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Quién fue… el Hollywood Cricket Club: las estrellas del cine clásico también hacían deporte

Actores que fueron miembros del Hollywood Cricket Club. De izquierda a derecha, primera fila: Cary Grant, Errol Flynn y Boris Karloff. En la segunda fila, David Niven, Laurence Olivier y Leslie Howard (WIKIPEDIA).

Actores que fueron miembros del Hollywood Cricket Club. De izquierda a derecha, primera fila: Cary Grant, Errol Flynn y Boris Karloff. En la segunda fila, David Niven, Laurence Olivier y Leslie Howard (WIKIPEDIA).

Hace un par de meses os hablé del Hollywood United, el equipo de fútbol de famosos afincados en La Meca del cine. Pues bien, no es el único caso parecido. Hoy os traigo uno que mola más, porque estamos hablando de la época dorada de Hollywood, de grandes películas clásicas, de galanes inolvidables, de blanco y negro, tabaco y whisky. Y sí, los protagonistas de esa época también se juntaban para hacer deporte. Os hablo del Hollywood Cricket Club.

El club nació en 1932, de la mano del actor inglés C. Aubrey Smith. Nacido en Londres en 1863, Smith fue un jugador profesional de cricket (jugó, entre otros, en el equipo de la Universidad de Cambridge y fue internacional) con afición por el teatro. En los años 20 desembarcó en Estados Unidos, donde interpretó papeles secundarios, casi siempre de inglés aristocrático, siendo el más destacado de ellos el de El Prisionero de Zenda (1937).

Ya desde su llegada, C. Aubrey Smith siguió practicando su deporte, donde empezó a jugar con su celebérrimo compatriota Boris Karloff (cuyo nombre real era William Henry Pratt), famoso por ser el monstruo de Frankenstein y La Momia. Cuando en 1932 se celebró un partido en UCLA entre Australia y un grupo de expatriados británicos, el encuentro tuvo bastante éxito y fue lo que animó a Smith a fundar el Hollywood Cricket Club.

Se establecieron en Griffith Park y pudieron construir una grada con los vestuarios en su interior o ‘pavilion’. Inmediatamente, se convirtió en la excusa perfecta para que la abundante colonia británica de Hollywood se reuniera los domingos: Así, se hicieron socios Leslie Howard (el famoso Ashley de Lo que el viento se llevó, que aborrecía el cricket pero que se unió por motivos sociales), David Niven (La vuelta al mundo en 80 días, La Pantera Rosa), Laurence Olivier (Rebeca, Hamlet, Carlos III), Basil Rathbone (el mítico Sherlock Holmes de la serie de filmes entre 1939 y 1946), Nigel Bruce (el fiel Watson de Rathbone, que además era el capitán del equipo), Cary Grant (qué decir de uno de los más grandes de la historia: Arsénico por compasión, Con la muerte en los talones, Atrapa a un ladrón, Charada…) o Errol Flynn (que no era británico pero sí australiano, lo que suele equivaler a ser un fanático del cricket).

Pero no sólo había caballeros, sino que también pertenecían al club damas como Olivia de Havilland (Lo que el viento se llevó, Robin Hood, Murieron con las botas puestas), Joan Fontaine (hermana de la anterior y conocida por sus papeles en Rebeca o Sospecha), Elsa Lanchester (La novia de Frankenstein, Mary Poppins) o Merle Oberon (La pimpinela escarlata). Como podéis imaginar, el deporte era lo de menos.

Todas aquellas estrellas de cine fueron muriendo, pero el club sigue existiendo. Ya no hay estrellas de Hollywood, sino que la mayoría de los jugadores son de origen indio o paquistaní. Pero a buen seguro, mantiene la magica de la época dorada del cine.

Buen fin de semana.

Quién fue… Sonja Henie: tricampeona olímpica, amiga de Hitler y estrella de Hollywood

Sonja Heine en Berlín, en 1930 (BUNDESARCHIV / WIKIPEDIA).

Sonja Heine en Berlín, en 1930 (BUNDESARCHIV / WIKIPEDIA).

La historia de este viernes nos lleva a dos épocas apasionantes de nuestra historia reciente: la II Guerra Mundial y la edad dorada de Hollywood. Y sí, la protagoniza una deportista. Sigo empeñado en darle mayor relevancia a la mujer en el blog. Así que sin más os traigo a Sonja Henie.

Oslo, Noruega, 8 de abril de 1912. Nace Sonja Henie, hija del matrimonio formado por Selma Lochmann-Nielsen y Wilhelm Henie. El padre es un próspero comerciante de pieles y ex campeón del mundo de ciclismo en pista. En el seno de esta acomodada familia noruega crece la pequeña Sonja, que desde muy niña muestra inclinación hacia los deportes de invierno, en concreto en el esquí y el patinaje, así como otros como el tenis, la natación y la equitación. Sonja se decanta finalmente por el patinaje sobre hielo.

