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Quién fue… Robbie James: murió en pleno partido a los 40 años

Cromo de Robbie James con el Swansea (PANINI).

Los jugadores que mueren en los terrenos de juego por motivos de salud raramente son olvidados. Hoy os traigo la historia de uno que murió justo cuando enfilaba la recta final de su carrera. Es Robbie James.

Robert Mark James nació el 23 de marzo de 1957 en Gorseinon, Swansea, Gales. Empezó a jugar en el Swansea con 16 años, en 1973, como centrocampista. Estamos hablando de un jugador clave en la historia de los swans, porque con él, el equipo galés subió desde la cuarta a la primera división inglesa entre 1978 y 1981, siendo una pieza clave en tal hazaña. Y no sólo eso, sino que en la primera temporada del Swansea en la máxima categoría, acabó sexto, con Robbie James como uno de los jugadores más destacados.

Internacional con Gales desde 1978, jugó cerca de 400 partidos ligueros con su equipo, en los que marcó más de 100 goles. Después de su prolongada experiencia en el Swansea, James jugó en el Stoke City una temporada, tres en el QPR, una en el Leicester, dos nuevas en el Swansea, dos en el Bradford, una en el Cardiff, una en el Merthyr Tydfil, una en el Barry Town y dos en el Llaneli. En total, disputó 781 partidos ligueros, cifra aún no igualada en el fútbol inglés.

En su último equipo, el Llaneli, Robbie James ejercía de entrenador-jugador, y se puso las botas aun con 40 años. Pero por desgracia, el 18 de febrero de 1998, en un partido ante el Porthcawl, Robbie James se desplomó en el césped. La causa, un infarto agudo de miocardio.

Su muerte sacudió a todo el fútbol galés, sobre todo el Swansea y a su hinchada. En 2007, y después de una colecta popular, se instaló un busto en uno de los muros del Liberty Stadium de Swansea, donde posteriormente se creó la ‘Robbie James Hall of Fame’, donde se instalan placas con nombres de jugadores destacados de los swans.

Espero que os haya gustado la historia. Volvemos el miércoles.

Quién fue… Ray Wilson: ganó un Mundial de fútbol y se hizo enterrador

Ray Wilson, en 1963 (Charles Buchan’s Football Monthly).

Hoy vamos a conocer más de cerca la historia de un jugador que alcanzó lo máximo a lo que puede aspirar un futbolista y luego dedicó su vida a una peculiar tarea. Es Ray Wilson.

Ramon Wilson nació en Shirebrook, Derbyshire, Inglaterra, el 17 de diciembre de 1934. Todavía era escolar cuando empezó a trabajar como aprendiz de ferroviario. Un ojeador lo vio jugar y lo incorporó a las filas del Huddersfield Town. Trabajaba de noche en el tren y de día entrenaba.

En 1954 se le hizo contrato profesional y dos años después, gracias a Bill Shankly, entrenador de los ‘Terriers’, Wilson se hizo dueño de la banda izquierda.

Su buen hacer le hizo ser convocado por la selección inglesa en 1960, en un empate a uno ante Escocia. En 1962 participó en el Mundial de Chile y jugó los tres partidos de su selección, que fue eliminada a las primeras de cambio. En 1964 llegó al Everton, tras haber jugado más de 30 partidos con Inglaterra (aún es el jugador del Huddersfield con más partidos con la selección nacional).

Pese a que con el Everton no pasó su mejor época (por ejemplo, se perdió su primer año por lesión), a nivel internacional alcanzó la gloria: indiscutible para Alf Ramsey, era el lateral izquierdo titular de la selección inglesa en el Mundial de 1966. Era, con 32 años, el más veterano de aquel mítico equipo que ganó por 4-2 la final ante Alemania y convirtió a Inglaterra en campeona mundial por primera vez en su historia. Jugaría con Inglaterra hasta 1968 y acumuló 63 internacionalidades.

En 1969 se fue al Oldham Athletic y en 1970 al Bradford, donde colgó las botas un año después. Cuando se retiró, no quiso seguir en el mundo del fútbol y eligió una curiosa ocupación: se estableció como enterrador en Huddersfield primero y en la cercana Halifax después. Ejerció tan poco futbolístico empleo hasta el año 1997, cuando se jubiló.

