Las sesiones psicológicas de chichinabo de ‘La Isla de las Tentaciones’

Hay charlas de bar con borrachos que tienen más capacidad terapéutica que las sesiones de análisis del yo subconsciente que se hacen los unos a los otros en La isla de las tentaciones. Más que nada porque ahí todo psicólogo o psicóloga pincha (o quiere pinchar) y corta.

Las charlas que se pegan los y las solteras con los pretendidos son la risa tía Felisa. Ellos ven una conversación para tratar de ayudar, yo veo a un zapador quitando piedras de la parte de abajo de una muralla a ver si se cae y pueden entrar al saqueo.

Yo, que soy licenciado en Malalechología y Ciencias de la Despellejación, voy a analizar dos casos paralelos e interrelacionados entre sí.

Mari hablando con Manué.

Mari es una de esas solteras que podrían casarse con el hombre invisible, porque han estado en la isla pero no se las ha visto. Cuando Mari va a entrar a un Zara tiene que esperar a que pase alguien más porque las puertas automáticas a ella no la detectan.

Pero como dijo el pintor ese que tenía una perra rara con las latas de sopa, todos merecemos quince minutos de fama y los de Mari llegaron tumbando en el diván a Manué.

El muchacho estaba haciendo terapia con Rubén durmiendo al lado, pero es que Rubén es así: de poca actividad. Si jugar a las estatuas fuera disciplina olímpica, Rubén tendría más medallas que Michael Phelps.

“Lo que tienes que pensar, que a lo mejor no te has dado cuenta… yo creo que tu culpa hace que tú creas que la querías o que tenías que demostrarle que la querías. Pero en tu subconsciente tú sabías que no la querías, pero la culpa de haberle hecho daño te ha llevado a estar con ella”, le decía Mari, que ha escarbado en lo más profundo del subconsciente de Manué y ha encontrado culpa como el que encuentra un pelusas debajo de la cama.

Ya… la culpa lleva a mantener una pareja, es verdad. Yo una vez rompí un jarrón en un bazar y llevo diez años saliendo con un señor chino. El pobre hombre no entiende nada, pero ya hasta me da besitos cuando abre la persiana metálica.

“No estaba enamorado, he sacado esa conclusión, no estaba enamorado”, respondió Manué, que es un lince para identificar sus propios sentimientos y sacando conclusiones. Hoy, en momentos épicos de las conclusiones, Einstein definiendo la teoría de la Relatividad y Manué con que no está enamorado. Los dos eran mucho de sacar la lengua a pasear.

“Cuando tú estás enamorado de verdad no filtreas”, dijo Mari. Efectivamente, cuando estás enamorado no filtras. Te haces el té sin bolsita y te bebes todos los putos posos porque estás enamorado y tó loco. A saco de cal, joder, nada de filtrar, que estoy enamorado. Y los putos espaguetis me los bebo, a tomar por culo el colador. ¡¡LOVE AND NO FILTER!!

“Yo no me considero… le fui infiel metí la pata igual que ahora, pero yo con Lucía no me he portado mal nunca”, acabó por decir Manué, que se estaba sacudiendo la culpa como un mastín el agua después de bañarse.

“Si una chica se está enamorando de ti tienes que tener cojones para decirle ‘no estoy enamorado y no creo que me vaya a enamorar, te lo estoy avisando’“, concluyó en la terapia la doctora Mari, especializada en Cuernología y Enamorología Quinceañera. Para Mari las relaciones tienen que ser un poco como los pleitos por moroso, todo mediante burofaxes para ir avisando de las cosas.

¿A dónde le gusta ir a Mari en la primera cita? ¿Al parque, al cine, a cenar? No, al notario, a que de fe de posibles amores o desamores.

Lucía y Carlos.

En la otra punta de la playa estaba Carlos, ese soltero que tira más la caña que un pescador de almadraba. Hablando con Lucía, claro, que hay escenas de Tiburón donde el escualo ronda a los bañistas que las rodó Carlos disfrazado.

“Es que como novio la mejor persona que me he encontrado en el mundo“, decía Lucía de su Manué, que sí, es de lo mejorcito siempre que no haya una Fiama cerca.

“Mi madre me decía antes de venir que se ha equivocado, que lo había hecho mal conmigo, pero que estaba muy arrepentido y que quería venir a demostrarme cómo me quiere“, contaba Lucía. La madre de esta muchacha tiene pósters de Manué en su habitación.

“Me ha hecho daño de gratis”, dijo Lucía. Joder, faltaría más que encima te cobre, Lucía.

– Oye, Lucía, que vengo de cambiar babas con dos la misma noche, dame 100 euros.

Y así.

Y Lucía, que es muy estable con sus sentimientos, dijo “yo nunca le voy a perdonar” y al momento siguiente “me voy a estar liando con él hasta la muerte”.

Carlos, que estaba esperando su oportunidad como un guepardo esperando a la incauta gacela, le dijo “¿y dónde está tu orgullo?”. Vale, como psicólogo es menos expresivo que Mari…

1 comentario

  1. Dice ser Ebenezer Lembe

    Buen trabajo Señor Telebasuras, gran articulo, mejor titular. Thumbs up!

    24 febrero 2021 | 10:07

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