he dicho que te quiero?“, le dijo Agustín con un romanticismo similar a regalarle una plancha a tu pareja. Y la señora contestó: “No abras el horno constantemente, que te conozco”. No estoy llorando, de verdad. Qué romanticismo.

Y una vez asadas las costillas les echó salsa barbacoa que creo que la gracia del plato era encontrar las costillas hundidas en el barro ese. Esas costillas tienen más barbacoa que una gira de verano de Georgie Dann.

Y acompañó las costillas con unas verduras al microondas. Este hombre usa el microondas para todo, lo necesita, es microdependiente. Cuando se va de viaje pocos días en lugar de llevarse una muda se lleva el microondas. Y lo sube a la cabina del avión, claro.

Postre: Sorbete Costa del Sol. Básicamente helado de sorbete y cava. O sea, un sorbete más clásico que el look de un cura en un entierro. Echó tanto helado y tanto cava que la jarra parecía un perro rabioso de la espuma que salía. Se tenía que haber llamado Sorbete Costa del Fairy.

Los decoró con unas hojas de menta metidas en la pajita, para que alguien fuera a aspirar y se atragantara y muriera, pero eh, con un aliento fresco.

Mi humilde choza”, dijo Bravo cuando llegó Melody. Lo que pasa es que la casa era un chalete pareado, pero pareado con el Palacio de Charlottenburg.

Pues choza no eeeeeeh”, dijo Melody con un poco de retintín, que traducido sería algo así como “puedes meterte la falsa molestia por el culo hasta que se te quede el intestino grueso humilde como un monje budista”.

Y es que Agustín Bravo abría la puerta del garaje hablándole a su reloj, algo que a Melody la dejó loca. Le preguntó “¿y esto es una choza?” y le faltó decir “gilipollas de mierda”?

Para el aperitivo les había puesto un ceviche y les dijo que “lo he hecho yo, os lo puedo jurar”. Estoy seguro de que no lo había hecho él, porque el ceviche no se puede hacer en el microondas.

El ceviche estaba para ponerle un piso“, dijo Olivia, que no sabemos si el piso se lo ponía a Agustín o al Ceviche. Y ojo, que lo dice en serio porque puede. Esta mujer pone pisos como el que da propinas en un bar. A Olivia le sujetas la puerta del ascensor y te pone un tres pisos en el mismo bloque, para que puedas elegir.

Y llegó la cena.

“Esto es un tour de los sentidos, vais a flipar“, dijo Agustín. Lo mismo con tour se refería a que pruebas su comida y se te va el gusto, el olfato y hasta el tacto de viaje.

Se fueron a cotillear. Agustín tenía fotos con otros presentadores y un premio que era una estatuilla dorada alargada como si le hubieran dado tortura estirándolo en el potro. Era una Antena de oro del año 2000. La estatuilla es tan fea que la tuvieron que hacer de oro de verdad para que la gente aceptara recogerla.

A la hora de la verdad la vitrocerámica se le jodió a Agustín y estuvo a punto de tener que calentar el pulpo metiéndoselo en un sobaco.

Hoy, en frases que de inmediato serán malinterpretadas: “He tenido la más gorda, no podía quejarme“, dijo Olivia. Y remató haciendo ver que “no me gusta demasiado duro”. Pues eso, la pata de pulpo le gusta así como morcillona.

Después se ofreció a comprobar si la guindilla picaba. No, Olivia, las guindillas son dulces y se usan para hacer tartas. Puto merengue de guindilla, se hace mucho. A tomar por culo el arroz con leche, hagamos arroz con guindilla y que los niños lloren en el postre.

Se comió la guindilla a lo loco y dijo “maravillosa…” y un segundo después PICA, PICA, PICAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA

Imágenes de Olivia Valere eliminadas por el programa:

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“Con ese cuerpo tan grande, una patita nada más…”, dijo Melody, que se quedó con más hambre que Falete en un Naturhouse. Y la apoyó Bollo “me ha sabido a poco”. “Una patita más habría sido simpática“, recalcó Olivia.

Y ya estaba ahí Garó, que puso seis albóndigas y tres patatas cocidas en su primer plato, para llevar la contraria: “Es cierto que hay gente que le gusta la cantidad aunque sea para dejarla, pero para mí estaba bien”.

“Me ha alegrado muchísimo de que se hayan quejado, porque se han quejado de la cantidad, y eso es bueno”, reflexionó después Agustín Bravo, que sabe exactamente lo que los clientes quieren.

– Han empezado a vomitar todos y convulsionaban y los ojos les han estallado en las cuencas como palomitas de maíz y yo me alegro muchísimo porque eso es bueno.

Para Agustín Bravo una semana en la que no le ponen una denuncia en el Tribunal de Derechos humanos de Estrasburgo es una semana perdida.