Por desgracia, Ray Wilson no recuerda nada de sus éxitos. Aún vive, a los 83 años, acompañado de Pat, su esposa. Pero en 2004 se le diagnosticó la enfermedad de Alzheimer. No es el único. Martin Peters, Nobby Stiles y Jackie Charlton también la sufren. El propio Alf Ramsey murió con esa dolencia. Un triste final para los héroes de 1966.

Hasta el miércoles.

Quién fue… ‘Fatty’ Foulke: el portero que se comió todos los pasteles

William Foulke, vestido con los colores del Sheffield United (WIKIPEDIA).

William Foulke, vestido con los colores del Sheffield United (WIKIPEDIA).

Hay una canción muy célebre en los estadios de fútbol de Inglaterra, que se entona, de manera sarcástica, dedicada a los jugadores un poco pasados de peso. La canción es más conocida como Who ate all the pies? (“¿Quién se comió todos los pasteles?” -en relación a la costumbre de los fans de comer pasteles de carne antes de los partidos de fútbol-), cuya letra es así:

Who ate all the pies? / Who ate all the pies? / You fat bastard, / You fat bastard, / You ate all the pies!

¿Quién se comió todos los pasteles? / ¿Quién se comió todos los pasteles? / ¡Tú, gordo cabrón / tú, gordo cabrón / tú te comiste todos los pasteles!

Pues bien, hoy os voy a hablar de una de las primeras estrellas de la historia del fútbol, el inspirador de ese famoso canto: William ‘Fatty’ Foulke.

Nacido en Dawley, Shropshire, Inglaterra, el 12 de abril de 1874, William Herny Foulke empezó a jugar en el Blackwell cuando fue descubierto por el Sheffield United, que lo contrató en 1894. Foulke jugaba de portero, haciendo valer dos características físicas: medía 1,93 metros y pesaba más de 150 kilogramos. De ahí su sobrenombre, ‘Fatty’ o ‘Gordito’.

Foulke se convirtió en uno de los jugadores más famosos de los últimos años del fútbol victoriano y primeros del eduardiano. Fue internacional una vez con Inglaterra (en 1897) y ganó una Liga y dos FA Cups con los ‘blades’. Dotado de un fuerte temperamento, era muy querido por la afición. En una ocasión, persiguió a un árbitro, que tuvo que esconderse en un almacén. Cuando Foulke estaba arrancando la puerta del local, fue detenido por varios funcionarios de la federación para evitar una agresión. Era un líder temible, ya que si veía que sus defensas no se estaban empleando a fondo, abandonaba el partido. Sea como fuere, su sola presencia congregaba al público en los estadios.

Foulke, de oscuro, posa con el Bradford en la temporada 1906/1907 (WIKIPEDIA).

Foulke, de oscuro, posa con el Bradford en la temporada 1906/1907 (WIKIPEDIA).

Conscientes de todo eso, el Chelsea lo fichó en 1905 por 50 libras. Además, lo hizo capitán del equipo. De su etapa del Chelsea se recuerda un dato muy curioso: el club decidió recurrir a una estratagema para hacer más temible a Foulke y hacerlo parecer más grande. Consistía en colocar a dos niños detrás de su portería para que la oronda figura de ‘Fatty’ destacara más. Esos niños empezaron a ayudar a recoger los balones y devolverlos al campo y según se cree, fue entonces cuando nacieron los recogepelotas.

Tras una temporada en el Chelsea, se fue al Bradford City, tras lo que se retiró en 1907. De su posterior vida se sabe poco. Al parecer, no gozaba de una buena posición económica, lo que le llevó a ir de pueblo en pueblo ofreciendo un espectáculo consistente en que los lugareños tenían que marcarle un gol. Sí se sabe que falleció en Sheffield el 1 de mayo de 1916, con 42 años, de cirrosis hepática (otras fuentes hablan de neumonía).

Estas dudas acerca de su final se mezclan con el halo de leyenda que reviste a Foulke, ya que algunos investigadores creen que se exageró acerca de su peso. Hay fuentes que aseguran que en sus comienzos en el Sheffield United pesaba 84 kilos, y que superó la centena de kilos más adelante. Otra inconsistencia está relacionada con el asunto de la canción con la que abríamos el artículo, ya que la melodía del cántico pertenece a una tema publicado en 1938, mucho tiempo después de su muerte. Sea como sea, así se ha quedado la leyenda.

Os dejo con unas maravillosas imágenes de septiembre de 1902, correspondientes a un partido entre el Sheffield United y el Bury. Al final del mismo se puede ver a ‘Fatty’:

Que paséis buen fin de semana.