Archivo de julio, 2019

Los pupas de Supervivientes: ahora ha sido un escorpión lo que les ha picado

Un escorpión cualquiera (a saber de qué especie, el rigor ante todo) (FOTO: Andrey Barsukov, Pixabay).

Esta gente está hecha para sobrevivir en la selva como una figurita de porcelana está hecha para sobrevivir en una lavadora centrifugando mientras cae por un barranco.

Después de dislocarse más hombros que personas hay, de cortarse, quemarse, romperse la clavícula, pocharse la vesícula y otras pupas, ahora a Albert le ha picado un escorpión. Pero no uno de los guays de las pelis de vaqueros, que les picaba uno y estaban criando malvas al fotograma siguiente, no, uno que tenía menos veneno que un potito de verduras.

“Hoy he tenido la gran suerte de recibir la picada de un escorpión mutante de esos que le gustan a Omar”, anunciaba en la gala Albert. Un escorpión mutante, ojo. No es exagerado el chaval. Albert ve una gaviota y piensa que es un animal mitológico. Le enseñas un rape de frente y empieza a mojar la cama por las noches hasta los 50 años.

“Rápidamente han venido especialistas y me han calmado”, decía, porque lo de curarle la picadura o un antídoto era secundario, los sanitarios vieron rápido que lo primordial era calmarle. Es la única picadura de escorpión que se ha curado con valeriana. Es que veo a los médicos del programa dándole a Albert un besito en la pupa. Sana, sana, culito de rana, a ver si maduras Albert, si no hoy, mañana.

“En Madrid no hay, no?”, preguntaba Mónica. Uy, sí, hay veces que yo he ido al Primark y me ha tocado uno delante en la fila de pagar. El plato típico de Madrid, bocata de escorpiones. (Sí, que hay, ahora en serio, allá en el campo).

Y como era el Día Internacional del Exagerado, intervino Fabio: “Omar me salvó la vida a mí hoy, porque había otro que me estaba por picar”. Ojo, le salvó la vida. Albert fue picado y estaba tan sano y tan normal, pero a Fabio le han salvado la vida. Porque el que le iba a picar a Fabio tenía la peste bubónica, hepatitis A, B, C y hasta D, el pico de la cola oxidado y era yonki.

En esa misma conexión Jordi les preguntó por las inclemencias, pues les ha llovido tres días. “Dakota, ¿te pone de mal humor la lluvia?”.

“Cuando llueve estoy muy mal”, respondió ella. Cuando llueve Dakota se pone de mal humor. Cuando hace sol está cabreada. El tiempo parcialmente nuboso le pone de mala leche. A Dakota los metereologos le caen como el culo. Y los que no lo son. Todos. LA PUTA HUMANIDAD ENTERA LE MOLESTA.

– Hola, soy Dakota y soy la única superviviente de un cataclismo nuclear, ahora trabajo con secuencias de ADN para clonar a otro humano.

– ¿Para repoblar el planeta?

– No, para tener con quién discutir.

Y hablando de eso, la Pantoja, esa mujer cuyos besos temía Vito Corleone, ha abroncado a Omar porque el otro día no la defendió lo suficiente en su bronca con Albert y Mónica. ES ACOJONANTE

La Pantoja cabreada porque su guardaespaldas se estaba tocando los huevos. Ella espera no tener ni que discutir, sino chasquear los dedos y que vaya Omar a hacer el trabajo sucio. Bueno y el limpio, pues no es marquesa la señora.

– ¡Omar, las lechugas se han metido conmigo!

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Mi hijo te dirá un par de cosas en España“, le dijo la tonadillera. JA JA JA Porque para qué se lo va a decir ella, si se lo puede decir otro, no sea que ella se canse. Joder, la Pantoja, guarda las energías mejor que una pila alcalina. Debe tener ya tanta energía ahorrada que le puedes poner a cargar un coche eléctrico.

Y Omar, viendo que había faltado a su deber de chupaculos, lo cual no es honorable en el clan de los pelotas, se fue a decirle a Mónica y Albert que la iba a defender siempre y que no se metieran con ella.

“Esta señora, que tiene más de sesenta años, que podría ser tu madre, le debes un respeto“, le dijo a Mónica el muchacho que está tan pegado al culo de Pantoja que no sabes dónde acaba Pantoja y dónde empieza Omar. Y ojo a los de los sesenta años. La edad hace que automáticamente debas respeto.

– Mamá, ese señor se ha sacado el pene y lo está mojando en la sopa del buffet…

– Hijo, es un señor de sesenta años, le debemos un respeto.

– ¿Entonces me tengo que comer la sopa?

– Y sin sorber, hijo.

Pero Mónica, que en esta edición alterna miradas chungas que harían cagarse encima a Hannibal Leckter con ramalazos de sentido común, le puso en su sitio.

“Las cosas que han pasado entre Isabel y yo no son asunto tuyo y tú no tienes el derecho, ni de reñirme, ni de regañarme, mantente al margen”, le dijo a Omar meneando el dedito que parecía que estaba señalando a una mosca nerviosa. Ese dedo lo metes en nata y te la monta…