Y el anfitrión tuvo que salir corriendo de la mesa porque saltó la alarma de incendios. Las costillas estaban que parecían una bolsa de carbón para barbacoas. Eso te lo tenías que comer con un minero al lado que te fuera sacando los pedazos a pico y barrena.

Las costillas estaban hechas. Eso seguro. La salsa podría ser de salmonelosis y no pasaría nada porque estaban esterilizadas por la vía de la purificación del fuego.

“No se ha quemado, estaba haciéndose la costra, que es la gracia“, se explicó Agustín Bravo. Sí, claro, la Inquisición no quemaba a la gente, le hacía costra.

Y llegó la bronca.

Garó, sin referirse a él mismo para nada, empezó a decir que era una vergüenza que hubiera artistas con talento sin trabajo y que en la tele hubiera “cuatro mierdas”.

Y cuando Raquel Bollo con cautela intentó rebatirle, Garó le dio una puñalada de las que podrían matar a un mamut: “Te has dedicado a hablar de tu vida y no me dejas hablar de Agustín?”.

Y aunque Bollo intentó dejar el tema en varias ocasiones, Garó se empeñó, hasta que la mujer le dijo: “Tú también lo has hecho…” (lo de hablar de su vida en un plató).

Raquel, qué mal gusto, de verdad“, le reprochó Garó, que es de esas personas que te pueden mentar a la madre, pero como tú les digas que son las ocho y cuarto y en su reloj ponga que son las ocho y catorce se ofenden como si hubieras matado a su perro.

“El que has sido grosero has sido tú, y deja ya el YO YO YO que quieres ser el protagonista“, (BINGO) le dijo Bollo mientras Garó salía de plano ofendidísimo, como si no hubiera sido él el que buscó la bronca.

A partir de ahí Garó estuvo con un cabreo de cojones toda la noche y le dijo a Agustín que las costillas “estaban pasadas”. Garó tiene papilas disgustativas, porque a los demás les encantaron.

Y llegó el sorbete, que al final resultó que sí tenía sorpresa: “Tito, esto que es… es una hormiga. Me ha tocado una hormiga en el postre”, dijo Melody.

¿Y qué hizo Agustín? Comérsela, para demostrar que no era una hormiga, sino una hojita de menta. Menos mal que Melody no encontró un cadáver debajo de una cama, porque Agustín se lo habría tenido que comer para demostrar que era una pelusa.

“Yo siempre valoro el corazón que se pone en las cosas“, valoró Garó. Joder, a él con una hormiga no le basta, quiere vísceras en su sorbete.

Para el fin de fiesta había un señor que cantaba, un crooner, que “hace de todo”. O sea, que además de cantar te puede cambiar la bañera por plato de ducha.

Se pusieron a bailar Garó con Olivia y Agustín con Bollo y Melody se quedó para vestir santos, dando saltitos por el jardín ella sola en plan hippy que no pilla cacho.

Olivia se animó a cantar My Way el sonido que salía de su boca era como si un gato con amigdalitis hubiera quedado atrapado en un cepo y estuviera emitiendo los lamentos de sus últimos momentos de vida. Era como una ardilla que fumara ducados. A Olivia se le acerca rottweiler violento, le canta y el perro sale corriendo con el rabo entre las piernas.

Puntuaciones: Olivia: 7. Bollo: 8. Melody: 8. Garó: 7. No sabe nada el Garó…

Así que quedaban 32 Garó; 29 las tres chicas y 30 Agustín.

Pero el voto justo lo cambió todo:

Quinto lugar, nadie. Cuarto lugar, Raquel y Melody. En tercer lugar, Agustín. Y el ganador fue…

Y GANÓ… ¡¡OLIVIA!! por 33 puntos frente a los 32 de Garó.

Bollo le subió la nota de un ocho a un nueve a Olivia. Agustín a Olivia le subió de un seis a un nueve.

Y como Olivia tiene el dinero por condena, pues donó el premio lo donó a la Asociación Pequeño Deseo. Olivia tiene las cuerdas vocales como un páramo nuclear, pero el corazón bondadoso como un Teletubbie dando un abrazo.

El lujo desmedido y peligroso de Olivia Valere en ‘Ven a Cenar Conmigo Summer Edition’

Olivia Valere, que no sabes si está asando o cocinando meta.

 

Soy idiota y ahora me he dado cuenta. Sí, porque me he dedicado a escribir, a hacer post y gracietas cuando podría haber puesto una discoteca y ahora tendría el dinero por condena.

Al menos es lo que pienso después de haber visto el casoplón y el terreno como de que se te escape el perro y perderlo para siempre que tiene Olivia Valere, anfitriona de anoche en Ven a Cenar Conmigo Summer Edition.