Para que su hija llegara a lo más alto, Wilhelm Henie no escatimó en gastos y decidió contratar a los mejores maestros para su hija. Entre ellos estaba la bailarina rusa Tamara Karsavina, nada menos que la primera bailarina del Ballet Imperial Ruso.

Los resultados no se hacen esperar y con 10 años gana su primer campeonato noruego. No, no es una errata. Sólo tenía 10 años… Un año después, participa en los Juegos Olímpicos de Invierno de Chamonix y acaba octava.

Con 13 años logra la plata en el Campeonato del Mundo de patinaje y al año siguiente, con 14, gana su primer oro en esta competición. Ganaría diez seguidos, algo que nadie ha vuelto a igualar. Entre medias, logró otra hazaña aún no igualada: tres oros olímpicos: en Saint Moritz 1928, en Lake Placid 1932 y en Garmisch-Partenkirchen 1936 y además, cinco Europeos seguidos. Con 24 años, Sonja Henie era ya una de las mejores deportistas del planeta y, desde luego, la indiscutible número uno del patinaje.

Sonja Henie, patinando en enero de 1931 (BUNDESARCHIV / WIKIPEDIA)

Sonja Henie, patinando en enero de 1931 (BUNDESARCHIV / WIKIPEDIA)

Es durante esta época cuando Sonja Henie entra en contacto con la Alemania nazi. Los deportes de invierno son muy populares en el país germano y pronto se convierte en una de las favoritas del público teutón. Ello le lleva a acceder a los círculos más selectos de la sociedad alemana, entre los que se incluye Adolf Hitler.

Tampoco es que la actitud de Sonja Heine ayudara mucho. Y es que en una exhibición en Berlín antes de los Juegos de 1936, la joven noruega no dudó en hacer el saludo nazi, gesto que fue muy criticado por la prensa de su país y que la disuadió de repetirlo en los Juegos de Garmisch. Pero eso no evitó que tras su actuación en los Juegos fuera recibida por Hitler, que le regaló una foto firmada y con dedicatoria. Sonja Henie colocó esa foto sobre el piano de su casa de Landoya. Curiosamente, cuando los nazis invadieron Noruega y las tropas entraron en su casa, esa foto fue clave para que todas las pertenencias de la familia Henie fueran respetadas. Esta actitud le ganó las antipatías de sus compatriotas, que le reprochaban además que no apoyara a la resistencia noruega y que evitara criticar a los nazis en público.

Pero volvamos a cosas más lúdicas. Tras su éxito en Garmisch-Partenkirchen, Sonja Henie y su padre decidieron que ya era hora de empezar a ganar dinero de verdad con el patinaje. Su padre organizó una exhibición en Los Ángeles, donde un magnate del cine, Darryl Zanuck, quedó muy impresionado. Le ofrecieron un contrato con la Twentieth Century Fox e inmediatamente se convirtió en una de las actrices mejor pagadas de Hollywood. Evidentemente, todas sus películas giraban en torno al patinaje, cuyas coreografías controlaban directamente los Henie. Entre 1936 y 1948, Sonja Henie protagonizó doce películas, que la hicieron muy famosa.

Henie, en la portada de la revista 'Time' en 1939 (TIME)

Henie, en la portada de la revista ‘Time’ en 1939 (TIME)

Además de las películas, Sonja realizó giras con sus espectáculos por toda América, llegando a tener un show propio en Nueva York. Pero como suele ocurrir, el ritmo fue demasiado alto y le pasó factura a la patinadora, llegando a refugiarse en el alcohol hasta su retirada, en 1958.

Regresó a su país, donde su pasado filonazi fue perdonado, y se estableció en Oslo. Atrás quedaban los días de fama, de fiestas y de romances, algunos con estrellas tan conocidas como el boxeador Joe Louis, o los actores Tyrone Power o Van Johnson. Una época que su hermano Leif retrató en su libro Reina del Hielo, Reina de las Sombras, en el que revelaba que su hermana Sonja era una mujer extremadamente ambiciosa, obsesionada con el dinero y el sexo.

Dedicada al coleccionismo de arte, a mediados de los 60 se le diagnisticó leucemia. El 12 de octubre de 1969, mientras volaba de París a Oslo, falleció. Tenía 57 años. Fue enterrada en Oslo con su tercer marido, el magnate naviero noruego Niels Onstad. Muy cerca del lugar de enterramiento, está el Centro de Arte Henie-Onstad, donde se conserva la colección de arte moderno de la patinadora, compuesta obras de artistas como Picasso, Matisse, Juan Gris o Joan Miró. Además, en el museo se conservan los recuerdos de la carrera de la patinadora, así como una importante colección de fotografías de la primera gran estrella del patinaje… que sigue siendo la que más brilla.

Os dejo con Sonja Henie en una exhibición en 1945:

Que paséis un feliz fin de semana.