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Quién fue… Cecil Ramalli: jugador de rugby, prisionero de guerra y superviviente de Nagasaki

Ramalli, en acción en un partido entre Australia y Nueva Zelanda (Dominio público).

Hoy vamos a conocer más de cerca una historia curiosa. Se trata de un jugador internacional de rugby que vivió de cerca los horrores de la guerra: es Cecil Ramalli.

Cecil Ramalli nació el 10 de junio de 1919 en Moree, Australia. Su padre era un musulmán indio, de Lahore, llamado Ali Ram (que cambiaría después su apellido a Ramalli), mientras que su madre era aborigen australiana.

Los Ramalli gestionaban una granja lo bastante exitosa como para poder dar a Cecil unos estudios. Lo mandaron a la Hurlstone Agricultural High School de Sydney. En 1934 entró en el equipo de rugby y en 1935 ya salió publicado un artículo sobre él en la prensa local. En 1936 se convirtió en el capitán del instituto y ese año y el siguiente, su equipo ganó el campeonato nacional. Por desgracia para él, en 1936 su padre murió, por lo que no pudo apenas conocer los éxitos de su hijo en el deporte del balón oval.

Pese a su tamaño (1,71 metros y 66 kg de peso), era un auténtico fenómeno y en 1938 ya fue incluido en la selección de Nueva Gales del Sur. Ese mismo año, en agosto, fue convocado por primera vez por la selección australiana para jugar nada menos que con los All Blacks. Ganaron los neozelandeses 20-6, pero el mejor de los wallabies fue Ramalli. No obstante, no tendría excesivo buen recuerdo de ese día, porque en un choque con un neozelandés, se fracturó la nariz. Pese a ello, quiso jugar a los pocos días un nuevo partido ante Nueva Zelanda, pero claro, volvió a romperse la nariz y esta vez, tuvo que ser llevado en ambulancia. Su madre, Adeline, lo estaba escuchando todo por la radio y, preocupada, envió un telegrama para conocer más detalles de su lesión. Los responsables del equipo nacional decidieron responder a la señora Ramalli… a través de la radio. Ese año de ensueño para Ramalli acabó con la elección por parte de la revista Referee como el mejor jugador del año.

Así retrató la prensa australiana la lesión de Ramalli en su primer partido internacional (State Library of NSW).

En 1939 fue incluido en una gira de los wallabies por Gran Bretaña, que duraría 10 meses y que comprendería 28 partidos. Ramalli, con apenas 20 años, viajó en barco por primera vez y pese a lo mal que lo pasó, llegó emocionado a Inglaterra tras ocho largas semanas de viaje. Por desgracia, habían viajado para nada. Un día después de llegar al puerto de Portsmouth, Reino Unido declaró la guerra a Alemania: la gira quedaba suspendida, quedando así roto su sueño de jugar en Twickenham y Murrayfield. Tuvieron como único consuelo ser recibidos por los reyes Jorge VI y su esposa, Isabel.

De vuelta a casa, hicieron una parada en la patria de los ancestros de Ramalli, la India, y en Bombay la selección jugó un amistoso. Al poner pie en Australia, Cecil se enroló en el ejército y fue enviado a Malasia, donde pudo seguir jugando al rugby en partidos contra las tropas británicas. Pronto las cosas empezarían a complicarse: Japón invadió Malasia y Cecil Ramalli fue hecho prisionero. Fue enviado a realizar trabajos forzados, en concreto una vía férrea entre Tailandia y Birmania, en la que más de 2.600 australianos perderían la vida debido a las torturas de los captores nipones y a las terribles condiciones de trabajo.