Antes de seguir… Tengo Twitter: @realityblogshow e Instagram: @GusHernandezGH incluso Facebook: Gus Superviviente Hernández. Soy un Millenial.

La mujer comenzó contando que abrió su primera discoteca en París en los años 80 y enumerando a los famosos que fueron a cantar allí. No queda ni uno vivo.

Pero en París “hacía un frío horroroso, con nieve“, dijo la mujer, que si ve Siberia flipa en colores, y por eso se fue a Marbella, donde montó más discotecas de esas en las que pides agua del grifo y te cobran 20 euros.

Soy la única mujer que vive con sus dos maridos, nos recordó. Claro, es que los maridos desgravan en Hacienda y con uno no le llegaba para que le saliera a devolver. Joder, podría mantener a una ganadería de maridos. Es que claro, una vez que pillas ese lujazo no te vas de ahí ni con agua caliente y una espátula.

Olivia no tiene una casa, tiene un palacio que cuando pasa por delante Isabel II se muerde el labio de la envidia. Y un terreno que Teruel cabe ahí y todavía puedes poner tres barrios de Albacete.

Nos contó Olivia que desde pequeña escribe poemas. Seguramente los escribe en billetes de 500.

Nos leyó uno: “Amigos, para dedicarte mi primer poema en español quiero contar palabras de amor a tu patria”. Chúpate esa, Neruda.

Para esta mujer “los churros son la cosa más sofisticada del mundo“. Sí, lo más sofisticado, de hecho, la mitad de los aparatos de la Estación Espacial Internacional están hechos de churros. El brazo robótico de la nave son dos porras atadas con el alambre del cerrar el pan bimbo.

Este concurso es de dar amor“, aseveró. No, mujer, este concurso es de darle poca nota a los demás para ganar tú. ¿Es que no hemos aprendido nada de Rafael Amargo?.

Menú de Olivia:

Primero: Delicia fría de Rusia. No, no eran criadillas de conejo de las nieves. Era un salmogjrejo de remolacha. Si yo fuera ella sólo por no tener que pronunciar salmorejo hacía otra cosa.

El momento de cortar la remolacha daba un miedo de cojones. He visto capítulos de Dexter con menos sangre. Olivia ganó su fortuna haciendo los efectos especiales de Spartacus: sangre y arena.

En serio, qué escena, con la mujer con los guantes negros y apuñalando remolachas. Esto se lo pones a Hannibal Lecter y el pobre vomita de la impresión.

Al salmorejo le echó sal como para hacer conservas de bacalao. El mar muerto se murió porque Olivia lo probó, le pareció soso y lo puso al punto de sal.

Principal: El lujo del mar. Es su receta de familia. Lubina a la vainilla y el champán. Lo acompañó con cuscús al que le echó agua de azahar que eso tenía que saber a Roscón de Reyes.

Con paciencia y la mantequilla se la metió el elefante a la hormiga. Esta mujer cada vez que cocina usa mantequilla como para engrasar por dentro una piscina y que no se pegue ni el agua.

Postre. Pecado Mortal. Yo pensé que el postre sería un bizcocho con formas fálicas y/o vaginales. Pero no, era mango (bueno, un poco fálico lo del mango sí es)  frito con azúcar moreno y flambeado, pero no como Garó, Olivia no necesitó desplazar seis dotaciones de bomberos. Le echó coco en polvo y lo acompañó con helado de pistachas que son como los pistachos, pero en achas.

El mantel de Olivia era pijo. Daba pena hasta limpiarse la salsa de la boca con él, que es lo normal y está bien visto. Llevaba como volantes y recosidos que no sé ni como hacían equilibrio ahí las copas.

Agustín Bravo estaba ese día más salido que el Cabo de Hornos. Iba el hombre más encendido que la antorcha de un pirata. Iba con un calentón que cuando el mechero del coche necesita fuego se enciende los cigarros con Agustín Bravo.

“Cómo estaba mi Olivia cuando ha abierto la puerta”, dijo Agustín con voz como de Alfredo Landa con el bálano en la mano. Pero luego remató: “vestida de rojo como un pimiento morrón”. Es único echando piropos.

Ángel Garó se presentó con una fuente de pestiños, que también son muy sofisticados. Y muy ligeros y digestivos por la noche. En el antiguo Egipto cuando querían matar a alguien no usaban veneno, le daban un pestiño después de cenar.

Melody se había puesto un vestido como para salir haciendo de Cersey en Juego de Tronos. Llevaba como tachuelas de metal que ahí no le clavabas una fecha ni apuntando fino. Si la pones a caballo te hace la toma de Breda en cinco minutos.

Cómo estás, y no es una pregunta, es una afirmación“, le dijo Agustín a Melody. Estaba desatado como un obrero divorciado de los años ochenta. Que no le llamen para dar conferencias en asociaciones feministas.

