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Quién fue… Patrick O’Connell, el irlandés que salvó al Barça de la desaparición

O’Connell, en su etapa de futbolista (WIKIPEDIA).

Todos los clubes españoles tienen héroes, normalmente entrenadores o jugadores que fueron clave para ganar títulos. Pero el de hoy es un héroe no tanto por sus resultados, sino por su profesionalidad y su entereza en uno de los peores momentos para la historia de nuestro país, ya que sirvió para salvar nada menos que al FC Barcelona. Hoy os traigo la historia de Patrick O’Connell.

Patrick Joseph O’Connell nació el 8 de marzo de 1887 nacía en County Westmeath, Irlanda. Su familia se trasladó siendo él un niño al suburbio dublinés de Drumcondra, donde Patrick empezó a tener contacto con el fútbol. Jugó en equipos modestos de la capital irlandesa hasta que en 1905 tuvo su primera oferta profesional para jugar en el hoy extinto Belfast Celtic.

Tras cuatro temporadas en la capital del Ulster, en 1909 cambió de isla para jugar en el Sheffield Wednesday. Tras temporadas lo fichó el Hull. Ese 1912 fue el año en el que también debutó con la selección irlandesa de fútbol. En 1914 fichó por el Manchester United, desde donde fue cedido a otros equipos como el Clapton Orient, el Rochdale o el Chesterfield. En 1919 fichó por el Dumbarton escocés y en 1920 por el Ashington, club en cuyo última temporada simultaneó labores de jugador y la que le marcaría para siempre, la de entrenador.

En 1922, le llega su primera gran oferta, pero fuera de las islas. Es en España, en concreto en el Racing de Santander, adonde llega para sustituir al mítico Fred Pentland. En el equipo cántabro ganó cinco títulos regionales, y en 1928, debutó en la primera edición de la historia de la Liga. Por desgracia para O’Connell, el Racing acabó último.

Fue en Santander donde conoció a una irlandesa llamada Ellen, que trabajaba como institutriz de los hijos de Alfonso XIII en sus veraneos en la ciudad cántabra. Pese a que O’Connell tenía ya mujer e hijos en Manchester, Inglaterra (a los que mandaba dinero), se casó con Ellen, que lo acompañaría en todas sus aventuras posteriores en España. Con el tiempo, abandonaría a su familia original.

En 1929 lo fichó el Oviedo, que estaba en la también joven Segunda División. Dos años después lo contrató el Betis, donde se consagraría de manera definitiva y se convertiría en uno de los mejores entrenadores de la historia del club verdiblanco.

En su primera temporada logró el ascenso a Primera. O’Connell supuso un cambio radical para el Betis: cambió la mentalidad, la forma de jugar, se adaptó perfectamente a la ciudad de Sevilla (donde fue rebautizado como don Patricio)… prueba de ello es que tan solo tres años después del ascenso, y con un presupuesto mucho menor, el Betis ganaría la Liga.

Mural dedicado a O’Connell en Belfast (GOOGLE STREET VIEW).

Aquel final de Liga de 1935 se lo jugaron Betis y Real Madrid en la última jornada. Los andaluces se las veían, curiosamente, ante el primer equipo español de O’Connell, el Racing. Cuenta una historia que el irlandés fue a ver a sus expupilos y les pidió que no fueran excesivamente competitivos, pero los racinguistas le respondieron que su presidente, José María de Cossío (el mítico escritor taurino), era madridista y les había primado por ganar al Betis. Sea como fuere, el Betis ganó 5-0 y se proclamó campeón.

Este gran resultado hizo que el Barcelona lo contratara. En su primer año, ganaron el campeonato de Cataluña y llegaron a la final de Copa. Pero en 1936, en España, estalló la Guerra Civil.

La guerra estalló en julio y Josep Sunyol, presidente del Barça, fue fusilado ese mismo mes de agosto. O’Connell estaba de vacaciones en su Irlanda natal. La directiva superviviente se puso en contacto con él y le dijo que entenderían si no regresaba a Barcelona. Pese a la guerra, Patrick O’Connell decidió volver a su puesto de trabajo.

La Liga estaba suspendida, pero el Barça siguió compitiendo en la Liga Mediterránea, con otros equipos de la costa este española que estaban en zona republicana. Pero eran tiempos difíciles y el dinero empezó a escasear, de tal manera que el Barcelona se arruinó y estaba al borde de la desaparición.

Un empresario catalán emigrado a México, Manuel Mas Serrano, ofreció al Barcelona una gira por México y Estados Unidos durante los años de guerra. O’Connell reunió a sus jugadores y les instó a tomar un barco y viajar a América. Allí jugaron ocho partidos. El dinero que el Barça hizo en esa gira salvó al club. Eso sí, de una comitiva de 20 personas que había viajado de Barcelona hacia México, sólo regresaron cuatro con O’Connell. El resto pidió asilo en el país azteca o en Estados Unidos.

La cosa había empeorado pero O’Connell siguió un año más, en el que el Barça ganó la Liga Catalana (ya no había suficientes equipos para llamarla Liga Mediterránea) y la Copa de Catalunya.

En 1940, ya acabada la guerra, regresó a Betis, que estaba en Segunda. De nuevo ascendió con él. En 1942 se fue al eterno rival, al Sevilla, donde estuvo entrenando tres temporadas. Fue en esa época en la que Ellen, su esposa en España, falleció. Tras una breve experiencia de nuevo en el Racing, O’Connell se quedó en Sevilla a vivir.

En 1949, en un viaje de la selección española a Inglaterra, un chico llamado Daniel O’Connell consiguió acercarse al seleccionador Guillermo Eizaguirre. Le preguntó si conocía a un entrenador irlandés llamado Patrick O’Connell. Eizaguirre le dijo que claro que lo conocía, y que vivía en Sevilla. Daniel no se lo pensó y viajó a la capital andaluza: iba a encontrar a su padre. Dio con él: Daniel se presentó como un sobrino y descubrió con amargura cómo su padre apenas mostró interés por su primera esposa o sus hijos, y regresó a Inglaterra.

Viviendo en Sevilla, las cosas empezaron a irle mal a Patrick O’Connell y se quedó en la ruina. El Betis llegó a organizar un partido benéfico en 1954 para ayudarle. Poco después, viajó a Londres para vivir con un hermano, pero su situación económica siguió resintiéndose hasta vivir casi en la indigencia. Su salud también se deterioró y el día 27 de febrero de 1959 falleció en una habitación de alquiler en una pensión en Saint Pancras, Londres. Tenía 71 años. Fue enterrado en una tumba anónima en el cementerio católico de St. Mary, en Kensal Green.

De él se pueden hallar homenajes en Belfast: un busto de bronce en el estadio Windsor Park y uno de esos típicos murales norirlandeses, en los que dos imágenes suyas, como jugador y técnico, comparten protagonismo con Messi, los escudos de los equipos que dirigió y su apodo en España: “Don Patricio”. Y tras muchos años de trabajo, justo hace un mes se inauguró en el Benito Villamarín otro busto dedicado a su memoria. En Twitter, además, podéis seguir en Twitter a los responsables de la iniciativa Patrick O’Connell Memorial Fund, con el objetivo de que la tumba del protagonista de hoy deje de ser anónima

Os dejo un vídeo homenaje a O’Connell y su paso por el Betis:

Hasta el miércoles.