Pese a la malaria y a la disentería, Ramalli sobrevivió y fue enviado, en 1944, en un barco hacia Nagasaki para trabajar en las minas de carbón de esta ciudad japonesa. El 9 de agosto de 1945, Cecil Ramalli se encontraba en lo profundo de la tierra, trabajando como minero en la zona del puerto. Por circunstancias que entonces no entendían, su turno de 12 horas se convirtió en un turno de 24 horas. Cuando salió a la superficie, Nagasaki ya no existía: una bomba atómica de 22 kilotones destruyó todo lo que halló en tres kilómetros a la redonda. A la postre, sería el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Tras el armisticio, Cecil Ramalli pudo regresar a Australia. Pesaba apenas 38 kilos y tenía malaria, entre otras muchas enfermedades, sobre todo de la piel. Las secuelas de la guerra le impidieron volver a jugar al rugby, pero no casarse y tener dos hijos y, más aún, fundar un equipo de rugby, el West Pymble Rugby Club. Hasta 1977, Cecil Ramalli estuvo entrenando a niños y jóvenes.

Tras jubilarse, él y su esposa se instalaron en Budgewoi, donde moriría plácidamente en 1998.

Espero que os haya gustado la historia. El miércoles, más.

Quién fue… Saturnino Navazo y cómo el fútbol lo salvó del infierno de Mauthausen

Saturnino Navazo (YOUTUBE).

Saturnino Navazo (YOUTUBE).

Tenía ganas de escribir este artículo. No soy el primero en hablar de este personaje. De hecho, conocí su historia hace un año. Pero quiero traerla al blog. Es la historia de Saturnino Navazo.

Saturnino Navazo nació en Hinojar del Rey, provincia de Burgos, en 1914. A los siete años se trasladó con su familia a Madrid, donde se hizo futbolista. Empieza a jugar en el Deportivo Nacional de la capital. Tras destacarse como goleador en Tercera y jugar un par de años en Segunda, estaba a punto de fichar por el Betis, en Primera, cuando estalló la Guerra Civil. Combatió en el bando republicano y al final del conflicto se refugió en Toulouse, con tan mala suerte que en 1940 los nazis le hicieron prisionero y lo mandaron al campo de concentración de Mauthausen.

Convertido en el preso 5.656, ser futbolista le salvó la vida a Navazo. A los guardas nazis les gustaba el fútbol y cuando vieron las dotes del burgalés le hicieron responsable de 200 presos españoles, la dieron un puesto en las cocinas y lo pusieron a organizar partidos. Esta situación dentro del campo le dio a Navazo la oportunidad de sobrevivir y la de ayudar a muchos españoles.

Pero fue un niño el que más ayuda recibió de Saturnino. Siegfreid Meir era un niño judío, de Frankfurt, que llegó a Auschwitz con sus padres en 1940, con ocho años. Sus progenitores murieron y fue trasladado después a Mauthausen. Un guarda llamado Bachmayer se apiadó de él por ser rubio y de ojos azules y lo puso a cargo de Saturnino. Desde entonces, fueron inseparables. Siegfried ayudaba en todo a Saturnino, que por su parte, se hizo cargo del pequeño.

El 5 de mayo de 1945, los americanos llegan a Mauthausen y lo liberan. Saturnino decide seguir haciéndose cargo del niño. Le alecciona, le dice que desde ese momento es madrileño, se llama Luis Navazo y es su hijo. Los estadounidenses aceptan la historia. Los Navazo regresan a Francia, en concreto a una localidad llamada Revel, donde Saturnino se establece. El burgalés se casa y tiene cuatro hijos. Mientras, Siegfreid empieza una nueva vida que le lleva a dedicarse a la canción y a vivir a Ibiza. Muchos años después, Saturnino Navazo llegó a visitar unas cuantas veces a su ‘hijo’ a la isla.

Saturnino Navazo murió el 27 de noviembre de 1986. A Siegfreid Meir se le murió un padre. Hoy, conocemos la historia de ambos gracias al libro Los últimos españoles de Mauthausen, de Carlos Hernández (Ediciones B). Siegfreid Meir sigue viviendo en Ibiza.

Os dejo con el maravilloso reportaje de ‘Informe Robinson’ sobre Navazo:

Buen fin de semana.