Melody le dio la vuelta al plato de la mesa y vio que eran platos de Christian Dior.

– Christian, qué, ¿hacemos vestidos?

– No, hoy voy a hacer platos, mira tú. Y que no haga mañana escobillas del váter.

Esos platos para meterlos en el lavavajillas los tienes que asegurar primero. Qué tensión. Yo tengo amigos a los que no les pondría ni platos de plástico del IKEA. En algunos casos les pongo la olla directamente. El lujo tiene sus peligros. Yo estaría sufriendo todo el día por si me rompen algo.

Se fueron a cotillear. Eso era un sindiós de cosas por todos lados, parecía la foto ilustración de la página del libro de medicina donde se explica el síndrome de Diógenes. Había fotos metidas en cajas, con algunos famosos. CON TODOS LOS FAMOSOS.

Descubrieron que ella de joven cantaba e incluso grabó un disco. Un vinilo, claro, y cantaba Cantinero de Cuba. Es todo de un vintage que asusta. “Canto muy mal, pero toda la vida me ha gustado cantar”. Ah, pues nada, chiquilla, yo soy calvo, pero siempre me ha gustado hacerme trenzas, no te jode. Que no te quiten la ilusión muchacha.

Llegó el primer plato. “Me resulta rompedor, lo que nos has dado es cultura a través de la gastronomía”, dijo Agustín Bravo, que yo creo que estaba metiendo fichas para ser el tercer marido de Olivia.

Luego, en privado dijo: “Me lo he comido todo, pero yo esperaba trincar caviar”. JA JA JA JA Para mí que Bravo salió de allí con un cenicero de plata en el bolsillo. Para compensarle el disgusto de no poder hacerse un bocata de caviar.

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Y con esta imagen se estimula este hombre cuando quiere tocar la quinta sinfonía con la zambomba.

Llegó el segundo, la lubina a la vainilla y el champán. Más pescado para Agustín Bravo, que lo primero que dijo en el programa es que no le gusta. JA JA JA

Pues el caviar es pescado y bien que querías, jodío.

¿Lo puedo cambiar por cordero? Me estáis matando”, le soltó a la pobre Olivia, que para toda sorpresa dijo “sí, si te gusta tengo”. ¿Quién no tiene un cordero asado para por si acaso? Probablemente era la cena de los maridos. Pero no, Bravo se jodió con el pescado.

“Ha comido en tres días más pescado que en toda su vida, eso es un sufrimiento”, reconoció Olivia. No, un sufrimiento es ir a hacer caca a un baño público y que no haya papel. Lo de que no te guste el pescado es que te falta un repaso con la zapatilla en el lomo de cuando eras pequeño y le hacías asco a la comida.

“Tengo que decirte que la lubina está exquisita”, le dijo luego Bravo a la anfitriona. ¿Pero este hombre qué pescado ha comido que se lo ponen aquí y le gusta? ¿Raspas de sardina de seis días?

Postre. Llegó al ritmo de los clavelitos de la tuna. A saber por qué. Y es que esa cena parecía un tablao flamenco con barra libre a las cuatro de la mañana, todo el rato con el cante y baile.

“Yo sé que a tí te gusta la gente sincera, es una cuestión de gusto mío, a mí la fruta caliente no me gusta“, dijo Bollo como pega del postre, que no se lo acabó.

“Está lo de la fruta caliente que no es natural”, criticó también Bravo. Sí, la fruta caliente es antinatura y vas al infierno y te quedas ciego y hace llorar al niño Jesús.

“La fruta con más de dos grados me parece un crimen“, insistió. Atracar a una vieja para robarle la pensión y gastártela en unos matones que le den una paliza a la misma vieja no, pero la fruta caliente es un crimen.

Sin embargo Melody dejó la copa del postre que no había ni que lavarla. De hecho, la chiquilla se comió todo. Rebañó tanto que los platos de Christian Dior ahora parecen del IKEA.

Y llegó la fiesta de después, con DJ y dos gogós, que para eso sabe de fiestas Olivia.

Y Agustín Bravo ya era una cosa mala lo desatado que estaba. Se fue a por las gogós y les dio una tabarra que las pobres muchachas se fueron de allí a echar la solicitud para entrar en las Carmelitas del Hábito Largo.

“Estaban allí las chiquillas que estaban solas, que no conocían a nadie y me he puesto un poco con ellas para que no se sintieran mal”, dijo Bravo.

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Puntuaciones: Garó: 7 (más que nada para que no le hiciera sombra a él mismo, me da a mí). Bollo: 8. Melody: 8. Agustín Bravo: 6, porque la fiesta fue corta, dijo. Uy, uy, uuuy, alguien va de estratega…